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8 abril 2018 7 08 /04 /abril /2018 23:00
Fuente Viñeta: Centre Dèlas d'Estudis per la Pau

Fuente Viñeta: Centre Dèlas d'Estudis per la Pau

Puesto que las guerras nacen en la mente de las personas, es en la mente de las personas donde deben erigirse los baluartes de la paz

Fragmento del texto fundacional de la UNESCO

BLOQUE VI: OBJECIÓN FISCAL MILITAR.

 

En este sexto bloque temático de la presente serie de artículos trataremos sobre los asuntos que tienen y que justifican lo que podemos llamar la "Objeción Fiscal Militar", esto es, básicamente, la desobediencia en lo relativo a destinar nuestro dinero público a financiar la industria y los intereses de las guerras y del armamento. Volveremos a hablar sobre la Banca Armada (de la cual ya hemos tratado en el bloque temático anterior en relación a la guerra como negocio), sobre la contribución de las empresas españolas a la financiación del armamento nuclear, y de las diferentes campañas que se han organizado para luchar contra esta lacra, y difundir los valores del Pacifismo. Bien, las razones para dicha Objeción Fiscal Militar serían muchas: la principal de ellas, ya la hemos venido comentando en entregas anteriores, es la gran opacidad y ocultación de datos que nuestros gobernantes practican en lo referente al gasto militar. Los Presupuestos Generales del Estado ocultan los verdaderos ingentes que van dedicados a gasto militar, así como el oscuro reparto disfrazado en otras partidas, que van destinadas a casi todos los Ministerios. Pero no son sólo estos aspectos económicos los que hay que tener en cuenta para afirmar que nuestro país está excesivamente militarizado. Desde la "Fiesta Nacional" (12 de Octubre, una fiesta con reminiscencias imperialistas y colonialistas de nuestro pasado), pasando por la Casa Real, la Unidad Militar de Emergencias, el Seprona o la Guardia Civil. De dicho grado de militarización participan, en mayor o menor medida, 12 de nuestros 13 Ministerios. Una expansión ciertamente sospechosa y altamente peligrosa. 

 

Se militariza la Semana Santa (por efectos "colaterales" de la ausencia de un verdadero Estado Laico), existe una Catedral Militar, una jerarquía eclesiástica militar, tenemos Organismos Autónomos militares ampliamente dotados, existe la Sanidad Militar, la Farmacia Militar, la Justicia Militar, y hasta la cooperación internacional militarizada. Según datos de este artículo del Colectivo Utopía Contagiosa para el medio Nueva Tribuna, somos la séptima potencia mundial en ventas de armas, las bases militares y los campos de tiro están extendidos por toda la geografía nacional y llegan incluso a ocupar parques y zonas de patrimonio nacional. Defensa es el segundo terrateniente de España, existen multitud de viviendas militares en abandono de las que se lucra el Ministerio de Defensa con su venta (promoviendo la especulación inmobiliaria), existe un Servicio de Cría Caballar Militar, y los militares se ocupan de la protección y reintroducción de algunas especies en extinción. Las Fuerzas Armadas participan en ferias educativas, y el Ministerio tiene intención (como ya hemos expuesto en entregas anteriores) de incluir Unidades Didácticas para los escolares, adoctrinando a los mismos en los valores militares. Por su parte, muchas comarcas españolas son dependientes del monocultivo militar: Ferrol, Cartagena y Cádiz de la propia industria militar, o Tremp (en Lleida) y otras zonas lo son de los acuartelamientos militares. Somos el segundo país más intervencionista de Europa con un total que supera las 80 "intervenciones" militares en el exterior, muchas Embajadas de nuestro país en el extranjero cuentan con agregadurías militares, nuestros bancos conceden créditos a interés cero a nuestra industria militar, los militares poseen centros educativos propios, y además gozan de multitud de convenios de enseñanza con muchas Universidades, tanto públicas como privadas.

 

Además, nuestra doctrina militar aplica el concepto de fronteras avanzadas, y por ello, nos sentimos legitimados a intervenir en Mali o en el Océano Índico. Los militares se sienten legitimados, durante sus maniobras, para interrumpir la vida cotidiana de muchos pueblos sin previo aviso a los civiles. El desatino llega hasta tal punto que el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía fallaba que los militares no tienen por qué avisar a la propia Junta cuando vayan a hacer maniobras en los parques naturales. También existe militarización de los aviones de la Agencia Tributaria para el control de drogas, y últimamente la televisión realiza series sobre la vida militar, programas de cocina hacen pruebas en instalaciones militares, y hasta la Vuelta Ciclista a España tiene metas en instalaciones militares. Nuestro país participa asímismo en los Juegos Olímpicos militares (confesaremos que ni siquiera sabíamos que existían), y nuestros altos mandos militares poseen la facultad de condicionar el uso y la propiedad del territorio, declarándolos zonas de interés para la defensa nacional. También pagamos mediante nuestros presupuestos públicos los viajes a Lourdes de nuestros militares y guardias civiles, la construcción de sus residencias, de sus campos de golf, y de sus centros recreativos y deportivos. Actualmente, casi el 45% del conjunto del personal funcionario del Estado son militares. Podríamos continuar, pero creemos que el panorama descrito anteriormente perfila a la perfección el alto grado de militarización que nuestra sociedad posee, y que, evidentemente, la senda del Pacifismo no puede tolerar. El sobreexcesivo protagonismo de los militares en nuestra sociedad sólo obedece a una cultura y un conjunto de tradiciones que lo han propagado y difundido, así como a unos gobernantes que los han potenciado y apoyado. 

 

La Objeción Fiscal Militar es quizá la mejor herramienta que los ciudadanos y ciudadanas poseemos, si queremos cambiar este panorama de excesiva militarización. Son muchas las organizaciones que desde hace años en nuestro país vienen patrocinando y apoyando las campañas de iniciativa ciudadana para oponerse al gasto militar, que lógicamente denuncian todos estos excesos, amparados en esta filosofía social del super protagonismo de los militares en multitud de aspectos de nuestras vidas. Concretamente, Ecologistas en Acción, el sindicato CGT o Alternativa Antimilitarista MOC son algunas de dichas organizaciones que han apoyado estas campañas en años anteriores. Tomemos como referencia este artículo aparecido en la propia web de Ecologistas en Acción (y difundido por otros muchos medios digitales), que nos proporciona información sobre la campaña del año 2015. Todas estas campañas pretenden sobre todo visibilizar al máximo el enorme gasto destinado por el Estado Español a tareas militares, tanto directas como indirectas. Por supuesto, todos estos fondos son sustraídos de fines sociales y ambientales mucho más necesarios, para los que luego, simplemente, "no hay dinero". ¡Qué lástima! Además, con la objeción fiscal militar se denuncia que la industria de la guerra está íntimamente relacionada con los poderes económicos capitalistas que saquean el planeta, sus pueblos y la propia naturaleza, sometiendo a las personas, y creando focos de terror, destrucción y odio. O bien, con esta objeción fiscal militar podemos impedir que, por ejemplo, se destinen 563 millones de euros para la construcción de un submarino, dos buques, dos helicópteros y un avión de transporte militar, frente a los 16,8 millones de euros que se dedican para todas las emergencias de ayuda humanitaria que puedan surgir a lo largo del año. 

 

El gasto militar, tanto directo como indirecto, tanto finalista como colateral, es no sólo excesivo, sino indecente e inmoral. La fuerza del conjunto de la ciudadanía, de manera pacífica pero efectiva, ha de enfrentarse a toda esta sinrazón. Desde este punto de vista, entendemos que la Objeción Fiscal Militar (OFM) es una herramienta más de la que disponemos para ejercer la militancia pacifista, y aportar nuestro granito de arena en la consecución de la senda del pacifismo. Más en detalle, la OFM es una campaña de desobediencia civil que diversos grupos antimilitaristas y pacifistas llevan proponiendo desde el año 1982, y en la que participan miles de personas cada año. Su existencia no es conocida porque los grandes medios de comunicación (más bien, de intoxicación) se ocupan de que permanezca cada año bien escondida, no vaya a ser que cunda el ejemplo. Como sabemos, la inmensa mayoría de estos grandes medios pertenecen al gran capital, dispersado en este caso en grandes empresas de comunicación, a las que pertenecen numerosas emisoras de radio, cadenas de televisión, revistas, publicaciones, sitios web y periódicos. En estas campañas se invita a todas las personas que quieran realizar su Declaración de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) a que expresen su rechazo a sostener el gasto de preparación de las guerras, de la industria militar, de las intervenciones en el exterior, y del mantenimiento del Ejército y demás Cuerpos armados de la Seguridad del Estado, negándose a pagar a la Hacienda Pública una cantidad igual a la que en proporción va a estos destinos (según los Presupuestos Generales del Estado), desviando ese dinero hacia una finalidad social y ecológicamente beneficiosa. Mediante campañas de este tipo se exige de forma activa y responsable el derecho de objeción de conciencia al pago de impuestos con fines militares de forma pública, colectiva, pacífica y consciente. Continuaremos en siguientes entregas.

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