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12 diciembre 2018 3 12 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

La migración indocumentada de centroamericanos y mexicanos hacia Estados Unidos se da en un contexto sociopolítico muy claro: la corrupción, la violencia institucionalizada y la impunidad

Ilka Oliva Corado

Al igual que África camina hacia su norte, sin ser Europa su sueño buscado sino la posibilidad de salir de la pesadilla que hoy representa el continente africano para las grandes mayorías, también Centroamérica camina hacia su norte, los Estados Unidos, y no porque éstos representen el tópico del "sueño americano" (que dicho sea de paso nunca existió), sino por huir de los infiernos en que se han convertido sus respectivos países (infiernos promovidos por la propia USA, a través de sus políticas de constante injerencia en todos los órdenes). Y la reacción de nuestro Viejo Continente no es muy diferente a la que está teniendo el Gobierno del Tío Sam, consistente en cerrar fronteras, militarizarlas o alambrarlas y condenar y criminalizar a los visitantes. Las reacciones son muy parecidas: mientras aquí la derecha (y ahora ya también la ultraderecha) aboga por la "migración ordenada" (y por construir vallas más altas en Ceuta y Melilla), Trump declara la "emergencia nacional" en su país para detener la "invasión de pandilleros y terroristas" centroamericanos. Toda una muestra de la empatía, la humanidad y la solidaridad de nuestros dirigentes. Pues bien, estas personas, después de recorrer más de 5.500 kilómetros a pie, han llegado a tierras mexicanas. Según la Policía Federal, a su paso por Guadalajara, la Caravana Migrante contabilizó unos 7.000 migrantes. No sólo son personas de las urbes centroamericanas, sino también campesinos que han sido despojados de sus tierras por los terratenientes locales, o por las grandes corporaciones transnacionales. Como expone magníficamente Carlos de Urabá en este artículo para el digital Rebelion, que tomamos como referencia, el mundo rural agoniza a causa de la destrucción violenta de la naturaleza y el cambio climático. El hambre y la sed asolan las comunidades campesinas, y la única salida es emigrar a las ciudades o al extranjero. 

 

Carlos de Urabá explica: "Este éxodo es el síntoma más claro del fracaso de los procesos de paz llevados a cabo en Centroamérica en los años 90 para poner fin a la guerra que desangraba Salvador, Guatemala o Nicaragua. Las guerrillas entregaron las armas desmovilizándose a cambio de reformas que incluyeran mejoras socio-económicas para la población más vulnerable. Pero con el paso de los años todas estas demandas se fueron aplazando hasta caer en el olvido. La "izquierda revolucionaria" fue lentamente integrándose en la democracia burguesa atraída por las prebendas burocráticas e institucionales. Algo que derivó en la imparable ascensión del neoliberalismo más reaccionario que ha generado más precariedad y pobreza. Algunos sociólogos de la vieja escuela sostienen que en América Latina la única oposición posible es la lucha armada". Hoy día (de aquéllos polvos, estos lodos) Centroamérica se ha convertido en una de las regiones más violentas del planeta. Bandas armadas, extorsión, asesinatos, impunidad de las multinacionales, todo ello blanqueado con la connivencia de gobiernos títere de los Estados Unidos, han perfilado un panorama ciertamente desolador.  Como región muy rica en recursos naturales, estos países están siendo brutalmente esquilmados mediante los criminales proyectos de estas corporaciones, y los activistas populares y medioambientales que se oponen a dichos proyectos son asesinados. Por su parte, y como ya nos tiene acostumbrados, Washington premia a las élites del poder elegidas fraudulentamente en procesos "democráticos" viciados y que ellos mismos certifican, asegurándose de que en cuanto toma el poder algún gobierno con aspiraciones populares, de izquierda o revolucionario, es desalojado rápidamente por la fuerza de las armas, o bien por cauces pseudodemocráticos, como al final han hecho con Dilma Roussef en Brasil. 

 

Y es que Washington no tolera en su patio trasero que existan gobiernos que le opongan la más mínima resistencia. Tan sólo los gobernantes realmente valientes y apoyados masivamente por sus pueblos (como ha sido Cuba durante más de medio siglo, o Venezuela desde la llegada de Hugo Chávez) tienen alguna posibilidad de éxito. Pero USA nunca se rinde en su hostigamiento a estos pueblos, hasta que consigue doblegar sus intenciones, de una u otra manera. Y así, sin igualdad de oportunidades para poder progresar, con sus medios de vida destruidos o secuestrados, y con las amenazas del crimen organizado, es casi imposible poder asegurar un porvenir mínimamente digno a sus familias. Están escapando de un sistema diabólico que sólo les conduce al suicidio o a la autodestrucción. Y como además están fuertemente alienados en sus mentalidades colonizadas por los mensajes consumistas de los medios de comunicación, piensan que "si quieren cambiar radicalmente sus vidas, el Tío Sam es el único que puede redimirlos y ofrecerles trabajo, seguridad, educación, salud, vivienda, y sobre todo, dólares a punta de pala" (en palabras de Carlos de Urabá). Y así, a distintos puntos de los Estados Unidos llevan emigrando desde hace años legal o ilegalmente millones de latinoamericanos deseosos de participar en el gran banquete capitalista. La inmensa mayoría se convierten en indocumentados explotados, a costa de trabajar en el sector servicios, pero prefieren continuar siendo ciudadanos de segunda en USA, que ni siquiera ciudadanos en sus países de origen. Los segmentos de población son amplios, vienen de todas las edades, de todas las circunstancias sociales. Quizá su nexo común es la pobreza. Han experimentado en carne propia los más terribles suplicios: han asesinado impunemente a sus hermanos, a sus padres, a sus hijos, a sus amigos, tienen que soportar la extorsión y los chantajes por parte de las maras y otros grupos delincuenciales. Sobreviven a la barbarie pero todavía les resta sobrepasar incontables obstáculos hasta llegar a su destino. 

