Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
23 agosto 2017 3 23 /08 /agosto /2017 23:00
Viñeta: Sofía Mamalinga

Viñeta: Sofía Mamalinga

Los acuerdos de libre comercio (TLC), ya sean bilaterales o multilaterales, están todos diseñados para garantizar las ganancias de las grandes empresas. Estas acaparan los recursos, los servicios públicos, las tierras agrícolas de los campesinos y destruyen el medio ambiente. Destruyen puestos de trabajo, reducen los salarios introduciendo competencia entre los asalariados y aumentan el desempleo. Controlan cada vez mas los países del Sur profundizando su dependencia estructural alimentaria, financiera y tecnológica

Fragmento de la Declaración Final de la Conferencia “Tratados de Libre Comercio, Tratados coloniales contra los pueblos”

Las posibles alternativas a los TLC han de poner en debate, en primer lugar, las grandes normas y las funciones de los Organismos mundiales que regulan el comercio internacional. Unas normas que se basan en la propia desigualdad y el poderío hegemónico de las grandes empresas transnacionales, así como en los intereses comerciales de las grandes potencias. Vamos a exponer una revisión muy generalizada de dicho panorama, basándonos en el texto "Comercio internacional: exclusión y privilegios", de varios autores, editado junto a otros libros de su colección por la Plataforma "2015 y más". Los países ricos y sus defensores y aliados se empeñan en afirmar que la mejor forma de organizar las relaciones comerciales internacionales es mediante la plena libertad de intercambios, y obligan a los países más pobres a respetar leyes estrictas que les imponen una completa apertura de sus fronteras, gracias a lo cual los productos de los países ricos y de sus empresas penetran sin dificultades en los mercados de los países pobres, aplastando sus economías locales y a su tejido empresarial pequeño y mediano. Pero, justo al mismo tiempo, los ricos se protegen y mientras también prohíben a los pobres que adopten cualquier tipo de defensa o protección de sus intereses nacionales. De esta forma, la balanza se vuelve completamente desigual y los países ricos lo son cada vez más a costa de los pobres. Igual ocurre cuando la fabricación de determinados productos o servicios depende de la presencia de ciertas materias primas que se localizan fundamentalmente en los países pobres. Entonces dichos países son vilmente expoliados, sufriendo agresivos procesos de extractivismo, ante la pasividad de estos organismos internacionales que han de velar para que se cumplan las reglas del comercio. 

 

El escenario es, pues, como vemos, bastante injusto. Los TLC se aprovechan de este escenario, y es por ello por lo que decimos que las posibles alternativas a los mismos han de poner en solfa toda esta estructura en la que se basa el comercio internacional. Y mientras desde sus poderosas atalayas proclaman las bondades del "libre comercio", tratan igual a los desiguales, y retiran para ellos la escalera que supone poder alcanzar también altos niveles de desarrollo económico. La desigual organización del comercio provoca escasez, especulación, impide a los pueblos disponer de sus propios recursos, reduce sus ingresos y da lugar a esa gigantesca aberración que supone que quienes producen más caro sean los que dominan los mercados, excluyendo del consumo a cientos de millones de personas. Necesitamos en el mundo una mayor justicia comercial, y como siempre, ha de venir de la regulación que los Estados a nivel nacional, pero también por supuesto todas las organizaciones supranacionales dedicadas al comercio, pongan en marcha de manera armónica para alcanzar ese objetivo. Como indican los autores en el texto de referencia: "El proteccionismo por el que hay que abogar no es el que deriva de reaccionarios sueños nacionalistas, sino de un profundo y sincero sentido de la equidad que nos impone a todos la obligación de apoyar a los débiles y de controlar a los fuertes para que todos estemos en semejantes condiciones de vivir y de satisfacer nuestras necesidades". Y como ya indicábamos en nuestra entrega anterior, lo primero que hay que cambiar en este injusto escenario son sus protagonistas, haciendo disminuir la presencia de los grandes lobbies empresariales y de los representantes de estos organismos internacionales, y haciendo destacar la presencia de activistas altermundistas, feministas, en defensa de los derechos humanos, cooperantes de ONG's de desarrollo, ecologistas, pacifistas, sindicalistas, o colectivos de agricultores, de mujeres o de indígenas. 

