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13 febrero 2019 3 13 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Moro

Viñeta: Moro

Ferguson, Salou, Kos. Sucesos en partes del mundo que a pesar de las distancias y los contextos tienen mucho en común. Las tres situaciones están provocadas por el racismo de una sociedad, la occidental, que a pesar de los años y los lavados de cara no ha conseguido superar su pasado colonial y se sigue creyendo el centro del universo. Las tres son situaciones provocadas por la violencia policial, que es la cara más visible y amarga de un sistema opresor que ejerce la violencia desde los aparatos institucionales de forma cotidiana y sistemática contra los más débiles, los descastados, los marginados. Y las tres son situaciones que dejan ver que las llamadas "democracias occidentales" son en realidad sistemas políticos profundamente racistas, desiguales y que esconden una realidad muy violenta bajo su máscara de bienestar y paz social. Que esconden la exclusión de una gran parte de su población en base a los "derechos de ciudadanía", que no es otra cosa que la forma moderna de dividir a los humanos de primera de los humanos de segunda

Xoan Perillán

El lenguaje político utilizado, tanto en la propia nomenclatura como en los términos usados para asociar ideas en nuestras mentes, son también responsables de la confusión mental, de los datos erróneos, de las falacias y de las mentiras asociadas al mundo de la inmigración. En la última entrega ya apuntamos, y vamos a desarrollarlo aquí algo más, la edición reciente de un "Manual contra el Inmigracionalismo", término que los autores (la Red Acoge, una federación de 18 ONG's que trabajan por los derechos de las personas migrantes) han creado como un acrónimo entre los términos "Sensacionalismo" e "Inmigración", es decir, la relación de la inmigración con el uso de términos negativos, o que simplemente suscitan rechazo entre la población, tales como "droga, asaltos, peligros, ilegales, mafias, invasión, robo, criminales, malvivir...", y otros muchos que los lectores y lectoras podrían estar pensando. En este asunto, ni que decir tiene, poseen mucha responsabilidad social los medios de comunicación y los periodistas a su servicio. El simple hecho de enunciar una noticia, la forma de darla a conocer, el contexto donde se cuenta, el propio relato que se hace de los hechos, ya puede inducir a la persona que escucha a situar su mente de una determinada forma. No estamos descubriendo nada nuevo, es un simple efecto psicológico de asociación subliminal de ideas y conceptos. Enric Llopis recogía la noticia de la publicación del referido manual en este artículo para el digital Rebelion, que vamos a seguir a continuación. Sin ir más lejos, la palabra "ilegal" hace referencia a cosas y acciones, a comportamientos, acuerdos, hechos, decisiones, actos, etc., pero en ningún caso puede aplicarse a personas, porque de lo contrario, la propia persona a quien se aplica ya es criminalizada en sí misma. El uso del lenguaje del miedo, el lenguaje bélico, o vocablos como "avalancha", "oleada" o "colapso" pueden generar inseguridades y miedos injustificados entre la población autóctona. El simple uso del término "inmigrante" implica psicosocialmente otorgar o conceder más relieve al origen de una persona que a sus derechos, ver más importancia en el hecho de que no es autóctono que en la propia persona, fijarse más en su situación administrativa que en sus derechos humanos. 

 

Y así, la vinculación perversa de las personas migrantes a las nociones, por ejemplo, de "pobreza" o "delincuencia" construye estereotipos mentales, al igual que la utilización de fotografías o imágenes fuera de contexto, o de personas que se hallen en situación vulnerable. Debemos huir por tanto de ese "inmigracionalismo" injusto que parece inundar cualquier noticia, consideración, comentario o debate cuando de migrantes se trata. El tratamiento sesgado y manipulado de las noticias contribuye, como hemos dicho, a difundir la confusión, el odio y el miedo hacia estas personas. Nadie puede ser considerado "ilegal", nadie puede ser criminalizado por ser extranjero y pobre (pues los extranjeros ricos no lo están), nadie puede ser rechazado por el simple hecho de que provenga de otra cultura, porque sus rasgos sean diferentes. Porque todos tienen, tenemos, el corazón en el mismo sitio del cuerpo, y nos sirve para lo mismo. Y también tenemos el cerebro en el mismo lugar, pero ese parece que funciona en función de unos intereses creados, que muchas veces se anteponen a lo que ese corazón puede dictarnos. Los dirigentes políticos, las asociaciones racistas, y sobre todo los medios de comunicación, pueden a menudo propagar los estigmas, normalizar la xenofobia, banalizar la realidad, provocar el alarmismo, e inducir a una catalogación mental injusta y errónea, entre otros graves efectos. Hay que huir también del uso excesivo de cifras, porque esto termina cosificando a las personas migrantes. Siempre se debe proceder a un análisis riguroso y justo, sin prejuicios, y aportando el contexto, por ejemplo aduciendo las verdaderas razones por las que la gente emigra, o qué podría sucederles si son deportados a su país de origen. Se debería partir de realidades como que, según la ONU, 1.300 millones de personas viven hoy en la pobreza "multidimensional" (la mitad de ellos/as son menores de edad), noción que incluye no sólo la falta de recursos propios para la satisfacción de las necesidades vitales, sino también la falta de acceso a la educación o al agua potable. O que las guerras, la violencia y las persecuciones han llevado a que 2017 sume otro récord histórico en los desplazamientos forzados: 68 millones de personas en todo el mundo. 

 

La función de los periodistas es informar, así de simple, pero no crear alarma social, ni "viralizar" los titulares, ni lanzar noticias "anzuelo". Los titulares, mediante este uso abusivo de los prejuicios, ya socavan el derecho a la información veraz e imparcial que nos asiste a todos los ciudadanos y ciudadanas. No se puede mediante los medios ser impulsor, vocero ni legitimador de ideas racistas, y por tanto, cualquier declaración o conclusión a la que llegue un determinado medio tendría que contextualizarse adecuadamente, y ser atribuida al autor de la misma, salvo que se trate del editorial de la publicación en cuestión, que está también obligado, dentro de la libertad de expresión y de posicionamiento político, a un juicio moderado de la información, y a no verter datos o informaciones falsas, o que puedan inducir a interpretaciones racistas o xenófobas. No debemos perder de vista que la cuestión central a la que nadie debería renunciar es la defensa escrupulosa de los derechos humanos, ya que si no, estamos atravesando esa sutil línea de separación con el fascismo. El periodismo en general, pero también los blogueros, los articulistas de opinión, los tertulianos, los escritores, y muy especialmente los directores de los medios de comunicación, poseemos una gran responsabilidad social al respecto, que no debemos eludir. Pero en vez de todo ello, hoy día asistimos a una especie de "mundo al revés" (parafraseando a Eduardo Galeano), donde las víctimas son criminalizadas, los salvadores humanitarios son acusados de complicidad con las mafias (lo que ahora mismo está provocando que no existan barcos de ONG para rescatar migrantes en el Mediterráneo), las zonas de maltrato, abuso, extorsión y tortura son denominadas "puertos seguros", y la evasión de responsabilidades y el incumplimiento del derecho internacional son denominados "externalización de fronteras". En vez de tanta perversión, tanta barbarie, tanta tergiversación, tanta manipulación y tanto incumplimiento de los derechos humanos, deberíamos lanzar al unísono un grito contra los muros y las fronteras, y movilizarnos de forma masiva para conseguir que nuestros Gobiernos implanten otra Política de Fronteras más justa y humana. 

 

En este sentido, Andreu Rulan, Capitán del buque Astral, declaró en el documental del programa "Salvados" lo siguiente, refiriéndose a los refugiados y migrantes: "Tan solo una opinión pública informada puede empujar a los políticos a legislar contra la desigualdad, que está en el origen de su huida contra la miseria y la guerra". Repetimos: una opinión pública [bien] informada. Es algo esencial, mientras ahora lo que tenemos es una opinión pública intoxicada y manipulada, fuera de contexto. En nuestras narices europeas están ocurriendo brutales acontecimientos, indignos de los que nos llamamos "humanos", y que cada vez toleramos más, normalizamos más. Es un testimonio constante de una brutal realidad que no queremos ver, y frente a la que preferimos mirar para otro lado. Realidad aplastantemente cruel que ocurre a pocos kilómetros de nuestro sofá, de nuestro televisor, ese que nos muestra las imágenes de esos desdichados que llegan en pateras a nuestras costas. Los naufragios y la llegada de pateras llenan minutos en los informativos diarios, pero ni sus impactantes imágenes parece que nos hagan sensibles ante el aberrante fenómeno. La llegada de refugiados es consecuencia de un mundo hostil, de las continuas guerras, de la pobreza extrema de muchos lugares. Las causas son el hambre y la pobreza, las guerras, las devastaciones de territorios completos, el saqueo de sus recursos naturales (por parte de nuestras potencias occidentales), cambios climáticos bruscos y desastres naturales (también fomentados por el hombre), unas relaciones comerciales injustas entre el Norte global y el Sur global, una deuda externa que asifixia las endebles economías de estos países (y cuyos países acreedores utilizan como medio de dominación y control de sus políticas), y en general, un mundo marcado por las enormes desigualdades. Todo ello, por supuesto, es fruto de una globalización capitalista y neoliberal, profundamente injusta y macabra, legitimadora de estas bárbaras políticas que fomentan las desigualdades entre clases y entre países. Éstas son las verdaderas causas, y hasta que no comencemos a asumirlas y comprenderlas, no habremos avanzado. 

 

Y la bárbara reacción europea (y mundial) a la llegada de migrantes se entiende aún mejor si (como ya hemos apuntado en anteriores entregas) se ve este asunto solo como un negocio, independientemente de su tratamiento como garantía de cumplimiento de los derechos humanos. Los negocios y las grandes corporaciones se sitúan hoy día por encima del tratamiento humanitario, de la visión humanista y garantista, y por tanto, esa es la terrible paradoja que hemos de afrontar. Durante los últimos 15 años, el "negocio" de traficar con migrantes y refugiados ha generado un beneficio de (como mínimo) 15.000 millones de euros a las mafias que se dedican a ello. Según las mismas fuentes (The Migrant's Files, ver además sitio en Wikipedia, así como éste y éste otro artículos de El Confidencial), las políticas de expulsiones y repatriaciones han costado como mínimo 11.000 millones de euros desde el comienzo del siglo XXI. Los principales grupos empresariales que han participado (muchos de ellos citados en anteriores entregas, como Finmecanica, Airbus, Thales o la española Indra) en la creación de las políticas europeas de defensa fronteriza han sido en realidad los grandes beneficiarios de los megaproyectos de I+D dedicados a evitar la llegada de migrantes. Por tanto, a más "preparación" fronteriza para evitar su llegada, más negocio para estas empresas. Así de simple. Así de brutal. Pero no solo en este ámbito se dan los negocios. También lo son los que trabajan al servicio de la deportación de migrantes: entre 2010 y 2014, el gobierno español fletó, junto a la Agencia Europea de Control de Fronteras, 31 vuelos "macro" con un coste superior a los ocho millones de euros. En total, durante esos cuatro años, el Estado Español ha expulsado a más de 26.000 inmigrantes en más de 250 vuelos, la gran mayoría con cargo a los PGE, y 31 financiados por la UE. Por otro lado, el gasto asociado a los CIE en España se acerca, según ha podido calcular el medio catalán critic con la ayuda de la ONG SOS Racismo, a un mínimo de 34 millones de euros anuales, que se repartirían de la siguiente forma: 10 millones de gastos de funcionamiento, alimentación y atención sanitaria; otros 10 millones en salarios de los miembros de la Policía encargados de su custodia, unos 400.000 euros para Cruz Roja, y 12 millones en vuelos de expulsión de migrantes. En este campo, empresas privadas como Air Europa, Swift Air, Clínica Madrid o ACS (de Florentino Pérez) han hecho un suculento negocio con nuestra bárbara y cruel política migratoria. Pero ¡cuidado! porque si algún senegalés, camerunés, o marroquí sabe darle dos patadas a un balón, entonces la ACS de Florentino Pérez no lo deportará, sino que le pagará millones de euros para que juegue en el Real Madrid. ¿¿¿Alguien entiende algo???? Continuaremos en siguientes entregas.

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