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10 noviembre 2017 5 10 /11 /noviembre /2017 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (63)

La deuda pública se convierte en una de las más poderosas palancas de la acumulación originaria

Carlos Marx (Tomo I, El Capital)

BLOQUE III. LA DEUDA DE LOS PAÍSES DEL SUR

 

 

Si tengo un amigo que posee unos ingresos de 500 euros al mes, y pide 100 euros de préstamo, y los debe al mes siguiente, es evidente que ya no contará con la totalidad de sus ingresos, si es que pretende pagar su deuda. Si paga solo una parte, se continuará endeudando, y al mes siguiente, deberá la cantidad que no pagó, más los intereses de lo que aún adeuda. Y así sucesivamente. Llegará un momento, si continuamos por esta senda, que mi amigo deberá un montante superior a sus ingresos, y eso es exactamente lo que les ocurre a muchos países del mundo. Si este sistema lo estandarizamos, y además exigimos que para conceder dichos préstamos los países tengan que adoptar ciertas medidas, decisiones y normativas, estaremos constituyendo un sistema-deuda absolutamente abyecto, que condiciona las políticas de los países deudores a los intereses de las instituciones prestatarias. Pero si además dichas políticas inciden en los caminos que ya hemos venido denunciando en los bloques temáticos anteriores, resultará que buena parte del presupuesto público quedará prácticamente intervenido, no pudiendo ser usado para revertir las graves desigualdades, lo cual sentenciará al país a vivir permanentemente en dicha trampa. La conclusión está clara: el sistema-deuda es una forma más de provocar y perpetuar la desigualdad existente. El Catedrático y economista Juan Torres López publicó recientemente una serie de artículos en eldiario.es titulados "Desvelando mentiras, mitos y medias verdades económicas", cuya completa lectura recomendamos a todos nuestros lectores y lectoras, y cuya quinta entrega vamos a seguir a continuación, para tomarlo de referencia a la introducción sobre el tema que nos ocupa. Juan Torres comienza su artículo con una afirmación rotunda: "Cuando se nos dice que hay que salvar a los bancos, lo que se quiere decir es que hay que crear las condiciones que les permitan seguir creando deuda". Así de claro. 

 

En efecto, la arquitectura de la desigualdad también está basada, como no podía ser de otra manera, en una serie de mitos, falacias y mantras, absolutamente falsos, pero que forman parte de nuestro imaginario colectivo, y por tanto, los asumimos como normales, lógicos y naturales. Por ejemplo: "Las deudas hay que pagarlas". O por ejemplo, uno de los mitos más extendidos sobre la vida económica es el que afirma que la enorme deuda que se acumula en el mundo es consecuencia de que las personas vivimos por encima de nuestras posibilidades. Juan Torres lo explica: "Se trata, como tantas otras, de una falsedad que se desmiente con el conocimiento elemental de los procesos económicos y con los datos. Pero que, a base de repetirse miles de veces, ha terminado por convertirse en un credo que la gente asume y que, gracias a ello, permite imponer las políticas económicas que benefician a otros". La deuda pública de los países del sur global (y también de los del norte) es quizá el ejemplo más paradigmático de todo ello. Se trata de un simple  mecanismo psicológico que se basa en que cuando se consigue que la gente crea que la deuda tan elevada se ha generado por su culpa, debido a su comportamiento irresponsable, se podrán imponer medidas "de austeridad" (otro eufemismo, pues la austeridad no tiene nada que ver con la naturaleza y los objetivos de las medidas impuestas por los gobiernos neoliberales) y recorte en los gastos sin que sus destinatarios (trabajadores/as, desempleados/as, pensionistas, estudiantes, etc.), protesten, o al menos sin lo que hagan con demasiada vehemencia. Nuestro país, junto con otros muchos, viene siendo un ejemplo de libro de todo ello, desde el estallido de la crisis en 2007-2008. Pero como decimos, todo obedece a la imposición subliminal del pensamiento dominante, pues para el caso que nos ocupa, los bancos han tenido un comportamiento infinitamente más irresponsable que la ciudadanía, y sin embargo ni los recortes han caído sobre ellos, ni han mostrado arrepentimiento sobre sus prácticas, y lo que es peor, aún continúan con ellas. 

 