 

El organismo internacional por excelencia dedicado a este asunto es la OMC, siglas de la Organización Mundial del Comercio. Tal como entiende el comercio la OMC, se trata básicamente de una extensión del antiguo colonialismo, es decir, un medio para obtener recursos naturales y humanos a bajo precio, en beneficio del gran capital. Es un planteamiento que lleva siglos ocurriendo, puesto en marcha desde la Edad Media por las grandes potencias e imperios mundiales. Algunos datos de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo) son terriblemente ilustrativos al respecto:

 

1.- Un total de 65.000 empresas transnacionales y sus 850.000 filiales controlan el 27,5% de la actividad económica global, pero sólo absorben el 0,74% de la fuerza laboral empleada. 

 

2.- Las 500 mayores megaempresas del mundo son las responsables del 25% de la producción mundial, y del 70% del comercio mundial, aunque sólo aportan el 1% de la población activa. 

 

3.-  Las cinco mayores empresas transnacionales (ETN) controlan el 50% de la industria automovilística, aeroespacial, electrónica y del acero, además del 70% de los bienes de consumo duradero. 

 

4.- En el año 1990 el volumen de ventas nacionales y el de las exportaciones de las filiales de estas empresas transnacionales coincidían, mientras que en el año 2001 las ventas nacionales duplicaron a las exportaciones, es decir, que las filiales de las multinacionales se están apoderando de los mercados nacionales. 

 

5.- El comercio que desarrolla el conjunto de estas empresas transnacionales asciende aproximadamente a 8.000 millones de dólares anuales, un tercio de los cuales está constituido por el comercio entre las sociedades de una misma empresa multinacional (comercio intrafirma) y el otro tercio por el comercio entre empresas. 

 

6.- En el año 2008, las exportaciones mundiales de mercancías se habían multiplicado por 57 con respecto a las del año 1969, mientras que el PIB mundial sólo se había multiplicado por 22. El comercio entre las tres regiones más ricas del mundo (América del Norte, Europa Occidental y el Sudeste Asiático) representa el 80% del comercio mundial, y sólo la zona euro protagoniza el 39% de este comercio. 

 

Como vemos, las cifras hablan por sí solas. Es un hecho históricamente demostrado que el libre comercio siempre ha tenido para los países más vulnerables consecuencias abiertamente negativas en los intentos de favorecer su industrialización, e impulsar su crecimiento económico. El texto de referencia también ofrece algunos datos que demuestran la paradójica situación del comercio internacional:

 

1.- Los países más empobrecidos, con graves problemas de desnutrición, son exportadores netos de alimentos...¿cómo es posible que no se utilicen dichos recursos para beneficio propio de las poblaciones locales?

 

2.- En estos países, se cierran empresas locales y los pequeños productores agrícolas abandonan el campo como consecuencia de la importación sin trabas de productos que ya se fabricaban en el propio país, causando paro, emigración y desarraigo local...Es justo lo que ha pasado en México desde que se aprobó el TLCAN (tratado de libre comercio entre Canadá, Estados Unidos y México). ¿No es más justo promocionar la producción local y abastecer desde la proximidad a la población de sus propios países?

 

3.- Se proporcionan ayudas millonarias a grandes cadenas de hipermercados y empresas de alimentación pertenecientes a grandes corporaciones internacionales de comercialización que acaban destruyendo el pequeño comercio local y sus puestos de trabajo. Todo ello multiplica los recursos necesarios (producción, almacenaje, transporte, etc.) para que una misma sociedad local se abastezca de sus propios productos

 

4.- Los países más pobres reducen sus gastos sociales para subvencionar la construcción de infraestructuras que acaban utilizando las grandes compañías exportadoras y los grandes terratenientes para realizar sus exportaciones...¿no sería mejor subvencionar la producción y el abastecimiento local antes que las grandes infraestructuras?

 

5.- Las normas comerciales internacionales vigentes ponen dificultades a que estos países regulen las condiciones en que las empresas extranjeras explotan sus recursos naturales no renovables, lo que explica que por ejemplo acaben expoliando sus pesquerías y manglares...¿no es más lógico pensar que sean las empresas extranjeras las que respeten las normas locales de extracción, producción, almacenaje, distribución y comercialización?

 

6.- El 93% del precio del café se lo quedan las empresas transnacionales y los intermediarios, y sólo un 7% va a los campesinos y pequeños productores...¿no sería más justo y sostenible un reparto más equitativo de estos costes y beneficios? Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías