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15 febrero 2019 5 15 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Sancho Ruiz Somalo Byron Maher

Viñeta: Sancho Ruiz Somalo Byron Maher

La RBU no supone el final del mercado o el final del trabajo remunerado. Es simplemente un mercado donde el ingreso no comienza en cero, y los trabajadores se liberan de la amenaza de la miseria. Con la RBU, los trabajadores ingresan al mercado laboral como personas libres. Los empleadores tienen que pagar lo suficiente para que valga la pena que los trabajadores acepten esos trabajos. LA RBU nos dará una economía de altos salarios que funcione para todos

Karl Widerquist (Vicepresidente de la Basic Income Earth Network)

La precariedad y la exclusión se han convertido en nuestro paisaje diario, en nuestro drama cotidiano. Paro, pobreza y precariedad se entrelazan, se dan la mano, se muestran en sus diferentes caras, todas de la misma moneda: la falsa "austeridad" a la que nos llevan condenando desde la crisis de 2007. Personas desempleadas, o en riesgo de pobreza, u obligadas a recurrir a los bancos de alimentos, o en empleos precarios que no alcanzan el mínimo para poder subsistir. Pero si todo este atropello vital se normaliza, cada vez será más difícil salir de él, planteando medidas radicales. La Renta Básica es una medida radical, no es perfecta, pero pensamos que aún no se ha inventado nada mejor para paliar este profundo problema. El capitalismo va dejando su reguero de destrucción, avasallando derechos y liquidando las bases materiales que necesitamos para la supervivencia mínimamente digna. A todo ello hay que sumar los desahucios, los suicidios, los empleos sumergidos, al conjunto de lo cual Manuel Cañada define como "la contabilidad del austericidio, la trastienda de la recuperación económica, el helio de angustia que eleva el siempre renovado globo de acumulación de capital". Hoy día, la incertidumbre se vuelve rabiosamente cotidiana, la incertidumbre se constituye en ley vital, y el miedo al futuro se normaliza cada día un poquito más. Nos intentan convencer de que esa es la única forma en que podemos vivir, pero muchos/as no nos resignamos a eso. La RBU acabaría con todo este panorama de violencia, de indignidad, de podredumbre social. Si la RBU no toma carta de naturaleza propia y se materializa en poco tiempo en una realidad concreta, mucho nos tememos que continuará la barbarie, la guerra entre los pobres, e incluso las nuevas formas de fascismo. Hay que gritar bien alto y claro ¡Fuera el asistencialismo! (es decir, todas las actuales modalidades de rentas mínimas de inserción, condicionadas y claramente insuficientes), ¡Fuera el laboralismo! (es decir, todas las tramas conceptuales que descansan en el Dios Trabajo como única política social y liberadora del ser humano), y ¡Viva la dignidad y la emancipación! (es decir, desligar definitivamente la posibilidad de rentas estables y suficientes de la única vía desde el trabajo). 

 

No queremos ningún tipo de condicionalidad para una renta básica, puesto que la dignidad del ser humano y su libertad material deben ser incondicionales. En este sentido, no queremos itinerarios formativos, controles de demanda de empleo, búsquedas "activas" de empleo (los eufemismos en este campo son muy graciosos), requisitos cruzados de condicionalidad (algunos tan excluyentes que resultan absurdos, y todos generalmente injustos), no queremos la arbitrariedad y subjetividad que priman en su concesión, no queremos el marcaje humillante que se deduce del hecho de la solicitud, situaciones todas ellas que únicamente reproducen las situaciones de exclusión social. Queremos una renta básica suficiente, individual, incondicional y universal. Es la única manera que existe de erradicar la pobreza de forma justa, y por supuesto, complementada con el resto de servicios públicos del Estado del Bienestar, pues cada uno de ellos (así como la propia RBU) se corresponde con un derecho humano fundamental. Que no vengan tampoco a vendernos la cantidad de puestos de trabajo que van a crear, porque ni son creíbles las cifras, y como decimos, la RBU nos libera contra el dogal del salario. La RBU es una medida que se resiste tanto porque va contra la mercantilización de los puestos de trabajo, contra la infravaloración de otros tipos de trabajos, contra el poder disciplinador del desempleo, y supone un fondo de resistencia contra la explotación laboral. Son éstos y no otros los verdaderos motivos que se esconden tras las absurdas excusas que dan los capitalistas y las fuerzas de la derecha para rechazar de plano la renta básica. Son éstas y no otras las situaciones que serían una grave amenaza para la manipulación y el control capitalista sobre la clase obrera. Y lo más absurdo de todo es arguir que no hay dinero para la RBU, cuando lo comparamos con las cantidades dedicadas al rescate bancario (60.000 millones de euros), el fraude fiscal de las grandes corporaciones (90.000 millones de euros), o el coste social de la corrupción (estimado igualmente en 90.000 millones de euros). A más de uno/a, a la luz de estas cifras, se le debería caer la cara de vergüenza a la hora de alegar que no hay dinero para una RBU. Lo que hemos de hacer es catalizar la idea a gran escala, difundirla al por mayor, desmentir todos los bulos que se vierten sobre ella, continuar con las movilizaciones de la Marea Básica y demás colectivos que la demandan en la calle, y crear así hegemonía popular y contrapoder ciudadano a favor de esta medida. 

 

Hemos de reivindicar masivamente que no somos números de un DNI ni de la Seguridad Social, que no somos parte de una fría estadística, que no somos carne de cañón para la precariedad forzosa, que no somos clientes, ni consumidores, ni usuarios, que no somos vagos ni gandules, que no somos ladrones del sistema, que no somos fugaces iluminados, que no somos demandantes de la caridad divina ni humana. Somos personas y reivindicamos nuestros derechos universales de ciudadanía. Tan simple como eso. Tan grande como eso. No demandamos derechos subjetivos, sino objetivos. No somos peligrosos panfletarios, sino que exigimos el cumplimiento de normas tan básicas como la Constitución, la Carta Social Europea o la Declaración Universal de los Derechos Humanos, entre otros cientos de reconocimientos de derechos en tratados, normas y convenciones que los reclaman universalmente. El camino se llama Dignidad, y la reivindicación es la RBU. El mal se llama arquitectura de la desigualdad, y nuestro deber es abolirla. Pero también es un camino, aunque muchas personas crean lo contrario, de ahorro público, lo cual es directamente proporcional al ahorro que se conseguiría en diferentes frentes ligado a la propia erradicación de la pobreza. Estamos pensando, por ejemplo, en ahorro a nivel de la seguridad pública (policía, jueces, prisiones...), debido a la disminución de delitos cometidos por desesperación de muchas personas, o también al ahorro público en sanidad (y dentro de ella la salud mental es un apartado especialmente importante, que también saldría ganando como muchos estudios sugieren), dado que la pobreza y sus efectos "colaterales" (delincuencia, problemas de salud, economía sumergida...) es una de las principales causas de enfermedades psicosomáticas que las personas experimentan por esta causa. Podríamos expresarlo como que el gasto en "prevención" de la pobreza que actualmente se destina a dicho fin (de una forma ineficaz e indigna) se administraría mejor dedicándolo, precisamente, a erradicar la pobreza mediante la RBU. Y por supuesto, también existiría un ahorro administrativo derivado de la desaparición de los controles sobre requisitos y condiciones, vigentes hoy día en las actuales prestaciones.

