Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
13 marzo 2019 3 13 /03 /marzo /2019 00:00
Viñeta: Silvano Mello

Viñeta: Silvano Mello

Para que una persona emigre así, primero tuvo que haber sufrido mucho, haber sido excluida desde su nacimiento. Rechazada, oprimida, la gente no emigra solo por migrar. La gente no arriesga la vida solo porque sí, porque quiere riquezas o porque le han contado historias de tierras donde el dinero se recoge con palas. La gente emigra así porque no hay salida y como único camino se van, a morir en el intento

Ilka Oliva Corado

Vamos a ocuparnos a continuación, entrando ya en los aspectos relativos a la integración de las personas migrantes en nuestra sociedad, de lo relativo al mercado laboral y su relación con estas personas que llegan. Suponemos entonces que dichas personas han llegado, han superado los primeros controles, han superado una estancia mínima en nuestro país (encerrados en un CIE o puestos en libertad), han conseguido alguna forma de obtener documentación legal, y por tanto, comienzan a estar disponibles para nuestro mercado de trabajo. Pues bien, como señala René Behoteguy en este artículo para el digital Rebelion, tenemos de entrada (ya estamos acostumbrados a ello) una doble moral y un discurso contradictorio. Por una parte, se lanza el mensaje "los inmigrantes son perezosos/as y no quieren trabajar porque prefieren vivir de ayudas públicas", y por otro lado, el mensaje es el siguiente: "los inmigrantes vienen a trabajar por muchas horas por poco salario, robándole el empleo a los/as nacionales". Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Son unos vagos empedernidos o vienen a quedarse con nuestros puestos de trabajo? Pues como siempre ocurre, ni una cosa ni otra son verdad. La verdad es que tienen las mismas necesidades que nosotros, de trabajar para poder vivir lo más dignamente posible, y esa es la razón de que cuando todas las puertas se cierran (o mejor dicho, ninguna se abre) estas personas tengan que dedicarse a actividades laborales "sumergidas", de la economía alegal, como por ejemplo la venta ambulante. Es muy común escuchar todos estos argumentos juntos, pero a nadie se le escapa que no pueden producirse ambas cosas a la vez. ¿Cuál de los dos es cierto? La respuesta es que ninguno de los dos lo es. Son argumentos falaces que carecen de toda base, y que provienen del conjunto de prejuicios instalados en nuestro imaginario colectivo. 

 

Pero esta clase de discursos son muy frecuentes, y están incluso promovidos por los grandes poderes económicos y políticos, porque con ellos evitan que la clase trabajadora les apunte a ellos como responsables de su opresión, centrando su frustración en quienes vienen de otros países, que son igualmente golpeados por las políticas económicas neoliberales, y que tienen por objeto dividir y enfrentar a la propia clase trabajadora entre sí, en nativos y migrantes, negros y blancos, hombres y mujeres, etc. La pregunta acertada debería ser por tanto: ¿Quién roba empleo y reduce salarios? Y la respuesta es clara: los y las empresarias. Quienes ofrecen salarios a la baja (aprovechándose de la condición de migrantes) y finalmente determinan los mismos son los empleadores y no los trabajadores. Si debemos responsabilizar a alguien por contratar de forma irregular, abusiva, aprovechándose de ello para pagar salarios de miseria, es a los muchos/as empresarios/as que lo practican. Pero en vez de ello, hacemos culpable a quien en verdad es víctima. Por tanto, afirmémoslo con claridad: son los empresarios y no los inmigrantes quienes determinan los salarios. René Bohoteguy lo explica perfectamente: "Es, en este sentido, evidente, que la pérdida de poder adquisitivo sufrida en los últimos años se debe a la acción de un gobierno enemigo de las clases trabajadoras que ha aprovechado el creciente desempleo para modificar la normativa con una Reforma Laboral diseñada a gusto de la patronal que, al facilitar el despido y la contratación precaria a la vez que debilita la organización sindical y la negociación colectiva, ha dado las herramientas que los/as empresarios/as necesitaban para despedir barato y empeorar las condiciones laborales a su antojo como de hecho ha sucedido". 

 

