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26 octubre 2017 4 26 /10 /octubre /2017 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (61)

La situación de debilidad estructural de las entidades financieras junto al inmenso poder que detenta la banca en los diferentes ámbitos de la sociedad produce una mezcla explosiva que es motivo de inquietud a la vista de la experiencia pasada en los últimos años. Los ciudadanos deben estar muy vigilantes ante las actuaciones de un sector que no ha mostrado ningún tipo de rectificación y sigue dispuesto a todo para mantener sus privilegios. Este cúmulo de prácticas bancarias abusivas representa una gran distorsión del sistema. Para muchos observadores los bancos son los verdaderos antisistema de nuestra sociedad

Andreu Missé

El sistema de rescate público a la banca ha sido (continúa siendo) absolutamente bochornoso. Mientras se desmantelaban empresas públicas, se crearon nuevos organismos públicos para enmascarar todas las ayudas y gestiones ocultas para favorecer a la banca (FROB, SAREB). Y mientras las víctimas de la crisis eran severamente castigadas (reforma laboral, desempleo, precarización, recortes en servicios públicos, privatizaciones a mansalva), la banca recibía ayudas públicas descomunales y escandalosas. El Estado ha constituido el mejor aliado para recomponer los balances de los bancos, cuyo montante en ayudas públicas llegó a alcanzar el 4,2% del PIB en 2015, provocando un aumento de la deuda pública (hablaremos a fondo sobre la deuda en nuestro siguiente bloque temático) del 4,8% del PIB. La guinda del pastel la pone el hecho de que algunos bancos que han recibido miles de millones de euros en ayudas públicas, poco después han sido regalados por un euro a otras entidades. Así que mientras trabajadores, parados y pensionistas, entre otros muchos colectivos, sufrían enormes recortes sociales de todo tipo, los banqueros se autoasignaban millonarias indemnizaciones, recortaban surcursales y personal, se fusionaban con otras entidades, y recibían ayudas públicas del Estado y del BCE. ¿Tendrá algo que ver todo esto con la desigualdad? Es absolutamente evidente. Quizá ningún aspecto como el de la banca para darse cuenta de la proyección de esta terrible arquitectura de la desigualdad social. No sólo no se ha castigado a los culpables de la crisis, sino que se ha continuado tolerando su comportamiento abusivo y delictivo, se le ha apoyado con ayudas públicas, y además, todo el peso de la crisis se ha hecho descansar sobre las espaldas de los sectores más desfavorecidos de la sociedad.

 

¿Qué más tiene que ocurrir para que nos demos cuenta de que vivimos bajo una arquitectura social proyectada hacia la desigualdad? Como nos recuerda Raúl Navas en este artículo para la Revista Viento Sur, es un escándalo y una perversión social que los bancos opten por desahuciar familias como primera opción, mientras conceden prórrogas, refinanciaciones, daciones en pago, e incluso perdonan deudas a grandes constructoras. En octubre de 2015 el Parlamento Europeo aprobó una resolución instando al gobierno español a actuar para evitar los abusos que comete la banca en España, indicando que se habían producido 400.000 desahucios desde 2008, y que 700.000 españoles habían sido víctimas de fraude financiero. Retomo las palabras de Raúl Navas: "La lista y ejemplos de las actividades delictivas de los grandes bancos son interminables. Grandes bancos europeos han sido multados por manipular tipos de interés y mercados de divisas. La Comisión Europea multó en 2013 a Deutsche Bank, Société Générale, Royal Bank of Scotland, JP Morgan y Citigroup, por haber manipulado el Euríbor, Libor y Tibor en su propio beneficio. Este tipo de prácticas no sólo enriquecían a los más ricos, sino que también perjudicaban a millones de familias con hipotecas. En definitiva, de esta forma se producía una gigantesca transferencia de riqueza desde humildes ciudadanos a banqueros". ¿Qué aconsejaría el sentido común, la lógica económica y la justicia social? Pues que el Estado hubiese nacionalizado y democratizado todos los bancos rescatados con dinero público. Lo lógico es manifestar desde los poderes públicos una posición coherente que no permita que dichas situaciones continúen ocurriendo. Con un mínimo de voluntad política, y una buena dosis de valentía, podríamos tener ya configurado un potente sistema de banca pública, con vocación de servicio público, controlado democráticamente (por sus trabajadores y por la propia sociedad), con una revisión de sus prácticas hacia modos y formas éticas de hacer negocio financiero, renunciando a las prácticas estafadoras, corruptas y especulativas. 

 

¿Qué se ha hecho en vez de todo ello? Cuando a Susana Díaz, Presidenta de la Junta de Andalucía y Secretaria General del PSOE andaluz, le preguntaron recientemente en el Parlamento andaluz sobre la posibilidad de crear un polo de banca pública, respondió que ella "no tenía esa visión soviética de la banca". Y se quedó tan pancha. Lo peor de todo es que continúa llamándose "socialista", y aún hay gente que se lo cree. Ahora resulta que los que apostamos por las empresas públicas somos prosoviéticos, peligrosos bolcheviques que estamos fuera de la realidad, raros especímenes a los que hay que controlar. ¿Qué se ha hecho entonces, nos preguntábamos hace un instante? Pues que el Gobierno neoliberal del PP ha nacionalizado algún que otro banco únicamente cuando no ha habido más remedio (es decir, cuando la gestión era un completo desastre, y no hacerlo hubiera creado alarma social), pero a renglón seguido, ha manifestado su firme propósito de volver a privatizar dichas entidades (por ejemplo, Bankia) en cuanto se pueda. La gestión pública les provoca urticaria. Los desmanes de la banca privada no. No en vano, la patronal bancaria es el colectivo empresarial que más se beneficia de las actuales políticas económicas. El informe anual del BPI (Banco Internacional de Pagos) señala a la banca española como la más rentable de toda Europa. En entregas anteriores ya hemos dado cuenta del incremento de beneficios de algunas entidades, y de los sueldos astronómicos de sus directivos. Y es que la banca española siempre ha tenido un poder que se puede calificar de excesivo. Raúl Navas nos recuerda el club de los 7 grandes bancos durante el franquismo: Banesto, Central, Bilbao, Vizcaya, Santander, Popular y Urquijo-Hispano Americano. Y recordemos también que todo el proceso de "bancarización" de las antiguas Cajas de Ahorros desarrollado durante la segunda legislatura de Rodríguez Zapatero tuvo como objetivo fundamental concentrar aún más el poder sobre la gran banca privada. 

 

Los gobiernos bipartidistas del PP-SOE, lejos de intentar al menos limitar o frenar el desorbitado poder de la banca, han continuado incentivando un proceso de reestructuración y concentración bancaria sin precedentes. A la vez que todo ello ocurre, el proceso de reestructuración bancaria ha supuesto desde 2012 la pérdida de más de 47.000 empleos, y el cierre de casi 10.000 sucursales. Esta es la otra cara de la desigualdad. Y mientras, para que veamos la tremenda incongruencia e injusticia social que ello significa, hemos conocido recientemente que el 48% de los municipios del Estado Español no disponen de ningún banco. Incluso se llega casi al 80% en los municipios de la provincia de Segovia, y al 75% en los de Zamora. ¿Alguien le encuentra algún sentido lógico a todo esto? Volvemos a insistir, por tanto, en que la solución al problema de la banca se encuentra en la creación de un sistema de banca pública. Los ahorros y depósitos del conjunto de la sociedad no pueden ni deben estar únicamente en manos privadas, y en unas manos tan poderosas, y con tan malas credenciales. Hay que aprovechar las miles de oficinas, empleados, sucursales y medios técnicos de la banca ya total o parcialmente nacionalizada (incluso aprovechando la infraestructura de otras empresas públicas, como propone Raúl Navas para el caso de Correos y su antigua Caja Postal de Ahorros), para crear una banca pública mediante una gran red de distribución presencial. Una banca con criterios éticos, con vocación de servicio público, de obra social y cultural (de la que fueron despojadas las antiguas Cajas de Ahorros cuando fueron bancarizadas), de cercanía al ciudadano, de rentabilidad social, alejada de prácticas estafadoras y especulativas, con una plantilla bien dotada, que creara empleo público y que supusiera una clara alternativa al poder desmesurado de la banca privada. 

 

Una banca pública creada de este modo supondría un buen elemento para progresar hacia la cohesión social entre todos los territorios y sus poblaciones, especialmente en las zonas rurales. Una banca pública que funcionara bajo otros objetivos, con otros criterios, mediante procesos de auditoría social, con participación ciudadana, y que estuviera gobernada democráticamente por sus trabajadores y por el conjunto de la sociedad. No queremos decir por tanto una Banca Estatal, sino una Banca Común. Más que de una banca pública, hablaríamos de una banca comunitaria. Una banca que recupere la financiación social para proyectos de interés general, y que vaya repartiendo y debilitando el enorme poderío e influencia de la banca privada. Finalizamos de nuevo con las sabias palabras de Raúl Navas (Secretario General de la Sección Sindical de CGT de Correos en Madrid, y militante de Anticapitalistas): "Es una reivindicación que puede interesar a todo el mundo (salvo a los banqueros), y debería ser un asunto de primer orden en el debate público y en la agenda política. Una banca pública de este potencial, bajo control democrático y social de las inversiones y beneficios, podría ayudar para que los poderes públicos no fuesen prisioneros del gran capital y para poder impulsar políticas económicas y sociales alternativas a los dictados del poder financiero". Continuaremos en la próxima entrega, donde finalizaremos ya con este segundo gran bloque temático (donde hemos expuesto toda la estructura general de la desigualdad, y nos hemos referido a todos sus agentes y políticas asociadas), para comenzar en la siguiente con el tercero, dedicado a la deuda pública de los países como elemento generador de desigualdad. 

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Published by Rafael Silva - en Política
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