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1 octubre 2017 7 01 /10 /octubre /2017 23:00
Viñeta: Hugo Chávez y uno de sus pensamientos sobre la unidad cívico-militar

Viñeta: Hugo Chávez y uno de sus pensamientos sobre la unidad cívico-militar

Contrariamente al mensaje que se da en televisiones y prensa, el gran peligro para la libertad, no son sus “fabricados” terroristas de importación, inventados por sus servicios secretos, el gran peligro son los gobiernos, la derecha recalcitrante atrincherada en sus múltiples negocios corruptos despojando a las constituciones de sus garantías y a los ciudadanos de sus derechos y libertades. Han diseñado un mundo sin otra razón que el negocio especulativo y la voz de las bombas y los cañones matando inocentes

Lucas León Simón

Y precisamente por eso, por el motivo que apunta Lucas León en su cita de entradilla, no podemos permitir que nuestras Fuerzas Armadas, en general las FAS de cualquier país, continúen siendo cómplices de los planes de las élites gobernantes. De ahí nuestro mensaje de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad se deban al pueblo, poniendo en práctica ese principio de la "Unidad Cívico-Militar" a la que hemos aludido en entregas anteriores. Necesitamos una revolución militar en este sentido, siguiendo las directrices que ya hemos señalado en las últimas entregas de esta serie, y necesitamos también una evolución hacia lo que podríamos denominar (así lo hacen los militares demócratas del Colectivo ANEMOI en su artículo de referencia, que estamos siguiendo aquí) "el militar ciudadano", es decir, una plena integración de los militares con los deberes y derechos del conjunto de la ciudadanía, sin ningún tipo de restricción. Veamos más a fondo en qué consiste dicho concepto. En un nuevo escenario republicano, los siguientes principios deben constituir los fundamentos de unas Fuerzas Armadas plenamente democráticas:

 

1.- El militar es un/a ciudadano/a con el derecho y la obligación de participar en el debate público con todas las garantías. El derecho a la libre expresión de los militares debe ser escrupulosamente respetado, siempre que no ponga en riesgo la ejecución de sus misiones operativas legalmente emprendidas. 

 

2.- Los militares no respaldan opciones políticas concretas, pero tienen el derecho y la obligación de apoyar, de palabra y por escrito, de forma pública, la libre expresión de la soberanía popular. Insistimos en que las Fuerzas Armadas se deben al pueblo, y este punto lo refrenda claramente. 

 

3.- Los presupuestos ideológicos sobre los que deben asentarse las nuevas Fuerzas Armadas son los del antifascismo (en cualquiera de sus variantes o manifestaciones), republicanismo, democracia popular, laicismo, pluralidad ideológica (excluyendo discursos de odio), y oposición a la utilización de la coacción, la amenaza o la fuerza contra el pueblo o cualquiera de sus representantes. 

 

4.- Jamás se recurrirá a la fuerza más que como una defensa ante la clara, evidente y flagrante agresión armada contra el pueblo que desea manifestarse libre y pacíficamente. Las FAS se deben al pueblo, al que deben defender en todo momento de cualquier tipo de amenaza, y no únicamente de la supuesta amenaza armada de cualquier otro Ejército extranjero, sino de cualesquiera otros tipos de amenazas, que también hemos expuesto en entregas anteriores (en general, cualquier amenaza a los derechos humanos fundamentales, de cualquier etiología).

 

5.- La desobediencia a las órdenes ilegales es un deber militar, y en consecuencia, es obligada en los casos de represión antidemocrática. Deben crearse los mecanismos que aseguren la depuración de responsabilidades en las órdenes ilegales, independientemente de la cadena de mando. Un caso actual lo tenemos en las aspiraciones del pueblo catalán a ser consultado: en casos como éste, las FAS (que se deben al pueblo y a sus libertades y derechos, como estamos repitiendo) deben proteger que el conjunto de la ciudadanía pueda expresarse con libertad en un referéndum. Evidentemente, no es asunto ni competencia de las FAS las vinculaciones o consecuencias que dicha consulta pudiera tener posteriormente (porque esa es ya una esfera política donde las FAS no deben entrar), pero sí garantizar siempre la libre expresión del pueblo, sin coacciones, restricciones ni amenazas. 