Pero por si aún tenemos dudas sobre los causantes de la crisis, y con ella la pérdida masiva de empleos, podríamos continuar con las preguntas: ¿Han sido quizá los migrantes quienes especularon con los activos bancarios? ¿Fueron los migrantes los que crearon la burbuja inmobiliaria? ¿Acaso han sido las personas que vienen de países extranjeros más empobrecidos los que han planificado un modelo productivo ineficaz, centrado en los servicios, desmantelador de la industria y amigo de los combustibles fósiles? ¿Son los migrantes los responsables del exilio laboral de nuestros jóvenes, de la caída de la investigación, de la reducción de las becas y ayudas al estudio, y del aumento de la economía especulativa? ¿Es que son las miles de personas refugiadas que huyen de la guerra y la pobreza quienes han ordenado los ERE en multitud de grandes empresas de este país, llevando al desempleo a cientos de miles de personas? ¿Quizá son los migrantes los responsables también de los desahucios practicados de forma cruel e indecente a tantas miles de personas que ya no pudieron continuar pagando sus hipotecas o alquileres? Podríamos continuar, pero pensamos que la reflexión de los lectores y lectoras les llevará a la respuesta adecuada: son los causantes de todos estos desmanes los mismos que denigran y persiguen a los migrantes, es decir, la clase política aliada con una élite social y económica que únicamente persigue los beneficios privados y el desmantelamiento del Estado del Bienestar, tanto de propios como de foráneos. Rompamos una lanza para concluir que el discurso que intenta culpabilizar a los migrantes de la falta de empleo y de los bajos salarios, busca en el fondo evitar que señalemos claramente a los verdaderos culpables, que son los que desde el poder económico y político, han empobrecido a la clase trabajadora independientemente de su origen étnico, cargando a sus espaldas las consecuencias de una crisis generada por ellos mismos. 

 

Bien, el segundo mito que referíamos al comienzo es el que afirma que los migrantes y refugiados son personas "perezosas, que quieren vivir de la sopa boba, que no quieren trabajar, y prefieren sobrevivir mediante las ayudas públicas". Incluso algunos/as llegan más allá y están convencidos de que muchas ayudas públicas son denegadas a los nacionales, y concedidas a los extranjeros. Este indecente discurso es fomentado por la extrema derecha, la misma vocera del eslogan "Los españoles primero" (o los franceses primero, o los italianos primero...). Los datos desmienten absolutamente esta creencia. De entrada, debemos afirmar que no existe ningún tipo de ayuda o prestación económica (ni estatal ni autonómica, en todo el Estado Español) que priorice a los extranjeros sobre los nacionales. Por el contrario, si cualquier persona migrante desea solicitar cualquier ayuda social, lo primero que le exige la Administración es que acredite la residencia en el lugar de la solicitud, durante un tiempo mínimo. Esto desmonta ya parte de la mentira, pues deja claro que estas ayudas sociales no pueden constituir entonces ningún "efecto llamada", que es otra de las falacias de la derecha, al impedir que los recién llegados a nuestro país puedan solicitarla directamente. Los datos de todos los informes de la Administración nos dicen además que la mayoría de las personas que cobraron cualquier ayuda social durante el último año son de nacionalidad española (un 63% por ejemplo en el País Vasco), con lo cual queda también desmontado el prejuicio de que dicha ayuda se concede preferentemente a los extranjeros, o de que se deniega a los nativos. Queda probado con ello que la inmensa mayoría de los migrantes no viven de las ayudas públicas sino de su trabajo, y que las ayudas se destinan (por supuesto, con sus deficiencias y errores de enfoque y diseño) a quienes las necesitan, independientemente de su origen. 

 

René Bohoteguy concluye de forma categórica: "Lamentablemente en los tiempos que corren parece ser que la verdad y las cifras que la avalan no bastan para convencer, nos enfrentamos a un engrasado y sistemático aparato de propaganda que el poder ha diseñado para dividir y enfrentar a segmentos de una misma clase trabajadora y que provoca que muchos descarguen su frustrada indignación por el continuo deterioro de su nivel de vida hacia, por ejemplo, una familia africana que recibe una ayuda de subsistencia. Evitando así que miremos hacia los miles de millones que se han derramado en la fosa sin fondo de los rescates bancarios, ni los cientos de millones con que se subvenciona a una patronal que con una mano recibe del Estado y con la otra fustiga a los/as trabajadores/as y exige mayores recortes en nombre del sacrosanto dios del libre mercado. Por eso hace falta desenmascarar a los/as verdaderos/as culpables, a quienes intentan ocultar la miseria que generan en la población en un creciente manto fascista de xenofobia y racismo. Contra ellos/as las verdades son nuestra más poderosa arma, verdades como puños, verdades revolucionarias". Existen otros mitos y falacias sobre el mundo laboral en relación con las personas migrantes que iremos desmontando, porque es la única manera de que hagamos desaparecer los prejuicios y pensamientos racistas de nuestro imaginario, y pongamos el foco de atención donde verdaderamente importa, que no es otro que esa clase poderosa del empresariado, esa élite económica siempre ávida de continuar explotando a los más débiles, y a la que no le tiembla el pulso para condenar a miles de personas a destinos inciertos y macabros, mientras ellos y ellas puedan continuar saqueando, expoliando y destrozando los recursos naturales de sus países. Nos falta aún mucha conciencia obrera, mucha conciencia de clase, los empresarios y capitalistas la tienen mucho más desarrollada que nosotros, y eso permite, como tantas veces se ha dicho, que vayan ganando esta guerra, esta lucha de clases. Y decimos lucha "de clases", no de nacionalidades, no de extranjeros contra nacionales, no de autóctonos contra foráneos, no de nativos contra migrantes, no de acomodados frente a refugiados. La única lucha que viene existiendo desde que el capitalismo llegó al mundo es la lucha del explotado frente al explotador. No perdamos nunca el norte. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías