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5 septiembre 2017 2 05 /09 /septiembre /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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Argentina, Chile, Uruguay, Suráfrica, etc., han pasado factura a las dictaduras militares fascistas latinoamericanas y el régimen de aparteith, procesando e internando en prisión a varios de sus verdugos. Pero, ¡oh, cielos!, Spain is different!. En España no se ha enjuiciado a los Fraga, Serrano Suñer, Arias Navarro o Martin Villa, mientras en todas las cunetas y carreteras españolas reposan los restos insepultos de nuestros abuelos y abuelas. Y así, España sigue siendo el cementerio más grande de desaparecidos en Europa, y el único país de la UE que deja sin compensación a los cientos de miles de represaliados por el fascismo

Miguel Ángel Montes

A estas alturas de lo que venimos contando sobre la Transición, y con el estudio comparativo de los marcos constitucionales de 1931 y 1978 que hemos expuesto en las últimas entregas de la serie, creemos que nuestros lectores y lectoras, al menos, tendrán serias dudas de la imagen "pacífica" y "consensuada" que se ha venido propagando sobre la Transición, sobre la "recuperación de la democracia" y sobre la presentación y bondades de nuestro actual sistema político. Desde 1982 se viene publicitando nuestro Estado como modelo asimilado a las "democracias avanzadas", como un "Estado de Derecho" de igual naturaleza que los más puros que puedan existir en la actualidad. Se nos dice que en nuestro país impera la democracia, la ley, el pluralismo, la garantía eficaz de nuestros derechos y libertades, el goce universal de servicios públicos y prestaciones, y otros muchos parabienes, que nos resumen en la suprema y falaz idea de que "España es un gran país". Estamos demostrando mediante los artículos de nuestro Blog que no es así, que distamos mucho de serlo, y que estas insulsas proclamas no son más que la propaganda de un régimen surgido de las cenizas de una cruenta dictadura, que no ha remozado ni lo más mínimo sus estructuras de poder. El régimen del 78 no nació de una voluntad de ruptura con el régimen anterior, sino de un puro continuismo de sus élites, de un sistema posibilista que nació bajo la amenaza y el ruido de sables de fondo. El bipartidismo reinante desde entonces, la hostilidad hacia todo intento de superación real del franquismo, las limitaciones de nuestra democracia, el rechazo a la participación directa de la ciudadanía, la falta de garantías efectivas de los derechos sociales, la intersección de poderes o la lectura fundamentalista de la Constitución (incluida su negativa cerrada a hacerla evolucionar) demuestran claramente lo que afirmamos. Superar el franquismo supone, a efectos prácticos, superar también todas estas deficiencias. 

 

La superación real y completa del franquismo debe plasmarse en un cambio de rumbo factible y demostrable, palpable y manifiesto, que plantee ciertamente modelos rupturistas de país. Hoy día aún padecemos un Estado, unas Administraciones y unas instituciones públicas bastante impregnadas de malas prácticas, con persistencia de efectivos franquistas que no fueron desalojados, con limitaciones sociales y económicas (aún más fuertes tras nuestra integración en la Unión Europea), con un predominio eclesiástico católico (que aún permite que la Iglesia disfrute de privilegios insostenibles en un Estado aconfesional, como el declarado en la Constitución), y bajo el influjo del poder de las oligarquías en la toma de decisiones y en la implementación de medidas políticas. Todo ello limita y encorseta nuestro sistema democrático, y ensucia nuestra vida pública. Todo este puzzle de características de nuestra democracia de baja intensidad se han visto coronados, durante los últimos años, con la cultura de la impunidad, la corrupción cotidiana, el desprecio por lo público y la desafección política generada al albur de todas estas prácticas. El actual panorama está, pues, absolutamente contaminado, pues a las características de una sociedad pseudodemocrática heredera de un régimen dictatorial, se unen los propios valores generados por una sociedad preñada de neoliberalismo, de capitalismo salvaje, de fundamentalismo de mercado, y de continuo ataque a todas las conquistas obreras conseguidas durante los últimos tiempos. La reciente crisis de 2007 ha contribuido a empantanar aún más todo este desolador panorama social y político. De hecho, ha sido utilizada por la clase dominante como pretexto o excusa para acelerar más las contrarreformas necesarias que conduzcan a ampliar su sistema de privilegios sobre las clases más desfavorecidas, y a disparar las desigualdades sociales. Hoy día vivimos pues bajo una enorme degradación democrática, manifestada en múltiples facetas, tales como la crisis económica, política, social e institucional. 

 

Pero continuemos hablando sobre la Transición, ya que aún nos interesa exponer los puntos de vista de algunos autores. Uno de los más críticos con la imagen bondadosa que se ha extendido sobre la Transición es el Profesor Vicenç Navarro, Catedrático de Políticas Públicas en la Universidad Pompeu Fabra, y una figura de impresionante experiencia desde su exilio en la colaboración con las más prestigiosas Universidades y Gobiernos del mundo. El Profesor Navarro no es sólo un magnífico economista crítico, con multitud de obras en su haber y con una trayectoria profesional impresionante, sino también uno de los mejores referentes de la izquierda política y social de este país. Pues bien, tomamos como referencia a continuación este artículo de su Blog, para considerar sus explicaciones y opiniones en torno al asunto que estamos tratando. De entrada, el Profesor Navarro se expresa en los siguientes términos al tratar de explicar la enorme influencia del franquismo: "Consciente de que tenía a la mayoría de las clases populares en contra, el régimen dictatorial español utilizó el terror para mantenerse en el poder, estableciendo un miedo generalizado sobre el cual, y a través del control de todas las instituciones generadoras de valores (desde los medios de comunicación hasta el sistema educativo) se estableció una cultura profundamente antidemocrática que incluso persiste hoy". Para el Profesor Navarro, las fuerzas conservadoras que habían controlado al Estado dictatorial, así como los medios de información, dominaron el proceso de la Transición, y es precisamente este dominio el que explica la baja calidad de nuestra democracia, así como el escaso desarrollo de su Estado del Bienestar, y la persistencia de la cultura franquista. Y tal dominio es lo que también explica la resistencia ofrecida por un sector de nuestra sociedad hacia la recuperación de la Memoria Histórica. 

 

Se suele utilizar el manido argumento para no "reabrir las heridas", pero tal argumento, en opinión de Vicenç Navarro, oculta el hecho de que la oposición a la recuperación de la Memoria Histórica tiene "poco que ver con el estado de las heridas, y mucho que ver, por el contrario, con el deseo de evitar que se conozca la historia real de los distintos pueblos y naciones de España. Con ello se evita también que se cuestione la cultura franquista que persiste, impidiendo que reaparezca la cultura republicana". El Profesor Navarro también explica en su artículo algo a lo que ya hemos hecho referencia en muchos otros artículos, que es la doble moral expresada por los dirigentes políticos del bipartidismo, en el sentido de oponerse a cualquier cambio constitucional, amparándose en que la ley está por encima de todo y de todos, pero sin contarnos que dicha ley (la Constitución y su compendio de leyes que la desarrollan) fue acordada bajo unas coordenadas de poder injustas, muy desiguales y poco equilibradas, hededadas de aquélla inmodélica Transición. El período comprendido entre la muerte del dictador y el primer gobierno del PSOE de Felipe González fue únicamente un período para salvar los muebles, y para encauzar la salida de un régimen agonizante por otro que salvaguardara los privilegios de las mismas élites que nos habían gobernado hasta entonces. Hasta tal punto es cierto, que la Universidad Complutense de Madrid realizó un estudio llevado a cabo por alumnos de la Facultad de Ciencias Políticas, donde realizaron el árbol genealógico de todos los Ministros de los Gobiernos de España desde la muerte de Franco en adelante (es decir, UCD, PSOE y PP). El Presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, Emilio Silva, resume los resultados de dicho estudio en los siguientes términos: "Casi el 90% de los miembros de todos esos Gobiernos eran hijos de vencedores de la guerra y casi ninguno de ellos (...) ha hecho nada, ni ha tomado ninguna decisión política que pueda atentar contra sus privilegios de clase". 

 

Como ya hemos contado, durante la Transición no hubo cambios del aparato político y administrativo proveniente de la dictadura. De hecho, políticos franquistas dirigieron también esa etapa. Y así, dirigentes franquistas de la policía, judicatura y ejército continuaron en sus puestos, e incluso muchos de ellos ascendieron en el escalafón, y los jueces del fascista Tribunal de Orden Público pasaron a ser magistrados de instituciones judiciales de la democracia, como la Audiencia Nacional. Incluso los torturadores de la antigua Brigada Político-Social continuaron en sus cargos de la policía. Pero la Transición fue mucho más que todo ello. Ya hemos referido la indecente Ley de Amnistía de 1977, aún en vigor, que "no sólo auto-amnistiaba los crímenes del holocausto franquista, sino que (manteniendo expulsados del Ejército a los militares de la UMD) blindaba a las Fuerzas Armadas frente a las ansias de democracia y libertad que bullían por doquier. Su reingreso muchos años después (como apestados, por la puerta trasera) ya no inquietaba al régimen" (Comunicado 32 del Colectivo de Militares ANEMOI, disponible aquí). Por tanto, prácticamente todos los estamentos del poder franquista no sólo no fueron removidos (ni siquiera actualizados), sino que durante la Transición, y hasta hoy, han sido promovidos, premiados y ascendidos. La Constitución de 1978 consagraba su poder sobre el papel, pues bajo una apariencia de falsa e insuficiente democracia, protegía los parámetros de una sociedad preñada de franquismo. Y los gobiernos bipartidistas sucedidos desde entonces, con un ala izquierda (PSOE) y otra derecha (PP), al estilo del Partido Demócrata y del Partido Republicano estadounidenses, no han cambiado ni un ápice los entramados de intereses que los mueven, y que no desean que ninguno de sus parámetros, de sus coordenadas de poder, cambien. Mantener el status quo ha sido, continúa siendo, su único objetivo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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