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15 noviembre 2017 3 15 /11 /noviembre /2017 00:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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La República fue destruida por un golpe militar. Cada grupo social y estamento rebelde defendía sus propios intereses. La aristocracia la conservación del rango y los privilegios; los capitalistas la libertad de explotación de los trabajadores y la defensa a ultranza de la propiedad; la Iglesia la anulación de las disposiciones que habían mermado sus fueros; los terratenientes e industriales impedir la reforma agraria y la intervención obrera en las empresas; los militares, profesionales, burócratas y burgueses, la restauración de un orden rígido y autoritario que respetase las prebendas. Los vencedores establecieron una dictadura para perpetuar sus intereses y la mantuvieron mediante la represión y la violación de los derechos humanos

Víctor Arrogante

Como hemos afirmado en entregas anteriores, es lógico que la antimodélica e injusta Transición tuviera éxito con una población adocenada, adormecida en la larga noche del franquismo, pues se le vendió una idea de la democracia falsa e incompleta. A este respecto, José María Pedreño, miembro de la Junta Directiva de la Asociación Estatal de Foros por la Memoria, en este artículo para el medio Rebelion, afirma lo siguiente: "Este pacto [se refiere a la Transición], tejido con mucha generosidad y renuncias por parte de la izquierda, sobre todo por parte del PCE, ha provocado a la larga un silencio que ha propiciado que los tópicos tejidos por el franquismo se hayan extendido durante toda la restauración borbónica, dando como resultado un franquismo sociológico que impregna todas las capas de la sociedad. Tenemos que tener en cuenta que el principal partido de la derecha, el PP, fue fundado por franquistas y que los apellidos de muchos de sus dirigentes los podemos encontrar entre los golpistas y adictos a la dictadura franquista. Lo mismo podemos decir de muchos miembros de los consejos de administración de grandes empresas y de la banca. Por todas estas cuestiones, considero que hablar de ruptura del régimen del 78 sin entender que la impunidad es uno de los pilares fundacionales del mismo, y que hablar de construcción del nuevo sujeto político y social alternativo sin entender que la memoria es uno de los principales componentes de la "argamasa" ideológica de su construcción, tratándola como un elemento aislado de la política, es un grave error". No vale, por tanto, un borrón y cuenta nueva sobre la base de la no superación del franquismo, que ha de ser, por tanto, plena y absoluta, y ha de llegar a todas las facetas y ámbitos de nuestra sociedad. 

 

La clave es la Memoria Histórica. A ella nos hemos referido en nuestros anteriores artículos desde varios puntos de vista, y a ella nos tendremos que seguir refiriendo. La memoria histórica como memoria colectiva y latente de un pueblo, que es feroz y cruelmente aplastada por un despiadado sistema represor durante una dictadura, pero que permanece oculta para volver a resurgir en cuanto el fantasma desaparezca. Una memoria histórica hoy día sepultada en el miedo, y fundada en las tremendas falacias que el régimen nacionalcatólico fue sembrando en las mentes de la población. Unas mentes educadas en el anticomunismo, en el ultracatolicismo y en el españolismo de pandereta. Unas mentes imbuidas de los valores excluyentes de la familia tradicional, el trabajo obediente y el rechazo al desorden público. Unas mentes educadas en la antipolítica, en la visión uniforme y excluyente de la España "Una, Grande y Libre" del franquismo, que nos trae los lodos actuales de los polvos pasados. Unas mentes donde la simple mención de la palabra "República" ya provoca miedos. Pero sin embargo, en vez de temerla, la República es el sistema al que debemos aspirar, pero no a cualquier República, sino a la que nos conduzca a la plena superación del franquismo. Y ello porque tirando de la cadena, como llevamos haciendo durante toda esta serie de artículos, y viajando de un argumento a otro, llegamos por fin a la conclusión de que todo el régimen actual descansa sobre la ilegitimidad del régimen de la Constitución de 1978. Un régimen que nos llega de la Transición que consagró a un Rey como Jefe del Estado impuesto por un dictador, y que jamás se sometió a referéndum popular. Y un régimen que se había asentado anteriormente en una dictadura de casi 40 años que surgió del sangriento hundimiento de la II República, a través de un Golpe de Estado ejecutado por viles y abyectos militares. Hemos de retornar a aquél estadío, porque simplemente él es el punto de partida.

 

