Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
29 marzo 2018 4 29 /03 /marzo /2018 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (83)

Durante las últimas décadas, la precariedad laboral ha pasado de ser una patología de los sistemas de relaciones laborales nacionales a un componente genético del mercado de trabajo global

Joan Coscubiela

Bien, pues hablando de las megaempresas y del mercado laboral, de las grandes fortunas de los empresarios y de la precariedad de las clases trabajadoras, emerge el país más paradigmático en esta cuestión, que nos va a servir como "modelo" de estudio (para saber lo que NO hay que hacer), como es (no podía ser otro) Estados Unidos, y lo vamos a hacer tomando como referencia este estupendo artículo del analista James Petras, traducido por Silvia Arana para el medio digital Rebelion.org. En lo que sigue tomamos datos, informaciones y conclusiones de dicha fuente. Hoy por hoy, Estados Unidos sufre el mayor índice de desigualdad, la tasa de mortalidad más alta, el modelo de impuestos más regresivo, y el mayor sistema de subsidio público a banqueros y multimillonarios que ningún otro país capitalista. Es, también, por antonomasia, el país más dominante, intolerante, agresivo y belicista del globo. ¡Toda una joya a imitar!, para sus amantes, que además tienen la osadía de calificarlo como una "democracia avanzada". Pues bien, la primera pregunta que se hace Petras en su estudio es: ¿Cómo los multimillonarios llegan a serlo? Los adalides del neoliberalismo más reaccionario nos responderían enseguida a esta pregunta replicando: ¡Con trabajo y con esfuerzo! Pero esto es, simplemente, mentira. Una mentira como la copa de un pino. No me resisto a traer aquí a colación las palabras de todo un Premio Nobel de Economía, como Joseph Stiglitz, quien ha afirmado: "El 90% de los que nacen pobres, mueren pobres por más inteligentes y trabajadores que sean, y el 90% de los que nacen ricos, mueren ricos por más idiotas y haraganes que sean. Por eso, deducimos que la "meritocracia" no tiene ningún valor". Por tanto, seamos justos y realistas.

 

La evasión impositiva, en todas sus formas, es una de las fuentes más constantes de la riqueza de los multimillonarios. En este sentido, remito a mis lectores y lectoras al bloque temático anterior, donde hemos hablado profundamente de los paraísos fiscales. Contrariamente a lo que afirma el conjunto de la propaganda mediática favorable a los negocios, entre un 67 y un 72% de las corporaciones no pagan ni un euro (ni un dólar) después de los créditos y exenciones fiscales que reciben (debido a las regresivas reformas fiscales que ponen en marcha sus gobiernos), y si han de pagar algo, se acogen a los múltiples mecanismos de ingeniería fiscal para evadir o eludir el pago de los correspondientes impuestos. Mientras, los trabajadores y trabajadoras que se emplean en dichas empresas pagan entre un 25 y un 30% de sus ingresos en impuestos. James Petras estima en un exiguo 14% la tasa de impuestos que pagan las corporaciones que pagan (valga la redundancia). Según datos del Servicio de Renta Interna de EE.UU. (IRS, por sus siglas en inglés), el cómputo de la evasión impositiva de los multimillonarios asciende a 458.000 millones de dólares al año, lo que supone casi un billón de dólares en pérdidas para las arcas públicas cada dos años. Las corporaciones más grandes de Estados Unidos guardan más de 2,5 billones de dólares en paraísos fiscales del exterior, donde no pagan impuestos o los pagan bajísimos de menos del 10% de tasa impositiva. Mientras tanto, las corporaciones estadounidenses en crisis se beneficiaron de ayudas públicas por valor de más de 14,4 billones de dólares (sólo una de ellas, la consultora Bloomberg, solicitó 12,8 billones), procedentes de fondos combinados entre el Tesoro y la Reserva Federal, es decir, dinero de los contribuyentes estadounidenses, que en su mayoría son trabajadores, empleados y jubilados.

 

