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28 noviembre 2018 3 28 /11 /noviembre /2018 00:00
Viñeta: Fernando Asian

Viñeta: Fernando Asian

La presión migratoria seguirá existiendo mientras existan los actuales niveles de desigualdad: Los asaltos a la frontera en Ceuta y Melilla no responden a explicaciones conspiratorias ni nada por el estilo. Los africanos saben cuál es el nivel de desigualdad que hay entre Europa y sus países de origen. Por eso vienen. Por ejemplo: el PIB de España, con 47 millones de habitantes, es superior al agregado de los 53 países africanos con sus 1.300 millones de habitantes. Nuestro país tiene el récord mundial de desigualdad con respecto a sus vecinos

Iñigo Moré (Autor de “Borders of Inequality”)

Durante las últimas entregas hemos ido revisando los diversos muros de todo tipo (físicos, pero también morales, ideológicos, sociales, económicos, políticos, etc.) que se levantan sobre pueblos, naciones, países y continentes. Nuestro caso europeo es el que más nos preocupa por cercanía, pero todo lo que aquí contamos es extrapolable al resto del planeta. Los muros son el gran enemigo a abatir. En este artículo se nos informa que los Estados de la Unión Europea y del Espacio Shengen han levantado cerca de 1.000 kilómetros de muros para frenar los flujos migratorios. ¿Han disminuido? Más bien al contrario. No es, por tanto, un problema de muros. Los muros sólo convertirán en sufrimiento lo que es un proceso humano condicionado por las desigualdades, por el desempleo, por las guerras, por las hambrunas, por la falta de expectativas vitales. Tenemos muros físicos, armados, virtuales, marítimos, terrestres, fronterizos...y los muros del miedo. Si nos fortificamos cada vez más lo único que conseguiremos es ignorar el problema, maltratar aún más a los migrantes que lo intenten, pero no disminuiremos el número de migrantes, ni acabaremos con el fenómeno. Mirar hacia otro lado, aislarnos de ese mundo que viene a nosotros porque nosotros lo hemos dejado sin nada no es opción. Tarde o temprano se volverá en nuestra contra. El informe referido ("Levantando muros. Políticas del miedo y securitización en la Unión Europea") cuenta que de la existencia de dos muros en suelo europeo existentes en la década de los años 90 del pasado siglo, hemos pasado a 15 en el año 2017, siendo el año 2015 cuando más se materializó este aumento, con la construcción de 7 nuevos muros. Un total de diez de los 28 Estados miembro de la Unión Europea (España, Grecia, Hungría, Bulgaria, Austria, Eslovenia, Reino Unido, Letonia, Estonia y Lituania) han erigido muros en sus fronteras por razones exclusivamente migratorias, como también lo ha hecho Noruega (perteneciente al Espacio Schengen). 

 

A los muros terrestres que fortifican Europa, también hay que sumarle los muros marítimos, como nuestro Mar Mediterráneo. A este respecto, Ainhoa Ruiz Benedicto, investigadora del Centre D'elas y coautora del citado informe, apunta lo siguiente: "Ninguna de las principales operaciones europeas en el Mediterráneo ha tenido como mandato principal el rescate de personas. Todas las operaciones siguen el objetivo de erradicar la criminalidad en las zonas fronterizas y frenar la llegada de personas desplazadas. Sólo una, Mare Nostrum, llevada a cabo por el gobierno italiano, llegó a incluir organizaciones humanitarias en su flota, y fue reemplazada por la Operación Tritón de Frontex, con un presupuesto menor. Este tipo de medidas alimentan que se trate a las personas refugiadas y desplazadas como criminales". Paralelamente, el aumento de los programas europeos de control y vigilancia de la circulación de personas, y de recogida y análisis de datos biométricos (huellas dactilares, escáner del iris, rasgos del rostro o de la voz, etc.) representan los muros virtuales analizados en dicho informe. "Estas medidas han aumentado la sociedad del control y la vigilancia a la vez que han securitizado el movimiento de las personas, que se concibe como una amenaza", dice la referida investigadora. Toda esta deriva criminalizadora de los migrantes es casi un fenómeno mundial, que estamos viendo en prácticamente todos los lugares del mundo donde se produce este tipo de fenómenos. En el corazón de todo este proceso de criminalización se sitúa el discurso de corte neofascista que muchas formaciones políticas de nuevo cuño (y otras más antiguas) están ofreciendo a la ciudadanía europea, pues prácticamente florecen en todos los países de nuestro entorno. En este sentido, el informe analiza de qué manera los muros mentales que han sido creados a partir de la narrativa del miedo, promovidos por mensajes xenófobos y racistas por parte de partidos de extrema derecha en auge en Europa, y la identificación de las personas migrantes y refugiadas como una amenaza para las sociedades europeas, están justificando la construcción de muros físicos y virtuales. 