El sistema es bien fácil y la trampa está bien diseñada: unos (los acreedores) generan la deuda en su beneficio, pero hacen creer a los deudores que estos últimos son los responsables de ella, y así pueden imponerles más fácilmente las condiciones que aseguren el pago, multiplicado por los intereses, de la deuda. Y la trampa es tan antigua, que la palabra "deuda" significa también "culpa" en muchas otras lenguas. Resumidamente, el deudor siempre es culpable. Extendamos todo ello al ámbito de los países, y generemos todo un sistema perfectamente planificado para consagrarlo, y que las medidas impuestas vayan siempre en el mismo sentido. Esto es exactamente lo que tenemos en nuestro sistema-mundo, y por eso es tan difícil enfrentarse a sus reglas y a sus normas, pues las propias instituciones y organismos chantajean continuamente a los Gobiernos y a los Estados, obligándolos a renunciar a muchos objetivos de políticas públicas, si es que quieren seguir contando con los préstamos que dichas instituciones les conceden. Como podemos apreciar, se trata de un sistema absolutamente manipulador e indecente, instalado por la propia globalización capitalista, para que sus designios sean los imperantes en todo el planeta. En muchos casos, la implantación del sistema-deuda es absolutamente sangrante. La banca internacional, de la mano de la CIA, impulsó Golpes de Estado en muchos países del mundo para imponer a sus poblaciones dictadores civiles o militares cuya primera y principal tarea consistía en suscribir préstamos multimillonarios (muchos de los cuales ni siquiera llegaban a sus países). Las auditorías que se han realizado años después en algunos países han demostrado que dicho endeudamiento fue un auténtico crimen contra sus pueblos, creando una deuda ilegítima y tramposa que las grandes potencias y los poderes financieros no han tenido la vergüenza de reconocer como tal. La deuda pública es un peligroso sistema creado para asegurar una dependencia económica (y por tanto, también política) de los países que las asumen sobre los organismos e instituciones que las financian, con el objeto de perpetuar el sistema capitalista neoliberal, y consagrar la desigualdad imperante. 

 

La deuda es un perverso sistema destinado a consagrar que los recursos de los países quedan intervenidos en pro del cumplimiento de los objetivos neoliberales, una esclavitud resultado de la desigualdad y de las políticas de creación artificial de escasez y de bajos ingresos. La deuda pública atrapa a los países, los vuelve esclavos, interviene sus economías, los hace depender de las decisiones externas de determinadas instituciones, y asegura un control absoluto de las posteriores decisiones políticas y económicas que se puedan adoptar. El sistema-deuda anula la soberanía popular y socava la democracia. Es, por tanto, otro de los pilares a los que hay que enfrentarse para romper con la tendencia de la desigualdad. Es otro gran puntal donde se asienta la filosofía capitalista, para perpetuar una clara dependencia de los países a sus decisiones globales. La deuda interviene los presupuestos públicos de los países, impide dedicar recursos donde se necesitan, imposibilitando revertir los graves procesos que perpetúan las desigualdades. La razón de por qué la deuda es tan elevada en todas las economías está bien clara: por un lado, porque es el negocio de la gran banca privada, y ésta tiene suficiente poder como para imponer un modelo generalizado de crecimiento económico impulsado por la deuda, para garantizar y aumentar sus beneficios. Y por otro lado, a causa de los intereses que la multiplican sin cesar. En nuestro país, sin ir más lejos, la deuda pública ya superó el 100% del PIB (es decir, ya debemos más del conjunto de la riqueza que generamos en un año), y cada año, deja intervenidos casi un tercio de todo nuestro presupuesto público (los famosos PGE, Presupuestos Generales del Estado). Gracias a las normas que regulan el sistema bancario internacional desde hace décadas, la banca posee el privilegio de poder conceder préstamos creando el dinero que presta desde la nada, es decir, sin tenerlo previamente. Y es obvio que un privilegio como éste no lo desperdicia, sino que lo utiliza a la máxima potencia. 

 

La dinámica está bien clara: si el negocio de la banca es dar préstamos (ya que si sólo recibiera depósitos se arruinaría), y lo que busca es aumentar su beneficio, lo que tiene que hacer es crear deuda constantemente. Da igual como sea: deuda pública, deuda privada, deuda de las familias, deuda de las empresas, deuda de los organismos y entidades, deuda...Para ello utiliza su poder, que es enorme precisamente por ese mismo privilegio, para imponer las políticas que restringen los ingresos y que obligan a endeudarse constantemente, o que implican modos de vida (por ejemplo, viviendas en propiedad) que necesitan financiación externa, o para corromper a los políticos y obligarlos a realizar gastos faraónicos e innecesarios, para que todo ello sea financiado a través de su crédito. Juan Torres sentencia: "Quien es adicto a la deuda es la banca porque esa es la fuente de sus ganancias y de su impresionante poder, no sólo financiero, sino también mediático, cultural y político". Y ahora ya estamos en condiciones de poder entender la primera afirmación que habíamos hecho: nos decían que había que imponer las políticas de recortes para que bajara la deuda, pero lo que se buscaba era justo todo lo contrario: reducir la capacidad de generar ingresos propios para que los bancos volvieran a prestar y a crear deuda. Por eso en 2015 había en Europa cinco billones más de deuda pública que en 2007, y 2,4 billones más que en 2010. Y por eso la deuda total ha aumentado en 57 billones de dólares en todo el mundo desde 2007 hasta mediados de 2016, y la de los Estados ha pasado de 26 billones de dólares a 56,5 billones durante ese mismo período. La prueba palpable y fehaciente del engaño es que la deuda haya subido de esa manera justamente en el período de aplicación de políticas de recortes sociales ("ajustes y reformas estructurales", según su manipulador lenguaje) y rescates por doquier a la banca, justificas precisamente como las políticas y las decisiones imprescindibles para disminuir la deuda. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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