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14 noviembre 2018 3 14 /11 /noviembre /2018 00:00
Viñeta: Hamra

Viñeta: Hamra

Los flujos de capital dan la vuelta al planeta en minutos. Las Bolsas de las grandes capitales hacen y deshacen durante todo el día, variando las horas según las latitudes. El desplazamiento de los seres humanos conoce vallas, muros, costas hostiles, alambrados. No es un mundo ideal ni fragante aquel en el que los mercados financieros son más libres que las personas. Y, para colmo, más poderosos

Mario Wainfeld

Continuando con la visita a los diferentes muros que constituyen esta fuente de ignominia para el ser humano, reflejo de esta política de fronteras universal cada vez más deshumanizada, tenemos que mencionar también el que se conoce como el "Telón de Bambú". Se trata de la valla que separa a la Península de Corea en dos países (la Corea del Norte y la del Sur), ubicado en el Paralelo 38. Este muro también tiene su historia particular. Tras la rendición de Japón en la II Guerra Mundial ese paralelo fue establecido como el límite entre la zona ocupada por las fuerzas de la ex Unión Soviética (al norte de dicho paralelo) y las fuerzas estadounidenses (las ubicadas en el sur). En 1948, ese paralelo se convirtió de facto en la frontera entre dos naciones creadas como producto de la división ideológica de un mundo de posguerra: la República Democrática de Corea y Corea del Sur, con respectivas capitales en Pyonyang y en Seúl. En 1950, fuerzas militares de Corea del Norte dirigidas por Kim Il Sung invadieron el territorio al sur del paralelo 38, con el apoyo de voluntarios chinos y dotados de armamento soviético. Por su parte, fuerzas de la ONU, encabezadas por tropas norteamericanas, contrarrestaron aquél ataque enfrascándose en una lucha que se prolongaría durante tres años, y que se conocería como la Guerra de Corea (1950-1953). La contienda fue cruel y devastadora, muriendo en total unos tres millones de personas entre las cuales se encontraban civiles de ambas Coreas, militares y también miembros del ejército norteamericano (55.000 muertos) y 500.000 milicianos chinos. En 1953 se firmó el armisticio que fijó la nueva frontera a través de la mitad de la denominada "zona desmilitarizada", que corta el paralelo 38 en un ángulo agudo de suroeste a noroeste. Desde entonces, la enemistad entre Corea del Norte y Estados Unidos es manifiesta, y se mantienen pulsos y períodos de guerras frías entre ambos países que de no controlarse pueden poner en jaque la seguridad de ambas Coreas y de sus países aliados. 

 

Pero vayamos al muro en cuestión. Con 4 kilómetros de ancho y 250 kilómetros de largo esta extensa frontera militarizada de un extremo a otro ha continuado siendo la línea divisoria entre dos mundos opuestos en lo político y en lo económico. De un lado, una Corea del Sur con fuerte influencia occidental, aliada de Estados Unidos en el plano militar y en el económico. Y de otro, una Corea del Norte cercana a China, con un sistema político y económico que es considerado uno de los regímenes más herméticos y enigmáticos del mundo. Y como decimos, esa frontera es una de las divisiones más tensas a nivel mundial, con más de 60 años de historia, y que desde entonces ha sido hostigada por el imperialismo norteamericano. Y continuando nuestra visita por los actuales muros, no podemos dejar de mencionar la Muralla Al Saud. Con el objetivo de defender la Monarquía Wahabita de los vaivenes bélicos e intervencionistas en Oriente Medio y el Golfo Pérsico, la Casa Real saudita ha comenzado a fortificar su territorio para aislarlo a lo largo de 9.000 kilómetros de fronteras, en la que será la barrera de seguridad más larga y costosa del mundo, ya que acordonará Arabia Saudí de todos sus vecinos fronterizos: Irak, Yemen, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos, Omán, Kuwait y Jordania. Este proyecto, que ya tiene algunos tramos concluidos, está siendo llevado a cabo por el consorcio de Defensa y Seguridad EADS y Al Rashid Trading & Contracting Co., que tienen también participación en la construcción del Muro de la Infamia de Cisjordania y que prestaron su asesoría para la construcción y mantenimiento del Muro de la Vergüenza que separa a las comunidades saharauis del Sáhara Occidental (ambos tratados en entregas anteriores). 

 

