Overblog Seguir este blog
Edit post Administration Create my blog
17 octubre 2017 2 17 /10 /octubre /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (45)

Dicen que no hay que remover el pasado, que no hay que tener ojos en la nuca, que hay que mirar adelante y no encarnizarse en reabrir viejas heridas. Están perfectamente equivocados. Las heridas aún no están cerradas. Laten en el subsuelo de la sociedad como un cáncer sin sosiego. Su único tratamiento es la verdad. Y luego, la justicia. Sólo así es posible el olvido ciudadano (…) Y sospecho que no pocos de quienes preconizan la destitución del pasado en general, en realidad quieren la destitución de su pasado en particular

Juan Gelman

La recuperación de la Memoria Histórica en nuestro país aún necesita mucho camino por recorrer, porque ha de estar impulsada por la propia iniciativa ciudadana, y apoyada por los poderes públicos (que a su vez son votados por la iniciativa ciudadana), y para eso hemos de ir erradicando los vestigios de ese franquismo sociológico que aún padecemos en gran medida. Y esa recuperación de la Memoria Histórica no es sólo bajo una dimensión sentimental, sino que recoge una serie de medidas de salud e higiene democrática, tan simples como, por ejemplo, retirar toda la serie de nombres de calles, plazas, avenidas, monumentos, placas, distinciones o reconocimientos a personajes del Golpe de Estado, de la Guerra Civil o de la dictadura. Según nos relata Pablo Mesejo en este artículo para el medio Rebelion, en el año 2010 y sólo en su ciudad de A Coruña existían una Avenida del General Sanjurjo (un militar golpista), una Avenida de los Caídos (dedicada a los "caídos por la cruzada en defensa de la civilización cristiana y occidental amenazada por la barbarie comunista"), una Calle de Juan Canalejo (Jefe Provincial de Falange y organizador de las milicias armadas de la ciudad), una plaza dedicada al General Mola (golpista al mando del Ejército del Norte durante la Guerra Civil y corresponsable del bombardeo de Gernika), una Avenida Primo de Rivera (Miguel Primo de Rivera fue dictador entre 1923 y 1930, mientras que su hijo José Antonio fue el fundador de Falange Española), y una Calle División Azul (división de infantería enviada por Franco a combatir en el frente ruso junto a los nazis), entre otras. Todo ello sólo en A Coruña. Multipliquen mis lectores/as por todo el callejero del resto de ciudades y pueblos de España, y obtendrán un resultado absolutamente aberrante. Pero ante ese insoportable escenario, muchos/as se limitan a decir que "eso es la historia". Punto.

 

Sólo en la capital de España, Madrid, en 2010, existían más de 150 vías, monumentos y plazas con nombres que homenajeaban al franquismo. ¿Existe algún recuerdo a la resistencia antifranquista? No. ¿Existe algún museo sobre los caídos en defensa de la República? No. ¿Existen vías, calles, plazas o monumentos dedicados a los militares que también dieron su vida por defender la legalidad republicana? No. Por tanto, no parece que la cosa esté siquiera mínimamente nivelada. Los vencedores de aquélla cruenta guerra no sólo barrieron físicamente a los vencidos, sino que hicieron que quedara para la posteridad sólo el recuerdo de ellos. No sólo practicaron un exterminio ideológico, sino un exterminio emocional, borrando del recuerdo popular, del imaginario colectivo, los nombres de las personas que se mantuvieron fieles al legítimo gobierno republicano. Pero aún no se quedan ahí los dislates. Como nos recuerda en el referido artículo Pablo Mesejo, de los 50 últimos Ministros de Franco, ninguno fue degradado por la democracia. Más bien al contrario, ya que la mitad fueron a parar a los Consejos de Administración de las grandes empresas, y la otra mitad permaneció en la política. Más en concreto, de los 16 diputados que Alianza Popular obtuvo en las elecciones de 1977, 13 habían sido Ministros con Franco. Motivos, ya lo hemos señalado en varias entregas anteriores, de que aún conservemos, como sociedad, tics, pensamientos y actitudes franquistas en gran parte de la población. Y por su parte, el historiador Francisco Espinosa Maestre comentaba recientemente en una entrevista: "En otros países el fascismo fue derrotado, mientras que en España se perpetuó durante cuatro décadas, y aunque nunca abandonó del todo el recurso a la violencia que lo caracterizó desde el principio, se fue adaptando a los tiempos según le convenía. El gran reto fue permitir el sistema democrático sin que ello acarreara cambios en profundidad en los grandes poderes del Estado. Me refiero a los poderes económico, eclesiástico, militar y judicial. Todo se orientó, mediante una ley electoral ad hoc, a conseguir un sistema bipartidista que no pusiera en juego ninguna cuestión clave". 

