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6 septiembre 2017 3 06 /09 /septiembre /2017 23:00
Contra los Tratados de Libre Comercio (48)

De momento, lo que hay es puja por la hegemonía en la globalización en la que Estados Unidos perdió su condición de potencia hegemónica absoluta y lo que busca es recuperarla 'renegociando la globalización', que seguirá siendo neoliberal, salvo que una profunda crisis como la de los años treinta les fuerce a romperla. En realidad, los movimientos antisistémicos son alterglobalización y la supuesta actitud antiglobalización de Trump es en realidad un chantaje para renegociar con más ventaja los términos de los acuerdos de libre comercio en un momento en que Estados Unidos se ve agrietado socialmente por dentro. Y no son comparables las políticas soberanistas 'defensivas' de los países latinoamericanos con las nacionalistas ofensivas como las de Estados Unidos o el Reino Unido. Mientras las primeras buscaban limitar el expolio internacional, las segundas buscan aumentarlo

Jorge Fonseca

Ya estamos viendo cómo las reglas del libre comercio internacional, impuestas por Organismos internacionales como la OMC (ya referida a fondo en la entrega anterior), se limitan a implementar una serie de cláusulas que únicamente benefician a las grandes corporaciones. En la práctica, el llamado "libre comercio internacional" se convierte así, únicamente, en una serie de transferencias internas controladas de mercancías de un continente a otro por parte de estas grandes transnacionales, que controlan todo el proceso productivo. Los TLC son las herramientas definitivas que les allanan este camino, y se multiplican sobre todo cuando desde el seno de la OMC se generan conflictos entre determinados países, producto de los cuales se paralizan los procesos de negociación, y deja de avanzarse en el proceso de apertura de los mercados. Desde entonces, Estados Unidos y la Unión Europea han multiplicado sus esfuerzos para la firma de dichos tratados, con el propósito de lograr condiciones más favorables de las que podrían obtener desde los foros multilaterales de la OMC. Aplican la famosa regla del "divide y vencerás", en el sentido de que firmando con cada país o zona regional por separado, los respectivos gobiernos serán más vulnerables a las presiones, y caerán más fácilmente bajo las presiones de los diferentes lobbies empresariales. Se suele dar mucho en estos casos el famoso "dilema del prisionero", un curioso fenómeno grupal estudiado por psicólogos sociales, que aplicado a los TLC, significa que muchos países firman condiciones más desfavorables de las que obtendrían si se mantuvieran unidos en la OMC, por el miedo a que los demás países firmen y ellos se queden descolgados. 

 

Bien, pasemos ahora a explicar cuáles son los fundamentos, desde la óptica neoliberal imperante, a la hora de establecer lo que se denomina un Área de Libre Comercio. Y lo haremos exponiendo los diversos grados o niveles de integración que nos podemos encontrar, y sus respectivas características. Tomaremos el caso de nuestra Unión Europea, considerado como referente para otros procesos posteriores de integración regional. Bajo los designios de la OMC, un área de libre comercio no aspira a una integración regional que vaya más allá de una zona de libre cambio, donde predominen la libre circulación de bienes, productos, servicios y capitales. El resto de aspectos de la integración regional (unión política, unión fiscal, unión bancaria, unión económica o unión monetaria) pasan todos ellos a un segundo plano. El Tratado fundamental de la UE fue el celebrado en 1992 y que fue conocido como Tratado de Maastricht, que luego ha sido complementado con otros muchos acuerdos posteriores. Este tratado fundó las bases de nuestra moneda única (que no común), el Euro, es decir, propugnó por tanto una unión monetaria antes que cualquier otro tipo de unión, comenzando, como pudiéramos decir en lenguaje coloquial, "la casa por el tejado". En efecto, la UE, como "guía" para la integración regional, ha marcado básicamente cuatro pasos a seguir: 1) Constituir una Zona de Libre Comercio. 2) Fijar una Unión Aduanera. 3) Establecer un Mercado Común regional. 4) Alcanzar la Unión Regional plena. Como podemos comprobar, para la ideología neoliberal, la integración parte desde un punto estrictamente económico (y en particular en las áreas de comercio exterior y de inversiones extranjeras), dejando para ulteriores pasos otras facetas de la integración (política, social, cultural, etc.). Y el enfoque que posee es el de quienes serán los principales actores de esta integración económica: los capitales más concentrados de la región. 