Este proyecto por tanto aún está en construcción, y ofrece diversa arquitectura. En las zonas donde haya más presencia de ciudades y pueblos las autoridades sauditas han señalado que se contará con una barrera física, y en las zonas menos pobladas y desérticas el proyecto se proveerá de vigilancia satelital, cámaras, radares, sensores electrónicos, centros de detección costeros y aeronaves de reconocimiento para detectar posibles intrusos y enviar patrullas de intervención rápida. Ya existe en la frontera con Yemen una estructura divisoria de 1.800 kilómetros de largo, consistente en una red de sacos de arena y tuberías rellenas, dotadas a su vez de equipos y sensores de detección electrónica. Esta división se unirá al muro de 900 kilómetros de largo anunciado por el Rey saudita Abdalá Bin Abdelaziz en septiembre de 2014, que permitirá según el monarca "disminuir el número de infiltrados y de traficantes de drogas, armas y ganado hasta cero", es decir, aislar al Reino Wahabita de los acontecimientos en su vecino Irak. Pero el verdadero objetivo es proteger a Arabia Saudí de la influencia de una de las perversas criaturas que ésta ayudó a crear, como es el Movimiento Takfirí Estado Islámico (Daesh en árabe) que ya tiene bajo su control vastas áreas del norte de Siria y del norte iraquí. Esta construcción estará dotada de 5 capas, con torres de vigilancia, vehículos y radares, 8 puestos de control y dirección, 32 centros de reacción rápida, 3 destacamentos de tropas de intervención inmediata, varias torres de control, 50 radares y 10 vehículos de vigilancia. Toda una infraestructura puesta al servicio de la protección de las fronteras de un país que es el verdadero santuario del wahabismo, una de las corrientes más fundamentalistas del Islam, y que es conocido por su absoluto desprecio a los derechos humanos, sometiendo y controlando vilmente a las mujeres, y ejecutando a todos los discrepantes y disidentes del régimen de forma cruel y abominable. De hecho, las abyectas prácticas del Estado Islámico están inspiradas en las que Arabia Saudí ejecuta con sus "infieles". 

 

Y así hemos llegado a nuestras vallas de la indignidad, las que nuestro país posee y que han sido levantadas para controlar la inmigración proveniente del Norte de África. España, otrora país de emigrantes hacia otros países europeos, controla nuestra frontera sur con mano de hierro, impidiendo las aspiraciones de miles de personas, que intentan alcanzar suelo español (europeo) anhelando mejores condiciones de vida. Y así, en su papel de vigilante, intentando poner freno a esos afanes, España en sus enclaves coloniales de Ceuta y Melilla, por decisión de sus socios comunitarios decidió construir a finales del siglo XX dos barreras físicas en los límites de esas dos ciudades autónomas ubicadas en suelo norteafricano, que representan la entrada más directa a suelo europeo desde el lado africano del Estrecho de Gibraltar. La ciudad de Ceuta, con 8,2 kilómetros de valla metálica y alambradas, unido a la de Melilla con sus 12 kilómetros del mismo material, están dotadas de cámaras infrarrojas, difusores de gas lacrimógeno, detectores de movimiento, cuchillas (concertinas) en las alturas de las rejas, sistemas que impiden colocar escaleras, cables trenzados y vigilancia a cargo de tropas armadas. A todo ello se unen puestos de control de la Guardia Civil y Policía de fronteras, pero aún a pesar de todo ello, cientos de migrantes consiguen de vez en cuando entrar en oleadas a nuestro territorio. Ceuta y Melilla constituyen los cercos de nuestra indignidad, de la injusticia, paradigma de lo que el propio Occidente ha hecho de las bondades de sus sistemas "de libertades", sistemas que después cierran de un portazo en las narices de miles de "indeseables". Ceuta y Melilla son nuestros muros de la vergüenza española. Son muros que reflejan la prepotencia, la crueldad y la desigualdad, y que separan el "mundo avanzado" de la pobreza y de la miseria a las que condenan al otro mundo. 

 

El caso de las vallas de Ceuta y Melilla es el mismo del muro de segregación entre México y Estados Unidos, y también el del muro existente entre Zimbaue y Botswana, en materia de inmigración: el corazón del problema es la desigualdad. La desigualdad entre continentes, entre países, entre civilizaciones, entre mundos separados, incluso en el interior de países. La desigualdad que condena, que mata, que cronifica enfermedades, que hace padecer hambre, que anula cualquier proyecto de vida digno, y que es el motor principal que empuja a estas personas a emigrar, porque lo último que se le puede negar a un ser humano es el "Derecho de fuga" (en expresión de Sandro Mezzadra). La causa última son las profundas diferencias entre un sector del planeta y otro que se hunde en un mar de miseria. Y todo ello continuará mientras no se tomen medidas de calado, y se adopten decisiones que ataquen al fondo de estas circunstancias. Hacen falta medidas estructurales que acaben con esta situación. Una situación que no mermará por muy altas que sean las rejas, por muchas patrullas de vigilancia que se coloquen, por muy sofisticadas que puedan ser las tecnologías que se empleen. Pablo Jofré Leal, en su artículo de referencia, lo ha expresado de forma brillante: "El desarrollo social, económico, el fortalecimiento de las estructuras democráticas, pero también el respeto a la historia y costumbres de los países de origen de los inmigrantes debe ser una tarea compartida, tejiendo alianzas que permitan potenciar las capacidades de cada uno de esos países, invertir en desarrollo y no en caridad. Sustentar un comercio justo, pagando precios reales por los productos que los países más desarrollados importan. No seguir en el abuso crónico de nuestras naciones, en un neocolonialismo donde se niega el acceso a tecnologías, a patentes farmacéuticas, a inversiones que potencien la industria local, que protejan a los pequeños agricultores, que globalice los intereses de los ciudadanos y no sólo el capital financiero. Medidas complejas, difíciles y de escasa recepción porque el modelo de desarrollo de nuestro planeta está basado, precisamente, en la explotación de otros seres humanos, por parte de aquéllos que suelen proteger sus torres de marfil". Abajo las torres de marfil. Adelante una nueva Política de Fronteras. Continuaremos en siguientes entregas.

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