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27 julio 2017 4 27 /07 /julio /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (48)

A menos que se adopten soluciones políticas valientes que pongan freno a la influencia de la riqueza en la política, los gobiernos trabajarán en favor de los intereses de los ricos, y las desigualdades políticas y económicas seguirán aumentando

Intermon Oxfam

Tenemos que transformar la actual arquitectura de la desigualdad, que trabaja para favorecer al 1% de la población, en la arquitectura de la equidad y la cohesión, que trabaje para el 99% restante. Sin ir más lejos, nuestro país contiene dos realidades antagónicas que muestran la radiografía de la desigualdad. Desde el año 2014 crece el PIB de nuestro país, pero los resultados de esta reactivación económica sólo benefician a una minoría. La desigualdad se cronifica e intensifica, mientras escuchamos impávidos los indecentes mensajes de nuestros gobernantes, comunicándonos que "lo peor de la crisis ya ha pasado", y otras sandeces por el estilo. La crisis, como tantas veces hemos indicado en esta serie de artículos y en otros artículos independientes de nuestro Blog, ha sido utilizada como una oportunidad, como un pretexto para en base a ella, aprovechándose de ella, los mismos agentes económicos que la habían causado, y sus voraces representantes, continuaran agrandando las diferencias y desigualdades. Los ricos cada vez lo son más. Los pobres también. Durante la última década, el Indice de Gini en España no ha dejado de empeorar, y la situación actual de las familias y las personas más golpeadas por la crisis contradice el optimismo en torno a los principales datos macroeconómicos. Se cuentan por cientos de miles los casos de personas a las cuales la crisis desatada por el insaciable capitalismo ha dejado tiradas en el camino, sin posibilidad de volver a restablecer sus mínimas condiciones vitales. No sólo han perdido trabajo, sino que han perdido ingresos, han perdido viviendas, han perdido vehículos, han perdido parejas y amistades en un mundo que ha globalizado el horror del consumismo y del neoliberalismo. En los peores casos, la indigencia o el suicidio han sido los caminos finales.

 

La realidad es que España sigue siendo el segundo país de la Unión Europea donde más ha crecido la desigualdad desde que estalló la crisis, y donde ésta ha seguido aumentando a pesar de los últimos años de crecimiento económico. No obstante, como decimos, a nuestros gobernantes les importa bien poco la desigualdad, así que los únicos mensajes que nos difunden es que somos un referente, todo un ejemplo a seguir en cuanto a recuperación económica...y nosotros nos preguntamos: ¿para quién? Este continuo aumento de la desigualdad se debe a una progresiva concentración de la riqueza en menos manos, a la vez que se produce un deterioro de la situación de las personas más vulnerables. Durante el último año, existen 7.000 nuevos millonarios en España, y la fortuna de tan sólo 3 personas equivale ya a la riqueza del 30% más pobre, es decir, de 14,2 millones de personas. Mientras en 2015 este 30% más pobre vio reducida su riqueza en más de una tercera parte (-33,4%), la fortuna de las tres personas más ricas del país aumentó un 3%. La brecha de ingresos se ha profundizado, al tiempo que los salarios más bajos se han desplomado desde el inicio de la crisis. Entre 2008 y 2014, los salarios más bajos cayeron un 28% mientras los más altos apenas se contrajeron. Ello ha incidido en la transformación de ciertas actividades y profesiones, hasta deteriorarlas por completo, convirtiéndolas en actividades absolutamente precarias, tales como el colectivo de "Las Kellys" (limpiadoras de habitaciones en los hoteles), el colectivo del servicio doméstico, o bien las típicas subcontratas de las grandes empresas (telecomunicaciones, mensajería, etc.). A ello hay que sumarle los grandes conflictos laborales que han dejado en la calle a cientos de miles de empleados procedentes de empresas insignia (Coca-Cola, Panrico, etc.), cuyas estructuras se han transformado precisamente aprovechando las nuevas oportunidades que la crisis les entregaba en bandeja de plata. 

