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1 noviembre 2017 3 01 /11 /noviembre /2017 00:00
Viñeta: Kalvellido

Viñeta: Kalvellido

Una monarquía impuesta, un gobierno corrupto y unos tribunales de origen franquista y al servicio del poder político, no pueden seguir pilotando las riendas de este Estado que se dice democrático y de derecho. Nos toca estar a la altura de las circunstancias históricas que estamos viviendo, y dar carpetazo al régimen surgido de una Transición tramposa. Es el momento de tomar la iniciativa, y convocar a la población, a las organizaciones sociales y políticas, para diseñar un plan de superación de este régimen

Pedro Casas

La necesidad de romper con la impunidad y el olvido impuestos por la Transición se vuelven cada día más imperiosas. El Régimen surgido de la Constitución de 1978 nunca supuso una clara discontinuidad con la cultura franquista que durante 40 años el régimen dictatorial impuso a la población española. Lo asevera Vicenç Navarro, uno de nuestros mejores y más prestigiosos científicos sociales, hombre de una trayectoria profesional impresionante, y de una brillante y extensa obra bibliográfica, que además ha sufrido en carne propia y la de su propia familia los terribles efectos del régimen franquista y del obligado exilio. En este artículo para el medio Publico, el Profesor Navarro, ante la pregunta "¿Qué es la cultura franquista?", responde de la siguiente forma: "Los elementos de esta cultura son múltiples, y abarcan desde la escasa cultura democrática, la tolerancia con la corrupción, el nacionalismo jacobino españolista, la constante llamada al orden y el fácil recurso a las medidas represivas, hasta la falta de diversidad ideológica en los medios, el autoritarismo, y sobre todo, el rechazo a los valores republicanos. En su lugar, el régimen franquista ensalzó a las instituciones monárquicas borbónicas, con la reproducción de una visión del ciudadano como sujeto súbdito más que como ciudadano soberano, y con unas instituciones democráticas sumamente limitadas, con escasísimas posibilidades de que la ciudadanía pudiera expresar el derecho de decisión (que debería basarse en el derecho de elección), relegando el concepto de democracia casi única y exclusivamente a la vía parlamentaria, sumamente sesgada en España por un sistema electoral muy poco proporcional y representativo". 

 

Todo ello apoyado por un sistema legal que aplasta rotundamente cualquier iniciativa soberana popular, y acompañado por una muy frágil división de poderes, cuyas interrelaciones permiten determinadas dependencias. Si a todo ello le unimos los efectos de la represión y del miedo que aún suscitan en las generaciones de cierta edad el recuerdo de algunos elementos del pasado, tenemos un cóctel explosivo que determina en gran medida las actitudes, reacciones, pensamientos y comportamientos ciudadanos. Por su parte, la tergiversación de nuestra historia reciente impuesta por la clase dominante a través del perverso sistema educativo tiene como consecuencia que el desconocimiento sobre lo ocurrido en cada uno de los eventos que tuvieron lugar durante el pasado siglo XX en nuestro país es enorme. Predominan el falseamiento de la información, la revisión suavizada del franquismo, y una declarada equidistancia entre el legítimo gobierno republicano elegido democráticamente, frente al Golpe de Estado fascista que acabó con el sistema de derechos y libertades que había traído la Segunda República. Y durante la Transición se impusieron la amnistía y el olvido, elementos absolutamente precisos para la pervivencia de esta indecente impunidad que aún padecemos. De esta forma, no sólo tenemos un Gobierno que permanentemente ningunea a los familiares de las víctimas y represaliados por el franquismo, sino que además, las nuevas generaciones, es decir, los jóvenes ya nacidos en democracia, tampoco han disfrutado del derecho a la verdad, el derecho a que la justicia investigue lo ocurrido en España durante aquéllos años, o a que una Comisión de Expertos, que cumpla con los estándares internacionales requeridos, explique qué ocurrió en nuestro país durante la Guerra Civil y la dictadura. Son hechos que demuestran la tremenda vergüenza de un país, el nuestro, que aún no ha pasado realmente página de su historia. 

 

El imaginario colectivo de una gran parte de nuestra ciudadanía está aún lleno de mitos, de falsas verdades, de miedos y de falacias. Y es que durante cuatro décadas, la dictadura franquista se encargó a conciencia de adulterar la realidad de lo ocurrido para demonizar a la II República, y glorificar el papel jugado por ellos mismos, es decir, los golpistas. Cuando la feroz represión y un aparato de Estado propagandístico juegan su perverso papel durante casi 40 años, es normal que la sociedad esté sumida en los efectos de una profunda catarsis. Pero veamos a continuación brevemente los detonantes del Golpe de Estado. Carlos Hernández, en su artículo "Mitos y realidades de una guerra anunciada" para eldiario.es, explica lo siguiente: "Los historiadores franquistas y sus herederos justifican la sublevación militar por la "insostenible" situación de caos, anticlericalismo y violencia que, según ellos, se sufrió durante el período republicano. Los hechos y los datos demuestran, sin embargo, que una buena parte de la derecha española juró acabar con la República el mismo día en que fue proclamada, y comenzó a conspirar contra ella desde aquél 14 de abril de 1931. Las razones de esta animadversión se resumen en dos: poder y dinero". Y es que el nuevo régimen, continúa Hernández, amenazaba los privilegios de los estamentos que habían dirigido hasta entonces nuestro país durante siglos: la oligarquía económica, los terratenientes, la aristocracia, el Ejército y la Iglesia Católica. La República planteó, entre otros muchos objetivos, una ambiciosa reforma agraria que acabara con la situación de miseria que sufrían más de dos millones de jornaleros sin tierra. Una situación muy parecida se sigue viviendo hoy día en el campo andaluz, situación que describe muy bien y a la que se ha enfrentado muchas veces el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), organización muy criticada por el Gobierno del PSOE de Andalucía, que además ha sido muy reprimida por la justicia. La República también planteaba una reforma militar para democratizar el Ejército y extirparle su ADN golpista, que también llega hasta nuestros días en algunos sectores de nuestras Fuerzas Armadas. 

 

También planteaba la Segunda República una reforma religiosa que terminara con los privilegios de la Iglesia Católica (que ni que decir tiene llegan también hasta nuestros días, después de 40 años de "democracia"), y le arrebatara el control sobre el sistema educativo. Son para destacar igualmente los tremendos avances que se consiguieron en el camino de la igualdad entre mujeres y hombres, ya que en tan sólo dos años la República equiparó a la mujer con el hombre en derechos y libertades, consiguiendo el derecho al voto para ellas antes que otras naciones europeas lo hicieran, tales como Francia o Grecia. Evidentemente, todas estas reformas y conquistas suponían serios varapalos a los intereses de las clases dominantes, que no estaban dispuestas a consentirlo. Si a todo ello unimos la profunda convulsión que se vivía en el contexto europeo durante los años 30 del siglo pasado, donde las revueltas obreras eran frecuentes en todo el continente, es lógico concluir que el escenario pudiera ser calificado, en palabras de Carlos Hernández, como la "tormenta ideológica perfecta". Pero Hernández clarifica lo siguiente: "La derecha que acabaría sublevándose contra la República contribuyó decisivamente a generar ese clima de tensión y violencia ejerciendo de pirómano para después presentarse como el bombero salvador". El Golpe de Estado fue liderado por un grupo de generales encabezados por José Sanjurjo, y contaba con el apoyo de los partidos de la derecha parlamentaria, sectores monárquicos, financieros y empresariales, movimientos fascistas como la Falange, más el respaldo directo de Hitler y Mussolini, como ya hemos contado en entregas anteriores de la serie. Los rebeldes planeaban hacerse con el control del país en poco más de 72 horas, pero la cosa se les complicó porque no contaban con que una parte del Ejército iba a mantener su lealtad al gobierno republicano, ni preveían que los obreros y agricultores iban a lanzarse a las calles de ciudades y pueblos para defender la democracia con las armas en la mano. 

 

El resto ya lo hemos contado, desde prácticamente todos los puntos de vista, en las entregas anteriores de esta serie. Remito a mis lectores y lectoras a las mismas, para hacer un seguimiento no sólo de algunos aspectos de la Guerra Civil, sino y sobre todo de la cruel, vengativa y sanguinaria dictadura que el país tuvo que sufrir posteriormente. Ya hemos contado los métodos de exterminio, la intensidad del genocidio, el barrido ideológico, la profunda represión social, la implantación del terror por parte del Estado franquista, y toda la purga que se llevó a cabo sobre personas inocentes que sólo habían cometido el "delito" de pensar diferente. La caída de Cataluña en enero de 1939 supuso el principio del fin para la República. Medio millón de hombres, mujeres y niños cruzaron la frontera hacia Francia huyendo del avance franquista durante los primeros días del mes de febrero. Y aunque se encontraba en una situación desesperada, el Presidente Negrín apostaba por resistir unos meses más, ya que confiaba en que el estallido de la ya inevitable Segunda Guerra Mundial hiciera salir de su falsa neutralidad a las democracias europeas, que habían dejado caer la República española. Pero su sueño terminó en los primeros días de marzo de 1939 cuando sus hasta entonces compañeros de trinchera se sublevaron contra él. El Coronel Casado, con el apoyo de todas las organizaciones republicanas (salvo el PCE y un sector del PSOE), llevó a cabo un Golpe de Estado que derribó el Gobierno de Negrín. Muy ilusos, creían que una rendición pactada les permitiría eludir las represalias de los vencedores. Se equivocaron, ya que las tropas franquistas ocuparon Madrid y el resto del territorio republicano sin apenas resistencia e impusieron un régimen de represión y terror que se prolongaría durante casi 40 años. El resto, como decimos, ya lo hemos venido contando. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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