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18 abril 2019 4 18 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Cecilia Zamudio

Viñeta: Cecilia Zamudio

Mientras algunas personas gastan cientos o miles de dólares en un manjar exótico, un vino añejo, en joyas, en pieles, en cirugías estéticas y hasta en viajes espaciales, otras, muchísimas otras, más de mil millones de otras, están desnutridas, no tienen nada que comer, nada para darle de comer a sus hijos. Tampoco tienen agua potable para beber, ni asearse. Y por supuesto que no tienen acceso a la salud, ni a la educación, ni a nada más que una vida corta en la sala de espera de la muerte

Ricardo Natalichio (Director de Ecoportal.net)

BLOQUE VI. POBREZA INFANTIL

 

Comenzamos a partir de esta entrega la exposición de la faceta de la desigualdad que afecta a la niñez, al desarrollo más primigenio del ser humano, donde las experiencias, desarrollos y aprendizajes son absolutamente vitales para los futuros adultos que serán. Bien, lo primero que tendríamos que afirmar, lisa y llanamente, es que la pobreza infantil no existe, sino que es, en realidad, otra manifestación más de la pobreza. Básicamente, los niños y niñas del mundo son pobres porque lo son sus padres, pero también porque el mundo se despreocupa de esos niños y niñas. Dado el tremendo auge de la misma (es decir, de la pobreza en su manifestación durante la infancia), hemos preferido concederle un bloque temático separado, para así enfatizar la suprema importancia que esta faceta posee en la arquitectura social de la desigualdad. Ya a mediados de 2016, el portal Infolibre publicaba que la tasa de pobreza infantil severa en España había crecido en medio millón de niños más desde 2008, cuando más o menos comenzaron a manifestarse las consecuencias de la crisis en todo su rigor. La organización Save The Children alertaba de que la "salida de la crisis", tan pregonada por nuestros indecentes gobernantes, no era más que un espejismo, y denunciaba la debilidad del sistema español de protección social a la infancia. Tomamos datos a continuación desde dicho artículo. Infolibre recogía que un 3,2% de los hogares no pueden permitirse una comida de carne, pollo, pescado o equivalente vegetariano tres veces a la semana. Casi 940.000 niños y niñas viven en un hogar donde no pueden mantener la vivienda con una temperatura adecuada (pobreza energética, de la cual nos ocuparemos también a fondo en el siguiente bloque temático). La tasa de pobreza alcanza el 16,7% entre los menores de 18 años, y hasta datos de 2015, 1.390.000 niños viven en hogares que cuentan con unos 9.000 euros de ingresos anuales. El retrato más doloroso es el de hogares monoparentales (monomarentales, en realidad), de mujeres que viven con sus hijos/as, y que entre diversas ayudas económicas y algunos trabajos esporádicos, en los mejores casos, reciben unos míseros ingresos al mes con los que tienen que hacer frente a todos los gastos. 

 

Normalmente se trata de niños y niñas que aún escolarizados/as, no pueden comenzar sus cursos con los libros de texto y materiales adecuados, que han de cancelar visitas a dentistas u otros profesionales sanitarios, y que en su entorno familiar carecen de bastantes de sus necesidades. El porcentaje de niños en esta situación, conocida como pobreza relativa, sigue en aumento y afecta especialmente a los niños y niñas de entre 12 y 17 años (el 35,5%), el tramo de edad crítica para su trayectoria educativa o inserción futura en el mercado laboral. Sin embargo, la población más afectada es la que se encuentra en situación de pobreza severa. Un niño que viva con sus dos padres se encuentra en esta situación si los ingresos del hogar son inferiores a 9.612 euros anuales. La pobreza se mide también (véanse las primeras entregas de la serie, donde introdujimos varios indicadores de la misma) por el llamado "Índice de Privación Material", que mide los retrasos en el pago de recibos de vivienda o de determinadas compras vitales, la capacidad de mantener la vivienda a una temperatura adecuada durante los meses fríos, la posibilidad de hacer frente a gastos imprevistos, poder garantizar una ingesta de carne, pollo, pescado o su equivalente vegetariano cada dos días, la posibilidad de salir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, o de disponer de un vehículo, lavadora, televisión a color o teléfono. Pues bien: es España, a la fecha indicada, casi 760.000 niños, lo que supone el 9,1% de la población infantil del país, vivían en hogares incapaces de cumplir al menos cuatro de estos indicadores. Antes de la crisis, es decir, hasta 2007, había un 40% menos de hogares en esta situación. De los datos aportados se deduce que casi 270.000 niños podrían estar sufriendo malnutrición en España, y un 11,3% de la infancia de nuestro país sufriría pobreza energética. 

