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27 febrero 2019 3 27 /02 /febrero /2019 00:00
Viñeta: Amorim

Viñeta: Amorim

Los ricos nos explotan, saquean el estado de bienestar con rescates, no pagan impuestos, gozan de privilegios y paraísos fiscales, pero según los fascistas los culpables de nuestra situación son nuestros compañeros de clase social por ser negros, moros e inmigrantes. Solo idiotas o miserables caen tan bajo

Miguel Ángel Montes

Como venimos afirmando, la información falsa, el sensacionalismo, los titulares grandilocuentes, las alarmas sociales, las falacias contextuales, y un largo etcétera de recursos, son predominantes en los medios de comunicación cuando de noticias de migrantes se trata. Como destaca Eduardo Romero en el artículo de referencia, ya en 2003 el Consejero de Economía canario advertía de que nos podrían "invadir 20 millones de africanos". Sostenían que aquélla "crisis de los cayucos" podría ocasionar un grave problema demográfico. Y al calor de aquélla falaz campaña, el Gobierno del PSOE de entonces (con Rodríguez Zapatero a la cabeza), aprobó el llamado "Plan África", un plan diseñado (aunque publicitado bajo otros objetivos) para militarizar y externalizar la frontera, y para utilizar la excusa de la inmigración ilegal para continuar promoviendo intereses neocoloniales en algunos países africanos. Por ejemplo, intereses pesqueros e intereses petrolíferos y gasísticos formaban parte de aquélla ofensiva diplomática y comercial. Pero los migrantes no interesaban, así como tampoco promover el bienestar de esos países africanos desde los cuales provenían. Pero es muy fácil desmontar esas cifras escandalosas: en 2006 llegaron a Canarias exactamente 30.000 migrantes, mientras que visitaron las islas 9,5 millones de turistas. Cualquier lector/a mínimamente decente podrá concluir que frente a 9,5 millones, 30.000 personas no pueden suponer ninguna amenaza demográfica. Burdas mentiras, como siempre, para exagerar criterios, y elevar falsas conclusiones, para todas aquéllas personas que se dejen o quieran dejarse manipular. Los datos siempre han de verse en contexto, comparativamente, analizándolos en perspectiva y en conjunto con otros datos, y entonces es cuando de verdad comprendemos la envergadura del fenómeno al que se alude. Pero si las cifras se vierten de forma aislada y alarmista, entonces consiguen el fin esperado por los medios que las vierten, que no es otro que crear alarma social y destacar un problema donde no lo hay. Actualmente, el sobreconsumo de imágenes, mensajes, fotografías, informaciones, reportajes alarmistas, noticias sobre las fronteras...inciden en un efecto de "sobreestimulación comunicativa" (en expresión de Eduardo Romero en esta segunda entrega de su artículo) que nos instala en un proceso de digestión continua de informaciones que al final tienen como efecto que miremos para otro lado. 

 

Porque en efecto, una sociedad hiperinformada sobre un determinado aspecto tiende a normalizarlo, y hoy día la televisión, la prensa escrita, los medios digitales, y las redes sociales nos han instalado en un consumo continuo de hechos y declaraciones sobre el asunto, tan exhaustivo como impotente. La realidad no ha sido diseccionada de forma correcta y mostrada al público tal cual, sino sesgadamente mediatizada, y mostrada expresamente para provocar el efecto deseado, que no es otro que una posición política determinada ante el hecho de las migraciones. Toda la comunicación mediática, sea por cualquier fuente, pretende que veamos un fenómeno despojado de su humanidad, de su vertiente humana. Cuando desgraciadamente llegamos ahí, ya vemos al inmigrante que sube a la valla no como a una persona, sino como a un asaltante. Lo despojamos de su contexto vital, de su pasado, de sus necesidades, y únicamente lo vemos como una amenaza. Por tanto, frente a esta mentira y a esta manipulación, frente a esta radical e inhumana descontextualización mediática, hemos de reconstruir las dimensiones histórica, social, cultural y política de las migraciones. Humanizar el fenómeno es precisamente eso: reconocer el contexto que les conduce, en un determinado momento de sus vidas, a subirse por ejemplo a una alambrada rodeada de policías marroquíes y españoles. O esperar en el monte a poder cruzarla. O tirarse al mar en una embarcación insegura. O pagar a unas mafias para que lo conduzcan a otro continente. Rescatar esa dimensión exige recuperar la historia, los motivos y los contextos en que sus países de origen son atacados, son víctimas de perversas políticas neocoloniales. España, Europa en general, sus empresas y sus intereses, sus multinacionales y sus objetivos, comenzaron a tener sus países en la diana, y a saquear y expoliar sus recursos. Todo ello conllevó, con el paso de los años, el despojo de sus tierras, de sus modos de vida, de sus recursos. Por tanto, defender la soberanía alimentaria, energética y política de los pueblos implica reconocer y denunciar la política injerencista de otros países, más concretamente el robo español del pescado senegalés o somalí, el expolio por parte de España del gas y el petróleo nigerianos, o el vil acaparamiento de tierras por todo el continente africano para producir agrocombustibles o para especular con el hambre. 

 

Y entender todo eso nos llevará a comprender a ese joven maliense o nigeriano que se sube a una valla, y que espera días o semanas para poder cruzarla. Nos llevará a comprender cómo está su familia, cómo han quedado su mujer y sus hijos/as, y qué esperan de él cuando alcance su sueño. Un sueño al que nosotros le hemos forzado. Un sueño que ahora le recriminamos, intentamos impedirlo, intentamos criminalizarlo. El círculo quedará cerrado, comprendiendo toda la dimensión de nuestro desprecio hacia estas personas y sus países. Su presencia aquí es causada por nosotros, igual que su ausencia allá. En los mejores casos, suponiendo que dicha persona, venga del país que venga, consiga entrar en nuestro país, y después de superar todas las trabas administrativas, y si consigue por fin acceder a un empleo, nos encontraremos con ese migrante africano sirviendo de fuerza de trabajo barata y servil, precaria, sin derechos, sin protección social, y víctima del racismo descarnado de personas, comunidades e instituciones. Sectores como la construcción, la hostelería, el turismo, el trabajo agrícola en invernaderos o el cuidado de personas mayores dependen mucho del trabajo de los inmigrantes, los cuales, tras la jornada, desde el locutorio, enviarán dinero a sus familias, y hablarán con sus seres queridos, que quedaron allá, esperando la suerte del que marchaba. Esta es la triste realidad de estas personas en el mejor de los casos. El contexto legal de la Ley de Extranjería ya les condena en sí mismos, porque el estado de excepción que ha creado esta Ley (el sofisticado sistema de permisos temporales vinculados a un empleo, la captura de la población clandestina, los CIE, las deportaciones...) ha multiplicado el desarraigo y la inseguridad de los migrantes. Eduardo Romero concluye: "El capital español, ávido de población desarraigada y, por tanto, debilitada, se ha llenado las manos de plusvalías mediante su explotación laboral. El Estado, con sus Brigadas de Extranjería, sus calabozos y sus torturantes procedimientos administrativos, ha colocado a millones de personas a los pies de los explotadores (...) La amenaza no viene del sur. Está aquí, instalada en las vísceras del Estado. Y reprime, explota y mata en nombre de la autoridad"

 

Y mientras todo esto ocurre, ¿quiénes se frotan las manos? Pues como siempre ocurre, las empresas vinculadas a los nichos de negocio creados a tal efecto, como por ejemplo, las empresas de armamento, absolutas beneficiarias del negocio de la seguridad en las fronteras. De hecho, algunas de las compañías beneficiarias de los contratos de seguridad en las fronteras europeas están en la lista de las mayores vendedoras de armas a Oriente Medio y el Norte de África, precisamente los países de origen de la mayor parte de los refugiados. Negocio lucrativo y repugnante aquél que primero provoca muerte y destrucción en otro lugar, y luego contrata con los Estados agresores mecanismos fronterizos para impedir la llegada de las personas a las cuales se les ha hecho la vida imposible previamente. Una muestra más del grado de descomposición al que ha llegado el capitalismo actual. Las mismas empresas que crean las crisis humanitarias, después se benefician de ellas con el apoyo de los mismos países que han fomentado dichas guerras. Las mismas empresas que reciben adjudicaciones de licencias para exportar armas, son luego las que reciben los contratos para reforzar la seguridad en las fronteras. ¿Es que nadie se ha dado cuenta aún de que sus servicios no hacen falta ni antes ni después? ¿Es que nadie es capaz de denunciar esta terrible realidad? Estos hechos se analizan a fondo en el Informe "Guerras de fronteras", elaborado en mayo de 2016, pero plenamente vigente hoy día. Los lectores y lectoras interesadas en el mismo pueden descargarlo completo aquí. Vallas fronterizas, drones, ayuda de la OTAN, ferias de seguridad como lugares de encuentro, y un largo arsenal de dispositivos y tecnologías, financiadas en los presupuestos europeos a cargo de los capítulos de "financiación para investigación", han hecho crecer como la espuma este mercado global de la seguridad de fronteras, donde estas espurias empresas hacen su agosto. 

 

Todo ello además es posible porque en Bruselas actúa un conjunto de lobbies del sector (grupos de presión que actúan en nombre de tales empresas, defendiendo sus intereses) que se encargan de que las políticas que se han de implementar favorezcan estas visiones, se encaucen de la manera más beneficiosa para las corporaciones implicadas en dicha industria. Un conjunto enorme de organizaciones de cabildeo se reúnen con Frontex (Agencia Europea de Fronteras) para diseñar los modelos de seguridad que hacen falta, cómo construirlos, y quiénes deben implementarlos, y por supuesto, pagarlos o financiarlos. Gigantes corporativos como Airbus, Finmeccanica, BAE Systems, Thales, Indra, Safran, y otras muchas son las que "parten el bacalao" en estas cuestiones. Los dispositivos diseñados son múltiples: muros de hormigón, paredes virtuales, torres de vigilancia y de francotirador, cámaras, radares terrestres, vigilancia infrarroja de telecomunicaciones inalámbricas, sondas de dióxido de carbono, tecnología de información, sistemas de identificación, o bases de datos de inmigración. La industria y la tecnología de las armas está plenamente integrada en los círculos de toma de decisiones de Bruselas. Ellas son las principales interesadas en que se difunda cierto tipo de discurso, como el que considera la inmigración a Europa como una fuente de amenazas para la seguridad. Ello les asegura el negocio, instándoles a fabricar dispositivos cada vez más inteligentes y avanzados. Este discurso es patrocinado por el lobby industrial-tecnológico para la seguridad de las fronteras, para que a su vez cale en los representantes europeos y en sus órganos ejecutivos, y a su vez en los gobiernos de los Estados miembro de la UE, los cuales a su vez lo vertirán al conjunto de la opinión pública europea. De esta forma, ese repugnante negocio y ese abominable discurso llega al común de los mortales mediante medios de comunicación dominantes (pertenecientes a empresas que también están en su radio de influencia) que difunden igualmente esas supuestas "amenazas" a la seguridad. Continuaremos en siguientes entregas.

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