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8 agosto 2017 2 08 /08 /agosto /2017 23:00
Viñeta: Carretera de la muerte Málaga-Almería (La Desbandá) Fuente: http://www.ecorepublicano.es/

Viñeta: Carretera de la muerte Málaga-Almería (La Desbandá) Fuente: http://www.ecorepublicano.es/

Ambos, el rey Borbón y su bandera bicolor, son símbolos anclados en un pasado cruel que es necesario superar. Cuatro largas décadas que dejaron un saldo aterrador: más de cien mil desaparecidos forzosos, cuyos restos emergen hoy reclamando justicia. De ahí su burdo intento de acallar el clamor de las víctimas:¡Nada de memoria histórica, que reabre las heridas! Frente a esta indecente pretensión sigamos ondeando nuestra honrosa bandera tricolor, símbolo de memoria, libertad y progreso

Manuel Ruiz Robles (Colectivo de Militares Republicanos ANEMOI)

La leyenda de esa Transición "modélica y ejemplar" que quieren vendernos se derrumba en cuanto observamos los intereses de los actores que la hicieron posible, las correlaciones de fuerzas y poderes enfrentados, las presiones internacionales que influyeron, y los resultados obtenidos por ese Régimen de la Constitución de 1978 que llega hasta nuestros días. Todo ello nos demuestra que la historia en general, y la historia reciente en particular, se investiga, se escribe, se cuenta y se interpreta de acuerdo a una ideología. Una ideología que incluso puede estar latente en muchas ocasiones, pero que es reveladora en cuanto a la lectura e interpretación de los hechos históricos acontecidos. Este es un factor fundamental para la pervivencia de todo el franquismo sociológico que venimos contando en esta serie de artículos. Sin ir más lejos, a los escolares actuales no se les cuenta el franquismo como realmente es, sino como interesa a las clases dominantes. Hemos de denunciar este relato con valentía y con rigor, pero también sin complejos, es decir, desde una posición ideológica distinta, desde la posición de los vencidos. Y entonces, entenderemos que la Transición, lejos de ser un período modélico, fue únicamente un período posibilista, y sobre todo, un período sangriento. Nos lo cuenta magníficamente Elisa Beni en este artículo recogido por Unidad Cívica por la República, que tomamos como referencia a continuación. Entre los años 1976 y 1983 murieron asesinados 188 ciudadanos/as españoles/as debido a lo que podríamos denominar como violencia institucional y represiva por parte del Estado, tanto en manifestaciones, como en Comisarías o prisiones. 

 

En palabras de Elisa Beni: "Víctimas olvidadas cuyos nombres resuenan ya sólo en la cabeza de algunos periodistas que cubrieron los hechos luctuosos y que recuerdan sus familiares y sus ciudades de origen como muestra de la violencia de un proceso en el que los asesinatos de la ultraderecha y la represión policial se alternaban con los atentados de ETA y de otros grupos de izquierda, sin contar con la terrible constancia del terrorismo de Estado". En efecto, un terrible goteo de revueltas, detenciones y asesinatos jalonaron aquél sangriento período, donde aún lo antiguo no había muerto, y lo nuevo no acababa de llegar. Por ejemplo, los terribles asesinatos de Vitoria de marzo de 1976. Rodolfo Martín Villa era el máximo responsable político entonces, junto al ya fallecido Manuel Fraga, fundador de AP. Un total de 44 personas murieron a manos de las fuerzas policiales que ellos mandaban. 108 fueron heridos de gravedad y hospitalizados a resultas de la represión por ellos comandada. Dos personas murieron en Comisaría, y 32 fueron heridos y torturados en prisiones, calabozos y centros de detención. Las huelgas obreras no cesaban para presionar al régimen a su apertura democrática, y se inició una dura represión contra las protestas de los trabajadores para calmar al sector más duro del franquismo, que aún tenía mucho poder. En Vigo falleció Elvira Parcelo a causa de los golpes de la policía en una manifestación de trabajadores de Ascon. José Luis Cano en Pamplona, en 1977, apaleado por la policía y rematado de un tiro en la nuca durante una manifestación. Gladis del Estal, muerta de un disparo mientras hacía una sentada antinuclear en Tudela. También el estudiante Jesús Fernández Trujillo, muerto por un tiro de arma reglamentaria en una manifestación en La Laguna, el mismo lugar en el que Bartolomé García Lorenzo, estudiante, fue ametrallado en su casa por inspectores de policía sin tener nada que ver en ningún caso. 

 

Caso sonado (que se acaba de recordar por la Junta de Andalucía y el resto de fuerzas políticas del arco parlamentario andaluz) fue el de José Manuel García Caparrós en Málaga, que participaba en la manifestación por la autonomía andaluza cuando fue abatido por disparos de la policía del régimen. Y los sucesos de Pamplona de 1977, en la manifestación por la amnistía, en la que Gregorio Marichalar murió de un balazo en el balcón de su casa. O el caso de Germán Rodríguez, abatido un año después, tras la entrada de la policía en la plaza de toros durante las fiestas de San Fermín. O del joven almeriense de 19 años, Francisco Javier Verdejo, muerto a tiros por la policía mientras realizaba una pintada que decía: "Pan, Trabajo y Libertad". Podríamos seguir. Así hasta un total de 44 muertos durante el período en que fue Ministro del Interior Rodolfo Martín Villa, ese que después llegaría a presidir varios Consejos de Administración de grandes empresas españolas, y que ha recibido de la "democracia" española varios honores y condecoraciones (la última de manos del Rey Felipe VI durante la jornada de celebración de aquéllas primeras elecciones "libres" de 1977). Todos ellos, las víctimas de aquél sangriento período, olvidados, borrados, para que el mito de la Transición "modélica" se mantenga en pie. Aquélla Transición no fue un período pacífico, de purga de los aparatos del poder de la dictadura, sino un período histórico de violencia extrema durante el cual el franquismo pervivía con toda su fuerza. Elisa Beni sentencia: "Sólo recordando esto, las nuevas generaciones podrán entender la magnitud de lo logrado y el caro peaje que pagaron muchos españoles para traernos hasta aquí. Si la escoba que reescribe la historia sólo les envía imágenes de selectos señores sentados ante mesas de negociación no sólo nunca entenderán nada, sino que nunca se honrará a todos los que pagaron con su sangre nuestra democracia". 

 

Y a todo esto, ¿quiénes fueron las fuerzas políticas de izquierda que consiguieron sentarse en el nuevo Parlamento "democrático"? Pues fundamentalmente el Partido Comunista de España (PCE) dirigido por Santiago Carrillo, y el PSOE de Felipe González de la época. Hay que hacer mención especial al sindicalismo de clase y combativo de la época (hoy desgraciadamente ausente salvo honrosas excepciones, tales como SAT, ELA, LAB, y otros), de CC.OO. y UGT, hoy día reconvertido en un sindicalismo negociador, pasivo, conciliador y amigo de las clases dominantes. Tanto Carrillo como González venían de la lucha clandestina contra el franquismo, pero ambos defraudaron con el tiempo. Santiago Carrillo fue abrazando una versión descafeinada conocida como "Eurocomunismo", una versión poco rupturista y que apostaba por actitudes más conciliadoras. El PCE se integró como fuerza política principal en la coalición Izquierda Unida a partir de 1986, llegando hasta nuestros días. Y en cuanto al PSOE y a la figura de Felipe González, habría que hablar largo y tendido. No es el momento ni el lugar de hacerlo, entre otras cosas porque ya hemos dedicado al PSOE numerosos artículos de nuestro Blog, a los que remito a los lectores y lectoras interesadas. Así que nos interesa resaltar aquí únicamente lo que concierne a ese falso "espíritu republicano", dimensión que se explica muy bien en este artículo del medio Eco Republicano, que tomamos como referencia a continuación. Tras la muerte del dictador, el PSOE se reconstruye de forma acelerada con un viraje hacia la socialdemocracia europea. En su 27º Congreso celebrado en Madrid en diciembre de 1976, el PSOE se define como un partido "de masas, democrático, federal, marxista, pluralista e internacionalista", se pronuncia a favor de la República y defiende el marxismo y la ruptura con el capitalismo. El citado Congreso ratifica a Felipe González como Secretario General y elige a Ramón Rubial como Presidente. Pero todo ello no eran más que fuegos de artificio.

 

Ese alma republicana, marxista y laica que propugnaba el PSOE de la época se quedó guardada en el armario. Ya hemos expuesto en entregas anteriores todo el cruce de intereses políticos nacionales e internacionales que se dieron cita durante la Transición, y cómo el PSOE de Felipe González estaba llamado a ser un actor fundamental en dicho período. No tardó por ello mucho en prestar servicios a la Monarquía y a los herederos de Franco. Pero como decíamos más arriba, no lo hizo solo, sino que tuvo el apoyo y la complicidad del PCE, liderado por Santiago Carrillo. Ambos partidos, referentes de la lucha antifranquista en la clandestinidad, vendieron su alma al diablo, renunciando a sus postulados republicanos y permitiendo la impunidad del franquismo y el retorno de los Borbones, en aquélla nueva restauración monárquica auspiciada por los grandes poderes económicos y algunas potencias internacionales. En el caso del PSOE, la raíz para este giro hay que buscarla en el histórico Congreso de Suresnes (Francia) de 1974, donde el felipismo dio un Golpe de Estado contra el socialista Rodolfo Llopis, el verdadero icono del socialismo en la lucha antifranquista y la defensa de la legalidad republicana, quien después de toda una vida de lucha, fue objeto de una traición para desbancarle de la Secretaría General del Partido. Lo contaremos con más calma y profundidad en la siguiente entrega. Aquéllas incoherencias del PSOE (declararse republicano y actuar monárquico, declararse socialista y actuar capitalista) ayudaron a perpetuar la monarquía heredada del franquismo durante 40 años, traicionando a la militancia y a los votantes, y violando sus principios republicanos más elementales. Todavía se siguen comportando así, a tenor de las políticas practicadas durante los Gobiernos de Felipe González (1982-1996) y de José Luis Rodríguez Zapatero (2004-2011), encaminados a destruir las conquistas obreras, a debilitar el sector público, a privilegiar a la Iglesia Católica, y a potenciar al gran capital. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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