 

Save The Children denuncia que a diferencia de la mayoría de los países de la Unión Europea, España cuenta con un sistema de protección social a la infancia débil, con prestaciones más bajas, de acceso demasiado restrictivo y donde prima la existencia de ayudas aplicadas sobre la Declaración de la Renta (IRPF) de los padres. Esta ONG propone reforzar este sistema insuficiente, aumentando por ejemplo la prestación por hijo/a a cargo hasta los 100 euros mensuales por niño, con una bonificación adicional del 50% para familias monoparentales, pues en ellas entran de media menos ingresos que en las familias con ambos progenitores. Bien, como hacemos siempre, vamos a extrapolar también las cifras a escala mundial, porque como venimos contando, la arquitectura de la desigualdad es un elemento global que se proyecta a todos los países del mundo. Eduardo Camín nos presenta en este artículo reciente para el medio Alainet el panorama mundial de la protección a la infancia, que tomaremos como referencia a continuación. Unicef y la OIT son las dos organizaciones firmantes del informe de referencia, que ponen de manifiesto la necesidad urgente de extender la protección social a todos los niños, para sacarlos de la pobreza y de sus devastadores y traumáticos efectos. El panorama más típico dibuja unos programas de protección social a la infancia de coberturas limitadas, niveles de prestaciones inadecuados, fragmentación y una pobre institucionalización. Algunos países sujetos a un proceso de consolidación fiscal están reduciendo los subsidios, en lugar de extender las prestaciones, como fue acordado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

 

A nivel mundial, sólo un 35% de los niños goza de protección social, con cifras que oscilan desde el 87% en Europa y Asia Central, 66% en América Latina, 28% en Asia y 16% en el continente africano. El panorama es, pues, tremendamente desolador. Según Isabel Ortiz, Directora del Departamento de Protección Social de la OIT, la pobreza infantil puede ser reducida de la noche a la mañana con una protección social adecuada. Es decir, que si existiera la voluntad política suficiente, se podría alcanzar la protección social universal, pero desgraciadamente, no se hace. Este tipo de prestaciones son un elemento vital de las políticas dirigidas a mejorar el acceso a la nutrición, la salud y la educación, puntales principales, así como para reducir el trabajo infantil, la pobreza y la vulnerabilidad de los niños del mundo. Por su parte, Alexandra Yuster, Directora Asociada y Jefa de Inclusión Social y Políticas de UNICEF, ha declarado que "La pobreza afecta a los niños de manera particularmente grave, ya que sus consecuencias pueden hacerse sentir a lo largo de toda la vida. La malnutrición y la pérdida de años de educación, que con frecuencia derivan de la pobreza, son una tragedia para el individuo, su comunidad y la sociedad". Esta investigadora pone los puntos sobre las íes, al dar en el clavo de lo más terrible de la arquitectura social de la desigualdad, que es proyectarla sobre el mundo infantil, porque es un mundo que se está formando, son los adultos del futuro, y evidentemente, les estamos recortando e imposibilitando su desarrollo, su formación y sus necesidades vitales. Esta es la verdadera tragedia de la pobreza infantil, el hecho de que supone una brusca interrupción en las necesidades incipientes del ser humano, durante su crecimiento. A esa edad las personas no son autosuficientes, luego si no somos capaces de diseñar un mundo que garantice que los niños no tengan que pasar privaciones, nos encontraremos con un mundo más desigual en el futuro, y con personas que arrastran graves y profundos déficits en todos los indicadores vitales. 

 

De esta forma, proyectar la desigualdad y la pobreza sobre la infancia solo nos traerá mayores injusticias sociales, perpetuando la explotación del actual orden económico dominante, tanto en el plano nacional como internacional. Quizá sea ésta la manifestación más cruda de la profunda insensibilidad del mundo capitalista en el que vivimos, que contempla sin inmutarse el tremendo sufrimiento social que estamos causando a nuestros niños y niñas. Ya sabemos que la crisis general del capitalismo implica su decadencia, su descomposición, conduciéndonos al abismo, y abarcando al conjunto de la humanidad, perturbando a fondo su economía, su régimen social, político, ideológico y cultural, como afirma Eduardo Camín en su artículo. Pero si además todo esto lo proyectamos y hacemos víctimas de ello a la infancia, estamos multiplicando el daño para las futuras generaciones. Camín expone muy sabiamente: "Aceptamos con cierta normalidad que la riqueza del hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, dueño de Amazon, alcanzó el año pasado 112.000 millones de dólares. Al tiempo que se nos indica que "el presupuesto de salud de Etiopía equivale al 1% de su fortuna", debemos al menos interpelarnos, porque si esto no es una descomposición y decadencia de un sistema económico (además de una injusticia flagrante), entonces posiblemente no hemos entendido nada, en todos estos años sobre las injusticias que nos gobiernan". En efecto, nuestra insensibilidad para "digerir" estos datos y quedarnos tan tranquilos es absolutamente pasmosa y preocupante. De manera general, la riqueza de los 26 mayores multimillonarios del mundo aumentó en 900.000 millones de dólares durante 2018, a un ritmo de 2.500 millones de dólares por día, mientras los ingresos de la mitad más pobre de la población del planeta cayeron en un 11%. Al mismo tiempo, uno de cada cinco niños vive en las formas más extremas de pobreza (menos de 2 dólares al día), mientras que a una vaca europea se le destinan de 2,5 a 3 euros diarios, y casi la mitad de los niños del mundo viven en situación de pobreza "moderada" (menos de 3,10 dólares al día). Los datos son machacones, incisivos, denigrantes, espectaculares, insufribles, incontenibles. Pero son la realidad. Esa realidad que hemos creado. Continuaremos en siguientes entregas.

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