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9 noviembre 2018 5 09 /11 /noviembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: APDHA

Fuente Viñeta: APDHA

El trabajo no es la fuente de toda riqueza. […] Los burgueses tienen razones muy fundadas para atribuir al trabajo una fuerza creadora sobrenatural; pues precisamente del hecho de que el trabajo está condicionado por la naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de más propiedad que su fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilización, esclavo de otros hombres, de aquellos que se han adueñado de las condiciones materiales de trabajo. Y no podrá trabajar, ni, por consiguiente, vivir, más que con su permiso

Karl Marx (“Crítica del programa de Gotha”)

Como concluíamos en la entrega anterior, la seguridad y permanencia de un ingreso indefinido despeja un horizonte de libertad real del conjunto de la población, con lo cual no sólo aseguramos su supervivencia, sino que también la protegemos frente a la dictadura del capital. Nosotros abogamos por abandonar los actuales sistemas de rentas condicionales por injustos, insuficientes e ineficaces, además de limitados en el tiempo. Como ya hemos expuesto a vuelapluma en artículos anteriores, los actuales sistemas de rentas mínimas, en toda su extensión y diversidad, sólo ofrecen un marco muy limitado (en suficiencia económica y temporal) de subsidios al conjunto de la ciudadanía, pero para ello ésta tiene que demostrar ante la Administración Pública competente su situación actual en multitud de facetas: sus ingresos, su edad, los miembros de su unidad familiar, si se poseen personas a cargo (incluso si éstos son menores o discapacitados), la declaración de bienes, y un largo etcétera de condiciones y requisitos a cumplimentar. La Administración con todos estos datos configura una serie de aplicaciones que elaboran la conclusión final, expresada en la situación de derecho devengado a percibir un determinado subsidio de la gran gama que existe (desempleo, Renta Activa de Inserción, etc.), durante un determinado tiempo. La cuantía de dicho subsidio es muy limitada, absolutamente insuficiente como para desarrollar una vida mínimamente digna. Además no se percibe de forma indefinida, sino durante un tiempo igualmente limitado, transcurrido el cual, y si no existe ningún otro derecho a prestación, el individuo queda abandonado a su suerte.

 

Mientras, todo un itinerario de acciones "formativas y de inserción laboral" se van desarrollando, con el fin de "entretener a los pobres", como también hemos analizado en entregas anteriores. Todo esto nos parece, como decíamos arriba, injusto (porque los posibles perceptores han de demostrar hasta sus situaciones más íntimas a la Administración), ineficaces (porque la propia Administración ha de diseñar y mantener una serie de aplicaciones informáticas, formularios y personal encargado de recepcionarlo), e insuficientes (porque la cuantía de los subsidios no garantizan una vida digna, y además son limitados en el tiempo). Frente a todo este demencial tinglado, desde la izquierda transformadora proponemos un sistema de asignación monetaria a toda la población sin ninguna condición. Los perceptores ya no tendrán que ser altos o bajos, llevar más o menos tiempo en desempleo, superar determinada edad, disfrutar de mayores o menores ingresos, o tener o no a su cargo a determinado número de personas. Una Renta Básica Universal no hace distinciones entre las características de los individuos, precisamente por eso es universal. Concretando algo más, y siguiendo a Daniel Raventós en este artículo para el medio digital Sin Permiso que tomamos como referencia, la renta básica sería "un pago monetario regular a toda la población, de forma individual, sin comprobación de recursos económicos ni de su situación laboral". Y así, se percibiría independientemente del sexo al que se pertenezca, del nivel de ingresos que se posea, de la religión que se profese, de la orientación sexual que se tenga, o del estrato social al que se pertenezca. Universal quiere decir universal. La RBU no contempla absolutamente ningún criterio de discriminación. Da igual si se es rico o pobre, blanco o negro, joven o viejo, casado o soltero, viviendo con 5 hijos o viviendo solo. Esta es la segunda clave: la incondicionalidad. 

