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6 noviembre 2017 1 06 /11 /noviembre /2017 00:00
Por la senda del Pacifismo (75)

En la actualidad, la UE está más comprometida con organizaciones militares como la OTAN que con los principios de la Carta de Naciones Unidas

Jaume Assens

En la entrega anterior ya citamos un texto de referencia que vamos a seguir a continuación, elaborado por el Centre Delàs d'Estudis per la Pau, que bajo el título "Treinta Preguntas sobre la OTAN. Treinta años después del Referéndum" nos aclara bastantes conceptos al respecto. En el prólogo de José Luis Gordillo se señala lo siguiente: "La lista de libros que señalan la entrada urgente en la OTAN como uno de los objetivos del 23-F que después haría suyo el Gobierno de Calvo Sotelo para contentar a la potencia hegemónica occidental y a sus peones militares del ejército español, empieza a ser considerable". Lógicamente se refiere Gordillo a los Estados Unidos, la misma potencia que había apoyado la dictadura franquista. Para Gordillo, por tanto, y para muchos más analistas, el PSOE de 1982 ya tenía instrucciones claras en este sentido, aunque en su campaña electoral promoviera la salida de nuestro país de la Alianza Atlántica. Y hoy día, cuando ya no existe ningún bloque militar que amenace a los países occidentales, ya no tiene ningún sentido esta organización, que constituye la principal amenaza institucional a la paz y a la seguridad mundiales. Esta especie de club militar de los países ricos es el principal obstáculo para la paz, el brazo armado estadounidense por excelencia, y la organización que capitaliza y aglutina todos los esfuerzos e interrelaciones del mundo capitalista con el complejo militar-industrial. Y lo cierto es que desde entonces, desde aquél famoso referéndum de 1986, nuestra entrada en la OTAN nos ha perjudicado más que beneficiarnos. El incumplimiento de las condiciones de aquél referéndum, nuestras progresivas relaciones de "amistad y colaboración" con Estados Unidos, las implicaciones propias de la pertenencia a la organización militar (costes económicos, riesgos para la ciudadanía), entre otros factores, así lo atestiguan. 

 

Nuestro país fue el único que ingresó en la OTAN en el período de 44 años que transcurrieron entre 1955 y 1999. Como los lectores y lectoras conocerán, tras la caída del Muro de Berlín en 1989, el Pacto de Varsovia (el bloque militar antagónico a la OTAN durante la Guerra Fría) se disolvió en 1991. Pero la OTAN continuó e incluso se fortaleció con países de la Europa del Este. Y así, entre 1999 y 2004, varios países ex miembros del Pacto de Varsovia (Bulgaria, la República Checa, Hungría, Polonia y Rumanía) se incorporaron a la organización atlántica. La OTAN intervino por primera vez en la guerra de Yugoslavia, con intervenciones militares en 1995 y 1999. Los bombardeos sobre Kosovo de 1999 fueron iniciados unilateralmente por la OTAN sin autorización previa del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, por lo que puede considerarse que constituyeron crímenes de guerra, en palabras del gran intelectual Noam Chomsky. En septiembre de 2001, Estados Unidos invocó por primera vez el artículo 5 del tratado fundacional, pidiendo ayuda en su defensa. A partir de entonces los países miembros siguieron colaborando con Estados Unidos en las guerras de Afganistán e Irak. El artículo 4 del tratado, que prevé llamar a consulta a los países miembros, ha sido invocado cuatro veces, una por el conflicto de Crimea, y las otras tres por Turquía, debido a la guerra de Irak y a los ataques relacionados con la guerra de Siria. La OTAN cuenta actualmente con 28 países miembros, básicamente todos los europeos del este y del oeste, más Turquía, Canadá y Estados Unidos. La OTAN se organiza en dos estructuras, una civil y otra militar. Aunque el tratado fundacional de Washington no distinguía de hecho entre estas dos estructuras, fue la decisión de Francia de separarse militar y temporalmente de la Alianza, en 1996, la que introdujo esa distinción.

 

El Comité Militar es la más alta autoridad militar de la OTAN, y está formado por los Jefes de los Estados Mayores de los países miembros, o sus representantes permanentes en la sede de la Alianza en Bruselas. Del Comité Militar dependen los mandos internacionales integrados en la OTAN, que son los que elaboran los planes operativos de defensa de sus respectivas regiones. Bien, una vez que hemos contado mínimamente la estructura de la OTAN, pasemos a exponer el modelo político y social que dicha organización defiende, que es lo que nos interesa más de cara a explicar porqué está en contra de la senda pacifista. Los autores del documento de referencia lo explican en los siguientes términos: "El propósito principal de la OTAN se expresa en el Preámbulo del Tratado destinado a preservar para sus Estados miembros el modo de vida que, según ellos, les es propio: "pertenecer a una civilización común, basada en los principios de democracia, libertad individual y el imperio de la Ley". Así, el Tratado no aparece reducido al simple aspecto defensivo en el marco internacional, sino que adopta una ideología política bien definida, y en consecuencia, apunta como enemigos potenciales a aquéllos países cuyo sistema político se apoya en principios diferentes. Resulta evidente que se trata de defender las conquistas llevadas a cabo por el capitalismo en el marco de las democracias liberales, en contra de la supuesta amenaza que suponía en 1949 el auge de las ideas comunistas surgidas de la Revolución de Octubre de 1917 en Rusia". Así es en efecto, y hoy día tenemos pruebas evidentes de ello, en las declaraciones que nuestros dirigentes políticos realizan cada vez que sufrimos un atentado terrorista. Entonces proclaman a los cuatro vientos que los terroristas "desean aniquilar nuestro sistema de libertades", "odian nuestro modo de vida", y frases similares. Nada más lejos de la verdad, pues como ya hemos analizado en nuestro primer bloque temático, las causas del terrorismo internacional obedecen a motivos bien diferentes. 

 

De hecho, y como los autores del documento hacen muy bien notar, esos "altos valores" que se proclaman en el Preámbulo y que debería reunir cualquier futuro Estado signatario de la Alianza, fueron una falacia, pues ni en el momento de la firma del Tratado (1949) Portugal reunía esos requisitos ya que era una dictadura; ni tampoco los reunían Turquía o Grecia, cuando se adhirieron en 1951, pues en ambos Estados no se respetaban las libertades ni los derechos individuales de su ciudadanía. Turquía y Grecia sufrieron dictaduras posteriormente mediante sendos golpes militares que derrocaron sus precarias democracias: Grecia en 1967 con el "Golpe de los Coroneles", y Turquía en 1971 y 1980, a través de dos Golpes de Estado ejecutados también por militares. En ambos casos, la Alianza Atlántica no puso ninguna objeción a esas dictaduras, y por el contrario incrementó su presencia en las bases militares de ambos países. Por su parte, Estados Unidos, el verdadero motor y corazón impulsor de la OTAN, ha favorecido de mil maneras distintas la implantación de sangrientas dictaduras en muchos países del planeta, así que la falacia es, pues, fácilmente demostrable. A la OTAN no le interesa la democracia, sino el poderío militar de su estructura y la hegemonía mundial que pueda alcanzar. Los modos de vida de sus países tampoco son dignas conquistas para la Humanidad, pues todos ellos veneran y se someten sumisamente al sistema capitalista más despiadado. Sus "libertades individuales" se ven cercenadas en muchas ocasiones con la implantación de severos recortes en derechos fundamentales y libertades públicas. Decididamente, no somos un modelo a seguir. Sin embargo, las declaraciones de nuestros gobernantes continúan insistiendo en ello. La conclusión está clara: en realidad, lo que quieren es que nosotros, las poblaciones de los países miembro, sigamos pensando que esto es así. 

 

Los más incautos, pragmáticos y reduccionistas podrían conformarse con pensar que la pertenencia a la OTAN nos garantiza (a todos los países miembros) la defensa del resto de países de la Alianza, pero ni siquiera esto es así. Como explican los autores del documento de referencia, el artículo 5 del tratado ofrece un redactado bastante ambiguo sobre esta circunstancia, y en realidad no obliga (sino que deja libertad y discrecionalidad) al resto de la países de la OTAN a acudir en defensa del país que se considere amenazado. Por tanto, esa reacción solidaria que podría pensarse que existe ante el ataque sobre uno o varios de los Estados miembros no existe, o mejor dicho, no está expresamente definida. Existe ambigüedad en lo que el tratado define sobre "ataque armado", e igualmente, es competencia en cualquier caso de los Estados miembros el determinar la acción o respuesta que estimen necesaria ante una circunstancia como la descrita. Los autores concluyen que "la Alianza Atlántica, como acuerdo defensivo, tiene un valor de declaración de intenciones pero sin el establecimiento de una obligación jurídica de asistencia". También podríamos preguntarnos si la OTAN es una organización subsidiaria de Naciones Unidas, como así lo asegura el artículo 7 del tratado. Pero en la práctica, la no sumisión al orden internacional que descansa en Naciones Unidas demuestra el carácter no democrático de la OTAN. La ONU y todo su complejo entramado será expuesto con profundidad en su bloque temático correspondiente, por tanto de momento no entraremos en mayores razonamientos. Baste recordar que lo que el tratado precisa es que "toda medida tomada será inmediatamente puesta en conocimiento del Consejo de Seguridad de la ONU", según lo cual, antes de emprender una acción armada, la OTAN debería llevar a cabo la consulta. Sin embargo, esto no se realizó en las acciones militares en Bosnia en 1995 ni en la guerra contra Serbia en 1999. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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