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8 octubre 2017 7 08 /10 /octubre /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (71)

La amenaza militar seguirá existiendo en tanto se mantenga una aberrante autonomía de las fuerzas armadas respecto al poder civil. ¿En qué país democrático las fuerzas armadas tienen misiones específicas inscritas en la constitución? ¿Es aceptable que altos mandos militares amenacen a la población con una intervención violenta en virtud de la defensa del ordenamiento constitucional? ¿Es aceptable que la Jefatura del Estado y de las Fuerzas Armadas recaigan en alguien no elegido democráticamente?

Manuel Ruiz Robles (Colectivo ANEMOI)

Una de las grandes reformas que debemos afrontar con prontitud son las Fuerzas Armadas. Es innegable que requieren un cambio profundo dado que son herederas directas del Franquismo y han constituido una amenaza para la sociedad española en los últimos 200 años y para la propia democracia con diferentes acciones bélicas, conspirativas y mediáticas. Es necesaria una gran transición

Luis Gonzalo Segura, ex Teniente del Ejército de Tierra (Colectivo ANEMOI)

Vamos a finalizar en la presente entrega el segundo gran bloque temático de esta serie de artículos, que hemos dedicado a las Fuerzas Armadas, y su papel en las sociedades pacifistas. Entendemos que ha quedado claro que la seguridad de los Estados ya no puede ser entendida sólo como su integridad territorial o la seguridad pública de su ciudadanía, sino también como el conjunto de elementos de defensa de los que se dispone para hacer frente a las nuevas amenazas globales. Las estructuras de organización y funcionamiento de las FAS en pleno siglo XXI tienen que adaptarse a nuestro nuevo mundo globalizado, y entender que las nuevas amenazas que nos acechan son de tipos muy distintos a las de siglos anteriores. Y en esa misma línea, las políticas de Defensa de los respectivos países han de cambiar también, reorientándose hacia la senda del Pacifismo, y hacia nuevos modelos de integración de las Fuerzas Armadas en la sociedad. Las fuerzas militares han de enfrentarse hoy día a retos éticos muy distintos a los de tiempos anteriores, y su unidad cívico-militar con la sociedad de la que forman parte y a la que se deben es fundamental para que las FAS sean un elemento verdaderamente útil de nuestro tiempo. Siguiendo el estupendo artículo del ex Teniente Luis Gonzalo Segura, miembro del Colectivo ANEMOI, colectivo cuyas opiniones estamos tomando muy en cuenta dentro de este segundo bloque temático, las principales reformas que las FAS del siglo XXI necesitan podrían agruparse en cambios estructurales, cambios culturales, cambios constitucionales, cambios geopolíticos, cambios en cuanto a la separación de poderes, cambios en cuanto a derechos y libertades, y otros relativos a la reorientación de la industria armamentística, compras de armamento y puertas giratorias. Las expondremos a continuación someramente. 

 

En cuanto a cambios estructurales, necesitamos en primer lugar unas FAS correctamente dimensionadas tanto en el número de sus efectivos como en la estructura de los mismos. Existe un excedente (histórico) de oficiales que debería solucionarse y una división en tres escalas (oficiales, suboficiales y tropa) que debería también adaptarse para permitir formas de ascenso más justas, rápidas y objetivas. Deberían desaparecer también los ascensos por antigüedad. El Teniente Segura nos da cifras de 19.000 oficiales para 41.000 soldados, es decir, casi un oficial por cada dos soldados. Una aberrante proporción. Por ejemplo, un ejército mixto de 50.000 militares, altamente profesionales y bien equipados, junto a un total de 500.000 reservistas sería económicamente más sostenible, así como más idóneo para cubrir todos los escenarios posibles. En palabras del Teniente Segura: "Este modelo tiene la ventaja de permitir la participación voluntaria y bien remunerada de la sociedad en las Fuerzas Armadas, lo que pondría fin al aislamiento de las mismas y al desconocimiento social de lo que sucede en el mundo militar". Unas FAS estructuradas de esa forma estarían más integradas en la sociedad, y conformarían una situación más saludable para la democracia. Los integrantes de las FAS deberían estar mucho más formados en lo relativo a derechos humanos, derecho internacional, geopolítica, geografía, historia, idiomas, etc. Debería ser factible también el paso de estos militares a las diferentes Administraciones Públicas, desde los 45-50 años en adelante, hasta la edad de su jubilación. De esta forma se evitarían tanto el envejecimiento del ejército como la existencia de una pirámide invertida en la estructura del mismo. 

