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24 junio 2018 7 24 /06 /junio /2018 23:00
Por la senda del Pacifismo (107)

Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz, la gente educa para la competencia y ésta es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz

María Montessori (Psicopedagoga Infantil)

La refundación de la Organización de las Naciones Unidas es un hecho inaplazable, si de verdad queremos disponer de un organismo mundial que sea sede de la comunidad internacional, y que vele y haga cumplir y respetar los objetivos marcados para el planeta. Basta ya de chantajes y vetos de determinados países, basta ya de apoyar determinados conflictos bajo la presión de algunas potencias, basta ya de resoluciones ignoradas o incumplidas. La refundación que proponemos ha de estar basada en determinados pilares, que ataquen diferentes enfoques organizativos, y que revolucionen la dinámica de actuación del propio organismo. Refundado sobre bases democráticas, y sobre mecanismos garantistas en cuanto al cumplimiento de objetivos, sólo así este organismo será capaz de desempeñar las funciones para las que fue creado y está destinado. Propuestas ha habido y hay muchísimas. Se han de adoptar las que de verdad contribuyan a subsanar todas las actuales deficiencias de su funcionamiento. Por ejemplo, aquéllas que tienen que ver con su presupuesto y financiación. Estados Unidos financia actualmente el 22% del presupuesto total de la ONU, gracias a lo cual se permite imponer ciertos chantajes a esta organización. Para impedir este tipo de chantajes, el Primer Ministro sueco, Olof Palme, sugirió que ningún país del mundo pagase más del 10% del presupuesto total. Los fondos de la ONU deben sufragarse de forma equitativa, garantizando en primer lugar que su cuantía es suficiente, y que su procedencia es lícita y equilibrada. 

 

Pero se pueden proponer muchas otras medidas. Por ejemplo, para impedir el incumplimiento de las resoluciones, se puede activar la Corte Internacional de Justicia, con el fin de someter a los países infractores. Y por supuesto, a nivel del seno de las decisiones democráticas, habría que retirar al Consejo de Seguridad el derecho de veto, y garantizar que las decisiones de la Asamblea General sean vinculantes. Se han de diseñar protocolos específicos de actuación para que se ejecuten en automático cuando se den dichas circunstancias, y que bajo ellos, todos los países sean sometidos a las mismas medidas, sean quiénes sean. Esta es la única forma de garantizar que las grandes potencias no dominen las decisiones de las demás, cooptando mediante su fuerza los foros de decisión. Bajo la refundación que proponemos, la ONU deberá ser el foro mundial garante del cumplimiento estricto de todos los derechos humanos en cualquier sitio del planeta, así como del cumplimiento de los grandes objetivos mundiales acordados en su seno. Para ello, deberán diseñarse igualmente protocolos de verificación de los diferentes acuerdos y tratados vinculantes, de carácter internacional, para que ningún país pueda ignorarlos, y cualquier persona u organización pueda exigirlos. El fracaso de la acción de gobernanza de la ONU ha quedado patente durante muchos años, y esa ha sido la principal causa para que se hayan desatado determinados conflictos internacionales que de otro modo pudieran haberse mitigado mediante medidas diplomáticas. De igual forma, la inacción de la ONU a la hora de proteger a determinados países o comunidades frente a la presión de otros/as, ha llevado también a que estallen conflictos sangrientos que podrían haberse evitado, y haberse encaminado por cauces de paz. 

 

La ONU no puede hacer por más tiempo dejación de sus funciones y responsabilidades. Hace ya mucho tiempo que se ha tornado en un organismo ineficaz para imponer sus criterios al mundo, que deben ser, por otra parte, los de todo el mundo, es decir, que deben decidirse por cauces democráticos. Si de verdad queremos asegurar la paz, la seguridad y los derechos humanos en todo el planeta, la refundación de la ONU es un hito absolutamente necesario. Ya el gran sabio Albert Einstein observó una ONU insuficiente, y pidió una "autoridad política común para todos los países" que acabase con las guerras. Lejos de lograrse ese objetivo, la ONU camina cada día hacia su irrelevancia mundial, sobre todo en relación a otros foros más activos e influyentes. La globalización neoliberal y el imperialismo son actualmente más potentes que las decisiones de la ONU, pero atentan gravemente contra la gobernanza mundial, y contra un orden democrático internacional. La ONU debe evolucionar hacia un foro democrático mundial representativo, eficaz y coherente, garantizando una gobernanza mundial más equitativa y menos imperialista. Un foro que se replantee en serio los gravísimos problemas de la pobreza, la desigualdad, el hambre, o el cambio climático. Un foro que desarrolle normativas internacionales en materia de derechos humanos, de la naturaleza y del propio planeta. Un foro que tenga al pacifismo como su senda natural, que no admita chantajes, presiones ni atajos, y que coordine las iniciativas diplomáticas mundiales. Una ONU dedicada a resolver los grandes problemas que acechan al mundo: los peligros de la globalización, el fin del trabajo a causa de la robotización, el incremento demográfico y las crisis alimentarias, las hambrunas y epidemias, el calentamiento global y la crisis ecológica, el agotamiento de las energías fósiles, los desplazamientos masivos de población migrante, las oleadas de refugiados, el terrorismo global, las nuevas guerras y amenazas nucleares, etc. 

 

Por otra parte, pero en relación con todo lo anterior, la refundación de la ONU debe girar en torno a las posibilidades de relación y cooperación entre los diversos países y continentes, el control de los mercados, y las garantías de suministros y derechos humanos fundamentales en todas partes del mundo. Pero la ONU debe velar por todo ello desde el paradigma de la sostenibilidad aplicada a todos su posibles enfoques: humana, social y medioambiental. El derecho internacional humanitario y la solidaridad entre naciones debe vigilarse estrictamente por la ONU, y no delegar en algunas potencias implicadas el despliegue de dichas actividades. Carlos Villán, en su magnífico estudio "ONU: ¿Reforma o Refundación?", documento que (aunque data de 2007) tomaremos como referencia en adelante, dice textualmente: "El empobrecimiento del Tercer y Cuarto Mundo como consecuencia de la mundialización económica y financiera de corte neoliberal e inspirada por el "Consenso de Washington". Nos alejamos inexorablemente de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, que habían sido solemnemente proclamados por las Cumbres de Jefes de Estado reunidas en Nueva York en 2000 y en 2005. Por tanto, persisten las violaciones sistemáticas de los derechos económicos, sociales y culturales de la mitad de la población mundial, porque malvive en condiciones indignas, al no disponer de medios suficientes para satisfacer sus necesidades básicas en materia de alimentación, agua potable, saneamiento, vivienda, salud y educación". Y como tantas veces hemos remarcado en entregas anteriores de esta misma serie, éstas y no otras son las verdaderas amenazas que hacen saltar los conflictos, los atentados y las guerras. Éstas, y los anhelos imperialistas de muchas naciones del mundo, encabezadas por los Estados Unidos. Ansias geoestratégicas, geopolíticas y militares, que la ONU no debería permitir en su seno. 

 

Tenemos muy claro que si la ONU no es capaz de asegurar el derecho al desarrollo de las naciones y los pueblos, el derecho a un medio ambiente sano y seguro, el derecho al patrimonio común de la humanidad, el derecho a la asistencia humanitaria y el derecho a la paz, este organismo es una pura fachada de intereses que no sirva para nada. Para ello la ONU debe refundarse sobre los valores de la democracia global, el multiculturalismo y el multilateralismo. La Carta de las Naciones Unidas, redactada en 1945 por una cincuentena de Estados, que dieron el visto bueno a la creación de un órgano ejecutivo (el Consejo de Seguridad) controlado por un directorio de cinco potencias (las que habían ganado la Segunda Guerra Mundial), ya no responde a las exigencias de la actual comunidad internacional, compuesta por 192 Estados miembros. Para la inmensa mayoría de los Estados del llamado "Tercer Mundo", en ese Consejo de Seguridad "ni están todos los que son, ni son todos los que están". Hay que cambiar también la capacidad de acción de la Secretaría General, que hoy día sigue permanentemente limitada por la tutela que sobre ella ejercen las principales potencias. La trayectoria de la ONU es, cuando menos, mejorable, a través de sus 72 años de funcionamiento opaco e incorrecto, en cuyo marco ha crecido una burocracia desproporcionada que únicamente aspira a su propia supervivencia. Esta situación ha sido permanentemente alimentada por los Estados más poderosos, porque podían tener a una ONU casi a su servicio. Y como decíamos al comienzo, la independencia de esta organización ha sido también socavada a través del control de su presupuesto, unas veces congelando los Estados Unidos su decisiva contribución, y otras alimentando los Estados más ricos un presupuesto extraordinario, a condición de poder controlar su destino final. La ONU no puede continuar por más tiempo siendo un instrumento al servicio de los intereses y componendas de las grandes potencias. Continuaremos en siguientes entregas.

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