 

La integración pasa a centrarse en este punto, olvidando que antes deben ocurrir otros procesos de integración, justamente para que todos los pasos tengan éxito. Y así, la libre circulación de personas, los derechos laborales, las cuestiones en materia de medio ambiente, la igualdad de género, los productos agrícolas, la propiedad intelectual, los servicios públicos, etc., son temas dejados en un segundo plano, dado que la primera prioridad en un bloque regional, como decíamos más arriba, es la libre circulación de mercancías, servicios y capitales, que es lo primero que se establece en una zona de libre comercio. Como lógicamente es un proceso equivocado, provoca con el tiempo una integración fallida, pues se van creando una serie de interdependencias entre unos países y otros, que van modelando unas relaciones entre los mismos que no están basadas en la igualdad y en el respeto hacia cada uno de los países. Esto nos está ocurriendo actualmente en la Unión Europea, con el riesgo incluso (muchos autores afirman que ya está ocurriendo) de la posible formación de países de la Unión que funcionen a varias velocidades, o de posibles rangos de pertenencia dentro del mismo bloque. En cualquier caso, como decimos, esto es debido al mal enfoque integrador que se practica desde el obsesivo neoliberalismo económico imperante, y que trae, como vemos, consecuencias devastadoras. Por tanto, desde este punto de vista, una Zona de Libre Comercio (ZLC) es la que conforman dos o más países, y en la que se permite la libre circulación de bienes, servicios y capitales. Esto significa eliminar progresivamente las barreras al comercio (aranceles, medidas no arancelarias como los cupos a la importación, subsidios a la producción local, etc.). Evidentemente, las mercancías que provengan de terceros países ajenas a dicha ZLC serán tratadas sin estos beneficios, y deberán pagar todos los aranceles fijados por cada país en cuestión. 

 

Un siguiente paso en la integración comercial consiste en la Unión Aduanera (UA). Es un estadío superior a la ZLC referida anteriormente, donde además se fijan políticas aduaneras comunes entre sus países miembros. Se cumplen todos los principios del libre comercio, a los que debe sumársele la implementación de un Arancel Externo Común (AEC) para todos los países que conforman la UA, de modo que se cobre el mismo arancel a todo producto que ingrese en un país miembro de la zona (como también una aduana comunitaria única para así disolver las aduanas nacionales). Existen UA "perfectas" e "imperfectas", dependiendo de si se han logrado o no implementar todas las características anteriores, y si están incluidos todos los sectores de la producción dentro del intercambio comercial bajo el AEC. Por ejemplo, el MERCOSUR es una UA imperfecta, ya que no aplica el AEC a todos los productos, y tampoco posee una aduana unificada. Por su parte, un Mercado Común (MC) es un tercer paso dentro de los modelos de integración regional. Aquí ya se forma un mercado comunitario que incluye la libre circulación de todos los factores productivos, permitiendo también la libre circulación de personas. Ya comienzan también a existir instituciones comunitarias que van más allá de lo estrictamente comercial. Algunas experiencias de MC incluyen la implementación de una moneda común, como el euro en la UE. Y por último, llegamos al cuarto nivel de integración: la Unión Regional (UR) sería el último estadío del proceso de integración, en donde ya comenzaría a hablarse de supranacionalidad de instituciones y de normas. Pero vayamos por partes, porque toda esta es la teoría, pero en la práctica, cada nivel y estadío de integración, en cualquier parte del mundo, posee sus propias características que lo alejan o acercan a los modelos expuestos. 

 

En primer lugar, todos estos esquemas, todas estas etapas presentan al libre comercio como el gran paradigma de la integración regional, convirtiéndose en procesos que aunque se presentan como "desideologizados", "neutros" o meramente "técnicos" (lo que se ha venido en llamar la "tecnocracia"), están fuertemente sesgados ideológicamente desde y a favor del neoliberalismo. Bajo dicho sistema, fase última del capitalismo más atroz y despiadada, son los poderes financieros y los grandes capitales los que poseen el control de todas las transacciones, controlan las deudas de los países y gobiernan de facto los mercados. Cuando llegamos a una situación tan extremadamente viciada, es lógico pensar que los niveles de integración expuestos anteriormente no obedecen en realidad a sus causas ni implementan sus normas, sino que son utilizados en beneficio del gran capital. En ese caso, como le ocurre al euro, la moneda no es un instrumento común de intercambio por el valor de las mercancías, productos y servicios, sino que se transforma en una moneda única, lo cual deriva en un instrumento de dominación al servicio del gran capital. Se fomentan los desequilibrios territoriales, se abandona la cohesión social, se disparan las desigualdades, y lejos de constituir una zona armónica de libre comercio, se convierte en una salvaje competencia entre los mercados, bajo la atenta mirada y control del capital financiero. Pero aún hay más, porque no olvidemos a los Tratados de Libre Comercio, que aunque no están definidos como un nivel de integración regional propiamente dicho, lo suponen de facto, en el sentido de desvirtuar los objetivos clásicos y naturales de una ZLC (en sus diferentes estadíos), para llegar a representar un instrumento de manipulación y control al servicio de los grandes agentes económicos, como son las corporaciones y empresas transnacionales. Se desvirtúan los principios del libre comercio, que se refiere a zonas "libres e iguales" de libre intercambio, porque lo que se persigue es que los TLC anulen no ya las barreras al libre cambio, sino todas las restricciones que las empresas se puedan encontrar, en lo relativo a cada legislación de cada país miembro, constituyendo, como ya hemos denominado otras veces, una especie de "Constitución económica" con validez superior a las de los Estados miembros. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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