 

Los aspectos ligados a la salud mental son especialmente delicados, ya que en la relación entre trabajo y salud mental encontramos una co-relación, una retroalimentación del ciclo patológico de la exclusión, tal y como analizan Sergi Raventós y Hernán Sampietro en este artículo para el medio Sin Permiso, que estamos siguiendo para esta exposición. De una parte, el trastorno mental supone una barrera para el acceso al mercado laboral, pero a su vez, el desempleo, los trabajos precarios y escasamente remunerados son también factores que afectan negativamente a la salud mental (y a la salud en general, como hemos comentado). De este modo, los efectos de la exclusión social entran en un círculo vicioso donde se perpetúan en diabólica espiral. Es necesario recordar (como ya hemos reseñado muchas veces en esta serie de artículos) que la exclusión social no se reduce solo a la pobreza económica (aunque la incluya), sino que también supone una barrera y/o una mayor dificultad para las oportunidades de formación, crecimiento personal e inserción en la sociedad. Todo ello afecta a la autoestima, a las relaciones sociales y al bienestar emocional. Muchos estudios científicos han demostrado que el desempleo es un factor determinante para la salud mental, así como también una causa de precipitación de trastornos mentales, incrementando significativamente el riesgo de ingreso psiquiátrico para las personas con períodos de paro de más de seis meses. Queda claro, por tanto, que la disponibilidad de unos ingresos económicos seguros es determinante, e incluso algunos autores estiman que el hecho de quedar en paro sin prestación puede aumentar hasta tres veces los riesgos de padecer problemas de salud mental en el caso de profesionales, y si se pertenece a la clase obrera puede llegar hasta siete veces más. No obstante, el mito de que "el trabajo dignifica" o es una fuente de bienestar (o la "mejor política social", como afirma cansinamente la derecha) debe ser revisado. Porque en efecto, poseer un trabajo, un "empleo", puede ser saludable para nosotros, pero también puede enfermarnos en función de las condiciones laborales.

 

Y así, un empleo temporal, precario, inestable, a tiempo parcial, sin derechos, mal pagado, de baja consideración social, o para el que estamos sobrecualificados, con elevado estrés y exigencias, amenazas de despido y/o escaso control sobre la tarea desempeñada, o por insuficiente motivación personal, o con demasiados cambios en las relaciones laborales, en la movilidad o en las funciones desempeñadas, es un importante factor de malestar psíquico y una posible causa del desarrollo de un trastorno mental. Incluso, tal vez resulta más saludable (o menos perjudicial) estar en una situación de desempleo subsidiado o cobrando una pensión, que trabajar en las condiciones antes referidas. Como hemos afirmado, lo que verdaderamente nos dignifica, nos emancipa, nos empodera y nos hace libres es la garantía de nuestra existencia material. La RBU vendría en estos casos a actuar como un estupendo colchón donde residiría esa garantía material para la existencia de estas personas, hasta no encontrar un empleo con protección y condiciones aceptables. La seguridad económica que proporciona la RBU reduciría la incertidumbre vital, principal factor desencadenante de las situaciones de malestar y angustia. Facilitaría a muchas personas el poder abandonar trabajos basura que estuvieran desempeñando, teniendo que soportar condiciones laborales perversas para su salud mental. A otras muchas personas les permitiría poder dejar empleos sumergidos, ilegales o penosos, que realizaran ocasionalmente para poder complementar su miserable pensión (los que la tuvieran). Los trabajos, cursos o itinerarios llamados "de inserción" serían de realización voluntaria, y en todo caso, se efectuarían sin estar condicionados a perder la prestación, ayuda o pensión recibida. En definitiva, creemos que la RBU ampliaría el abanico de oportunidades vitales para estas personas, al cubrir necesidades básicas sin presión social ni estigma. Esto revertiría positivamente en el bienestar emocional de las personas con problemas de salud mental (o en prevención de los mismos), así como en las oportunidades de desarrollar un proyecto de vida libre, autónomo y garantista, siendo inclusivas con todas las personas, más allá de sus circunstancias o capacidades, de sus limitaciones o dificultades, protegiendo y aumentando el poder de negociación también a quienes no tienen la posibilidad o el deseo de emplearse en el mercado laboral. Continuaremos en siguientes entregas.

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