 

Se refuerza así el peligroso imaginario colectivo que refleja un interior "seguro" y un exterior "inseguro" (Donald Trump comenzaba un reciente tuit declarando que el mundo era "un lugar peligroso"). Los datos analizados en el informe muestran un ascenso preocupante de las opiniones racistas durante los últimos años, hecho que ha aumentado el porcentaje de votos a partidos europeos de ideología xenófoba, facilitando así el crecimiento de su influencia política. Más en concreto, un total de 10 de los 28 Estados miembro de la Unión Europea (Alemania, Austria, Dinamarca, Finlandia, Francia, Holanda, Hungría, Italia, Polonia y Suecia) tienen partidos xenófobos con presencia importante en la sociedad y en sus parlamentos, que han obtenido más de medio millón de votos en elecciones celebradas desde el año 2010 en adelante, y que, a excepción de Finlandia, han aumentado desde entonces su representación parlamentaria. Estos partidos, incluso en los casos en que son minoritarios, se observa que poseen una influencia indebida en las políticas migratorias de sus respectivos gobiernos. Pere Brunet, otro de los coautores del informe, concluye: "De este modo, en Europa se han ido construyendo estructuras y discursos de violencia que nos alejan de las políticas de defensa de los derechos humanos, de la convivencia, de la igualdad y de relaciones más equitativas entre territorios". Y este hecho va en aumento. Es así de triste. En nuestro país, la formación emergente Vox es la más fiel seguidora de los postulados racistas y xenófobos, y ojalá no se confirme, pero algunos estudios de opinión le asignan ya algunos escaños en ciertos parlamentos. En resumidas cuentas, la Unión Europea está abordando el asunto de la inmigración no sólo desde un punto de vista absolutamente injusto, sino además terriblemente inhumano, insolidario y hasta criminal.

 

El respeto al marco legal internacional sobre los Derechos Humanos, así como al resto de tratados humanitarios que Europa tiene firmados, brillan por su ausencia. La UE está abordando los flujos migratorios mediante políticas que se demuestran fallidas, que se basan en la fortificación, en el aislamiento, en la construcción de muros, el cierre de fronteras, el aumento de la vigilancia, la securitización y la suspensión de la libre circulación. Todas estas políticas erróneas, todas estas medidas están reforzando la idea de la Europa Fortaleza, con muros físicos, políticos y sociales que se erigen para una mayor seguridad frente a una supuesta amenaza, pero que finalmente resultan cada vez más peligrosos para las vidas y los derechos de las personas, tanto dentro como fuera de los Estados europeos. En concreto, además del muro noruego, existirían cuatro zonas donde se han erigido barreras: las Repúblicas Bálticas (donde Estonia, Letonia y Lituania han construido muros en sus fronteras con Rusia), la llamada "Ruta de los Balcanes" (con vallas construidas por Austria, Eslovenia, Hungría, Macedonia, Bulgaria y Grecia), los enclaves españoles en el norte de África (las vallas de Ceuta y Melilla), y el muro interno levantado en Calais (Francia), puerta de entrada al Reino Unido, donde además se desmantelaron hace un año los campamentos de refugiados que allí existían. Hay que derribar todos estos muros, pero también los muros de las mentalidades europeas que criminalizan al migrante, y que lo colocan como chivo expiatorio de los problemas internos de cada país, que en el fondo se deben a la propia política de la Unión Europea. La extrema derecha se basa como uno de sus puntales ideológicos en la culpa al extranjero, una criminalización fácil donde dirigir la frustración interna de sus sociedades, que se rebelan ante la austeridad que asfixia a la población trabajadora. Pero vamos a plantear una reflexión interesante a partir de este hecho, para comprobar hasta qué punto los postulados racistas son los que persisten en el fondo del imaginario colectivo de estas formaciones políticas, que luego a su vez intentan trasladar al resto de la sociedad. 

 

Y vamos a hacerlo con la ayuda del Profesor Jorge Majfud, que lo plantea en este artículo para el digital Rebelion bajo el sugerente título de "El racismo no necesita racistas". El mensaje de fondo es bien simple: si el racismo es el discurso dominante, basta con que cualquier persona lo legitime, se adscriba a él, para que pase a ser racista, aunque crea que no lo es. Majfud parte de un enunciado que parece ser inocente, pero que no lo es: "Una persona no necesita ser racista para defender las fronteras o las leyes". Correcto hasta aquí. Bajo una primera lectura, la frase parece ser irrefutable. Sin embargo, si no nos quedamos en la superficie, y ahondamos un poquito más, veremos su auténtico mensaje de fondo. Porque basta con que tomemos en consideración la historia reciente y un contexto presente más amplio, para que enseguida salte un patrón de enfoque abiertamente racista. Como ejemplo de ello, Jorge Mafjud nos ilustra con la frase del novelista francés del siglo XIX Anatole France, quien proclamó: "La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan". Aplicado al rico, parece muy evidente (nunca tendrán que hacerlo), pero la cosa varía si la aplicamos al pobre...La conclusión está clara: uno no necesita ser clasista para apoyar una cultura clasista. Uno no necesita ser machista para reproducir el machismo imperante. Es decir, con frecuencia basta sólo con reproducir, de forma acrítica, una cultura dominante y defender alguna que otra ley, para participar de su fondo, de su mensaje, de su injusticia. Vemos lo que se nos muestra, pensamos lo que se nos expresa, y a esto lo llamamos "objetividad". Pero no es tal.

 

Es el condicionante, la presión del imaginario colectivo de la cultura donde estamos insertos, lo que provoca que, al menos de entrada, pensemos de determinada manera, elaborando un juicio, o mejor dicho, un prejuicio. El verdadero pensamiento crítico es el que obedece a poder escaparse mentalmente del imaginario colectivo, poder plantearnos otras premisas, otros valores, admitir otras posibilidades, y entonces nuestra opinión sí será totalmente libre. Jorge Majfud concluye contundentemente: "Claro, si uno es un hombre de bien y está a favor de hacer cumplir las leyes como corresponde, no por ello es racista. Uno no necesita ser racista cuando las leyes y la cultura ya lo son. En Estados Unidos nadie protesta por los inmigrantes canadienses o europeos. Lo mismo en Europa y hasta en el Cono Sur. Pero todos están preocupados por los negros y los mestizos híbridos del sur. Porque no son blancos, buenos, y porque son pobres, malos. Actualmente, casi medio millón de inmigrantes europeos viven ilegalmente en Estados Unidos. Nadie habla de ellos, como nadie habla de que en México vive un millón de estadounidenses, muchos de ellos de forma ilegal". Desconfiemos, por tanto, cuando alguien nos asevere que "sólo quiere que se cumplan las leyes", o que "le gusta que se las leyes se respeten", porque eso no nos asegura que su juicio sea justo. Detrás de dichas leyes normalmente existe un contexto más o menos extenso de prejuicios que dichas leyes manifiestan, encubren y delimitan...La simple reproducción del discurso dominante es una herramienta muy potente. Y así, en cada trabajador de piel oscura se ve un criminal, porque las mismas leyes de inmigración tienen pánico de los trabajadores pobres. Continuaremos en siguientes entregas.

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