Los banqueros que se beneficiaron del rescate con dinero público invirtieron los préstamos sin interés o con bajas tasas de interés y ganaron miles de millones, la mayor parte de los cuales procedieron de ejecuciones hipotecarias de viviendas de la clase trabajadora. Así, a través de resoluciones judiciales favorables y lanzamientos hipotecarios ilegales, los banqueros desalojaron de sus casas a 9,3 millones de familias durante estos años de crisis. Más de 20 millones de personas perdieron sus propiedades, a menudo por deudas ilegales o fraudulentas. En este sentido, hay que denunciar que las personas físicas no disponen del marco legal tan favorable a la hora de liquidar sus deudas como las personas jurídicas (empresas y corporaciones), que poseen más posibilidades de negociación y liquidación. Cuando todo se destapó, y las autoridades ordenaron investigaciones, una pequeña cantidad de estafadores financieros (incluyendo ejecutivos de los principales bancos de Wall Street, tales como Goldman Sachs, J.P. Morgan y otros) pagaron multas, pero nadie fue a la cárcel por el gigantesco fraude que provocó la miseria de millones de estadounidenses. De nuevo, la desigualdad estaba servida. En este caso, al contrario que en la crisis (el famoso crack) de 1929, los banqueros y grandes empresarios no se arruinaron ni se tiraron por las ventanas de sus despachos, porque en esta ocasión habían aprendido a hacerse ricos (incluso en plena crisis) a costa de la precariedad, de la miseria y de la pobreza de los demás. El caso de Estados Unidos también es "modélico" por la insuficiente sindicación del mundo del trabajo, y por la estrecha complicidad de los gobernantes con los postulados de las grandes corporaciones, formando una identidad de objetivos casi perfecta. 

 

Los multimillonarios de conglomerados comerciales como Walmart explotan a sus trabajadores/as pagándoles salarios de auténtica miseria y con muy escasa protección social. Precariedad, individualismo, pobreza, inseguridad, insatisfacción, temporalidad e inestabilidad son rasgos casi constantes en la clase obrera estadounidense. La mayor "potencia mundial" proyecta y despliega de esta forma una desigualdad aberrante entre sus clases sociales, pero también entre sus clases étnicas: los multimillonarios blancos, chinos e indios explotan a trabajadores afroamericanos, latinos, vietnamitas y filipinos. Los afroamericanos y los hispanos son los que más padecen este infierno terrible de las desigualdades. El caso de Walmart es especialmente sangrante. Esta cadena distribuidora a gran escala es una de las corporaciones más agresivas del mundo hacia sus trabajadores/as. Walmart obtiene 16.000 millones de dólares de beneficios al año gracias a que sólo le paga a sus trabajadores/as entre 10 y 13 dólares por hora, y dependen de la asistencia estatal y federal para que le brinde a las familias empobrecidas el servicio Medicaid y cupones para alimentos. Medicaid es un programa creado por la Administración Obama que provee servicios médicos a las personas de recursos limitados. Cofinanciado por el gobierno federal y los gobiernos estatales, es administrado por cada Estado, el cual posee amplio poder de decisión para determinar quién puede ser beneficiario del programa. Lejos de mejorarlo y completarlo, la actual Administración Trump pretende abolirlo y volver a la situación anterior de desprotección absoluta. Por su parte, el fundador de Amazon (la mayor cadena mundial de distribución por Internet), Jeff Bezos, explota a sus trabajadores pagándoles 12,5 euros por hora, mientras él ha acumulado más de 80.000 millones de dólares en ganancias, y es una de las mayores fortunas del mundo.

 

El CEO de la empresa UPS gana 11 millones de dólares por año (casi a millón por mes) explotando a sus trabajadores/as con un salario de 11 dólares/hora. El CEO de Federal Express, Fred Smith, gana 16 millones de dólares anuales y le paga a sus trabajadores/as 11 dólares por hora. Podríamos poner muchos más ejemplos, pero creemos que la cosa está clara. Desde los artículos del primer bloque temático de esta serie, veníamos afirmando hasta la saciedad que para que haya ricos tiene que haber pobres, que son dos caras de la misma moneda, que ambos extremos se determinan, y hemos puesto infinidad de ejemplos al respecto, y lo hemos argumentado desde múltiples puntos de vista. James Petras, por su parte, afirma que "La desigualdad no es un resultado de la "tecnología" ni de la "educación" --eufemismos contemporáneos que alimentan el culto de superioridad de la clase dominante-- como les gusta decir a los economistas y periodistas liberales y conservadores. La desigualdad es el resultado de los salarios bajos, las enormes ganancias corporativas, las estafas financieras, la evasión impositiva multimillonaria y la entrega de miles de millones del tesoro público a las corporaciones". La tecnología, la educación, el saber hacer, el trabajo duro, la innovación, las capacidades, el esfuerzo personal, el riesgo, etc., son las típicas excusas con las que la clase dominante impone una visión legitimada de la desigualdad, pero no pasan de ser excusas, y lo estamos demostrando. Falacias para justificar su visión de una sociedad no equitativa, injusta, desigual, salvaje y desproporcionada, aberrante y despiadada, como la que está siendo proyectada. El primer paso es comprender sus excusas y falacias (aún nos quedan algunas por desmontar), antes de poder echar abajo todo su andamiaje, y poder proyectar otro modelo de sociedad. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías