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6 febrero 2019 3 06 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Mohammad Sabaaneh

Viñeta: Mohammad Sabaaneh

La aparición de las Caravanas no es un elemento fortuito surgido de la nada sino una realidad directamente proporcional a la miseria, corrupción y descomposición social de los países de procedencia

Juan Rivera (Colectivo Prometeo)

Pero no solo las guerras o las hambrunas son la causa inexorable de los millones de desplazados forzosos y refugiados que existen en el mundo. También lo son los cambios ambientales en su propio entorno, que les dificultan e impiden su propia supervivencia. Son los refugiados climáticos, o desplazados por el clima. En muchos casos, se han dado desastres ambientales que sucesivamente han hecho inviable el poder continuar con sus modos de vida, con la existencia de las fuentes de recursos que les procuraban la vida. Pero hay que hacer notar que estos procesos no responden a maldiciones caídas del cielo, sino creadas también por el ser humano: el cambio climático (provocado por las emisiones contaminantes de la gran fábrica y el gran supermercado globalizados), se incrementa bajo la extensión de un modelo de agricultura que explota los suelos y los acuíferos más allá de sus límites. En el libro "¿Qué hacemos con las fronteras?", sus autores refieren lo siguiente: "Se hace necesario explicar la relación entre el hambre y la modernización de la agricultura, entre el hambre y el progreso, entre el hambre y la Revolución Verde, entre el hambre y el capitalismo. Hace ya casi treinta años, durante la hambruna que entre 1983 y 1985 desplazó a más de diez millones de personas del Sahel hacia el sur y hacia las ciudades, más de un millón de cabezas de ganado y casi ciento cuarenta mil toneladas de cereales fueron exportadas en plena crisis. Hoy en día el hambre en Somalia se presenta de nuevo como una tragedia consecuencia de designios divinos que se han conjurado para que no llueva. Pero la privatización y el acaparamiento de las tierras comunitarias, las medidas contra el pastoreo nómada y la esquilmación de los caladeros pesqueros no son fruto, desde luego, de la voluntad de los dioses. Mientras, se obvia la historia de los pueblos que habitan la región, que se habían adaptado a la fragilidad de los ecosistemas de la zona mediante delicadas combinaciones de agricultura, ganadería y pesca". 

 

Por tanto, y es algo que reseñan con insistencia los autores de dicho texto, hablar de desplazamientos masivos y forzados de la población es siempre hablar de violencia. De violencia climática (provocada por el hombre), de violencia armada (provocada por el hombre), de violencia en cuanto a ausencia de oportunidades (provocada por el hombre), y de violencia por hambre y sed (provocada por el hombre). Cuando decimos "provocada por el hombre" queremos decir provocada por la perversa política desarrollada y aplicada en dichos territorios, provocada por Gobiernos, provocada por el imperialismo (europeo o norteamericano), provocada por guerras, provocada por intereses geoestratégicos. Tengamos en cuenta que nadie se desplaza porque sí. Siempre existen motivos, y dichos motivos no son debidos al ansia de aventuras, ni de riquezas ni de cambiar de aires. Son desplazamientos forzosos, provocados por el ansia de poder y de control de los recursos de dichos territorios por parte de potencias extranjeras, o bien por el cambio climático provocado por la acción despiadada del hombre sobre el planeta, la naturaleza y el resto de seres vivos. Cuando entran en escena las poderosas corporaciones multinacionales, interesadas en acaparar tierras, o en apoderarse de los recursos naturales del territorio mediante salvajes procesos extractivos, o en construir gigantescas infraestructuras de comunicación o de transporte, se hace necesario vaciar dichos territorios (en África, Asia o América Latina) de las comunidades que los habitan (pueblos indígenas, comunidades negras, poblaciones campesinas...), y esto en muchas ocasiones, en la mayoría de ellas, se logra promoviendo la violencia, expoliando sus recursos, destruyendo sus medios de vida, acabando con sus fuentes de recursos, aniquilando su medio ambiente, enfrentando a la población entre sí, etc. Luego enmascaran todos estos procesos mediante la "necesidad", o mediante conflictos étnicos o religiosos, pero la verdad es que son los grandes agentes del capitalismo los que provocan toda esta destrucción, todo este éxodo de población, toda esta barbarie. 

 

Por otra parte, el incremento espectacular de los precios de los alimentos es otra forma de violencia a gran escala. La especulación alimentaria es no sólo un negocio a gran escala, sino una fuente perversa de transformación de los recursos naturales, y de manipulación genética indeseable. Poderosas empresas del sector alimentario se apoderan violentamente de las tierras vírgenes de estos territorios, así como de las semillas cultivadas, despreciando la soberanía alimentaria de las poblaciones asentadas, e interviniendo en la estructura mundial de los mercados. La modernización de la agricultura a través de los planes de ajuste estructural impuestos a las economías de más de 90 países desde los años ochenta del siglo XX, la multiplicación de la actividad especulativa en torno a los alimentos y la irrupción de la producción masiva de agrocombustibles (pan para los coches y hambre para los pobres), se combinan como factores desencadenantes de este incremento trágico de los precios. Este proceso alienta además el acaparamiento de nuevas tierras, los monocultivos, etc., y toda esta dinámica retroalimenta a su vez todo este modelo. Este explosivo cóctel deja también sin recursos y sin medios de vida a la población originaria de estos territorios, que de nuevo se ve condenada al éxodo o al hambre. Y a pesar de todo, hemos de resaltar que los pequeños/as campesinos/as del mundo producen aún en torno a 2/3 de los alimentos del planeta. En África y en la India, sobre todo, la gran mayoría de las pequeñas explotaciones agrarias son cultivadas por mujeres. Y hoy día, son también ellas las principales damnificadas por este proceso de acaparamiento de tierras, además de sufrir una invisibilización de su actividad, por lo que capitalismo y patriarcado se entrelazan aún más mientras se degradan las condiciones de vida de las mujeres de estas poblaciones. Vaciar unos territorios y sobrepoblar otros, una estrategia que no es novedosa, sino que forma parte de las características del capitalismo desde sus orígenes. Se busca que ciertos territorios posean menos población, para que sus recursos puedan ser mejor explotados, mientras otros territorios se masifican, sobre todo para que sus habitantes sumen abundante mano de obra barata, fuerza de trabajo miserable para la explotación, con objeto de tener la maquinaria capitalista bien engrasada. 

 

En pleno siglo XXI, este esquema tradicional del capitalismo se ha desbocado. El robo y el despojo de la tierra están a la orden del día, mientras la desposesión de sus habitantes es constante y despiadada. Esta gigantesca expropiación mundial se intensifica hoy día, apoyada por el poder incontrolado de los mal llamados "Tratados de Libre Comercio", que dotan a las megaempresas de un poderío descomunal, mientras anulan la capacidad de gobiernos para enfrentarse a los intereses de estas infernales corporaciones. En América Latina, por ejemplo, Colombia es un ejemplo perfecto de cómo el gran capital necesita deshabitar determinados territorios para poder hacer negocios. Colombia posee el tercer índice de desigualdad más grande del mundo (según PNUD, 2011), es el país con mayor número de desplazamientos internos (entre 3,5 y 5,2 millones de personas, según diversas estimaciones), y con mayor número de personas refugiadas en el exterior (casi 400.000). Allí llegaron nuestras empresas transnacionales y acapararon los monopolios estatales en sectores como el agua, la banca, la energía o las telecomunicaciones. España es el mayor inversor europeo en el país. Prácticamente todas las grandes multinacionales españolas tienen negocios en Colombia. Y todas ellas, en sectores estratégicos de la economía colombiana: hidrocarburos (Repsol YPF, Cepsa y Gas Natural), electricidad (Endesa y Unión Fenosa), construcción (Ferrovial y ACS), banca (BBVA y Santander), telefonía (Telefónica), seguros (Sanitas, Prosegur y Mapfre), y por supuesto, los medios de comunicación (Prisa y Planeta). Además, en mayo de 2010, curiosamente coincidiendo con la presidencia española de turno en la UE, se aprobó el Tratado de Libre Comercio entre la UE y Colombia y Perú. Confío en la sagacidad de los lectores y lectoras para que relacionen todos estos datos, y saquen sus conclusiones. En Colombia se produce, sobre todo, un conflicto por la tierra. Grandes cantidades de población son despojadas de sus tierras por estas grandes compañías, que las utilizan para la construcción de sus megaproyectos de ingeniería o infraestructuras. Y así, los territorios estratégicos, ricos en recursos naturales, o aptos para la construcción de grandes proyectos energéticos, se militarizan y paramilitarizan, bajo la excusa de combatir a las guerrillas y el tráfico de drogas.

 

En todo este tinglado colaboran muy activamente los grandes medios de comunicación, propiedad y aliados del gran capital, que ocultan la información que no les interesa difundir, y tergiversan datos y otras informaciones, construyendo pseudorealidades informativas, absolutamente manipuladas. Las mismas potencias colonizadoras que ya actuaban desde el siglo XIX continúan su perversa estrategia de repartirse continentes completos, dividen países y trazan nuevas fronteras, mientras lanzan calumniosas campañas a través de sus medios de comunicación, o mejor dicho, de intoxicación desinformativa. Tomemos la guerra de Siria como ejemplo: se difunde internacionalmente que existe allí un dictador que reprime a su pueblo, mientras la verdad es que la guerra tiene otros motivos e intereses: es la puerta de entrada a tres continentes, es el segundo país del mundo en reservas de petróleo (probablemente también lo sea en reservas de gas), tiene suelo para dar salida al Mediterráneo a gaseoductos y oleoductos de lo que piensan saquear a otros países de Oriente Medio, tiene suelo para ampliar el Estado sionista de Israel, es el perfecto trampolín para saltar a Irán...Se comprende, analizando todos estos datos, que en Siria se mida el control por una hegemonía mundial para las grandes potencias. La pregunta es: ¿nos cuentan todo esto los medios de comunicación? Pues no solamente no lo cuentan, sino que además toman partido de forma descarada por uno de los bloques, demonizando al otro, y ocultando los verdaderos intereses en juego. Parte de esta intoxicación informativa es hacer campaña contra los migrantes, contra esa población de pobres que "nos invade", es un "peligro para nuestra cultura y nuestros valores", "detestan el mundo libre", y mil barbaridades por el estilo. En este sentido, la Red Acoge (una federación de 18 ONG que trabajan en defender los derechos de los migrantes) publicó el pasado diciembre el "Manual contra el Inmigracionalismo", definiendo este término como un acrónimo entre "Sensacionalismo" e "Inmigración", e intentando desmontar bulos, falacias y mentiras sobre el asunto. Continuaremos en siguientes entregas.

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