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23 noviembre 2018 5 23 /11 /noviembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: https://www.contrainfo.com/

Fuente Viñeta: https://www.contrainfo.com/

La situación es evidentemente antidemocrática y una de las maneras mediante las que se oculta es la caridad ostentosa, la cual, tal y como hemos mostrado a través de la historia, es una manera de hacer parecer respetable e incluso benditas a las grandes fortunas. Criticamos las versiones modernas de la caridad como parte de la política económica, haciendo que los famosos superricos (que roban la libertad de los demás) parezcan buenas personas en su fachada altruista; criticamos su actividad institucional altamente corrupta, y cuando es practicada como humanitarismo y filantrocapitalismo

Julie Wark y Daniel Raventós

En nuestra última entrega ya adelantamos una idea que vamos a desarrollar más profundamente aquí, y que se refiere a la conclusión general de que los obstáculos para implementar una Renta Básica Universal no obedecen a inconvenientes económicos ni de financiación, sino que son exclusivamente políticos. Diversos autores, entre ellos el equipo de la Universidad Autónoma de Barcelona (con Daniel Raventós al frente) han demostrado en diferentes estudios que se pueden consultar libremente en Internet que la financiación para una RBU es posible, justa y necesaria. Luego inferimos claramente que no se hace porque nuestros gobernantes tienen otros lineamientos políticos, que básicamente convergen en que no entienden esta medida, no la legitiman, no la comprenden, no la comparten, o no tienen la suficiente información. Por debajo de todos estos juicios absurdos sobre la RBU únicamente existen prejuicios sobre lo que ellos entienden por trabajo humano, tal como lo entiende el sistema capitalista, al que ya hemos aludido en entregas anteriores. Para exponer todo esto con un poco más de calma, vamos a tomar como referencia a continuación este artículo del medio Cuarto Poder donde Roberto Sirvent entrevista a Julie Wark y Daniel Raventós sobre este asunto. Hemos de partir de la base de considerar como un derecho humano fundamental el referido a la existencia material. Y es fundamental porque sin él, ningún otro derecho podría existir, incluido el derecho a la vida. En nuestras modernas sociedades, al lado de insultantes cantidades de riqueza para unos pocos, estamos fomentando la extrema pobreza para muchos, y condenando incluso a la muerte en los casos más extremos. Y así, bajo el disfraz de la caridad moderna (organizaciones religiosas, ONG's, organizaciones de beneficencia, etc.) se respaldan escandalosas concentraciones de riqueza, y lo peor de todo, que los Gobiernos continúen sin redistribuir la misma de una manera más o menos justa y equitativa. 

 

Más bien al contrario, las políticas siguen insistiendo en favorecer la arquitectura de la desigualdad, cuyos distintos flecos, variantes y facetas estamos analizando en la presente serie de artículos (paraísos fiscales, fiscalidad regresiva, deudas públicas disparadas, hegemonía empresarial en las leyes laborales, etc.). Se impone el discurso de la caridad institucionalizada (precisamente por estas fechas hacen campaña los Bancos de Alimentos, que solicitan altruistas ayudas a toda la población para poder ayudar a los más necesitados). La función social de equidad de los Gobiernos queda trastocada, en favor de los poderosos, que lavan su imagen a través de diversas campañas de "solidaridad". Los autores de referencia aseguran en su libro "Against Charity" que "La caridad es, por definición, una relación arbitraria altamente desigual en la cual los destinatarios, incapaces de ejercer sus derechos de ciudadanía, son impotentes y así han de seguir". Es una forma de legitimar la existencia de los pobres, que se consideran como una especie de mal colateral. Lo que ocurre es que las ideologías ocultan y deforman la realidad, crean excusas para deslegitimar determinadas medidas, y fabrican impedimentos disfrazados de "imposibilidad económica", cuando lo único que existen son prejuicios morales fabricados por la filosofía capitalista. Por ello, el mejor modo de desmantelar sus espurios argumentos es explicar por qué son falsos y proveer datos y ejemplos para poder probarlo. Wark y Raventós explican en este sentido: "La ciencia y la tecnología nos dicen qué se puede y qué no se puede hacer, pero lo que debemos y no podemos tener o hacer son decisiones políticas, y las dos esferas están convenientemente confundidas".  Los reaccionarios conservadores y los economistas ultraliberales nos dicen poco menos que así está hecho el mundo, pero es una manera de ocultar que ellos no quieren cambiar ese mundo. Y lo cierto es que una Renta Básica Universal puede ser perfectamente financiada mediante una justa redistribución de la riqueza. 

 

Básicamente, se necesita una gran reforma fiscal que sea verdaderamente progresiva (es decir, que haga pagar más a quien más tiene y más cobra), apoyada por una convergencia de todas las demás prestaciones sociales del Estado (desempleo, prestaciones no contributivas, pensiones de todo tipo, etc.) en el epicentro de la Renta Básica Universal. La guinda del pastel es obtener más ingresos del Estado mediante medidas como un repudio de la deuda pública que se considere (tras un proceso de Auditoría Ciudadana de la misma) insostenible, ilegal u odiosa (es decir, creada de forma ilegítima). Si además de todo ello conseguimos disminuir otras partidas de los Presupuestos Generales del Estado (como las dedicadas a la Iglesia Católica o a las Fuerzas Armadas), tendremos la situación ideal para poder financiar sin ningún problema una RBU, que como estamos afirmando, es una medida de absoluta e imprescindible justicia social. También podemos clamar contras las voces que argumentan que la Renta Básica Universal no existe en ningún lugar del mundo. De entrada, jamás he entendido por qué ese es un argumento válido: todas las medidas económicas se han tomado por primera vez en algún sitio, luego está claro que alguno tiene que ser el primero para poder demostrar su eficacia o utilidad. Pero es que además, en el caso que nos ocupa, conocemos convincentes estudios sobre los efectos positivos de programas piloto de RBU en lugares como Namibia, Kenia, India, Barcelona y Finlandia, consiguiendo demostrados efectos positivos en la autonomía de las mujeres, escolarización, niveles de criminalidad y salud mental, por ejemplo. Algunos de dichos experimentos los comentaremos con más profundidad en su momento. Luego por tanto, desmentimos también desde aquí que la RBU no haya sido puesta en práctica en ningún lugar. 

 

Y también desmentimos que su financiación sea imposible, como determinados medios de comunicación (esos que únicamente trasladan el pensamiento dominante) se empeñan en difundir. Eso ocurre porque detrás tienen haciendo los cálculos, por ejemplo y sin ir más lejos, al Servicio de Estudios del BBVA, los mismos que también difunden que el Sistema Público de Pensiones es insostenible, y otros engañosos mantras neoliberales. Tal como señalan en este artículo del digital Sin Permiso Jordi Arcarons, Daniel Raventós y Lluís Torrens: "lo relevante es el coste neto de la medida, calculada como la suma de lo que pagarían de más los ricos en impuestos restando lo que recibirían de RB, y lo superfluo, pero donde ponen el énfasis, su coste bruto". Éste es el razonamiento que se pretende siempre ocultar por parte de algunos economistas neoliberales. Y si existen lectores o lectoras que piensen que este sistema ya existe en nuestro país, se (o los) están engañando. Nuestros sistemas de rentas mínimas garantizadas, sean las variantes que sean, de las Comunidades Autónomas donde se han implantado (la vasca, la catalana, la andaluza, la valenciana...) continúan adoleciendo de los mismos males y defectos que ya hemos venido comentando en anteriores entregas. Ni son universales (no se conceden a todo el mundo, sino a los que cumplen determinados requisitos muy excluyentes sobre el total de la población necesitada), ni son incondicionales (plantean el concurso de una serie de condiciones, como venir de una situación de desempleo, tener rentas inferiores a un determinado nivel, estar determinadas por la unidad familiar...), ni son individuales (sino que se conceden a las personas o familias en función de criterios evaluados sobre el cómputo general familiar, donde cuentan la renta de otras personas, la presencia de menores o discapacitados...). En los casos más frecuentes, además, las personas han de tener una edad determinada, haber agotado otros itinerarios de prestaciones, o esperar un determinado tiempo entre una y otra prestación. 

 

Los indecentes políticos que nos gobiernan nos venden una idea de lo que luego no es, y además lo hacen a bombo y platillo. Lo que la RBU propone es que esta renta mínima existe siempre, desde que el individuo nace hasta que muere, y no se revoca jamás, dan igual el resto de circunstancias que rodeen su vida personal, familiar o social. La RBU define un modelo de renta mínima intransferible, perpetua e inembargable, con lo cual garantiza, como venimos exponiendo, que la pobreza deja de existir en nuestra sociedad. Hemos de pensar, entonces, que lo que realmente se esconde detrás de las negativas a implantarla es que existe un gran interés en que la pobreza continúe existiendo. Esta es la madre del cordero. Páginas y páginas de instrucciones, explicando las condiciones y requisitos que hay que cumplir, complejas aplicaciones informáticas que evalúan las condicionalidades exigidas, y legiones de funcionarios dedicados a velar por la "correcta" aplicación de la ley (como si ésta fuese la suprema expresión de la justicia), que "básicamente significa controlar que nadie cobre un euro de más sobre lo que se merece" (en expresión de nuestros autores de referencia). Si los mismos esfuerzos que se dedican a este control se dedicaran al fraude fiscal de grandes corporaciones, otro gallo nos cantara. La RBU también favorecería el clima para el reparto del trabajo, una fenomenal medida para repartir el empleo existente de una forma inteligente, porque como hemos indicado, cualquier otra fuente de ingresos adicional no causaría nunca la pérdida de la RBU. Y en cualquier caso, la RBU se enfrenta y pone en crisis la idea del Empleocentrismo actual (concepto que hemos puesto en debate en entregas anteriores), favoreciendo la extensión de otras acepciones, variantes y posibilidades para el trabajo humano, remunerado o no, rentable económicamente o no, que amplíen nuestro derecho a un trabajo en el sentido más social, universal y liberador del término, y no prejuicien a una gran cantidad de personas por las tareas que lleven a cabo. Por todo ello, entendemos que la RBU es una medida política y social de extrema urgencia (la tasa de pobreza y exclusión social en nuestro país es ciertamente elevada, así como los índices de desempleo), además de un instrumento de liberación para la clase trabajadora de clara importancia. Continuaremos en siguientes entregas.

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