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21 diciembre 2018 5 21 /12 /diciembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: https://www.ileon.com/

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¡Cuidado! La RB no es ecléctica, como nos quieren convencer. O es un instrumento de transformación social, o lo es de integración en los valores del sistema, acomodaticio con el poder; jamás debemos presentar la RB, y menos aceptarla, como una propuesta neutral. La limosna puede ser una RB; el modelo fuerte de RB, nunca

José Iglesias Fernández

Una ventaja muy poderosa de la RBU para la clase trabajadora (además de impedir las situaciones de pobreza y exclusión social a la que se ven abocadas millones de personas), es la que supone frente al capital, o si se quiere, frente a los grandes agentes del capitalismo, fundamentalmente las empresas y el mercado laboral que ellas diseñan (aunque el mercado laboral se regule por leyes y las leyes sean dictadas por los Gobiernos, lo hacen típicamente bajo los dictados de la patronal). En efecto, la RBU, al proporcionar la seguridad económica que estamos exponiendo, supone un colchón económico de resistencia que permite al conjunto de la ciudadanía defenderse mejor ante las contingencias derivadas de su vida laboral: un despido libre y gratuito, un cambio indeseado en las condiciones laborales, la arbitrariedad y la incertidumbre que la patronal ejerce a través de los contratos temporales, de la precariedad, de la temporalidad, de las bajas cotizaciones, de una menor capacidad para negociar individual y colectivamente niveles salariales, condiciones de trabajo, turnos, vacaciones, horarios, movilidad funcional o geográfica, flexibilidad, etc. Actualmente, los empresarios/as abusan sin límites de todo este conglomerado de circunstancias, entre otras cosas porque saben que de esta forma pueden presionar a los trabajadores que no poseen más ingresos que los derivados de su trabajo. Pero con la RBU esta situación cambia. La caja de resistencia de la clase trabajadora se incrementa de forma muy poderosa, lo cual les coloca en una situación de mayor empoderamiento para enfrentar dichas situaciones. Pero también existen otros efectos colaterales positivos: con la RBU, buena parte de la economía sumergida se integraría en la economía formal, al perder ésta la posibilidad de pagar salarios por debajo del umbral de pobreza, al no tener que pagar las cotizaciones a la Seguridad Social, y al incrementar la inspección contra el fraude fiscal. 

 

Por su parte, la RBU también proporcionaría a los sindicatos un mayor poder para enfrentarse a la patronal, especialmente cuando tuvieran que recurrir a la huelga, ya que la renta básica se convierte en estas situaciones de conflicto en un fondo de resistencia que puede utilizar cada trabajador/a contra el miedo al despido, al paro, o a la pérdida de parte de las remuneraciones. La RBU alteraría de forma profunda el poder de los mercados, pues ya no se encontrarían ante los desvalidos trabajadores/as que sólo pueden vender su fuerza de trabajo, sino ante personas empoderadas y libres, con su existencia material y sus necesidades básicas cubiertas. Incluso, desde ese colchón de seguridad que tendrían todas las personas, contribuiría a una mayor liberación de la mujer en el mundo laboral, avanzando en la igualdad salarial y en la división sexual del trabajo (por no hablar de la independencia económica que supone para las mujeres en situación de violencia de género). Incluso contribuiría a ayudar a la integración social de los reclusos que abandonan las prisiones, y que muchas veces no encuentran trabajo debido a su situación. En cualquier caso, la RBU debe ser entendida como un derecho básico de ciudadanía, un derecho fundamental que garantiza la existencia material de todas las  personas. Y ello porque, únicamente por el mero hecho de nacer, por la singular razón de existir, la sociedad debe estar obligada a proporcionar a cada ser humano los medios materiales que le garanticen el bienestar social que necesita para sobrevivir con dignidad. Si no asumimos esto, no entenderemos la naturaleza de la RBU. Los detractores de este derecho, normalmente adeptos a la filosofía económica neoliberal, no piensan que la sociedad deba garantizar nada al individuo. Sostienen que éste ha de labrarse su seguridad y su porvenir por sí mismo, y de esta forma, legitiman toda la arquitectura de la desigualdad social que estamos exponiendo en esta serie de artículos. 

 

Nosotros, por el contrario, pensamos que la sociedad no puede abandonar a cada individuo a su suerte, sino que ha de proveerle de un mínimo vital que le garantice, bajo cualquier circunstancia, una vida digna. Ahí está la principal diferencia. Sobre estos dos puntos de partida, absolutamente antagónicos, es donde los partidarios y detractores de la RBU montan el resto de los argumentos. Pero a lo que fundamentalmente se le tiene miedo no es quizá a la redistribución de la renta que implementa, sino al empoderamiento social que promueve. Tomando los lemas del Movimiento 15-M, podríamos afirmar que, en este sentido, la Renta Básica "hace que el miedo cambie de bando", al debilitar la fuerza de los mercados, fortalecer a la clase trabajadora, emanciparla de su dependencia frente al capital, redistribuir la renta, proporcionar un fondo de resistencia social frente a los avatares del mundo laboral, y permitir iniciar y cultivar otras formas y modos de vida. En último extremo, la RBU también pondría su granito de arena en el convencimiento social de los valores y la importancia de la verdadera austeridad: aprender a vivir mejor con menos, cultivar un consumo justo y solidario, engendrar formas productivas nuevas al margen del mercado, anular nuestras dependencias materiales, abandonar el culto al dinero y a los ricos y poderosos, influir en los valores comunitarios frente a los individuales, y recuperar el trabajo como opción vital de realización personal, en vez de como una cadena de la cual dependemos para poder sobrevivir. Necesitamos imperiosamente por tanto una medida como la RBU. Podemos enunciar que con la RBU ascendemos desde el sometimiento de la clase trabajadora al disfrute pleno de los derechos de ciudadanía. El trabajo asalariado ya no nos proporciona medios dignos de subsistencia. La Renta Básica vendrá a desplazarlo y a fomentar otros modelos de vida. La filosofía de la RBU está en sintonía con la filosofía general del reparto que tanto molesta al capitalismo: reparto del trabajo, reparto de rentas, reparto de responsabilidades, etc., todo ello hacia el modelaje y concepción de un mundo mejor, de un mundo más justo, avanzado, equitativo y humano. 

 

No obstante, como decimos, las reticencias de los paradigmas mentales dominantes (ligados como sabemos al neoliberalismo y al capitalismo globalizados) ponen en cuestión continuamente todas las ventajas de la RBU, porque en el fondo, se trata de un acoso y derribo importante para la arquitectura de la desigualdad que impera en nuestras sociedades. De ahí deriva la perversidad y falsedad de los argumentos de los detractores mayoritarios. No obstante, incluso en algunas corrientes de la izquierda se sitúan detractores de esta medida, pensamos que porque parten de análisis erróneos en torno a la financiación de la RBU, o bien a los enfoques de la misma. Los detallaremos en su momento. Sobre todo, como ya hemos contado en entregas anteriores, pesa mucho la losa del concepto capitalista del trabajo humano, es un tanque con mucha fuerza. Dicho modelo que conceptualiza el trabajo humano al servicio del capital lleva siglos funcionando, y es muy complicado desmontarlo. Además de este concepto, los ataques frecuentes a la RBU vienen de la esfera económica pura y dura, es decir, de los modos y formas de financiación. Montañas de números intentan ilustrar la no viabilidad de la Renta Básica, pero los números, tal y como también hemos demostrado, están también en función de las ideas. El predominio de la cultura económica dominante ha imbuido en nuestras mentalidades la relación de los números con hechos evidentes, pero esto también puede ser desmontado. Claro: si la RBU ha de ser financiada bajo el mismo prisma que el de los PGE actuales, seguramente será imposible hacerlo. Pero si cambiamos las prioridades, revertimos los valores, eliminamos algunas partidas presupuestarias, y practicamos la insumisión y desobediencia para otros asuntos, seguro que la financiación para la RBU es posible. A menor escala, este asunto está viéndose y demostrándose actualmente para el Sistema Público de Pensiones (SPP). Los ideólogos y economistas neoliberales (que están en los think tank más importantes y numerosos) nos intentan convencer de que las pensiones públicas son inviables, insostenibles, e incluso nos lo demuestran con números, y basándose en estimaciones demográficas. Si aceptáramos sus premisas nos convencerían enseguida de la certidumbre de su planteamiento, pero la verdad es que esas premisas y convenciones que asumen son falsas en su origen.

 

El Sistema Público de Pensiones, de esta forma, nos marca el camino: sólo hay que querer, es decir, sólo hay que poseer la voluntad política para entender que las pensiones públicas son un derecho fundamental, y los números se adecuarán a este fin. Con la RBU pasa igual: remito a mis lectores y lectoras a los interesantes estudios de simulación que han llevado a cabo los profesores y activistas de la Red Renta Básica, para que se convenzan de que efectivamente los números nos dan la razón. La RBU es perfectamente financiable. Mejor dicho: nuestro modelo de RBU es perfectamente financiable. Se trata simplemente de implementar una Reforma Fiscal realmente progresiva, complementada con el ahorro de otras partidas presupuestarias (para las cuales hay que desplegar la voluntad política necesaria), y la convergencia de todos los demás subsidios, pensiones y prestaciones económicas al conjunto de la población. Tan seguros estamos de que además la gente trabajaría incluso cobrando la RBU que el modelo de financiación propuesto desafía y se apoya también en esta premisa. Veamos: como hemos explicado en entregas anteriores (en relación a la tributación fiscal), los perceptores que únicamente cobren la RBU no cotizarán al IRPF, mientras que todas aquellas personas que dispongan de más de una vía de ingresos (es decir, la RBU más cualesquiera otros trabajos o fuentes de ingresos) comenzarán a tributar en función de la cuantía de los mismos. Y evidentemente, la financiación de la RBU surge de las arcas públicas, que a su vez se nutre de las tributaciones de todas las personas al sistema (de donde salen los fondos para poder pagar a todo el mundo la Renta Básica). Bien, sigamos este razonamiento: si fuera verdad esa opinión que argumenta que las personas dejarían de trabajar porque "se conformarían" con el importe de su RBU...¿nadie tributaría entonces? Y si así fuera...¿de dónde saldrían los fondos para poder abonar a todo el mundo la RBU? Curioso, ¿verdad? Dejo la reflexión planteada a todos mis lectores y lectoras. Seguro que se convencerán de la desfachatez del argumento de los detractores. Continuaremos en siguientes entregas.

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