El estadío republicano, por supuesto actualizado a nuestro siglo XXI, sería una condición imprescindible, aunque no suficiente, para la plena superación del franquismo, que lógicamente debería asentarse sobre otros muchos pilares que ya hemos venido comentando en entregas anteriores. No podemos por tanto temer a la República sino todo lo contrario, tenemos que aspirar a ella, tenemos que volver a reconstruirla, hemos de volver a traerla. Sólo bajo un escenario republicano será posible la plena superación del franquismo. Por eso la República posee tantos enemigos. Son enemigos de la República los mismos que saquean nuestras arcas públicas, que fomentan la desigualdad, que han salvado indecentemente a los bancos mientras han aplicado salvajes recortes sociales sobre la inmensa mayoría social, son enemigos de la República los que acallan las voces rebeldes mediante leyes mordaza mientras protegen a los corruptos y a los que poseen cuentas en paraísos fiscales, son enemigos de la República los que defienden la "unidad de España" a la fuerza, y no vacilan en reprimir por la fuerza los legítimos anhelos de Repúblicas nacientes, son enemigos de la República los descendientes de aquéllos que colaboraron con el Golpe de Estado y la dictadura, y que ahora dirigen nuestra política desde lujosos despachos, o bien se sientan en Consejos de Administración de grandes empresas, son enemigos de la República los que no desean Verdad, Justicia ni Reparación para las víctimas del franquismo y sus familiares, y continúan amparando a los torturadores y colaboradores del régimen dictatorial, son enemigos de la República aquéllos que tildan de "extremistas" y "antisistema" a los que defendemos un Proceso Constituyente, la superación del franquismo y un modelo de país y de sociedad más justo y avanzado, son enemigos de la República quienes desmantelan las conquistas obreras conseguidas después de siglos de lucha popular, quienes desmontan todas las coberturas de nuestro Estado del Bienestar, y quienes están derribando nuestros servicios públicos y universales. 

 

Son enemigos de la República los que se llenan la boca con "la patria", los que llevan banderitas de España en la solapa o las cuelgan de los balcones, mientras jalean a todos los corruptos e indecentes que nos gobiernan, son enemigos de la República los que defienden la "democracia" española y el "cumplimiento de la ley", mientras aplican únicamente las que a ellos les interesan, e ignoran y vacían de contenido aquéllas que no les favorecen, son enemigos de la República los que nos meten en la OTAN y en sus crueles guerras de rapiña, para despojar a terceros países de sus recursos naturales, son enemigos de la República los que desprecian el empleo público y sólo conceden valor a la iniciativa privada, a pesar de que sea un principio contrario a esa Constitución que tanto dicen defender, son enemigos de la República los que mantienen a una cúpula militar golpista y fascista, alineada con los preceptos franquistas, mientras expulsan y dejan sin recursos a los oficiales honestos que denuncian la corrupción en nuestros Ejércitos, son enemigos de la República los que instauran un sistema educativo adoctrinador, elitista y segregacionista, porque son enemigos de la educación pública, son enemigos de la República, en fin, los que están conduciendo a nuestra sociedad a las más altas cotas de pobreza, precariedad, paro, exclusión social y exilio juvenil nunca vistas. Todos ellos son enemigos de la República. Por eso es tan difícil luchar por su instauración, y por eso estamos sufriendo, desde la muerte del dictador, esta restauración borbónica que nos está llevando por estos derroteros. La cita de entradilla de esta entrega, del siempre magnífico Víctor Arrogante, nos resume muy bien que la II República fue destrozada por la prevalencia de los intereses y privilegios de un conjunto de sectores que habían sido afectados por ella. El resultado ya lo sabemos. Está escrito en la historia. Les molestaba aquél régimen, pero en cambio no les molestaba el régimen genocida del General Franco, porque éste reponía a aquéllos sectores en sus privilegios. 

 

Las cartas están bien claras: la II República Española representó (como nos recuerda Carlos Jiménez Villarejo en esta conferencia publicada en diversos medios, que vamos a tomar como referencia a continuación) el mayor esfuerzo modernizador y democratizador de nuestro país durante todo el siglo XX. Los enemigos de aquélla República lo siguen siendo de una nueva República que vuelva a conducir a España a altas cotas de justicia, bienestar y redistribución de la riqueza, y que acabe con los privilegios de los poderosos. Por eso la República tiene tantos enemigos, y por eso la plena superación del franquismo aún no ha sido posible. La Segunda República vino a poner fin al atraso económico, a unas relaciones laborales injustas y abusivas, generadoras de profundas desigualdades sociales, al analfabetismo, al centralismo, al caciquismo y a unas instituciones corruptas y anacrónicas. Frente a todo ello, frente a tantas sombras, la República iluminó con sus luces, y vino a representar por primera vez en España la implantación de una verdadera democracia, de una pluralidad política y sindical, de un Parlamento verdaderamente representativo, o del sufragio femenino, entre otras muchas conquistas. Implantó la laicidad del Estado, el reconocimiento de la autonomía de las diversas nacionalidades históricas, la reforma agraria ante un campesinado empobrecido, la admisión de los matrimonios civiles, el divorcio, etc. Con todo aquél arsenal de medidas y reformas, las clases más poderosas juraron acabar con aquélla osadía popular, con aquélla aventura republicana, con aquél modelo de justicia social. Hasta tal punto es así que la Ley 24/2006, de 7 de julio, que declaraba el año 2006 como "Año de la memoria histórica", dijese en su preámbulo que la Segunda República Española "constituyó el antecedente más inmediato y la más importante experiencia democrática que podemos contemplar al mirar nuestro pasado". El franquismo vino a destruirla, a enterrarla, y a enterrar con ella a todos los que la amaban. Los enemigos de la República de entonces siguen siendo los enemigos de una posible República de hoy. Nuestra conclusión es lógica: sin República no habrá plena superación del franquismo. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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