 

En el año 2015 se llegó a un nivel en el que la remuneración del ejecutivo con el salario más elevado multiplicaba por 96 (no es una errata ¡por 96!) la del trabajador promedio en las empresas del IBEX-35, y por 51 en el total de las empresas cotizadas. Mientras los beneficios de las grandes empresas han recuperado los niveles anteriores a la crisis, una de cada cinco personas en edad de trabajar no encuentra empleo. Y quienes lo encuentran, lo hacen en condiciones de altísima inestabilidad y precariedad, mientras los salarios siguen 9 puntos por debajo de los niveles que se habían alcanzado en 2008. Por su parte, la perversión de nuestro sistema fiscal viene provocando que sean las familias las que todavía soportan la mayor parte del peso tributario, aportando un 84% de la recaudación total, frente a un 13% de las empresas. A tenor de lo que venimos comentando, es preciso recapitular y concentrar en los 7 grandes puntos siguientes las orientaciones generales, de absoluta justicia y sentido común, para poder revertir esta indecente situación:

 

1.- Los Gobiernos deben trabajar para el 99% de la población, y no sólo para una minoría acaudalada y sus grupos de presión. Sabemos que no es fácil. Cualquier Gobierno que pretenda tomarse en serio esta orientación se verá sometido a crueles presiones de los Organismos internacionales alineados con la globalización neoliberal, así como a feroces campañas de desprestigio por parte de los grandes medios de comunicación, que lo atacarán sin piedad. Y todo ello si consigue siquiera obtener el poder político, ganando unas elecciones. Si decide además enfrentarse a los poderes económicos que garantizan y proyectan la arquitectura de la desigualdad, el enfrentamiento con ellos deberá ser terrible si se pretenden obtener resultados positivos. Dudamos incluso de que un sólo Gobierno aislado lo consiga. 

 

2.- A nivel global, los Gobiernos deben cooperar, y no sólo competir, para evitar la carrera a la baja de los impuestos y los salarios de los trabajadores y trabajadoras, que sólo benefician a la minoría más rica. Se deben garantizar salarios dignos, controlar los topes mínimos y máximos tanto de salarios públicos como privados, y armonizar al mínimo común digno el nivel de rentas básicas, pensiones y cualquier otro tipo de prestación. La legislación debe proteger al trabajador/a frente a la precariedad, y en ese sentido, una Renta Básica Universal (RBU) es un elemento clave de protección y garantía para evitar la pobreza, y reducir los escandalosos niveles de desigualdad, proporcionando a los trabajadores una interesante caja de resistencia frente a situaciones de desempleo, conflictos laborales o períodos de inactividad. Así mismo, se debe volver a recuperar la función del Estado como último garante del empleo estable y con derechos, potenciando planes de Trabajo Garantizado que recuperen y dignifiquen la función social del mismo, así como fomentan los trabajos de rentabilidad social. 

 

3.- Las empresas deben trabajar para todos, no únicamente para sus propietarios y accionistas, y para ello deben pagar salarios justos y dignos. En efecto, que las empresas trabajen para todos implica una mayor concienciación y responsabilidad social de las mismas, situación de la cual estamos a años luz de distancia. Necesitamos profundas reformas empresariales (que no laborales) para transformar no sólo nuestros modelos productivos, sino la propia filosofía empresarial, profundamente imbuida en los peligrosos e insolidarios valores del neoliberalismo. En ese sentido, pensamos que el actual modelo laboral ha sido pieza esencial del modelo productivo al que hemos estado sometidos durante las últimas décadas, modelo que ha demostrado ser totalmente depredador con el empleo, con los recursos naturales, y con la redistribución de la riqueza. Hay que acabar con el modelo de relación laboral actual, que funciona bajo unos parámetros bien definidos: salarios bajos, gran índice de temporalidad, escasa protección social, un elevado porcentaje de economía sumergida, y unos procesos nada transparentes de la clase dirigente empresarial hacia la clase trabajadora. Hay que evolucionar hacia los parámetros del empleo digno, así como hacia niveles de participación y de democracia interna en las empresas. 