 

6.- Es preciso dotar a las FAS de mecanismos internos de supervisión democrática y de rendición de cuentas ante la ciudadanía. Las FAS se deben al pueblo, sus actuaciones y explicaciones también. Por tanto, es el pueblo quien debe fiscalizar y controlar sus actuaciones.

 

7.- Todos los servicios de información y espionaje del Estado deben ser sometidos al escrutinio soberano. Y así, todo tipo de escuchas, vigilancias, seguimientos, o cualquier tipo de intromisión en la privacidad o en el ámbito de la intimidad de cualquier persona deben ser autorizados por la ley y supervisados por el poder judicial. Las FAS no están por encima de las leyes, ni pueden abusar impunemente de ellas. Su código de valores y de conductas debe estar al mismo nivel que el del conjunto de la ciudadanía. Su órbita deontológica también.

 

8.- Es preciso revisar el Código de Justicia Militar para purgarlo de todos los delitos que no sean específicamente militares, cometidos por sus componentes. Debe asímismo eliminarse el sistema procesal militar para encuadrarlo en un sistema único de Justicia, salvo en los casos de guerra, garantizando entonces la independencia del tribunal. 

 

9.- Todas las posibles violaciones de los derechos humanos cometidas por los miembros de las Fuerzas Armadas deben excluirse de la jurisdicción militar, y juzgarse por tribunales civiles. Este principio está en consonancia con la revisión que hay que llevar a cabo sobre la dimensión y alcance de la disciplina militar y de la obediencia debida, que ya expusimos en entregas anteriores. 

 

10.- El Régimen Disciplinario de las FAS debe revisarse para definir con precisión lo que constituye o se asocia al concepto de disciplina, y por consiguiente, qué se considera lícito establecer como limitaciones a los derechos civiles de los militares. 

 

11.- Debe dotarse a las FAS de sistemas de funcionamiento y organización que garanticen su absoluta transparencia. En este sentido, es necesario terminar con la utilización ilícita de la Ley de Secretos Oficiales como tapadera para encubrir los abusos, la corrupción y toda suerte de prácticas antidemocráticas que puedan ocurrir dentro del seno de las Fuerzas Armadas. 

 

12.- Las asociaciones militares que se puedan crear deben contar con capacidad reconocida y efectiva de defensa de los intereses colectivos y profesionales de sus componentes, gozando de todas las posibilidades de cualquier otra organización civil. 

 

13.- Todos los valores democráticos deben ser asumidos por las FAS como cauce de expresión de la soberanía popular. Su defensa a ultranza debe residir en su ideario e imaginario colectivo. 

 

14.- Las FAS tienen que ser purgadas de todos los elementos simbólicos e ideológicos de la tradición franquista, como antecedente de manifestación de un régimen fascista en nuestro país. Se necesitan militares demócratas, y no militares fascistas ni golpistas. Las FAS han de ser aliadas del pueblo, y no del imperialismo estadounidense.

 

15.- La diversidad en todos sus órdenes (étnica, religiosa, de nacionalidad, de identidad afectivo-sexual, etc.) debe ser explícitamente respetada y reconocida en el seno de las FAS, y aceptada y entendida como un elemento enriquecedor del propio colectivo. 

 

Las Fuerzas Armadas han de despertar ya de su profundo letargo, de sus valores antidemocráticos, y de sus viejas concepciones sobre la obediencia debida. Las FAS se deben al pueblo, del cual nacen, en el cual están integrados, y al cual deben defender ante cualquier amenaza a sus derechos humanos (civiles, políticos, económicos, culturales y sociales). Y la sociedad civil, por su parte, también tiene que rearmarse moralmente, y comprender y apoyar esta evolución democrática, inclusiva e integradora de las FAS. Los profesionales de las Fuerzas Armadas (y lo hacemos extensible al resto de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado) han de denunciar los abusos de poder por todas las vías posibles, y exigiendo un Proceso Constituyente hacia una verdadera democracia social, participativa, inclusiva, transparente y fraternal, sin el mito del temor hacia la fuerza represiva. Las FAS deben estar a la altura de lo que se espera de ellas en un contexto plenamente democrático. Sólo unas FAS configuradas como hemos expuesto pueden ser una pieza clave en la senda del Pacifismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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