 

Y por supuesto, la RBU es una transferencia individual, esto es, que se realiza al propio individuo, por sí mismo, siendo personal e intransferible. No es una asignación a la familia, no tiene en cuenta la unidad familiar, sino el propio individuo. En una vivienda compartida por cinco amigos, cada uno de ellos percibiría la RBU. Esta medida vendría a revertir profundamente la perversa arquitectura de la desigualdad, y ello no sólo porque dejarían de existir los pobres de solemnidad que no perciben ningún ingreso (o unos ingresos ridículos e indignos), sino porque fortalecería la capacidad de negociación de la clase trabajadora, dotando de un potencial poder de libertad e independencia para aceptar o no determinadas ofertas de trabajo. Las propuestas de financiación que se han elaborado suelen contemplar el ámbito de los Estados, puesto que son las Administraciones Públicas a más alto nivel que disponen de la información y de los recursos fiscales necesarios para poder financiar una RBU. Pero también, dependiendo del alcance geográfico, podría ser aconsejable que fuera más de una Administración las que otorgaran la RBU. ¿Quién recibiría la Renta Básica? Todas las personas del territorio donde se implantase, así como los residentes acreditados. Algunos autores también han abogado por la extensión de la RBU a los menores de edad, o con alguna cuantía inferior que la de los adultos. Pero atención: nuestra visión de la Renta Básica es absolutamente compatible con el diseño del conjunto de los servicios públicos que disfruta la ciudadanía (sanidad, educación, dependencia, servicios sociales...). Existe no obstante una "RBU de derechas", que propone que este sistema reemplace a los mencionados servicios públicos universales. Es decir, que la asignación de esta renta actúe a modo de sustituto parcial o total de dichos servicios. 

 

Básicamente, por tanto, las RBU de izquierdas se diferencian de las RBU de derechas en sus propuestas de financiación, que responden a la idea troncal de quién gana y quién pierde con la implantación del sistema. Los defensores de la RBU de derechas pretenden desmantelar el Estado de Bienestar "a cambio" de la RBU, persiguiendo sus clásicos objetivos de adelgazamiento del Estado y privatización de los servicios, así como de reducción de la presión fiscal. Evidentemente, esta propuesta no cubre el objetivo de reducir la arquitectura de la desigualdad. No nos interesa. Los defensores de la RBU desde la izquierda perseguimos una redistribución más justa de la renta de los más ricos al resto de la población, y el fortalecimiento del resto de servicios del Estado del Bienestar. Esta propuesta sí que revertiría la arquitectura de la desigualdad, por eso es la que se propone para conseguir este fin. Bien, antes hablábamos de los subsidios condicionales actuales, y sus diferentes limitaciones. Vamos a compararlos ahora con la asignación de la RBU desde los siguientes cuatro puntos de vista:

 

1.- La trampa de la pobreza. Cuando se es perceptor de un típico subsidio limitado y condicionado, existe un fuerte desincentivo para buscar trabajo remunerado, pues ello implica la pérdida parcial o total de dicho subsidio. Por contra, la RBU funciona a modo de un suelo o base perceptora, no como un techo. Es decir, cualquier ciudadano/a tiene derecho por el hecho de serlo a la RBU, siempre, a lo largo de toda su vida, encima de la cual se colocarán los ingresos que dicho invididuo obtenga por otros medios, típicamente por otras actividades remuneradas. Pero la realización de este trabajo remunerado no implica la pérdida de la RBU, por lo que el desincentivo a la actividad desaparece. De tal forma, que una determinada persona puede disfrutar únicamente del ingreso que le proporciona la RBU, mientras que otra puede disfrutar de tres ingresos, uno proveniente de la RBU, y otros dos provenientes de diversos trabajos remunerados que lleva a cabo. La RBU jamás se pierde. 

 

2.- Costes administrativos de los subsidios condicionados. Como hemos indicado más arriba, el sistema de subsidios condicionados necesita para su implementación inmensos gastos (aplicaciones informáticas que seleccionen y validen los datos, variedad de formularios, personal dedicado a su atención y proceso, etc.). La condicionalidad implica control, y el control implica gastos derivados de su gestión y administración. La Renta Básica, al ser universal, elimina por completo estos gastos. Todo el mundo tiene derecho a ella. 

 

3.- La estigmatización asociada a los subsidios condicionados. La RBU elimina la obligación a la que se enfrentan los candidatos a perceptores al tener que significarse, ante los funcionarios de las diversas Administraciones Públicas, al tener que identificarse como pobres, enfermos, incapaces, etc. Dicha estigmatización desaparece con la RBU. Nadie tiene que demostrar nada. Su nivel de ingresos únicamente tendrá que consignarse en la (posible) Declaración de la Renta de las Personas Físicas. 

 

4.- La cobertura insuficiente de los programas de Rentas Mínimas de Inserción. Porque como hemos indicado, se trata de programas que no llegan a alcanzar a la totalidad de la población que potencialmente podría ser beneficiaria de ellos, y además es insuficiente en su cuantía y en su duración, siempre limitada.

 

La Renta Básica Universal diluye todos estos problemas. Continuaremos en siguientes entregas.

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