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26 diciembre 2018 3 26 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

La caravana migrante es el reflejo de una sociedad hundida en la corrupción, que intenta sobrevivir ante las prominentes amenazas. Sé que los demás países Centroamericanos y del Norte tienen sus propios problemas y no están dispuestos a soportar “invasiones” como dicen, pero en realidad es momento de levantarse, investigar, y luchar por los derechos en cada país y exigirle a EEUU –país que paradójicamente abandera las luchas contra la corrupción en Centroamérica y a la vez interviene de manera negativa apoyando élites corruptas, Golpes de Estado, lo que nos hacen convulsionar como sociedad– su dimisión definitiva de nuestros países centroamericanos

Libnny Espinoza

"Esto no es una caravana, es una invasión", "primero los nuestros" y otros cobardes eslóganes por el estilo es lo que está difundiendo el siniestro Presidente de USA, Donald Trump, desde que los migrantes comenzaron su andadura. Estos racistas salvapatrias son capaces de corear cualquier salvajada con tal de inocular el odio al extranjero. ¡Qué facil es levantar el dedo contra los más vulnerables, cuando no se tiene el suficiente coraje para levantarlo contra los poderosos! Frente a tales descalificaciones brutales y absurdas, toda una red de solidaridad itinerante se ha ido desplegando por varios países, a medida que la Caravana los atravesaba: mantas, bebidas, comida...todo lo que hiciera falta para hacerles la marcha un poco más agradable. ¡Hace falta tener muy mala sangre para llamar "criminales" a estas personas, que únicamente están huyendo de las mafias de su país, de la extrema pobreza, de la corrupción, de la violencia del Estado, del crimen organizado, del narcotráfico, y en general, de las tropelías de los gobiernos títere de Washington y sus poderosas corporaciones (aliadas, cómo no, con la oligarquía local). Y si miramos al resto de la comunidad internacional, ningún gobernante ha tenido las agallas y la integridad suficiente para encararse al gobierno estadounidense, denunciar sus fechorías y defender a esta pobre gente. Pero pese a todo, la organización de estos migrantes es espontánea, porque obedece a los instintos más primitivos, a su autodefensa frente a un sistema que los explota y los denigra. De hecho, es la primera vez que la migración deja de ser un episodio individual para levantar un movimiento colectivo contra la injusticia. A lo mejor es justamente a eso a lo que le temen los desalmados como Trump y todos sus secuaces. 

 

Si de verdad disfrutáramos de un contexto internacional respetuoso con los Derechos Humanos (rizando el rizo, quizá entonces estas masivas migraciones no tendrían lugar), se velaría por el respeto a la protección de estas personas y se respetaría el derecho al asilo de las mismas, prohibiéndose las devoluciones masivas e individuales, que contravienen claramente el derecho internacional. Pero en cambio, Trump ordena militarizar su frontera sur y la comunidad internacional no reacciona, ni la ONU tampoco. Es la clara señal de que vivimos en un mundo hostil e inaudito. Un mundo salvaje, caótico, brutal e insolidario. ¿De qué nos vamos a extrañar, cuando es justamente lo mismo que estamos haciendo aquí, en la Unión Europea? Y como afirman Miguel Urbán y Amelia Martínez en este artículo para el medio Publico: "La violencia estructural de los países de los que huyen los caminantes no es tampoco un fenómeno atmosférico. La responsabilidad de estos movimientos migratorios, al igual que los que llegan a Europa, son las exportaciones de armas, el expolio de los recursos naturales, la impunidad de las multinacionales operando en esos países, acaparando tierras y violando derechos fundamentales de sus pueblos bajo el paraguas de los tratados de libre comercio". Como la activista y profesora mexicana Amarela Varela ha dejado dicho: "No es una caravana de migrantes, sino un nuevo movimiento social que camina por una vida vivible". Porque en sus países de origen, las cifras hablan por sí solas: en Honduras (principal país donde se originó la caravana), se estima que el 64,5% de la población vive en situación de pobreza, y un 42,6% en pobreza extrema. Honduras es también el tercer país más desigual del planeta, sólo por detrás de Sudáfrica y Haití, según un informe del Banco Mundial de 2016. Concretamente, y en tan sólo dos años, el precio de la gasolina se ha incrementado en Honduras un 23%, lo que junto con el desempleo galopante, provoca un panorama desolador. El incremento del precio de los combustibles ha provocado protestas y aumento de los precios de los alimentos.

 

La inseguridad es palpable: en 2017 hubo un promedio de 11 homicidios diarios, y una tasa de 43,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Estas cifras, evidentemente, muestran un país en plena descomposición social, así que la opción de la caravana migrante es tomada por muchas personas como una salvación. Marco Dávila, en una carta publicada en el medio digital Rebelion, ha descrito perfectamente algunos de los horrores que los migrantes han de sufrir en Estados Unidos. A continuación recogemos un extracto de sus palabras: "Sabes que hay descomposición política y social: cuando al criminalizar el libre tránsito de humanos se fortalece el tráfico de humanos; cuando literalmente se arrebata a bebés del pecho de su madre; cuando niños llegan de la escuela a una casa vacía, una casa donde ya no está ni su padre ni su madre; cuando hay niños en los llamados "centros de detención", niños encerrados como si le debieran algo a alguien; cuando hay algo conocido como "family units", o sea, padre e hijos en detención; cuando encierran a gente inocente por meses (algunos casos hasta más de un año); cuando en el centro de detención el prisionero no tiene idea (porque nadie le dirá) de cuánto tiempo estará encerrado; cuando después de una redada de la migra el público se entera de que en tal fábrica persistía la explotación, el acoso sexual, el abuso físico y psicológico (véase caso Postville, Iowa, 2008); cuando en algunos centros de detención del país (como para burlarse, como para torturarlos) obligan a bañarse a los prisioneros con agua demasiado caliente; cuando al inmigrante no se le respeta su derecho a un juicio justo ni se le da derecho a audiencia; cuando se deporta a inmigrantes que tienen uno o más hijos que son ciudadanos estadounidenses; cuando deportan a madres solteras y dan en adopción a su hijo o hija; cuando no les importa si la mujer está embarazada y la ponen en el centro de detención...". Todos estos horrores y muchos más tienen que vivir las personas que intentan alcanzar tierras estadounidenses. Y nosotros nos volvemos a preguntar, por enésima vez...¿Hace falta otra Política de Fronteras?

 

Este frenético y desquiciado mundo no es capaz de reparar en que es inhumano que las personas puedan ser tratadas de esta forma en cualquier sitio del planeta. Esta sinrazón tiene que acabar. No es posible que nuestros ancestros representantes de muchos países firmaran en 1948 una Declaración Universal de los Derechos Humanos con la que Trump se limpia el trasero todos los días. Pero aún así, aún existiendo este absoluto desprecio a los derechos humanos más elementales, un grupo de personas pobres en chanclas y pantalones rotos inició su camino con 200 lémpiras (unos 8 dólares) en los bolsillos, y ha finalizado alcanzando tierras de Tijuana. La valla fronteriza se extiende y se adentra en el mar. Contemplarla ya de por sí es un espectáculo dantesco, que nos trae las impresiones más desagradables. El paso fronterizo en esta dirección es un lugar muy concurrido. Con suerte, se tardan varias horas en alcanzar la cabecera de la cola. Numerosos coches y autobuses repletos de personas se dan cita en esta frontera sur de los Estados Unidos. Se avanza muy lentamente y los vehículos suelen mantener sus motores en marcha. Decenas de millones de personas cruzan cada año esta frontera, desde Tijuana hasta San Diego. Las fuerzas militares desplegadas por la administración estadounidense ya son mayores en número que la cantidad de migrantes que hay esperando la evaluación de su petición de asilo. Trump ordenó a su militares y patrullas fronterizas que dispararan a matar si percibían algún tipo de ataque desde el otro lugar de la valla. El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de Estados Unidos arresta o detiene cada año a más de 500.000 personas por "entrar ilegalmente" en el país. En sus vomitivos alegatos en Twitter, Trump no ha dejado de arremeter contra los migrantes de la caravana, así como de amenazar a los países de tránsito con eliminar las ayudas que perciben. Actualmente, los miembros de la Caravana están subsistiendo con lo que las personas solidarias y decentes de Tijuana les proveen, durmiendo en la playa en tiendas de campaña donadas y en cobertizos de fabricación propia. Al menos hasta la fecha, han conseguido atraer la atención mediática internacional, y poner de relieve la insostenible situación que viven en sus países de origen, así como la perversa política de fronteras estadounidense. ¿Quién podía haber imaginado un triunfo semejante? Continuaremos en siguientes entregas.

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