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15 octubre 2017 7 15 /10 /octubre /2017 23:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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El imperialismo no es una política de un grupo de políticos, sino que es un sistema económico que significa la dominación mundial del capital financiero. La incapacidad actual de este sistema de generar beneficios por medios relativamente pacíficos significa que esté quien esté al mando del imperialismo estadounidense soporta enormes presiones que le encaminan a la guerra

John Catalinotto

BLOQUE III. SOBRE LA OTAN Y EL ANTIIMPERIALISMO

 

Comenzamos en esta entrega, tal como habíamos avanzado, nuestra exposición sobre ese gran monstruo que es el imperialismo, así como su brazo armado, la OTAN, y sus enormes responsabilidades en el estado actual de los conflictos mundiales. La senda del Pacifismo, lo proclamamos desde ahora mismo, es intrínsecamente antiimperialista, es decir, contraria a todo tipo de imperialismo. Pero vayamos por partes. El gran pensador argentino Atilio Borón define el imperialismo en los siguientes términos: "Es un sistema mundial que, desafortunadamente, cubre todo el planeta. Y ese sistema tiene un centro, una potencia integradora única e irreemplazable: Estados Unidos. Tiene el mayor arsenal de armas de destrucción masiva; controla desde Wall Street la hipertrofiada circulación financiera internacional; decreta la extraterritorialidad de las leyes que sanciona su Congreso e impone sanciones a terceros países que incumplen las leyes estadounidenses; controla a su antojo los flujos de comunicaciones que se procesan a través de Internet y la telefonía a escala mundial; dispone de un fenomenal aparato de propaganda --sin rivales en el mundo-- con epicentro en Hollywood; casi la mitad del presupuesto militar mundial y según sus propios expertos, cuenta con algo más de un millar de bases militares instaladas en los cinco continentes". No obstante, que quede bien claro, nuestra causa es contra el imperialismo, y no contra el pueblo norteamericano. No podemos por tanto caer en un "antiamericanismo" simplón, porque sería tan injusto como equivocado. Nuestro amado líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro, insistía siempre en que nuestro problema no es con el pueblo estadounidense, tan oprimido, explotado y embrutecido como los demás (si bien con métodos más sutiles y amparados por una fenomenal maquinaria propagandística) sino con la clase dominante de Estados Unidos y su "plan de dominación mundial", tantas veces denunciado por Noam Chomsky.

 

El imperialismo norteamericano, el que sufrimos en la actualidad, no está muy lejano en sus modos y en sus formas de los que la humanidad sufrió en épocas pasadas. Podemos remontarnos al Imperio Romano, o al gran Imperio Español, bajo cuyos dominios "nunca se ponía el sol", que sometió a aquél continente americano, imponiendo a sangre y fuego, bajo la cruz y la espada, la religión, la lengua y las costumbres a aquéllos pueblos indígenas que encontró allí. Por su parte, en Europa, también podemos destacar a Reino Unido o a Francia como grandes potencias imperiales, cuyos dominios llegan hasta mediados del siglo XX. Porque el imperialismo es actitud y ejecución. El imperialismo es la existencia de un país o una coalición de los mismos (USA cuenta para ello con sus serviles "aliados" occidentales) que se creen con el derecho y la impunidad de gobernar a su antojo el resto de los países y continentes del globo, y de imponer por todos los medios a su alcance su visión excluyente y planetaria de modelos políticos y económicos que definan el gran sistema-mundo en que vivimos. Y continúa Atilio Borón con su explicación: "El imperialismo es un sistema que lo podemos representar con tres círculos concéntricos. En su núcleo fundamental hay un país, Estados Unidos, que es quien ejerce la función dirigente y dominante. Luego hay un segundo anillo formado por los Estados vasallos del capitalismo desarrollado, con quienes Washington mantiene relaciones que en algunos temas puntuales pueden dar origen a tensiones y contradicciones, pero que ante una amenaza sistémica se agrupan rápidamente en torno a los dictados de la Casa Blanca y se convierten en dóciles peones de las más siniestras decisiones que pudieran emanar de Washington (...) El tercer círculo del sistema imperial está constituido por las naciones de la periferia o semi-periferia capitalista, es decir, ese vasto y tumultuoso "Tercer Mundo" formado por las naciones de Asia, África y América Latina y el Caribe, que es preciso (...) mantener bajo control". 

 

Bien, pues la pieza clave de todo este entramado imperialista, su brazo armado y ejecutor, su joya de la corona, es la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, NATO, por sus siglas en inglés). Históricamente surge en 1949 como un bloque militar enfrentado durante la Guerra Fría al Pacto de Varsovia, para delimitar perfectamente el bloque oriental (soviético y aliados) y el bloque occidental (USA y aliados), pero dejó de tener sentido con la caía del Muro de Berlín (1989), pues ya no existían dos grandes bloques militares que conciliaran los intereses bélicos, estratégicos y geopolíticos del mundo. No obstante, lejos de desaparecer, la OTAN durante los últimos años ha incrementado su presupuesto, y ha crecido a costa de incorporar algunos ex países de la órbita soviética, como los países bálticos, a su lista de miembros, para así hostigar y cercar al gran gigante ruso, su gran enemigo histórico, y concentrar también su hegemonía en todo el continente euroasiático. ¿Y qué papel desempeña nuestro Viejo Continente en esta ofensiva imperial? Pues la triste realidad es que Europa ha sido siempre fiel seguidora y alumna aventajada del imperialismo norteamericano. En realidad, si nos remontamos a sus orígenes, nos daremos cuenta de que la construcción europea ha sido siempre un proyecto "Made in USA". Porque Estados Unidos siempre ha tenido como finalidad esencial someter a Europa occidental, "formidable reserva de personas y mercados" (en opinión de Bruno Guigue recogida en este artículo), a la hegemonía estadounidense. Los gobernantes europeos han tomado siempre a Estados Unidos como modelo, como si ambos continentes tuvieran historias comparables. Pero el modelo estadounidense no es exportable a Europa. Su conformación obedece a motivos históricos muy diferentes, y si existe la nación estadounidense, es porque desde su origen es una proyección de Europa hacia su propio occidente que se desplegó desde un núcleo inicial hacia una periferia que fue tierra conquistada. 

 

En palabras de Bruno Guigue: "Tierra sin más historia que la futura, América ofreció la virginidad de sus fértiles llanuras a la ardua labor de los pioneros. Es mucho más fácil para una comunidad humana forjar su unidad en una geografía sin historia que en una geografía llena, en un espacio virgen que en un lugar ya saturado de sentidos. Mediante la cínica destrucción de las sociedades indias, la nación estadounidense aprovechó la oportunidad". Por tanto, la posible comparación histórica entre Estados Unidos y Europa no tiene ningún sentido. El terreno de la construcción europea está lleno de historia, mientras que el de la nación estadounidense surgió del exterminio de las culturas anteriores. La memoria europea está llena, mientras que la de Estados Unidos busca desesperadamente llenarse, según Guigue. Ambos modelos, por tanto, no tienen nada en común. Y en palabras de Guadi Calvo tomadas de este artículo para el medio Rebelion: "La Europa "libre" aliada de los Estados Unidos hasta la humillación, siguió las órdenes económicas, políticas y militares de Washington siempre y sin demasiados sobresaltos. Incluso pudiendo manejar la crisis provocada por la caída del bloque soviético y todas sus consecuencias, como la absorción de muchos países que habían sido aliados de Moscú y miembros del Tratado de Amistad, Colaboración y Asistencia Mutua (Pacto de Varsovia), la versión socialista de la OTAN, firmado en la capital polaca en 1955". Europa permitió la desintegración de la antigua Yugoslavia, lo que costó un alto precio en cientos de miles de muertos, y permitió sin rechistar las masacres de los años '90 en Somalia, Timor Oriental, Irak o Afganistán, por citar algunas. Europa lleva décadas convirtiéndose en cómplice de cada una de las matanzas instigadas por Washington contra innumerables pueblos que no se han sometido a sus designios, o bien cuyos recursos naturales había que saquear para mayor gloria del imperio. 

 

La última gran barbarie europea con la complicidad estadounidense han sido las denominadas "Primaveras Árabes", desplegadas desde 2011, provocando igualmente un incontable número de víctimas y desplazados forzosos, que llega hasta nuestros días. Los casos más sangrantes han sido Libia y Siria, cuya guerra aún continúa. Y por su parte, en Ucrania, también nuestra Unión Europea fue fiel aliado de los planes estadounidenses para desligar al ex país soviético de la órbita de influencia de Moscú, y acercarlo a la órbita europea por la fuerza, armando a toda una serie de bandas neonazis e instigando la proclamación de un gobierno proeuropeo títere de los intereses norteamericanos. Hoy día los países europeos, incluido España, siguen aferrados a la persistencia de seguir a pies juntillas las políticas estadounidenses, políticas de agresión imperialista que sólo conducen a la destrucción y a la barbarie. Jamás tuvo la Unión Europea desde que existe como tal una política común de seguridad y de defensa independiente del gigante norteamericano, lo cual le hace cómplice de su barbarie, y explica muchos fenómenos que nos afectan, como la ola de terrorismo en muchas ciudades europeas. Por su parte, las crisis de refugiados que se están viviendo en suelo europeo también son causadas por las propias políticas belicistas de Estados Unidos y sus socios de la OTAN. Como concluye Guadi Calvo: "Europa está siendo víctima de sus propias aberraciones históricas y sus dirigentes de las trágicas consecuencias que su desguace puedan producir". El imperialismo del gran gigante del norte es el último responsable de todas estas matanzas, de todos estos conflictos, de todas estas consecuencias. Sus guerras por todo el planeta son las responsables de generar oleadas de devastación, de odio y de barbarie que luego repercuten, más pronto que tarde, en subsiguientes conflictos, derivados la mayoría de ellos de Estados fallidos posteriores a la devastación. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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