 

Y otro gran puntal donde descansa la conciencia franquista es en las propias Fuerzas Armadas. Siguiendo a Floren Dimas (Oficial del Ejército del Aire, miembro del Colectivo ANEMOI) en este artículo, resulta que comparándolo por ejemplo con el Ejército alemán, el Ejército español tiene aún pendiente su transición democrática, como continuadores de una institución estatal de lo que fueron las Fuerzas Armadas, que parcialmente (muchos otros militares continuaron fieles a la República, incluso dieron su vida por ella) se sublevaron en 1936 contra la II República y provocaron una guerra infame, prefacio para una posterior dictadura que duraría 40 años, sumiendo al país en un profundo aislamiento, involución y subdesarrollo social, económico, político y cultural. Nuestras Fuerzas Armadas tienen, por tanto, una alta cuota de responsabilidad, ya que al contrario que en estos otros países (en Alemania y en muchos otros países dominados por regímenes totalitarios), tienen pendiente saldar una inmensa cuenta con sus víctimas y con la memoria democrática de la nación. Y hoy día, a más de 40 años de la desaparición física del dictador, las FAS aún necesitan una profunda renovación democrática en su seno (remito a mis lectores/as a los artículos del segundo bloque temático de la serie "Por la senda del Pacifismo", donde hemos expuesto a fondo las características que deberían regir a unas FAS democráticas y pacifistas). Basta revisar los textos de historia que se estudian en las Academias Militares españolas, para darse cuenta del tratamiento que dan al análisis de la Guerra Civil, haciendo una breve alusión a sus elementos tácticos, pero sin entrar para nada en las verdaderas motivaciones de la misma, ni en las ideologías ni valores enfrentados, es decir, convirtiendo sólo aquél conflicto en un campo de maniobras de dos Ejércitos, de dos bandos, de los que no se debate por qué luchaban, y muchos menos aún, se alude al perfil criminal de sus principales protagonistas, especialmente al del propio dictador Francisco Franco. 

 

Y hoy, cuatro décadas después de la muerte del dictador, y ocho décadas después del inicio de la contienda civil, las Fuerzas Armadas españolas siguen instaladas en su planteamiento de ser continuadoras institucionales de aquél régimen criminal, al no romper pública y solemnemente su vinculación histórica con las FAS de la época franquista, ni honrar pública y solemnemente a los miembros del Ejército Popular Republicano (EPR), del que formaron parte las milicias populares, ni de los guerrilleros antifranquistas en España o Francia, o los que combatieron en las filas de los Aliados, instando a su reconocimiento jurídico como excombatientes, tal como ya ha sucedido en situaciones similares en los países europeos con pasado fascista, en relación con los que combatieron al totalitarismo. Asímismo, las FAS españolas de hoy día deberían tener la valentía de pedir públicamente perdón por las implicaciones de sus compañeros de aquél tiempo en la operación de terror, desarrollada por el franquismo a través de los Consejos de Guerra contra republicanos. Habrá quien piense que los miembros de las FAS actuales ya no tienen nada que ver con los que históricamente protagonizaron el alzamiento militar, pero tampoco Obama había nacido cuando Estados Unidos descargó las dos bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, y muchos pensamos que cuando visitó Japón durante su mandato, debería haber pedido perdón a los japoneses en nombre de su país. Hay que acabar por tanto, usando las palabras de Floren Dimas, con el "universo de impunidades que afecta moral y jurídicamente a toda la estructura física, emocional y filosófica de nuestras Fuerzas Armadas". Sólo así, añadimos nosotros, será posible la garantía de no repetición de aquél horror que supuso el Golpe de Estado, la Guerra Civil y la posterior dictadura que nos tuvo cuarenta años atravesando la larga noche franquista. 

 

Puede que algunos lectores/as piensen que el Ejército de hoy día ya está muy renovado, y completamente alejado del que protagonizara aquél episodio negro de nuestra historia. Se equivoca radicalmente. Como ejemplo, en este artículo de Marcos Paradinas para el medio El Plural se da cuenta de la promoción de un libro sobre la "cruzada" franquista que nuestro Ejército de Tierra realiza en su revista oficial, libro patrocinado por la Fundación Francisco Franco. Ocurría en diciembre de 2016. Se trataba de "La Reconquista de España", una obra de 34 tomos, cuyo anuncio fue retirado de la página de la revista del Ejército en cuanto fue denunciado el hecho en las redes sociales. La obra puede adquirirse también desde la tienda online de la Fundación Franco. Entiéndase bien: con ello no queremos decir que nuestro actual Ejército esté repleto de franquistas, sino que aún conserva una cierta dosis, al igual que el resto de la sociedad, de ese franquismo sociológico, y que debe ser erradicado si queremos disfrutar de unas Fuerzas Armadas realmente democráticas y a la altura del siglo XXI. Podemos poner más ejemplos que ilustran esta línea indeseable del Ejército, que entendemos se debe corregir: por ejemplo, este artículo del medio Publico de marzo de 2016 se hace eco de la denuncia que hizo la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica sobre una conferencia impartida por el historiador Stanley G. Paine, organizada por el Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (CESEDEN, organismo dependiente del Ministerio de Defensa), donde supuestamente se hacía un elogio del Golpe de Estado de Franco, presentando a éste como "un militar prudente y profesional". El conferenciante se refirió a la Ley de Memoria Histórica como "un invento que no existe" y que definió como "un movimiento político arqueológico y semisoviético". En fin, como podemos ver, los ejemplos son múltiples y se dan cada cierto tiempo y en diversas instancias, pero todos ellos están atravesados por el mismo hilo conductor: seguir justificando, a estas alturas, el franquismo en nuestro país. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post

Repost 0
Published by Rafael Silva - en Política
Comenta este artículo

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías