Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
25 enero 2019 5 25 /01 /enero /2019 00:00
Arquitectura de la Desigualdad (126)

Cabe destacar, que el término trabajo no solo engloba el trabajo remunerado, sino que una parte muy importante del mismo (a veces incluso superior a la del trabajo remunerado) se divide también en trabajo doméstico y de cuidados y en trabajo voluntario. Si algo haría la Renta Básica, desde luego, sería visibilizar y ofrecer un valor más aproximado a la realidad que el que ostentan actualmente situándose fuera del mercado de trabajo

Julen Bollain

En el fondo, el concepto de la RBU no se abrirá paso mientras no cambiemos de mentalidad colectivamente, y nos tomemos mucho más en serio los derechos humanos. Hoy día, desgraciadamente, no poseemos una educación y una conciencia de ciudadanía que incorpore un enfoque de derechos (incluidos los llamados "derechos emergentes", a los cuales les dedicaremos una serie de artículos independiente) ampliamente aceptados. Hemos de partir de la base de que estos derechos son inherentes a todos los seres humanos, y por su carácter universal e indivisible, tienen que ser exigidos y defendidos para todos y en todas partes. Actualmente, la conciencia sobre estas ideas brilla por su ausencia, hasta tal punto que algunas encuestas llevadas a cabo entre personas precarias o desempleadas que se organizan para reclamar derechos sociales, laborales y económicos (a los cuales se les supone cierta conciencia e información), cuando se le ha planteado la idea del ingreso universal, muchas han respondido que no lo quieren, porque lo que quieren es ganárselo por ellos/as mismas. Cuesta asumir, por tanto, que la RBU es un derecho como tal, que nos corresponde como ciudadanos/as que somos, como parte de la colectividad y de la sociedad, insertos en una comunidad, y por lo tanto, nos corresponde una parte de la riqueza que entre todos/as generamos. Esta simple idea es aún difícil de entender y de asumir, incluso, como decimos, por los más afectados por la pobreza, el desempleo y la exclusión. Y es que la aceptación social de los valores donde se asienta el capitalismo neoliberal es mayoritaria, y está casi grabada a fuego en nuestros imaginarios colectivos. Para estas personas, el único objetivo al que aspiran es al mensaje "Tenemos que trabajar a toda costa", y no entienden nada más. Son perfectos hijos e hijas del pensamiento dominante. La secuencia de pasos mentales para llegar a la RBU sería más o menos la siguiente:

 

1.- Entender que al sistema capitalista siempre le interesa poseer un ejército de desempleados de reserva. Precisamente de esta forma el capitalismo ejerce una fuerza de presión constante sobre la fuerza de trabajo, para disciplinarla y ponerla a su servicio, mediante una amenaza constante a la fuerza laboral activa. 

 

2.- Entender que incluso con las mejores voluntades, no es posible el pleno empleo si sólo atendemos al concepto capitalista de trabajo. Y ello simplemente porque el capitalismo sólo está interesado en los empleos rentables económicamente, y no en los rentables socialmente, o en aquéllos que desempeñan funciones imprescindibles para la sociedad, pero que no están remunerados, como los trabajos de cuidados. A esto hay que sumar lo que ya hemos expuesto en entregas anteriores sobre la evolución de las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito laboral. 

 

3.- Entender que exista trabajo o no, las personas han de poseer su existencia material garantizada. Una vez que hemos entendido que el Dios Trabajo tiene que dejar de ser adorado, hemos de entender que una sociedad justa y avanzada ha de garantizar la libertad material (entendida como la satisfacción de las necesidades básicas) al conjunto de su ciudadanía, y además hacerlo de forma incondicional, es decir, sin estar supeditado al cumplimiento de un conjunto de ridículos requisitos, que evidentemente cumplen sólo un mínimo conjunto de la población. 

 

4.- Entender la RBU como derecho universal de ciudadanía, y comprender todas sus potencialidades. La Renta Básica se nos presenta así como un derecho de plena ciudadanía, para todo el mundo que viva en nuestra comunidad, de forma incondicional, y por vía individual, personal, intransferible e inembargable. Y nos abre todo un mundo de posibilidades: trabajar cuando queramos, en las actividades que queramos (sean o no remuneradas), o bien dedicar nuestro tiempo a otras actividades (trabajos de voluntariado, dedicación a aficiones, a proyectos abandonados, a emprender nuevas empresas, a viajar, a retomar la formación, y un largo etc.).

 

Y es que el mundo del trabajo clásico (digamos desde el período fordista hasta la actualidad), muy ligado también al mundo del sindicalismo, se resiste enormemente a abandonar sus postulados históricos, y aún defiende el trabajo como vector fundamental para la integración social. Sus políticas de concertación, sin embargo, al bajar la guardia progresivamente con respecto al capital, sólo han conseguido que el conflicto capital-trabajo se solucione siempre a favor del capital, mediante las sucesivas contrarreformas laborales de las últimas décadas, que han ido abandonando las conquistas obreras históricas, para reforzar la hegemonía de la clase empresarial. Estas personas siguen ancladas a esos objetivos, y la mayoría aún piensa que podemos y debemos alcanzar el pleno empleo, con salarios dignos y derechos y protección social. Nosotros, desde la izquierda republicana y transformadora, no es que estemos en contra de dichos objetivos, es que analizamos la realidad social y las estructuras productivas de nuestro tiempo, y comprendemos que hay que asumir ciertas realidades, y por tanto ciertos objetivos, sin perder el norte de que la existencia material de todas las personas ha de quedar garantizada. Este es el ejercicio mental que pretendemos que hagan las personas aún ligadas a los postulados laborales clásicos de la lucha obrera. Esas tesis trabajistas se oponen a la RBU, porque aún entienden que la dignidad de las personas se encuentra en sus puestos de trabajo, pero no es cierto. Han de comprender que la RBU no desincentiva el trabajo, más bien al contrario, lo estimula y lo refuerza, y además elimina las trampas de la pobreza, asociadas a los nuevos empleos precarios, y a las prestaciones condicionadas.

 

La idea es poseer un instrumento, la RBU, que haga a la gente libre: libre para trabajar o no, libre para aceptar ciertos puestos de trabajo o no aceptarlos, y libre para dedicarse o no a otras actividades, o a trabajos no remunerados. Esa es la libertad que una herramienta como la RBU nos proporciona. Esta libertad material que nos proporciona la Renta Básica tiene más que ver con la idea de que podamos trabajar en algo realmente elegido por nosotros, democratizando las relaciones laborales, empoderando a las clases más desfavorecidas, y liberándonos del dogal del trabajo asalariado y esclavizador. La RBU es revolucionaria por todos estos aspectos, y por ello también anticapitalista, aunque por supuesto, no es la panacea. Muchos lectores y lectoras podrán preguntarse: ¿Pero es que con la RBU vamos a solucionar todos los problemas? Evidentemente que no. Nos hacen falta más instrumentos, entre los que figuran más medidas asociadas de política económica, de política fiscal, social, ambiental...de justicia social en una palabra. De entre todas vamos a destacar una que entronca con lo que explicamos en el primer bloque temático de esta serie, que exponía el poder de los ricos. Se trataría de introducir una limitación en las rentas máximas que las personas pudieran cobrar, es decir, lo que pudiéramos denominar como una Renta Máxima (RM). 

 

Porque en efecto, la RBU eliminaría la pobreza, pero no la riqueza. Y es absolutamente necesario eliminar también la riqueza, por varios motivos. El primer y principal motivo se refiere a la perversidad de la riqueza en sí misma, como factor colaborador necesario para que la pobreza exista: desde los primeros artículos de la serie, insistimos en la idea de que existe la pobreza precisamente porque existe la riqueza. Desde este punto de vista, una medida de una Renta Máxima, combinada con la RBU, nos dotaría de una mejor plataforma para ir erradicando la arquitectura de la desigualdad, en el sentido de que eliminaríamos todas las consecuencias que la existencia de la riqueza desmedida provoca, que fundamentalmente se manifiesta en la enorme influencia que poseen los ricos para proyectar su poder bajo las sociedades capitalistas, y gracias a ello, controlar las instituciones, empresas y organismos (incluidos los propios Gobiernos) para conseguir que se pongan al servicio de sus intereses. Recordemos que lo que venimos denunciando durante toda esta serie de artículos es que asistimos paulatinamente a un crecimiento constante de la riqueza de unos pocos, así como a la pobreza generalizada de la inmensa mayoría. Es necesario entonces no sólo erradicar la pobreza, conseguir que no haya pobres, sino también acabar con el enorme poder de las grandes fortunas, y de las grandes corporaciones transnacionales, que además de asolar el planeta, atentan contra las condiciones de vida de las mayorías sociales. Ya tendríamos el círculo completo en este sentido, porque además de garantizar la existencia material de todas las personas mediante la RBU, impediríamos que los grandes poderes económicos privados fuesen capaces de seguir imponiéndonos sus designios a todos los demás. Todo ello además combinado con medidas para reforzar la democracia, nos conduciría a un panorama donde la arquitectura de la desigualdad sufriría un serio revés. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías