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22 mayo 2018 2 22 /05 /mayo /2018 23:00
Viñeta: Josetxo Ezcurra

Viñeta: Josetxo Ezcurra

Pues avancemos, derribemos muros de corrupción, palacios de vergüenza, démosle la dignidad a las instituciones, ahora putrefactas, caminemos hacía la utopía, porque tenemos derecho al delirio; pero también, a luchar por nuestros derechos, por nuestros sueños. A traer la primavera a este país maltratado, por patriotismo; asimismo, por la imperiosa necesidad de ser felices. Si nos empeñamos lo lograremos, el Régimen está podrido desde sus más profundas raíces hasta sus más altas copas. España, poco a poco, se acerca más y más al gris de la dictadura franquista; pero también, no lo olvidemos, a la República

Paco Arenas

Como afirmábamos en la última entrega de esta serie, es la misma visión de España la que tenemos que enfrentar mediante el Proceso Constituyente. Ya José Díaz, Secretario General del PCE en 1936, afirmaba tajantemente: "Hay que demostrar que quienes aman verdaderamente a su país somos nosotros (...) pues no es posible que continúen engañando a estas masas, utilizando la bandera del patriotismo, los que prostituyen nuestro país, los que condenan al hambre al pueblo, los que someten al yugo de la opresión al noventa por ciento de la población (...)". Estas afirmaciones están hoy día absolutamente vigentes. Porque como tantas veces hemos explicado, los que nos gobiernan hoy son los herederos de aquél pensamiento fascista y opresor. El Proceso Constituyente, siguiendo de nuevo el magnífico artículo de Alejandro Martínez, debe servir para disputar el discurso, para enfrentar un proyecto distinto de país, enfrentándonos a la derecha nacionalista española que recurre al casposo patrioterismo, a los símbolos de su España uninacional, uniforme y excluyente, para ocultar las contradicciones de clase, oponiendo a todo ello nuestra idea de patria social que se sustenta sobre el concepto de soberanía popular que ya recogiera la Constitución Republicana de 1931. Un modelo de España plurinacional, democrática, republicana y con memoria histórica. Un modelo de España federal, social, participativa, laica y solidaria. Un modelo de España incluyente y multicultural, pero no clasista ni elitista. Un modelo de España que fortalece el Estado y potencia lo público, revalorizando nuestro Estado del Bienestar sobre un amplio catálogo de servicios públicos que amparen todos los derechos humanos. 

 

Una idea de España basada en la convivencia armoniosa y voluntaria de todos los pueblos que históricamente forman el Estado Español, una suma de pueblos y naciones que deben convivir, si lo desean, con plenos derechos de autodeterminación, con pleno control de sus destinos, con democracia plena. Una idea de España profundamente respetuosa de su legado cultural, con absoluto respeto a todas las tradiciones, costumbres y culturas de los pueblos que la integran. Una idea de España basada en relaciones recíprocas de solidaridad, con vocación socialista, internacionalista, pacifista, ecologista y feminista. Alejandro Martínez lo ha expresado con estas palabras: "Frente a ello es necesario articular una cosmovisión en positivo para recuperar la soberanía, entroncando y fusionando la historia revolucionaria, la cultura obrera con las luchas actuales y la creación de poder popular, la República federal y el Socialismo. Esto lleva implícita la idea e identidad de la clase obrera en tanto que los hombres y mujeres del mundo con su trabajo y con sus manos son las y los verdaderos constructores de la sociedad en la que viven". Y más adelante continúa: "Para nosotros España son sus trabajadores y trabajadoras (nativos o foráneos), de las y los intelectuales luchadores, de los agricultores y agricultoras que luchan contra las políticas de la PAC o el TTIP, de las y los que luchan contra la LGTBIfobia, la violencia machista o por el derecho al aborto, de los y las que luchan por la retirada de las bases de EE.UU. y la OTAN, de los que luchan por el derecho de autodeterminación y por el catalán, el gallego o el euskera o los y las que defienden una vivienda digna. Son las brigadas internacionales, son los republicanos/as en lucha contra el nazi-fascismo, es Miguel Hernández, Teresa León, Blas Infante o Alberti". Creo que queda magníficamente expresado. 

 

No dejemos que nos arrebaten nuestra idea de España, aquélla que quedó violentamente abortada por los militares golpistas y los empresarios y terratenientes en 1936, con la ayuda de la Iglesia Católica y de los fascistas alemanes e italianos. Y cuando aquélla sangrienta dictadura finalizó, se nos impuso un nuevo Rey, una restauración borbónica para que todo quedara "atado y bien atado", con la inestimable vigilancia de los Estados Unidos. Monarquía y Capital son dos caras de una misma moneda, como se ha venido demostrando durante estas últimas décadas. La Corona está claramente al servicio del gran capital, de las grandes empresas, de la Iglesia y del Ejército, los mismos poderes fácticos que nos condenaron a más de 40 años de dictadura fascista. Bajo una falsa apariencia de neutralidad, la Monarquía toma partido a favor de la OTAN, de la Unión Europea del Capital, de la Iglesia Católica y del bipartidismo. Todos ellos son los principales actores que nos han traído a esta insoportable situación. La Corona no es garante de "la igualdad de los españoles", como tantas veces se afirma de forma falaz, sino que cumple un papel vertebrador de los intereses de la oligarquía, de ahí que la lucha por la República y los grandes debates que el Proceso Constituyente ha de albergar no constituyen sólo una lucha por la democracia, sino que van incardinados en el conjunto de las luchas obreras y populares de todos los pueblos de España. La República no es sólo el derrocamiento de la Monarquía, sino una cuestión de clase, pues históricamente ha estado ligada a la idea de progreso, de modernización, de conquistas obreras y de luchas populares. No se trata solo de cambiar la Jefatura del Estado, como tantas veces hemos afirmado, sino de cambiar la base de la pirámide para poder construir un modelo de país igualitario, justo, democrático y avanzado. 

 

Y así, el Proceso Constituyente debe integrar todas las luchas en una sola, las luchas feministas (contra el patriarcado), pero también las luchas obreras (contra el capital), populares, por la soberanía, por la autodeterminación, por el pacifismo y por el respeto a la naturaleza. Todas estas luchas están integradas, porque todas ellas delimitan un nuevo modelo que queremos alcanzar. Un nuevo proyecto basado en el firme y escrupuloso respeto a los Derechos Humanos, y al reconocimiento de la naturaleza y sus ecosistemas como sujeto de derechos. Ello requiere el imperio de una nueva hegemonía ideológica en todos los aspectos, que cambie los peligrosos valores del capitalismo globalizado por los valores de respeto, armonía, solidaridad, cooperación, reparto, bien común, integración, democracia y derechos humanos. Hoy día nuestras sociedades permanecen y actúan alienadas por los sucios valores del neoliberalismo, y mientras nuestras mentes los continúen asumiendo, no habrá forma de cambiar realmente el modelo, ni de proceder a las profundas transformaciones que necesitamos. Hemos de asumir que la lucha por la soberanía en todos los frentes es una cuestión social, una cuestión de clase, pero también una cuestión de país, una cuestión nacional. Y en este sentido, también lo hemos mencionado, la lucha contra la Troika, contra las instituciones de la actual Unión Europea, contra el Euro como moneda única, contra la deuda ilegítima e insostenible, contra la OTAN y contra el imperialismo belicista de los Estados Unidos son igualmente luchas fundamentales. En el fondo, de nuevo, todas ellas son luchas por la recuperación de la soberanía, es decir, por nuestra independencia y autonomía de los grandes poderes económicos que dominan el mundo. 

 

Pero insistimos: la lucha por la soberanía en todos los planos (económica, política, monetaria, energética, alimentaria, tecnológica, etc.) se debe entender siempre como una lucha por un proyecto de país alternativo en beneficio de la mayoría social, y esto debe prender en el imaginario colectivo, en oposición a la hegemonía ideológica existente, patrocinada por el gran capital y todos los demás poderes a su servicio. Entendemos que el Proceso Constituyente también debe plantear estos debates, porque pensamos que hoy día la salida de esta arquitectura supranacional de la Unión Europea se torna imprescindible, pues son estas estructuras las que consagran la visión antidemocrática y antisocial de la Europa del Capital. Y junto a ello, el Euro se consagra como la moneda que encorseta la capacidad de los Estados en cuanto a su soberanía monetaria y económica, y los liga a una deuda pública absolutamente injusta, odiosa e insostenible. Nosotros pensamos que no puede haber proyecto alternativo de país sin salir de la UE y del Euro. Es imprescindible por tanto la desobediencia hacia los tratados europeos que consagran esta visión antidemocrática y sumisa de los Estados miembro hacia el capital financiero, responsable en última instancia de la Europa fortaleza, que cierra sus fronteras a los refugiados mientras auspicia y apoya las violentas guerras o los saqueos y expolios en sus países de origen. Un nuevo proyecto de país requiere desligarnos de todas las estructuras que nos atan a estos comportamientos, que nos hacen participar de este injusto sistema de dominación, y que nos limitan y atan en nuestra soberanía. Un nuevo proyecto de país que defina un nuevo modelo de sociedad no puede continuar sujeto a los mismos actores internacionales que han consagrado el modelo actual. Hemos de romper con ellos. Hemos de ser luz y guía para un nuevo horizonte de democracia y prosperidad. Continuaremos en siguientes entregas.

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