 

Porque llegar a su destino no es nada fácil. Resulta que esa super potencia que los explota y los margina en su tierra natal, después no les permite integrarse en ella. Es decir, los condena desde todos los puntos de vista. En estos países, todo joven de 12 ó 13 años es obligado a enrolarse en las peligrosas pandas, se solicitan mensajeros, fleteros, extorsionistas, ladrones, vendedores de droga, transportistas, sicarios, secuestradores, proxenetas...Está contemplado todo el abanico del crimen organizado. Las pandillas llegan a ser tan potentes que se extienden fuera de sus respectivos países de origen, al igual que las mafias. Quien se niegue a obedecer las órdenes será inmediatamente eliminado. Por lo general se elimina a los insumisos con el fin de aterrorizar a la población. Practican también el rapto de niñas para que sirvan de concubinas de los grandes capos. Urabá afirma: "Esta caravana es un grito de protesta contra esos gobiernos corruptos y autoritarios que aplican una política militarista de represión, torturas, asesinatos y desapariciones forzadas --que es el mejor método para eternizarse en el poder--. Esta es la herencia que han dejado los regímenes indolentes que desde hace siglos cumplen al pie de la letra su papel de esclavistas y explotadores". Su calvario aún no ha finalizado, y seguramente no finalizará aunque consigan culminar su meta. Allí también les esperará un gobierno estadounidense hostil, que explota salvajemente a los migrantes indocumentados y que proyecta los peores males de nuestra civilización occidental, capitalista y globalizada. Se les criminalizará por su apariencia física, porque sean negros o mulatos, porque sean pobres, por su forma de hablar o de expresarse, porque sean latinos, porque carezcan de recursos, porque "no aporten al país" ni lo "hagan grande" de nuevo, como prometía el perverso magnate devenido en Presidente Donald Trump. Pero precisamente Estados Unidos también es lo que hoy es gracias a los migrantes, gracias a esas personas que se ocuparon de llevar a cabo las tareas que otros no querían realizar. 

 

Por su parte, el gobierno mexicano no ha querido seguir las consignas de Trump y no se ha dedicado a impedirles la llegada, sino que más bien al contrario les ha prestado auxilio y apoyo para que puedan culminar su periplo migratorio. No han acatado las órdenes de Washington de que detuvieran esa odisea humana, esa marea de hombres y mujeres, ancianos y niños que cansados de no poder vivir en su país comienzan su andadura hasta alcanzar nuevos horizontes vitales. El nuevo Presidente mexicano López Obrador ha ordenado proteger y asistir a la caravana por motivos humanitarios. No es la primera vez que este éxodo migratorio se produce, puesto que México es un país de tránsito constante de migrantes. Desde hace muchas décadas se han producido con mayor o menor intensidad este tipo de fenómenos migratorios en los que también están involucrados los propios mexicanos, centroamericanos, caribeños, sudamericanos y más recientemente africanos, asiáticos y hasta de Oriente Medio. Lo que no trasciende es que miles de ellos han muerto en los caminos, víctimas de las enfermedades, los accidentes o los cárteles que les cobran peaje, los secuestran, los trafican, los esclavizan o los hacen desaparecer. Las mafias migratorias tienen su "negocio" en este caldo de cultivo de la desesperación humana por encontrar nuevos horizontes de paz y de seguridad, para poder desarrollar un proyecto de vida digno. El Secretario de Estado USA Mike Pompeo ha declarado que "los migrantes son un inaceptable riesgo para la seguridad de Estados Unidos". Hace falta ser indecente para declarar tamaña barbaridad. Hace falta no tener sangre en las venas, y no demostrar la más mínima empatía, pero justo a eso nos tienen acostumbrados/as los dirigentes políticos estadounidenses. Y por su parte, como era de esperar, las declaraciones de Trump no se han quedado en menos: ordenó directamente disparar contra los indios rebeldes que pretendan violar la soberanía patria. Ha desplegado en la frontera de San Diego varios miles de contingentes militares, porque por lo visto, "a esa chusma infecta de matones y pandilleros hay que fumigarla". Y lo dice él, que desciende de migrantes, el colmo de la desvergüenza, de la crueldad y de la desfachatez. El Gobierno de los Estados Unidos impide solicitar asilo a quien ingresa de forma ilegal en su territorio, y está empeñado en derogar las medidas migratorias de la era Obama, como el Dream Act y el Obamacare. Continuaremos en siguientes entregas.

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