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1 marzo 2019 5 01 /03 /marzo /2019 00:00
Fuente Viñeta: https://marxismo.mx/

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Adán y Eva disfrutaron, antes de ser expulsados del Paraíso, de un alto estándar de vida sin trabajar. Luego de su expulsión, ellos y sus sucesores fueron condenados a ganarse una existencia miserable, trabajando de sol a sol. La historia del progreso tecnológico en los últimos 200 años es esencialmente la historia de la especie humana trabajando lenta y firmemente su camino de vuelta al Paraíso. ¿Qué pasaría si es que de pronto nos encontráramos allí? Con todos los bienes y servicios producidos sin trabajo, nadie tendría un trabajo remunerado. Ser desempleado significa no recibir salario. Como resultado, hasta que nuevas políticas de ingreso fueran formuladas para adecuarse a las nuevas condiciones tecnológicas, todo el mundo moriría de hambre en el Paraíso

Wassily Leontief (1905-1999)

Como venimos insistiendo desde hace varias entregas atrás, la Renta Básica Universal revoluciona un montón de conceptos y de prejuicios, quizá de entre todos ellos el más importante sea la concepción del trabajo humano, que ya poníamos en solfa incluso antes de comenzar a hablar sobre la RBU. Desde la aparición del capitalismo, y sobre todo desde la extensión del modelo fordista, la mayor acepción del trabajo humano ha sido la que respondía a aquélla que se encuentra inserta en el mercado laboral, por tanto, desde este (exclusivo) punto de vista, y hasta más o menos mediados del siglo XX, "trabajo" era exclusivamente el realizado bajo las reglas del mercado laboral, inserto en sus normas, bajo el nombre de trabajo asalariado o empleo remunerado. No se consideraba trabajo el que realizan la mayor parte de las mujeres en el hogar, ni el que muchos/as voluntarios/as realizan altruistamente a nivel individual o formando parte de alguna organización no gubernamental. La arquitectura de la desigualdad impuso esta única acepción de trabajo, ayudada también por el patriarcado (que propugna la discriminación de las mujeres y la división sexual del trabajo), ya que la inclusión de un "mercado" del mismo, es decir, el sometimiento del trabajo humano sujeto a las leyes de la oferta y la demanda, así lo favorece. Bien, a tenor de lo que venimos contando, en realidad, podemos diferenciar hasta tres tipos de trabajo humano: 1) trabajo remunerado; 2) trabajo doméstico; y 3) trabajo voluntario. Veamos a continuación los efectos previsibles de la implantación de una RBU para cada una de esas tres modalidades, basándonos en este artículo de Daniel Raventós y Julie Wark publicado en Sin Permiso. Para el caso del trabajo remunerado, los posibles efectos son al menos cuatro: 1) incremento del poder de negociación de los trabajadores y trabajadoras (ya que una RBU proporciona un colchón sobre el que disponer de más autonomía y por tanto menor dependencia de empleos precarios, sin miedo a perderlo); 2) incremento del autoempleo (ya que la RBU podrá incentivar a más personas a emprender su propio negocio o empresa, desde la posición de salvaguarda que representa); 3) más empleo a tiempo parcial (ya que existirían quizás muchas más personas a las que no les conviniera, por diferentes motivos, la realización de un empleo a tiempo completo); y 4) subidas salariales en determinados puestos de trabajo y disminuciones en otros (ya que precisamente la emancipación del mundo laboral que la RBU representa traerá como consecuencia que las personas que elijan determinados puestos sea porque obtienen a cambio gran valor añadido). 

 

La RBU también solventará en gran medida el drama personal (y familiar) de la pérdida de puestos de trabajo debido al mayor grado de implantación de la robótica y la inteligencia artificial, además de perder fuerza en sí misma la existencia de ese "ejército disciplinado de reserva" que representa el conjunto de la población desempleada. En una palabra, la clásica relación Capital-Trabajo (que ya definiera Marx en sus escritos) se ve debilitada hacia el capital, y reforzada hacia el trabajo, rompiendo la enorme desigualdad que hasta ahora le afecta. El miedo hacia los patronos dejará de existir, ya que cada empleador negociará con sus trabajadores/as los puestos de trabajo a ofertar, y los empleados elegirán mucho más libremente si aceptarlos o no. La RBU permitiría a la clase trabajadora no solo negarse terminantemente a aceptar unas condiciones de explotación inadmisibles (que además disuadirían a los empresarios de plantearlas cada vez más), sino también plantear formas dignas y más satisfactorias de organizar el trabajo. En los casos de huelga, otra situación típica, el poder de la RBU haría disponer a los empleados y empleadas de una mayor capacidad de fuerza de negociación con la patronal, so pena de mantener la huelga de forma indefinida. Sin duda, la RBU constituiría la mejor caja de resistencia para dotar a los trabajadores y trabajadoras de una posición de fortaleza. Por otra parte, la RBU también convertiría a las cooperativas de trabajadores y usuarios en una opción mucho más atractiva y viable. Incluso la posibilidad de asociarse y emprender el cambio de titularidad de una empresa hacia el conjunto de sus trabajadores se haría mucho más factible (esta posibilidad toma sentido especialmente cuando las empresas ponen en marcha suspensiones de pagos, o reducciones masivas de empleo). Quizá la RBU no acabaría por sí sola con el trabajo precario, pero estamos seguros de que lo debilitaría, así como de que quien lo llevara a cabo lo haría por propia decisión personal. 

 

Por otra parte, existen autores que han estimado que quizá para la década del 2030 casi la mitad de los puestos de trabajo actuales en todo el mundo se habrán automatizado. Por esta misma razón, muchas de las personas que trabajan en el campo de la Inteligencia Artificial (IA) son partidarios/as de la renta básica. Está claro en ese sentido que, si las predicciones se cumplen y no queremos que la mitad de la población mundial se muera de hambre por no aportar valor añadido, la mejor solución sería implementar una RBU, basándose en la premisa de que todas las personas, trabajen o no, tienen derecho a una vida digna. Esto tiene mucho que ver también con el asunto de la posible financiación de la renta básica, ya que comienzan a existir algunas corrientes de pensamiento que aducen que, si la productividad de la robótica lo permite (al sustituir empleos humanos por máquinas que harían su trabajo), serían los propios robots y autómatas los que deberían cotizar a los sistemas públicos de Seguridad Social. Bien, el segundo tipo de trabajo que habíamos distinguido más arriba es el trabajo doméstico, que podría incluir no sólo las tareas propias del mantenimiento del hogar, sino también las labores propias de cuidados (niños, personas dependientes, ancianos, enfermos...). Las tareas de cuidados, además de estar mayoritariamente desempeñadas por mujeres, no suelen estar remuneradas, por lo cual es un trabajo casi absolutamente ignorado a efectos de "productividad" y rentabilidad económica, pero muy importante a nivel de rentabilidad social. En nuestra serie sobre el Buen Vivir que estamos desarrollando, como sabrán los lectores y lectoras que la siguen, estamos exponiendo en las actuales entregas los principios y bases de la corriente del ecofeminismo, que concede gran importancia precisamente a los trabajos de cuidados, ya que son parte y garantizan nuestra supervivencia como especie. Por supuesto, todas estas tareas han de ser consideradas como trabajo, y no solo eso, sino que además, diversos estudios concluyen que esta vertiente del trabajo representa una parte verdaderamente importante del porcentaje del PIB de cualquier país. 

 

Como es de prever, la RBU por sí misma no resolverá tampoco todos los problemas derivados de la división sexual del trabajo, ya que ello requiere un mayor calado de las posturas feministas en el conjunto de la población, que ha de asumir el descarte de los ya clásicos roles de género que el patriarcado asigna, y todas sus consecuencias en los mercados laborales. Ya hemos dicho infinidad de veces que la RBU no es "bálsamo de fierabrás" social, que vaya a curar todos los problemas que nos afectan. Pero con respecto a la modalidad del trabajo de cuidados (y doméstico), parece estar bien claro que la RBU aportaría también suculentas ventajas. De entrada, la renta básica concedería mucha más libertad en general a las mujeres, y como ya hemos afirmado tantas veces, libertad implica empoderamiento y emancipación. Al ser igual la cantidad de RBU para hombres que para mujeres, la base de percepción de rentas para todo el mundo será la misma, pues los derechos de ciudadanía son iguales para ambos sexos. La RBU proporcionará a las mujeres su propia independencia económica, accedan o no al mercado laboral. Eso es un paso fundamental para su libertad. La feminización de la pobreza se vería de forma seriamente mermada. Al desaparecer en la RBU el concepto de "unidad familiar", la RBU como también sabemos será percibida por mujeres en cualquier estado civil, vivan solas o acompañadas, tengan o no pareja, tengan o no hijos/as, sean familias monoparentales o no lo sean, etc. Por último, la tercera modalidad que habíamos distinguido al principio es la del trabajo voluntario. Podemos entender esta modalidad como el uso del propio tiempo personal en actividades no remuneradas, destinadas a la ayuda a terceros, y distintas al trabajo doméstico. Se puede ser voluntario/a en un experimento científico o social, en una ONG, o desempeñar trabajos para los servicios sociales, la atención médica, la educación, la solidaridad, los proyectos de reinserción de personas recluidas en prisión, el asesoramiento a mujeres víctimas de agresiones, el cuidado de pacientes relacionados con enfermedades terminales, los servicios de acompañamiento a personas mayores para evitar los estragos de la soledad, la asistencia a personas que hayan sufrido catástrofes naturales, la ayuda para mantener un refugio para animales abandonados, ejercer como intérprete para los extranjeros ante cualquier Administración pública, y un larguísimo etcétera de dedicaciones y actividades. 

 

La motivación para desarrollar cualquier tipo de trabajo voluntario es la propia satisfacción personal que genera la propia actividad, aunque también pueda acarrear beneficios de cara a su inclusión en nuestro currículum personal. Para todos estos casos, la RBU actuaría como estímulo para facilitar nuestra participación en cualquier trabajo voluntario que nos interesara en un momento determinado de nuestra vida, proporcionándonos la independencia económica como para dedicarnos a una actividad de la cual no vamos a obtener ninguna remuneración, más que la del corazón. Muchas personas que desearían poder llevar a cabo algún trabajo voluntario no pueden hacerlo por falta de tiempo o recursos, y la RBU las liberaría de esas limitaciones. Y ni qué decir tiene, como también hemos comentado en entregas anteriores, que también nos liberaría para poder dedicarnos a proyectos personales, que no siendo considerados trabajos, también nos proporcionarán satisfacción personal o bien una mayor capacitación profesional para abordar ciertas tareas. En este sentido, la realización de viajes, de cursos de formación, de experiencias vitales (ser padres, por ejemplo), de proyectos abandonados (escribir un libro, aprender a tocar un instrumento musical, a practicar cualquier deporte...) o de cualesquiera otras actividades que los lectores y lectoras puedan imaginar, se incluirían en este apartado, bajo la libertad y seguridad que la RBU proporcionaría. En última instancia, no sólo sería una magnífica herramienta para garantizar la libertad material (y disminuir tremendamente los efectos de la arquitectura de la desigualdad), sino que también contribuiría a que fuésemos, como personas, bastante más felices. Si hiciéramos una encuesta, la mayoría de las personas creo que coincidiría en afirmar que necesitamos de algo más en nuestras vidas que trabajar para la mera supervivencia. La RBU nos pondría todo esto más fácil. Sería una revolución muy importante, por eso al capitalismo no le interesa. Continuaremos en siguientes entregas.

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