 

4.- Las personas más ricas deben contribuir de manera más justa a la sociedad, pagando los impuestos que les correspondan, sin recurrir a los paraísos fiscales ni beneficiarse de injustos privilegios. Recomiendo a los lectores y lectoras la lectura del primer bloque temático de esta serie de artículos, dedicado en exclusiva a los ricos y poderosos, y a toda la reacción y arquitectura social que les rodea, para comprender mejor cómo podemos y debemos cambiar la orientación política, social y económica hacia estos personajes. Básicamente, debemos desmontar el injustificado culto que a ellos/as dedicamos, debemos dejar de tomarlos como referentes, debemos eliminar todos los sistemas de patrocinio, mecenazgo, filantropía o demás tipos de donaciones donde los más ricos proyecten sus beneficios para contribuir al desarrollo de una sociedad creada bajo su prisma, y debemos implementar toda una serie de medidas para que los más ricos contribuyan en su justa medida al desarrollo equitativo de la sociedad donde viven: mayor control sobre su riqueza, escrupuloso y justo pago de impuestos en relación a sus fortunas y patrimonios, y desmantelamiento de todos los sistemas que permiten hoy día que estos personajes puedan ocultar o evadir sus riquezas al sistema fiscal. 

 

5.- La equidad entre hombres y mujeres es clave, las mujeres deben tener las mismas oportunidades que los hombres, y las barreras que existen para su progreso deben ser eliminadas. Desde este punto de vista, también debemos ir reduciendo la desigualdad de género, manifestada de múltiples formas bajo el modelo patriarcal dominante, tales como la desigualdad económica (división sexual del trabajo, feminización de la pobreza, brecha salarial, etc.) y los comportamientos y actitudes machistas (el micromachismo, la cosificación de la mujer, la violencia de género, etc.). Sólo desde el convencimiento de que hay que gobernar por igual para ambos sexos, será posible una educación desde la base para fomentar la igualdad entre sexos, así como la plena integración de la mujer en la sociedad, y una valoración social igualitaria de hombres y mujeres. 

 

6.- La tecnología, que posee un importante potencial para transformar nuestras vidas, se debe aprovechar para el 99% de la población, y no para aumentar las desigualdades. En efecto, las TIC y las Nuevas Tecnologías forman ya parte de nuestras vidas, tanto laboral como cotidiana. Nuestras relaciones sociales se han revolucionado con el uso de la tecnología, bajo nuevos modos y formas de utilizar y acceder a la información. Acciones y decisiones cotidianas se valoran en nuestros tiempos gracias a la tecnología de un modo casi inmediato. La tecnología ha revolucionado la educación, y prácticamente todos los campos del conocimiento humano. En los países desarrollados, el acceso a Internet es una realidad social cotidiana y universal. Sin embargo, muchas sociedades aún disponen de grandes porcentajes de su población sin una alfabetización digital básica que les permita no sólo comprender el funcionamiento de las nuevas tecnologías, sino también obtener de ellas todo su rendimiento y capacidades. 

 

7.- Se tiene que valorar y medir lo que es realmente importante para el progreso de la Humanidad, y por tanto, resulta necesario ir más allá de los clásicos indicadores como el PIB, que no tienen sensibilidad ni por la redistribución de la riqueza, ni por la sostenibilidad ambiental. Precisamente, la fabricación y elección de buenos indicadores estadísticos y de reparto y evolución es imprescindible si queremos obtener una radiografía social lo más completa y justa posible. Y desde ese punto de vista, hay que ir abandonando los indicadores que se han utilizado hasta ahora de forma mayoritaria, para ir migrando a otros tipos de indicadores que sean más fieles para la consecución de los objetivos sociales que pretendemos conseguir: los índices y coeficientes de desigualdad, los niveles de reparto, los índices de evolución de calidad de vida, de calidad ambiental, de integración y cohesión entre las diversas capas sociales, etc. Continuaremos en siguientes entregas. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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