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7 enero 2019 1 07 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

No hay un mundo desarrollado y un mundo subdesarrollado sino un sólo mundo mal desarrollado

Centro Europa-Tercer Mundo (CETIM)

En efecto, como nos dicen desde el CETIM, sólo un planeta desequilibrado y mal desarrollado puede llevarnos hasta el abismo que estamos intentando describir en esta serie de artículos, y la perentoria necesidad de adaptarse a él. A ver si, como algunos autores optimistas opinan, estas transformaciones decrecentistas, que se imponen durante los próximos años, lustros y décadas, son aprovechadas de forma satisfactoria para conseguir, entonces sí, un planeta bien desarrollado. Pues bien, continuando en esta línea de exponer a grosso modo los fundamentos del decrecimiento, vamos a traer a colación un artículo de Julio García Camarero publicado en el portal decrecimiento.info, que el autor tituló "Manifiesto de la transición hacia el decrecimiento feliz", toda una loa a las buenas intenciones por su parte. Hay que abandonar la idea asociada del "progreso" al modelo que nos ha traído hasta aquí, que podríamos resumir como crecentista-productivista-consumista, y entender el progreso humano y civilizatorio como la mejor adaptación posible a los cambios forzados que el modelo anterior nos ha obligado a llevar a cabo. García Camarero propone los siguientes 20 puntos como decálogo de transición hacia el decrecimiento feliz:

 

1.- Desde lo material y crematístico a lo humano

2.- Desde el consumismo al consumo responsable

3.- Desde la innovación para fines cortoplacistas (como la obsolescencia programada) a las cuatro erres (reducir, reutilizar, reciclar y restaurar ecosistemas en degradación)

4.- Desde el productivismo global a la producción local

5.- Desde el antropocentrismo exclusivo al ecocentrismo en el que se incluya lo humano como parte de la biosfera

6.- Desde la competitividad a la cooperación

7.- Desde el individualismo autista al apoyo mutuo

8.- Desde el egoísmo monetarista a los bienes relacionales

9.- Desde el estado de bien estar al Buen Vivir

10.- Desde la mega-ciudad parásita a la agroecología

11.- Desde el monopolio al polipolio

12.- Desde el monocultivo al policultivo

13.- Desde el pensamiento único a la diversidad cultural, lingüística, y a la biodiversidad

14.- Desde la nefasta revolución verde, la biopiratería y el dumping a la soberanía alimentaria

15.- Desde el extractivismo rapaz, usurpador y cleptómano al cuidado y respeto de la Pacha Mama (la Madre Tierra)

16.- Desde el despilfarro esquilmador a la sencillez voluntaria

17.- Desde la manía de la hegemonía a la convivencia biosférica

18.- Desde el machismo patriarcal a una sociedad donde la relación hombre/mujer sea totalmente horizontal

19.- Desde la meditación divina a la reflexión humana y naturista

20.- Desde las guerras militares y económicas a la paz entre todas las personas y animales

 

En efecto, pensamos que García Camarero recoge de forma resumida buena parte de las transiciones de todo tipo (políticas, económicas, sociales, culturales, etc.) que es preciso hacer para conseguir alcanzar un nuevo modelo de sociedad más en armonía con las personas, los animales y la naturaleza, para un mundo más habitable, para conseguir "vidas que merezcan la pena ser vividas" (en expresión de Amaia Pérez Orozco). El crecimiento económico y todo lo que conlleva, por tanto, debe ser abandonado. Lógicamente esto no puede hacerse de un día para otro, requiere su ciclo adaptativo, y su evolución hacia una nueva ética ambiental y de la propia naturaleza. El decrecimiento es una política, pero también una filosofía de vida. Mientras tendemos hacia él, está claro que otras transformaciones deben ir siendo efectuadas. Por ejemplo, lo relativo a los indicadores. Parece claro que los indicadores que miden la "salud crecentista" de una economía capitalista no pueden ser los mismos que los de una sociedad en decrecimiento. Típicamente los economistas se basan en el PIB como medida del crecimiento, pero este indicador está muy sesgado. Veamos algunas limitaciones: el PIB no toma en cuenta la distribución de ingresos de la sociedad (luego tampoco la desigualdad), el PIB no mide la redistribución de esa riqueza generada, y también ignora qué ocurre con la calidad de vida de la población. Por ejemplo, las condiciones de salud y educación. Existen otros indicadores más apropiados, como el Indice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD. El PIB tampoco nos dice nada sobre la esperanza de vida, los niveles educativos, la seguridad, la igualdad de género, la situación del medio ambiente, la justicia social, los niveles de descanso u ocio, o el grado de felicidad de las personas. El PIB omite el bienestar de las personas, la salud de nuestros ecosistemas, la paz social o el verdadero progreso. La conclusión está bien clara: este indicador debe ser ignorado, y sustituido por otros que contemplen todos estos factores.

 

Vamos a tomar las palabras de un experto, como es Florent Marcellesi, que en el prólogo al libro "El decrecimiento. La revolución del ser frente al tener", afirma lo siguiente: "Ante esta realidad, es hora de poner en marcha una "prosperidad sin crecimiento", entendida como nuestra capacidad de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos de la naturaleza. Esta tercera vía se basa en las siguientes premisas mínimas: redefinir de forma colectiva lo que llamamos riqueza y necesidades; reducir nuestra huella ecológica hasta que sea compatible con la capacidad del planeta; redistribuir el trabajo, las riquezas económicas, los cuidados, la tierra y los recursos naturales en base a la justicia social y ambiental; relocalizar la economía en circuitos cortos de consumo y producción; y desmercantilizar gran parte de nuestras actividades. Para alcanzar estos objetivos, tenemos que ejercer el poder que está en nuestras manos. Desde abajo y de forma cooperativa, existen numerosas iniciativas de soberanía alimentaria y agroecología, autosuficiencia energética, banca ética, monedas locales, ciudades en transición, etc., que desafían diariamente al coloso liberal-productivista con pies de barro y construyen ya la transición social, ecológica y ética de la sociedad. Este profundo cambio requiere además tejer redes entre todas estas "islas alternativas" para que se vayan conformando en archipiélagos, continentes, y ojalá un día, en sistema-mundo. Sólo tenemos un planeta pero para muchas generaciones, presentes y futuras, esta gran transformación no es una utopía, es una necesidad". Creo que sobran los comentarios. Continuaremos en siguientes entregas.

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