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28 septiembre 2017 4 28 /09 /septiembre /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (57)

El capitalismo es la asombrosa creencia de que los hombres más perversos harán cosas por el mayor bien común

John Maynard Keynes

Esta "cultura de la escasez", civilización de la pobreza, globalización de la desigualdad, o como lo queramos llamar, genera, como estamos comentando en los artículos precedentes, toda una serie de peligrosas manifestaciones en la salud (entendida en todas sus posibles dimensiones), que concurren en una merma de la calidad de vida de las personas afectadas. Seguimos a continuación este interesante artículo de Aníbal Garzón, que nos muestra algunos ejemplos de dichas manifestaciones. El autor ha documentado en dicho artículo las referencias a los informes citados en el mismo, y a él nos remitimos. Por ejemplo, tomemos como variable el desempleo de larga duración, y la impotencia de las personas implicadas para conseguir realizarse en sus respectivas profesiones. Pues bien, en base a un informe elaborado por la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública (FADSP) de febrero de 2012, el desempleo es una variable que acaba provocando un aumento de la mortalidad general, suicidios y hábitos y costumbres insanas como el tabaquismo, o el consumo de alcohol y drogas. Además se ha probado la relación entre la situación de desempleo y la presencia de migrañas o de la enfermedad de Chorn. En resumidas cuentas, la exclusión social generada por la situación de desempleo continuado (sin perspectivas de su finalización) acaba provocando graves problemas de salud en los/as afectados/as. Otra variable que puede ser considerada es la vivienda, o mejor dicho, la falta de ella. Pues bien, según un estudio de la Escuela Andaluza de Salud Pública (EASP) titulado "Procesos de desahucio y salud", todas las personas que sufren en sus propias carnes un proceso de desahucio acaban con problemas cardiovasculares, cerebrovasculares, dermatológicos, digestivos, u otras enfermedades crónicas. 

 

Y respecto a la salud psicológica, acaban padeciendo estados depresivos, ansiedad, insomnio, alteración del apetito, desmotivación, tristeza, apatía, sentimiento de culpa y la disminución del cuidado personal, provocando efectos indeseados en su vida social y familliar. Tomemos ahora la variable de la alimentación. En relación con la alimentación insuficiente, los problemas de nutrición y la pobreza infantil, otro estudio de la Asociación Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) concluye que una pobre alimentación infantil acaba provocando no sólo problemas de crecimiento en los niños y niñas, sino depresiones y deterioros en el desarrollo cognitivo. Además, potencia el riesgo de enfermedades contagiosas como la meningitis, trastornos como la diabetes y problemas cardiovasculares. En el ámbito educativo, otra investigación llevada a cabo por Cruz Roja sobre su incidencia en el rendimiento escolar con una muestra de más de 1.000 jóvenes entre 14 y 24 años sobre el total de más de 82.000 que recibieron asistencia en el año 2012 por vivir en situación de riesgo al padecer problemas económicos en sus hogares, confirma que el abandono escolar juvenil es del 72% en el perfil de familias con riesgo de exclusión, más del doble de la media nacional. Una situación de pobreza creciente proyecta una generación de jóvenes excluidos que exponencialmente ven roto su proyecto de vida, y a muchos de ellos/as les provoca profundos traumas psicológicos que afectan peligrosamente a su desarrollo saludable. La arquitectura de la desigualdad es, pues, tremendamente perniciosa, y extiende sus tentáculos a prácticamente todas las manifestaciones humanas. Potencia sociedades desequilibradas, y proyecta generaciones perdidas de cara a su aprovechamiento social. 

 

Y otra de las dimensiones sociales estudiadas es la violencia de género. Según un estudio de la Fundación Adecco llevado a cabo sobre un total de 300 mujeres víctimas de dicha violencia, el 91% de las mujeres encuestadas ven la crisis (y por tanto, la desigualdad que ella ha proyectado bajo las políticas neoliberales) como un freno para denunciar la situación de violencia de género que sufren. Por temor a no encontrar empleo o a que ella o su pareja lo pierdan, y así verse sin recursos económicos para poder subsistir, estas situaciones se ocultan de la realidad y de la estadística social. A ello hay que sumar los propios recortes efectuados sobre los recursos (económicos, humanos y materiales) que garantizan las políticas públicas de igualdad de género, con lo cual la gravedad de la situación se dispara aún más. Esta violencia no sólo provoca consecuencias físicas (algunas de ellas muy graves), sino también psicológicas, desde depresiones o ansiedad, hasta reducción de la autoestima. Como estamos viendo, todo un corolario de perversos efectos y consecuencias se despliegan peligrosamente cuando la arquitectura de la desigualdad se implanta de forma obscena y generalizada. ¿Se rescata a estas personas de su terrible situación cotidiana? ¿Se apoyan sus proyectos de vida? ¿Se garantizan unos mínimos de subsistencia vital? Pues parece que no. ¿Cuál es el motivo que argumentan los gobernantes para no dedicar más recursos a dichas labores? Que no hay dinero. Pero más bien debiéramos concluir que no quieren dedicar dinero para resolver dichos problemas, porque estamos acostumbrados a contemplar cómo las grandes empresas reciben (y de forma continuada y sostenida si es necesario) ingentes ayudas públicas de organismos e instituciones (tanto nacionales como europeas), mientras los más desfavorecidos sólo ven recortadas sus posibilidades, oportunidades, recursos y prestaciones. 

 

Una buena prueba de ello la tenemos en este artículo del medio La  Marea, de junio de 2016, donde el economista Eduardo Garzón nos documenta sobre el reparto del BCE (Banco Central Europeo) de 470 millones de euros en ayudas públicas a grandes empresas (antes públicas, ahora privatizadas) como Telefónica, Gas Natural, Red Eléctrica, Enagás, Abertis, Mapfre, Redexis, Iberdrola o Repsol. Es decir, nuestras instituciones no tienen ningún problema en abrir el grifo a mansalva para permitir que las grandes empresas se financien de la forma más barata posible, pero mantiene (incluso prohíbe o sanciona) cerrada la posibilidad de rescatar las situaciones vitales deficitarias de cientos de miles (incluso millones) de personas. De esta forma, las familias, los autónomos y las pequeñas empresas (que son precisamente los actores económicos más necesitados) observan con estupor cómo son excluidos de las ayudas y prácticamente ignorados por los poderes públicos europeos, mientras se continúa apoyando vergonzosamente a los gigantes económicos. ¿Cómo pueden continuar sosteniendo el indecente argumento de que no hay dinero para el rescate personal, familiar y de las pequeñas empresas, cuando a la vez conceden estas ayudas públicas de dimensiones mastodónticas a las grandes empresas, que son quienes menos las necesitan? La arquitectura de la desigualdad es así de despiadada, injusta e irracional. Hemos de recordar, para más inri, que el BCE es una institución pública europea, es decir, que sus recursos salen del conjunto de los contribuyentes europeos. Es decir, que entre todos/as nosotros/as estamos sufragando estas enormes ayudas públicas que reciben las grandes empresas. Absolutamente intolerable. 

 

Y es que el afán privatizador es insaciable, una de las grandes reglas y valores del neoliberalismo, y responsable directo de la arquitectura de la desigualdad. Porque básicamente, la privatización de cualquier empresa, actividad, bien o recurso pùblico es una transferencia desde el sector público (es decir, desde el ámbito de lo que es de todos y a todos pertenece) al sector privado (es decir, el ámbito de lo que es y está controlado por unos pocos). En el ámbito privado desaparece la democracia y el concepto de bien común, y se sustituye por la regla del interés particular y del beneficio privado de sus dueños y gestores. Recomendamos nuestro reciente artículo "Privatización a marchas forzadas", así como la serie de tres artículos de Ana Tudela aparecidos en el medio Contexto y Acción, titulados "Privatizaciones: como si no hubiera un mañana", que nos explican perfectamente la naturaleza y el alcance de este peligroso fenómeno. Toda una estrategia calculada de desposesión de las grandes empresas del Estado, junto al flujo de políticos y altos cargos de la Administración Pública en los Consejos de Administración de las mismas (las llamadas "puertas giratorias"), han proyectado una estructura económica donde los grandes bienes, recursos y suministros públicos se encuentran en poder de los grandes agentes económicos privados del país. Es decir, hoy día los fundamentales derechos humanos tienen que ser solicitados "por favor" (y siempre que podamos pagarlos) a las empresas transnacionales que los gestionan (vivienda, alimentación, trabajo, educación, sanidad, etc.), porque han sido retirados de la órbita del control público, y por tanto, de su posible esfera de democratización. Todos los recursos gestionados por estas empresas han pasado del Estado al mercado, de la órbita de los derechos humanos a la órbita de la oferta y de la demanda, de la óptica de la democracia a la óptica de la maximización del beneficio. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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Comentarios

Felipe Matias Aranda 09/29/2017 00:19

estimado rafael, estoy completamente de acuerdo con la vision que evoca el post, si bien no es nada nuevo es tan desagradable saber que hay una desigualdad tan OBVIA, y aun asi no se haga nada o no lo suficiente, es triste...pero tan cierto. tanto yo como la hermandad blanca enviamos luz y paz ♥ feliz año!

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