Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
16 octubre 2018 2 16 /10 /octubre /2018 23:00
Viñeta: Anne Derenne

Viñeta: Anne Derenne

Estoy preocupado por dos cosas con igual intensidad: por la reacción miserable y egoísta de quien permite que se ahoguen inmigrantes en el mar y por la frivolidad y el egoísmo de quienes montan campos de concentración para ellos fuera de Europa. Europa no quiere asumir el problema de la inmigración y va a acabar con ella, porque a los inmigrantes no los va a parar nadie. Europa no es capaz de visualizar qué es lo que viene y no se sienta a pensar, porque supone cuestionarse muchas cosas, muchas políticas de armamento y de explotación de recursos naturales. Pero los problemas hay que asumirlos. Por eso planteo mi doble dolor: hay que atender ahora mismo a los inmigrantes, pero a continuación hay que ir al grano. Imaginemos que abrimos totalmente las fronteras y permitimos que continúen activas las situaciones que provocan que las personas huyan de sus países de origen, es decir, los conflictos y los gobiernos con los que colaboramos: entrarían en Europa millones y millones y harían bien en hacerlo. Pero, ¿qué habríamos resuelto? Llegará un momento en que no podrán ser atendidos. Entonces, lo que planteo es que hay que ayudar a quienes llegan y están aquí, e integrarlos, pero inmediata y simultáneamente, hay que acabar con las condiciones que provocan que esto se produzca. De lo contrario, objetivamente, el problema va a ser enorme, no lo va a parar nadie

Julio Anguita

En la última entrega describimos el contexto en que los tratados europeos entienden el fenómeno de las migraciones, y vamos a trasladarlo ahora al reflejo de la sociedad europea, con la presencia de las formaciones políticas de nuevo cuño con rasgos racistas y neofascistas. Desgraciadamente, la actual Unión Europea no sólo se ha convertido en una fortaleza hacia los migrantes, sino que ha resucitado el fantasma del fascismo. Italia, Hungría, Polonia, Holanda, Alemania, etc., han visto cómo formaciones políticas de extrema derecha llegaban a los Parlamentos regionales, nacionales e incluso al Parlamento Europeo, y por supuesto también a las instituciones, alcanzando incluso algunas carteras ministeriales. El discurso xenófobo, violento y racista cala hondo en una ciudadanía europea preocupada por el detrimento de sus Estados de Bienestar, y las fuerzas políticas de ultraderecha han sabido obtener rendimiento electoral de todo ello. Todo un discurso ultranacionalista, muchas veces como rígido eje conductor de todo su programa electoral, ha venido para quedarse y avanza peligrosamente en las encuestas de intención de voto. Sin ir más lejos, este domingo 14 de octubre tenemos elecciones en Baviera (Alemania), y la ultraderecha espera conseguir al menos un 10% del voto ciudadano. Este artículo de Alejandro Tena para el medio digital Publico realiza un exhaustivo análisis de este fenómeno, y vamos a seguirlo a continuación. La escalada del fascismo europeo no es espontánea, pues viene forjándose como fruto de un período de odio paulatino y progresivo hacia el extranjero. Años de racismo encubierto, tanto social como institucional, han permitido que estas opciones políticas obtengan una base electoral suficiente como para despegar su ideario, y llevarlo a los Parlamentos. En el fondo se trata de un pensamiento fascista manchado de algunos tintes de neoliberalismo económico, que ha venido calando desde el estallido de la crisis de 2007. 

 

El caso de Francia es paradigmático. Si bien es cierto que el Frente Nacional de Marine Le Pen ya tenía una presencia destacada en el país galo desde 1997, la crisis económica y el empobrecimiento de las clases populares provocó que este partido neofascista escalase posiciones de poder hasta conseguir el 21% de los votos en las últimas elecciones presidenciales francesas del pasado año 2017. Y por su parte en Grecia, despuntaba el partido filonazi Amanecer Dorado, cuya muestra de odio y violencia hizo estremecer a Europa y al país heleno que, azotado por los recortes y la precariedad (así como por la cobardía de sus dirigentes políticos), logró frenar algo al fascismo en las urnas. Con Amanecer Dorado, una formación que no tiene reparos en ensalzar públicamente la figura de Hitler y en portar simbología nazi, la ultraderecha se afianzó en Europa. Las clásicas formaciones de derecha y la socialdemocracia, impotentes para diseñar soluciones, se presentaban demasiado livianas para los sectores más radicales, y por ello, los partidos conservadores europeos empezaron a perder afiliados y seguidores en pro de las nuevas filiaciones radicalizadas como el FPÖ de Austria, la AfD de Alemania, los Finns de Finlandia, la Liga Norte italiana, los Sweden Democrats de Suecia, o el VOX español. Y así, usando una buena dosis de demagogia y envalentonándose en los diferentes foros, la ultraderecha va ganando terreno. Básicamente han asociado una crisis económica mundial (causada por los propios excesos y contradicciones del capitalismo neoliberal) con las oleadas migratorias que llegan al Viejo Continente. Su análisis es tan simplista como falso. Sus soluciones tan bárbaras como peligrosas. El caldo de cultivo que van sembrando es extremadamente tóxico, una vuelta al fascismo en toda regla. 

 

En menos de un año, el Gobierno ultraderechista de Austria ha anunciado medidas xenófobas como el cierre de mezquitas y el bloqueo de migrantes en sus fronteras. Además, se ha convertido en el principal socio internacional de Italia al consolidar un eje político que restringe la llegada de migrantes a Europa. Por su parte, la sensibilidad política y la concienciación antifascista de un país como Alemania no pudieron impedir que el partido de ultraderecha Alternativa por Alemania (AfD) expusiese su discurso de odio por todo el país. Y debido a ello, en las pasadas elecciones generales se convirtieron en la tercera fuerza política más votada, además de conseguir representación en 16 Parlamentos regionales en las elecciones de 2016. Alejandro Tena lo explica en los siguientes términos: "La efervescencia del discurso xenófobo de la derecha alemana responde a una dinámica política bastante común en Europa durante los últimos años. Se trata de un falso lavado de cara de la ideología más extrema, similar al empleado por Trump durante su campaña electoral del "Make America Great Again". La xenofobia y los discursos migratorios estarían, con esta fórmula, justificados por la realidad de lo políticamente incorrecto". No obstante, en Alemania existe una fuerte contestación social a este fenómeno fascista. De hecho, tras su triunfo electoral, miles de manifestantes salieron a las calles de Berlín para gritar "¡Nazis fuera!" y "Refugiados bienvenidos". En el caso de Hungría, la victoria de Víktor Orbán representó un gran triunfo para la ultraderecha, que se aprestó a afirmar "No aceptaremos a ningún inmigrante". Este veterano político, con tres mandatos a sus espaldas, representa claramente un referente para los Salvini, Le Pen o Strache en sus respectivos países. Orbán fue de hecho uno de los primeros en señalar con el dedo a los migrantes y reclamar barreras contra los extranjeros que piden asilo en Europa. 

 

Pero la sombra del fascismo es aún más alargada, pues ni Holanda ni los países nórdicos escapan a su radio de acción. Y así, Finlandia, Suecia y Dinamarca también se han apuntado al carro de la intolerancia y la xenofobia, implementadas en diversas formaciones políticas que comparten ideario con sus homólogas. En el caso de Holanda, el PVV de Wilders logró convertirse en la segunda fuerza parlamentaria de los Países Bajos, rozando la victoria en los comicios de 2017. Y este mismo personaje fue portada en la prensa internacional después de haberse declarado como el inventor del Trumpismo. Algo similar ocurrió en Dinamarca, donde el Dansk Folkeparti obtuvo el respaldo del 21% de los votantes. En el caso de Finlandia, los Finns (Verdaderos Finlandeses, pues su carga nacionalista es otra de sus características) experimentaron un crecimiento importante después del estallido de la crisis. Tanto que, mientras en 2007 sólo tenían 5 representantes parlamentarios, en las últimas elecciones de 2015 consiguieron 38 escaños gracias al respaldo del 17,65% de los votantes. Y también tenemos al SD sueco, que se convirtió en la tercera fuerza política con 49 escaños, y que trata de revalidar sus resultados. Y así llegamos al mix italiano, compuesto por el Gobierno de la Liga Norte y el Movimiento 5 Estrellas, que han encumbrado al provocador personaje de Matteo Salvini como Ministro de Interior, vocero del fascismo europeo y por ello quien más acapara las portadas internacionales. En constante enfrentamiento con las ONG's que tratan de salvar vidas en el Mediterráneo, el político milanés ha enarbolado la bandera del discurso supremacista y se ha presentado como el salvador de la "identidad del pueblo europeo". Ha criticado sin ambages las decisiones de sus colegas europeos, y entre sus polémicas medidas, decidió cerrar los puertos de Italia a los barcos que patrullan cerca de las costas de Libia para rescatar a personas que huyen del horror y de la muerte. 

 

¿Y qué ocurre en nuestro país? Pues que tanto el nuevo PP de Pablo Casado, como el Ciudadanos de Albert Rivera muestran continuos coqueteos y complicidades discursivas con las ideologías extremistas europeas. Las falacias vertidas por Pablo Casado ya las hemos analizado en un artículo anterior de esta misma serie, y por tanto no insistiremos en ellas. Pero desde C's, el segundo partido de la derecha española, también ha habido guiños al discurso antimigrantes. Rivera, aunque de una forma más discreta, se alía con el discurso racista y xenófobo, alegando la propagación de "efectos llamada" y demás falacias por el estilo. Además, la formación naranja ha impulsado recientemente una campaña en las redes sociales, que trata de criminalizar a los manteros y vendedores ambulantes, a quienes califican como "las mafias que ocupan las calles ilegalmente". No obstante, la ultraderecha española se aleja del euroescepticismo y del proteccionismo económico por los que abogan algunos otros líderes europeos de formaciones políticas similares. Y hablando de la ultraderecha española, no se nos puede olvidar el caso de Vox, cuya masiva reaparición pública ha sido tratada por prácticamente todos los medios. Vox es la ultraderecha sin complejos, a las claras. En algunos asuntos llegan incluso más allá que sus homólogos nacionales de PP y C's. Proponen la deportación de los inmigrantes ilegales a sus países de origen, la deportación de los inmigrantes que estén de forma legal en territorio español pero que hayan reincidido en la comisión de delitos leves o hayan cometido algún delito grave, el cierre de mezquitas, la expulsión de los imanes que propaguen el integrismo, el menosprecio a la mujer (cuando son ellos mismos los que la menosprecian, proponiendo acabar con la "ideología de género") o la yihad, etc. Como vemos, nuestro país no se queda atrás, desgraciadamente, en la cantidad de fuerzas políticas que se encuadran en la extrema derecha nacionalista y xenófoba. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías