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11 enero 2019 5 11 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: https://www.youtube.com/

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Podemos subrayar que la RB se convierte ella misma en un pilar del nuevo sistema de bienestar para este nuevo milenio, nuevo en el sentido de que las prestaciones pasan a basarse en el concepto de ciudadano y no en la condición de trabajadores de la población. Consideramos que este nuevo derecho ciudadano a una renta básica contiene las virtudes y las características suficientes que lo hacen idóneo para establecer los fundamentos de un nuevo modelo de bienestar social público para el siglo XXI

José Iglesias Fernández

Mis lectores y lectoras convendrán conmigo, a estas alturas de lo que llevamos expuesto sobre la Renta Básica Universal, que incluso más que estar a favor o en contra de la medida con criterios fundamentados, lo que existe en la opinión pública es un nivel muy generalizado de desconocimiento sobre lo que de verdad implica esta medida, así como sus posibilidades reales de implementación. Cada vez se habla más de ella, pero las ideas no se transmiten claramente, o quizá no se entienden bien. Debemos hacer una campaña a favor de la correcta comprensión de la medida, explicando sus fundamentos, y echando abajo todas las falacias que la derecha suele verter sobre ella. Las personas y los tertulianos al uso de todos los programas opinan de la medida sin tener todos los datos y los conocimientos sobre ella, y de esta forma, lo único que se consigue es aumentar el grado de confusión. Pero incluso muchos pensadores, autores, activistas, economistas y políticos de izquierda, también vierten (equivocadamente) algunos criterios sobre la RBU que no se ajustan a la realidad, y a ellos/as no se les puede achacar desconocimiento, sino más bien quizá una serie de prejuicios ideológicos que impiden ver la foto correcta y al completo de la RBU. La mayoría de ellos insisten en defender el trabajo a ultranza (en su modalidad de los Planes de Trabajo Garantizado, que ya hemos comentado aquí), pero se niegan a ver las imponentes ventajas de la Renta Básica, que también hemos comentado en entregas anteriores. Quizá sea esa fe ciega en el Dios Trabajo que también expusimos antes de entrar en el asunto de la RBU, la que mueve a estos autores a demonizar la Renta Básica, pero abrazar cualquier medida que santifique el trabajo humano.

 

Y es que la idea de la Renta Básica Universal se apoya filosóficamente en el republicanismo histórico, para quien nadie puede ser libre si no tiene su existencia material garantizada. Lo que la RBU en esta dimensión aportaría sería precisamente esa libertad, que se resume en poder existir sin el permiso de otros. Porque la miseria, la pobreza y la exclusión social, digámoslo claramente, no es sólo la carencia y la privación material, sino también la dependencia (causada por éstas) sobre la voluntad y el arbitrio de terceras personas, que gobiernan nuestras vidas. Es un problema, por tanto y en el fondo, de libertad. Y en este sentido, dotaría de esa libertad a los colectivos más vulnerables socialmente, tales como los trabajadores precarios (cada vez más en nuestra sociedad), mujeres que no gozan de independencia económica de sus parejas, jóvenes con pocos recursos, y personas pobres en general. Hemos de insistir también en que la RBU (en su propuesta de izquierdas, que es la que aquí defendemos) no vendría a sustituir a ningún otro mecanismo de integración, igualdad, solidaridad, protección o bienestar (nos estamos refiriendo a los clásicos pilares del Estado de Bienestar), porque también es otra falacia que se vierte. Los que lo hacen pueden estar pensando en la variante de la RBU de derechas, pero esa no es la que nos interesa. La prueba infalible para saber si la propuesta que cualquier autor/a defiende o critica sobre la RBU es de izquierdas o de derechas, es fijarse en dos aspectos fundamentales: el sistema de financiación propuesto, y las medidas económicas de acompañamiento. Aquí ya hemos explicado cuáles son los que proponemos nosotros, así que cualquier otro documento o artículo que llegue a mis lectores/as y que plantee otras formas de financiación, y/u otras medidas de acompañamiento, no es la RBU que estamos proponiendo. Y todo ello suele hacerse, o bien por desconocimiento, o bien por introducir aún más grado de confusión, con objeto de desprestigiar la medida, o indicar su imposibilidad práctica.

 

Seamos, pues, claros también en este aspecto: los defensores de derecha de la RBU (que los hay) proponen desmantelar el Estado del Bienestar (educación, sanidad, vivienda, servicios sociales, etc.) "a cambio" de la RBU, persiguiendo sus ya clásicos objetivos de adelgazamiento del Estado, privatización de los servicios públicos, y mercantilización de todos los derechos humanos. Su modelo de Renta Básica les da alas en este sentido, pues legitima su fundamento y su objetivo principal, digamos que les ayuda a conseguirlo. Por el contrario, los defensores de la RBU desde la izquierda transformadora perseguimos una redistribución más justa de la riqueza, y el mantenimiento, e incluso el fortalecimiento, de las prestaciones del Estado del Bienestar. Concretando en esta línea, nuestro modelo de RBU propone asegurar a toda persona el derecho a vivir dignamente, financiando el sistema mediante un sistema fiscal progresivo y de forma compatible (no sustitutorio) a las demás prestaciones universales del Estado de Bienestar. De hecho, y para eliminar dudas al respecto, Daniel Raventós y Luis Alonso Echevarría, en este artículo para la revista Sin Permiso, informan de lo siguiente: "En el último Congreso de la Basic Income Earth Network (BIEN), celebrado en Seúl en julio de 2016, dicha organización, que agrupa a estudiosos y activistas de muy diverso signo ideológico, decidía por mayoría añadir a la definición tradicional de la Renta Básica recogida en sus estatutos (un ingreso universal, individual e incondicional), el siguiente redactado: "[...], y suficientemente alto como para que, en combinación con otros servicios sociales, constituya parte de una estrategia política para eliminar la pobreza material y para facilitar la participación social y política de cada individuo. Nos oponemos a la sustitución de servicios sociales o derechos [...]". Pensamos que queda claro, y que quien afirme otra cosa, es un ignorante en el tema o bien solo pretende introducir confusión.

 

Y la confusión o perversión argumental llega a tal extremo que además de las razones y motivos que durante las entregas anteriores ya hemos desmontado ("no se puede financiar", "no hay dinero", "entonces la gente no trabajaría", "no podemos dársela también a los ricos", y demás falacias), algunos autores intentan parangonar la RBU con otras medidas propuestas por otras fuerzas políticas, digamos, del arco ideológico de la derecha. Por ejemplo, Ciudadanos propuso en la campaña electoral de los últimos comicios nacionales un "Complemento Salarial" para los trabajadores que no llegaran a unos determinados ingresos mínimos. Es decir, era una propuesta donde el Estado complementaba el salario de los trabajadores hasta un nivel mínimamente digno. A todas luces puede comprobarse que esta es una medida completamente distinta a la RBU que aquí proponemos. Las diferencias son múltiples: la propuesta de la formación naranja vuelve a ser condicional, no elimina la dependencia del trabajo, libera a los empresarios para continuar proponiendo empleos indignos, y al ser condicionada, no conlleva ninguna de las ventajas que hemos enumerado para nuestra RBU. De nuevo, pretender comparar ambas cosas sólo es un ejercicio de supina ignorancia, de mala información o de mala fe. De hecho, en este ejemplo, el efecto de la RBU sería justamente el contrario a la propuesta de Ciudadanos, ya que forzaría al empleador a ofrecer mejores condiciones, al empoderar y emancipar al trabajador de tener que vender su fuerza de trabajo. También se enfrenta a veces la RBU con la medida de reparto del trabajo, que también es defendida por nosotros. De nuevo nos preguntamos...¿Es que acaso son medidas incompatibles? ¿No pueden implementarse ambas? ¿No pueden implementarse incluso las tres medidas a la vez: la RBU, el reparto del trabajo y los Planes de Trabajo Garantizado? Estamos convencidos de que es posible y deseable.

 

De hecho, muchas propuestas de implantación de la RBU se acompañan de medidas de reducción de la jornada laboral, para permitir un mayor reparto del trabajo entre todos los que deseen trabajar. Subyace una filosofía de desligarnos del modo de producción capitalista, que en su actual fase terminal, agónica y destructiva, obliga a que existan por ejemplo personas superempleadas (es decir, trabajando muchas horas a la semana, en uno o varios empleos), junto a personas inactivas. Esto no tiene ninguna razón de ser. Es un despropósito absoluto. Es más, la RBU por sí misma puede resultar un instrumento muy útil para conseguir la disminución de la jornada laboral y el reparto del trabajo remunerado, dado que, a través de la seguridad que confiere al trabajador o trabajadora, facilita la reducción de jornada, el inicio de proyectos cooperativos, el autoempleo, la dedicación temporal al estudio, a las aficiones, etc. Es muy simple de entender: toda medida que nos libere de la dependencia cruel y absoluta del trabajo será empleada precisamente en disminuir el culto al mismo, para dedicar nuestro tiempo a otras actividades, y también dar lugar a que otras personas que lo deseen puedan también trabajar. En el fondo, son medidas que estimulan el reparto, la solidaridad, la cooperación, la libertad, la emancipación, la liberación. El reparto del tiempo de trabajo se vería incentivado, proporcionando una forma flexible de compartir el empleo libremente. Es decir, permitiría liberarse de algunas horas de jornada para los que lo desearan, y para otros/as, aprovechar el trabajo así liberado. Por tanto, no son medidas antagónicas ni excluyentes, sino complementarias. Repartir el trabajo que existe se convierte hoy día en una imperiosa necesidad, pero en caso de no poder/querer hacerse, el suelo firme que proporciona la RBU emancipa y libera a los trabajadores/as que no puedan/quieran practicarla.  Por su parte, los PTG contribuyen a liberar al trabajo humano de las fuentes privadas capitalistas, asumiendo que en la comunidad determinada donde se implementen, seguro que existen miles de trabajos que hay que desarrollar para el bien de dicha comunidad, aunque no sean rentables económicamente: siempre lo serán socialmente. Continuaremos en siguientes entregas.

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