Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
20 agosto 2017 7 20 /08 /agosto /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (64)

El mundo sigue siendo injusto, terriblemente injusto; la distribución de la riqueza que el sistema capitalista crea es de una inequidad espantosa. El hambre sigue siendo la principal causa de muerte de la población mundial, hambre evitable, hambre que debería desaparecer si se repartiera algo más equitativamente el producto social que creamos los humanos. Esa injusticia estructural en las relaciones interhumanas es el principal exterminio que enfrentamos a diario; pero eso no es la gran noticia, de eso no se habla mucho. Hoy el “terrorismo internacional” se presenta como el peor de los apocalipsis concebibles, mientras que del hambre no se habla, o se hace desde una óptica de caridad. Pero no podemos olvidar que por hambre mueren casi 100 veces más personas diarias que por “actos terroristas”. ¿O habrá que considerar el hambre como terrorismo?

Marcelo Colussi

Y es precisamente en ese contexto de las nuevas amenazas donde hay que colocar el nuevo papel, misión y funciones a desarrollar por las Fuerzas Armadas (en general por todos los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, aunque aquí nos refiramos sólo a los Ejércitos), como ya comenzamos a debatir y exponer en nuestra entrega anterior. Un punto importante que allí ya citamos de pasada fue lo relativo al rescate de la soberanía popular, y en esa línea puede situarse la recuperación de recursos nacionales usufructuados por la burguesía y las grandes empresas, para volver a ponerlos al servicio del país y de la sociedad, esto es, de la inversión social. Los Ejércitos están llamados a defender el patrimonio histórico, cultural, natural y artístico del pueblo, así como a la defensa de todos los procedimientos democráticos populares contemplados en las leyes. Las Fuerzas Armadas no deberían rebelarse jamás contra todos estos procesos, sino más bien al contrario, garantizar su celebración pacífica y democrática. Asímismo, deben garantizar el cumplimiento de los derechos sociales, económicos y culturales, de los derechos humanos en general, frente a cualquier intento de violación por algún agente interno o externo. En este sentido, cualquier intento de injerencia exterior debe ser rechazada. Las Fuerzas Armadas, siguiendo en esta línea, también deben participar en la transferencia del poder al pueblo, en el desarrollo de mecanismos que garanticen el poder popular contra todo intento de chantaje, impedimento o injerencia. Los Ejércitos también deben intervenir en los procesos de recuperación y redistribución de la tierra para los campesinos, pues son procesos que el gran capital no cede voluntariamente, y de ahí las históricas arremetidas de sicarios y paramilitares al servicio de los terratenientes, con un alto grado de impunidad. 

 

A los lectores y lectoras puede que les choquen todas estas nuevas "extrañas misiones" que estamos encomendando a las Fuerzas Armadas, y puede que incluso piensen que las estamos desvirtuando de su función básica, primigenia y originaria, pero eso ocurre simplemente porque nuestras mentes aún no han asumido los dos conceptos básicos, que son la senda pacifista (que supone en sí misma una reconversión hacia modelos de Fuerzas Armadas pacifistas, aunque esto pueda parecer un oxímoron), y la comprensión, detección y asimilación de las nuevas amenazas (para las cuales debemos inculcar, motivar y movilizar a los Ejércitos en su defensa del pueblo ante ellas). Por tanto, puede parecer raro, pero les pido a mis lectores paciencia y reflexión. La senda del Pacifismo obliga a un nuevo modelo de Fuerzas Armadas, más preocupado por la identificación y defensa del pueblo ante las nuevas amenazas y desafíos, distinguiendo muy bien quiénes son los agresores, y por tanto, ante quiénes debemos defendernos. Tenemos un enemigo común de los pueblos, que es el imperialismo. No haremos un tratamiento profundo de este asunto ahora mismo, porque le dedicaremos más adelante todo un bloque temático para analizarlo con la debida profundidad. Nos estamos centrando en la reconversión y las nuevas funciones de nuestros Ejércitos ante el escenario de la senda pacifista, de la cual hemos de estar total y absolutamente convencidos. El modelo de Fuerzas Armadas, que ya hemos denominado en la entrega anterior como "la unidad cívico-militar", debe ser entendido pues como un reencuentro necesario entre una milicia que renuncia a su condición de instrumento armado al servicio de esa casta privilegiada, y un pueblo que pierde sus recelos ante su Ejército. Un modelo que ya triunfa en algunos países de América Latina, basado a su vez en la idea de los libertadores originarios y los grandes pensadores, tales como Simón Bolívar, José Martí, Jose Carlos Mariátegui, etc. 

