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14 diciembre 2018 5 14 /12 /diciembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: Frente Cívico "Somos Mayoría"

Fuente Viñeta: Frente Cívico "Somos Mayoría"

El grueso de las tradiciones emancipatorias que han arribado al mundo moderno afanándose en contradecir la dinámica desposeedora del capitalismo ha coincidido en señalar la importancia del vínculo existente entre seguridad socioeconómica, poder de negociación y libertad para lograr una conformación verdaderamente colectiva y democrática de las distintas esferas del mundo en el que vivimos. Así, no nos basta con la asistencia ex-post a quienes salen perdiendo de una interacción ineluctable con un status quo también ineluctable; se precisan estructuras de derechos que blinden ex-ante aquellos recursos que, al garantizar nuestra existencia material básica, puedan actuar como mecanismo para la puesta en funcionamiento de vidas realmente nuestras

David Casassas

Pero este ingreso social universal que supone la RBU ha de descansar sobre modelos de sociedad más justos y democráticos que los que ahora poseemos. La razón fundamental que esgrimen quienes no quieren que se implante esta medida es de tipo económica, es decir, vienen a afirmar básicamente que no hay dinero para soportar que el Estado (en general, cualquier Administración Pública) pueda proporcionar a todo el mundo esta asignación monetaria. Nos suelen dar cifras bastante hinchadas, pero además, toman como base el esquema contable actual, que ya sabemos que es injusto y discriminatorio. El Estado pierde sistemáticamente muchos ingresos porque se dedica básicamente a pagar a los capitalistas (pagar la deuda a los bancos que se la exigen), o a dedicar fondos públicos para financiar a otros actores privados (la Iglesia Católica, por ejemplo). También poseemos un presupuesto para el Ministerio de Defensa y para las actividades ligadas a las Fuerzas Armadas extremadamente desorbitado, injustificado, opaco y caótico, además de mantener un sistema fiscal injusto y regresivo, donde no se cumple el principio de justicia social que dice que quien más cobre y más tenga, más ha de contribuir. Más bien al contrario, las rebajas de impuestos están a la orden del día para los grandes actores económicos, que además son los mismos que se afanan en defraudar a la Hacienda pública, en evadir impuestos y en practicar la elusión fiscal mediante todo tipo de ingenierías contables y empresariales diseñadas a tal efecto. Si a todo ello sumamos los desperdigados gastos en prestaciones condicionales de todo tipo que el Estado ha de reservar para los distintos colectivos, es evidente que las cuentas que los detractores de la RBU nos presentan son, cuando menos, sesgadas e interesadas. Y es que en general, cualquier sistema de redistribución de la riqueza por parte de cualquier Gobierno será mal visto, criticado (y si es posible, impedido) por las élites económicas, que son precisamente las mismas que ahora se están oponiendo a la pretensión de subida del SMI a 900 euros a partir de 2019. Siempre nos vamos a encontrar con esa resistencia, así que nuestra tarea es desmontar sus burdos argumentos, y sus reticencias a ampliar sus miras en cuanto a justicia social y fiscal. 

 

La RBU supone por tanto una medida anticapitalista de profunda transformación social, pues implica una verdadera revolución en la ecuación contable de ingresos y gastos que el Estado proyecta sobre el conjunto de la ciudadanía. Pero para que la RBU pueda llegar bajo la óptica transformadora que nosotros proponemos, antes hemos tenido que cambiar la mentalidad de numerosas personas, ancladas en la perversa lógica capitalista, en su concepción del trabajo humano, en la esclavitud de la deuda pública, y la aceptación del derecho a no trabajar, pero sí a subsistir, al que hemos aludido ya en entregas anteriores. La RBU supone una herramienta y un instrumento de lucha de las clases populares y trabajadoras, que las emancipa enormemente de sus clases explotadoras. La RBU es una medida tan importante que tiene que ver con los derechos humanos, con la fiscalidad, con la justicia social, con la deuda pública, con el sistema de relaciones laborales, con el sistema de bienestar y protección social, con la pobreza y la exclusión social, con el feminismo, con la integración de los migrantes, etc. Pero sobre todo, tiene que ver con la arquitectura política y social de la desigualdad. Es una medida tan revolucionaria que aporta nuevos criterios, utilidades, enfoques y puntos de vista para todos esos temas. Precisamente por eso es tan discutida, tan perseguida, tan demonizada, tan defendida y tan deseada. Incluso, como hemos venido contando, no todo el segmento de la izquierda la avala, existen dentro de la izquierda algunos críticos con esta medida. Bajo nuestro modelo de justicia redistributiva, consideramos al Estado como el agente principal por excelencia encargado de asegurar el derecho a la existencia material garantizada, y los principales instrumentos para cumplir esta función son precisamente unos buenos pilares de política fiscal progresiva y la reasignación del gasto público, liberándolo (entre otras cosas) de la pesada losa de la deuda. El presupuesto público también deberá verse reforzado mediante la creación de impuestos ad hoc hacia las clases más poderosas, tales como el Impuesto sobre el Patrimonio o sobre las Transacciones Financieras.

 

Que no nos vengan con excusas, pues la RBU es (lo estamos demostrando aquí) no sólo una propuesta ética, sino también económica, financiera y políticamente viable. La propuesta de la RBU también es radicalmente opuesta a los llamados "complementos salariales" que algunas fuerzas políticas llevan en sus programas, y que al parecer son unas cantidades que el Estado abonaría a los trabajadores/as que no superaran el umbral de cierto salario. Nos parece una propuesta que no altera las relaciones de poder, ya que de uno u otro modo habría que "trabajar" para disfrutar de ese complemento, es decir, continuamos asociando, equivocadamente, el concepto de trabajo en su visión capitalista, y permitimos que la fuerza empresarial continúe imponiendo sus formas y modos. La RBU también sería interesante para desarmar, desde un punto de vista social, toda la labor caritativa que montones de organizaciones y de ONG's, muchas de ellas ligadas a la Iglesia Católica (o a otras formaciones religiosas), vienen realizando por los pobres. Como con la RBU ya no habría pobres, toda esa ingente labor "caritativa" (Bancos de Alimentos, bancos de ropa, de calzado...), deja de tener sentido. También dejaría de tener sentido la labor que realizan los servicios sociales en cuanto a la ayuda económica que los Ayuntamientos y Comunidades autónomas prestan actualmente a las personas que no pueden hacer frente a determinados recibos de suministros básicos (la energía, el agua, el alquiler...). Ahora bien, la RBU por sí misma no eliminaría la pobreza si no se cumplen las dos siguientes condiciones:

 

1.- La cuantía de la propia RBU ha de estar situada claramente por encima de lo que en cada momento se considere como el umbral de pobreza, es decir, debe representar un ingreso monetario que se considere digno para poder cubrir todos los gastos de las necesidades básicas de una persona (no una familia, pues la RBU es individual, como venimos afirmando).

 

2.- El resto de políticas públicas que el Gobierno diseñe han de tener en cuenta que los precios de determinados bienes, servicios o suministros no pueden en ningún modo escapar al alcance de las personas que estén percibiendo únicamente la RBU. Pongamos un simple ejemplo: si la RBU se situara por ejemplo en los 700 euros, el precio medio de alquiler de una vivienda no podría superar dicha cantidad, pues entonces, resumiéndolo en plan castizo, "habríamos hecho un pan como unas tortas". No obstante, todos estos problemas se pueden paliar si un Gobierno de izquierda transformadora y comprometido con facilitar el acceso de todas las personas a sus derechos fundamentales (recogidos en la Constitución), incluye todos estos bienes y servicios bajo la órbita pública, o bien expropia y nacionaliza para el sector público a las empresas privadas que los gestionan. 

 

El asunto de las ONG's es ciertamente importante y sensible, pues de entrada, ha de quedar claro que no queremos desde aquí llevar a cabo una campaña de desprestigio de las mismas (de hecho, nosotros nos estamos basando para el desarrollo de esta serie de artículos en estudios, datos e informes de varias de ellas, sobre todo de Oxfam-Intermón), pero sí llamar la atención sobre la hipocresía de la propia dinámica de funcionamiento donde muchas de estas ONG's que funcionan en la órbita de la caridad se encuadran. De forma muy resumida, podríamos decir que las ONG's están insertas en la dinámica propiamente capitalista, que son producto del capitalismo, es decir, que es el capitalismo quien las necesita y se sirve de ellas. Muchas de estas organizaciones están financiadas por empresas, instituciones y gobiernos, que son precisamente los que crean las condiciones de injusticia, pobreza y desigualdad para que tengan que intervenir las ONG. Tomando las palabras de Emir Kusturica (director de cine serbio): "En el nuevo orden capitalista, las guerras las financian las multinacionales, que pagan a los partidos y a los políticos para que las declaren. Quieren a las ONG's para lavar la sangre y las conciencias de los ciudadanos que votan a esos políticos que ordenan bombardeos. Las ONG's, financiadas por el capitalismo o sus gobiernos, recogen los heridos y son su coartada para ser políticamente correctos después de lanzar bombas sobre niños y adultos en nombre de la democracia. Esas multinacionales, y quienes les sirven para implantar el capitalismo global, acorralan a cualquier país que se atreva a tener una cultura propia, una identidad, un modo de organizarse diferente, una alternativa". La caridad existe porque existe esta arquitectura de la desigualdad. Por tanto, la caridad institucionalizada a través de gobiernos, organizaciones y empresas debe acabar. Sin pobres no habrá necesidad de caridad, y la RBU ayudará a este fin. La caridad existe simplemente porque los Gobiernos hacen dejación de sus funciones, en última instancia, la caridad existe porque los Derechos Humanos no se toman en serio. Continuaremos en siguientes entregas.

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