 

Hay que acabar igualmente con los privilegios anacrónicos e injustos para los miembros de las FAS, tales como residencias de verano, campos de golf, viviendas reservadas, etc. Habría que aumentar sus salarios (hoy día los soldados cobran cantidades míseras en relación a otros Cuerpos de Seguridad), pero no concederles ningún otro privilegio. En cuanto a los cambios culturales, el Teniente Segura lo explica de este modo: "Un militar debe ser una persona preparada para la guerra pero con un sentimiento y una cultura profundamente antibelicista, y dicho sentimiento sólo puede nacer del conocimiento y la formación. Una guerra debe ser una obligación que cumplir y un sacrificio al que someterse, pero jamás un premio". Pone en debate de esta forma el hecho de que los militares destinados en zonas de conflicto obtengan mejores salarios, mayor prestigio social, concesión de condecoraciones, u otros honores y distinciones. La educación militar, otro de los puntos que necesariamente deben reformarse, debe quedar en manos de personal experto, pero ajeno al mundo militar, salvo en casos o materias imprescindibles. En este sentido, la Guardia Civil debería desmilitarizarse, y cualquier tipo de auditoría o control realizado a las FAS también debería llevarse a cabo por personal civil ajeno al mundo militar. Y respecto a los cambios constitucionales (una reliquia franquista recogida en la Constitución de 1978 bajo el ruido amenazante de los sables), se debería eliminar el artículo 8º que deja en manos de los militares la integridad territorial, la independencia y la soberanía de España. Como venimos repitiendo desde entregas anteriores, los militares se deben al pueblo, del que forman parte, y no son garantes de nada. También deberían modificarse en la Constitución los escenarios de confrontación, como las supuestas misiones de paz, y los procedimientos para acudir a los mismos. En este sentido, ningún militar debería estar en una misión extranjera sin que ello hubiera sido aprobado en referéndum popular y vinculante. 

 

Nuestro país, siguiendo la senda pacifista, debe huir de cualquier escenario de confrontación bélica, sea éste disfrazado de lo que sea, pues básicamente todos obedecen a una especie de partida de ajedrez geopolítica, a diferentes niveles, y con diferentes intereses contrapuestos. La senda del pacifismo nos obliga a desviarnos de esta ruta suicida, y a permanecer neutrales política y militarmente hablando, pero muy activos en lo que se refiere a la defensa de los derechos humanos y al derecho internacional, tanto público como privado. Por tanto, existen situaciones ante las que esa "neutralidad" es difícilmente sostenible (por ejemplo, en casos como el histórico conflicto palestino-israelí, o el del Sáhara Occidental, a los que dedicaremos en su momento series de artículos que ya tenemos en preparación). Como decíamos más arriba, la industria armamentística necesita también grandes cambios y modificaciones, pero ellas serán tratadas en el bloque temático correspondiente, dedicado al "Capitalismo y deuda militar: la guerra como negocio", donde expondremos con profundidad el estado actual de dicha industria, así como nuestras pertinentes propuestas pacifistas. En esencia, debe terminarse con el negocio de la exportación de armas, sea cual sea el país, pues existen formas más éticas de obtener beneficios económicos. Por su parte, los PEA (Planes Especiales de Armamento) deben salir de la opacidad en la que se encuentran, y ser totalmente integrados en los PGE (Presupuestos Generales del Estado), sin ser disfrazados ni ocultados a la opinión pública. En este sentido, tal como propone el Teniente Segura, el armamento debería ser adquirido por una Junta independiente de las Fuerzas Armadas, del Estado y del Gobierno, formada por personal especialista. Ello aseguraría que dichas compras no se dedicasen a cubrir escenarios que no se van a producir, o bien aprobar la adquisición de armas que no se necesitan, o simplemente, que no se pueden pagar, y aumentan nuestra deuda. 

 

El asunto de las llamadas "puertas giratorias" también debe estar en el foco de las debidas modificaciones de las estructuras militares, y su relación con el mundo civil, especialmente con la política. Por ley, ningún militar ni político que haya prestado sus servicios para el Ministerio de Defensa debería poder trabajar para la industria armamentística, y al contrario, es decir, trabajar o haber trabajado en ella debería imposibilitar el poder acceder luego al mundo castrense o de la Defensa. Habría incluso que controlar a los familiares que se muevan en estas órbitas. La senda del Pacifismo nos ha de llevar a implementar todos estos cambios (y otros que se nos puedan estar quedando en el tintero), mejorando no sólo la estructura y funcionalidad de nuestros Ejércitos, sino la erradicación de procesos de corrupción en su seno, de cualquier vestigio de mentalidad fascista, o de la desnaturalización de los procesos y decisiones relativas a la participación de nuestras FAS en conflictos armados. Democratización, unidad cívico-militar, revolución del concepto de disciplina y obediencia debida, detección y defensa del pueblo ante las nuevas amenazas de nuestro tiempo, separación de poderes, cambios en las misiones en conflicto, aumento en derechos y libertades, eliminación de su papel constitucional, y reorientaciones en la industria armamentística, son, pues, algunas de las principales modificaciones que la senda pacifista nos obliga a implementar para llegar a poseer unos Ejércitos en conjunción con ella. La senda del Pacifismo es absolutamente incompatible con unos Ejércitos de semilla antidemocrática, que no se deban al pueblo, o que no sepan interpretar las raíces actuales de los conflictos geopolíticos que existen en el mundo. Es deber de los Gobiernos responsables acometer todos estos cambios, y es nuestro deber como ciudadanos/as elegir y apoyar a estos Gobiernos en su tarea. Desde la próxima entrega comenzaremos con nuestro siguiente gran bloque temático. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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