 

Hay que erradicar completamente el carácter anterior que en determinadas etapas históricas hayan podido desarrollar los Ejércitos, como por ejemplo el de ser forjadores de Golpes de Estado. Hay que desarrollar una progresiva socialización en el seno de las Fuerzas Armadas, de la mano de militares que ya posean y sean capaces de transmitir esa enorme sensibilidad social que es necesaria en un cuerpo armado. Hay que acabar con la corrupción dentro de los Ejércitos, con las malas prácticas, con los criterios sexistas y discriminatorios, incidiendo a su vez en una reconversión sobre los clásicos conceptos de "obediencia" y "disciplina". Necesitamos, por contra, unas Fuerzas Armadas absolutamente democráticas. La democracia debe entrar en el seno del Ejército, así como debe hacerlo también en la empresa privada. La senda pacifista debe estar unida en todo momento a la senda democrática, ya que ambas vías se complementan y son indisociables. Necesitamos que las Fuerzas Armadas, todos y todas sus integrantes, comprendan que hoy día, la mayor amenaza mundial en todos los órdenes se llama capitalismo. El capitalismo como bárbaro sistema económico está en la base y en la lógica de todos los conflictos y confrontaciones, entre los diferentes pueblos, incluso dentro de las propias comunidades contra sí mismas. El capitalismo es esa gran hidra venenosa de múltiples cabezas que hay que aniquilar, y las Fuerzas Armadas, desde una visión pacifista (insistimos en ello), deben garantizar que el pueblo, la patria, la nación (entendida ésta como la inmensa mayoría social, sus clases populares y trabajadoras), son defendidas ante este enemigo común de la patria y de la humanidad. El tristemente fallecido Presidente venezolano Hugo Chávez definió la "unidad cívico-militar" como el proceso de "inyectar pueblo a la milicia", definición hermosa que resume el carácter que las Fuerzas Armadas deben poseer bajo una óptica pacifista, soberanista y socialista. 

 

El nuevo modelo de FAS requiere en principio, una liberación de todas ellas de los escenarios de conflicto. Es decir, nuestros Ejércitos deben desaparecer y ser retirados de todas las zonas en conflicto actual, sean zonas de guerra o de "reconstrucción", hasta no conseguir una democratización de los foros de la comunidad internacional. Porque tal y como indican desde el Foro Contra las Guerras: "Se ha subrayado que esas intervenciones, muchas veces justificadas por las potencias agresoras como acciones "humanitarias" realizadas en nombre del progreso y de la democracia, en realidad perpetúan la explotación social, económica y política, y generan daños medioambientales irreparables". El referente más cercano en nuestro país al modelo de Ejército que estamos proponiendo lo constituye el Colectivo ANEMOI, un grupo de militares demócratas y republicanos, cuyos artículos pueden consultarse en diferentes medios de comunicación. Nosotros iremos citando también sus fuentes cuando abordemos algunos aspectos sobre cómo entendemos el pensamiento y las funciones de unas Fuerzas Armadas democráticas aliadas con el pueblo. De entrada, el propio ANEMOI se autodefinió de esta forma: "Un grupo de profesionales de las Fuerzas Armadas (FAS), preocupados por la deriva de la situación política y social en España en el contexto de la crisis global actual, y estimulados por la creciente ola de protestas sociales, hemos decidido participar en el debate público. Queremos aportar nuestros conocimientos del medio militar para poner de relieve las amenazas y las limitaciones que el actual modelo de Fuerzas Armadas representan para los cambios necesarios". Ya han protagonizado muchos actos públicos de presentación, conferencias, apoyo a manifiestos, publicación de artículos, defensa de compañeros y compañeras atacadas por la deriva autoritaria, corrupta y machista de los mandos, etc. Instamos a nuestros/as lectores/as a seguir las intervenciones de este colectivo en los diferentes medios y actos a los que concurren. 

 

Un primer objetivo que necesitan cubrir nuestras Fuerzas Armadas es su propia reestructuración interna, que ya sido denunciada por varios autores, entre los cuales destaca el ex Teniente Luis Gonzalo Segura. En la actualidad en nuestros Ejércitos existen alrededor de unos 19.000 oficiales frente a 41.000 soldados. Es decir, un oficial por cada dos soldados, aproximadamente. Nuestros Ejércitos sufren, por tanto, un problema de excedente de oficiales. Las condiciones de precariedad laboral o el miedo a la expulsión son el caldo de cultivo ideal para las malas prácticas, la corrupción, las malversaciones, el fraude, los abusos y los privilegios anacrónicos. Tal como explica el Teniente Segura: "Es obvio que un militar temporal que puede perder su trabajo con suma facilidad, máxime en un mundo tan cerrado como el castrense, no denunciará los delitos que pueda conocer por no asumir el riesgo que ello conlleva". Pero en su artículo de referencia, el Teniente Segura denuncia otra práctica bochornosa, que consiste en que son las propias Administraciones Públicas las que en muchas ocasiones contratan a empresas privadas (ligadas a puertas giratorias de sus altos cargos) para que se encarguen de la seguridad en edificios públicos, y lo hacen con los militares formados y expulsados por las Fuerzas Armadas. Es decir, pagamos a empresas de seguridad privadas (muchas de ellas vinculadas a altos cargos políticos del Gobierno de turno), altos mandos militares, políticos y otras personalidades para que militares a los que hemos formado (y expulsado) se encarguen de la seguridad de nuestros edificios (naturalmente, a un coste mayor que si estos soldados lo hicieran como trabajadores públicos). Hay que acabar con estas prácticas, y proceder a una reestructuración racional de la estructura militar, acorde con las necesidades reales, pero también hay que acabar con las prácticas políticas ligadas a las famosas "puertas giratorias", que sólo contribuyen al beneficio de las grandes empresas, y al retiro dorado de nuestros indecentes políticos. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías