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2 mayo 2019 4 02 /05 /mayo /2019 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (140)

Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure la salud y el bienestar, la alimentación, la vivienda, los servicios sociales necesarios, los seguros en caso de desempleo…

Artículo 25.1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos

Precisamente son esos Derechos Humanos, los que tanto tenemos olvidados, y los que nos negamos a cumplir, los que nos ponen las caras sonrojadas de vergüenza al conocer ciertos datos, o ver ciertas imágenes. La pobreza infantil es la pobreza más insoportable, pues se proyecta sobre las más débiles e indefensos de la sociedad, los que aún no tienen capacidad para poder sobrevivir por sus propios medios. Los que necesitan alcanzar una madurez como adultos, una madurez que no podrá ser alcanzada si les negamos una educación, una sanidad, una alimentación y unos mínimos niveles de dignidad en sus vidas. Los datos son aplastantes, como estamos comprobando. Este artículo de Save The Children para el medio Cuarto Poder titula "Los niños españoles en pobreza severa aumentaron en 424.000 de 2008 a 2015", situando la tasa en un 16,7% frente al 11,2% de la población general. Según el informe de Save The Children, la crisis ha golpeado cinco veces más a los niños más pobres que a los más ricos, ya que mientras unos perdieron el 32% de sus recursos, los otros sólo los disminuyeron un 6%. Según la lectura que proporciona el Indice de Gini (uno de los indicadores de desigualdad más utilizados), y aplicado a la infancia de nuestro país, también se detectan grandes consecuencias, y como destacan desde dicha ONG, dichas consecuencias son irreversibles en la infancia. Una desigualdad que está lógicamente ligada al desempleo de sus padres, siendo España el país donde más ha crecido el número de niños que viven en hogares donde nadie trabaja, hasta llegar a superar los 800.000. Por su parte, la protección social tampoco les hace salir de la pobreza, ya que nuestro país gastó, según dicho informe, un 1,3% del PIB en protección social a la infancia, mientras la media de la UE se situó en el 2,3%. Concretamente, sólo el 33% de los niños y niñas pobres en nuestro país reciben prestaciones sociales, todo lo cual nos deja en muy mal lugar.

 

Y estos datos coinciden, suponiendo ya la guinda de este indecente pastel, con las intolerables declaraciones que hacían los gobernantes que aplicaban estas políticas, cuyo mensaje se resumía en "España es un gran país". Este artículo del medio La Marea también analizó el informe de Save The Children (publicado en febrero de 2017), contando casos particulares de padres y madres de niños y niñas en esta situación. Hemos de partir de una base social absolutamente injusta y desigual: en España, las personas más ricas ganan 7 veces más que las más pobres (la media europea es de 5,2 veces, con lo cual volvemos a ser campeones en proyectar y consolidar la arquitectura de la desigualdad). Como es evidente, en las sociedades más desiguales, el éxito de los niños está condicionado por la herencia económica y social de los padres. Andrés Conde, Director General de la referida ONG, afirmó: "En España, un niño que nace en un hogar pobre está condenado de por vida a serlo. El Estado no permite que los niños tengan las mismas oportunidades, al contrario, les pone zancadillas a los que peor están. Ni las políticas públicas de protección social ni el sistema fiscal están diseñados para reducir la desigualdad ni acabar con la pobreza". Tampoco el sistema educativo es capaz de reducir las desigualdades. Aunque la escolarización es universal en nuestro país, la financiación y calidad de los servicios educativos favorecen más a unos alumnos que a otros. A ello hay que sumar la existencia de centros elitistas, que efectúan de facto una segregación, favoreciendo a los niños y niñas de las capas más altas de la sociedad. La consecuencia es que casi la mitad de los niños de familias más pobres (el 43%) acaba abandonando prematuramente sus estudios, tal como denuncia el informe referido. La precariedad en el empleo, su baja calidad y escasa protección social, así como la creciente existencia de trabajadores pobres, son factores que inciden también en la pobreza y desigualdad de sus hijos. 

 

Si la economía no genera empleo suficiente para todos o éste no es de calidad, los hogares solo podrán salir de la pobreza a través de los diversos mecanismos de protección social, pero en el caso de España, la inversión es muy escasa, y no se distribuye de forma equitativa. Apenas el 33,6% de los niños y niñas pobres tienen acceso a la única prestación dirigida directamente a mejorar su situación. Las familias más pobres destinan la mayoría de sus recursos a los gastos de la vivienda (hipoteca o alquiler, electricidad, agua, gas, comunidad...), pero la renta de los hogares más desfavorecidos ha caído a un ritmo mucho mayor que los alquileres o las hipotecas, y gastos como la luz o el gas han subido considerablemente. En nuestro país, la mitad de los niños y niñas pobres viven en hogares que destinan más del 40% de sus recursos a los gastos del hogar. Lo que les queda mensualmente a las familias más pobres por hijo, descontando todos estos gastos del hogar, ha pasado de 233 euros en 2008, a 130 en 2015. Todos estos alarmantes datos cronifican la pobreza, aumentan la insatisfacción de las necesidades, generan un caldo de cultivo donde no es posible la vida digna para estos niños. Quizá el drama de la pobreza energética (que expondremos a fondo en el siguiente bloque temático) es el que muestra más palpablemente la situación de necesidad que se vive, porque uno de los gastos del hogar que las familias con menos recursos se ven obligados a recortar son los energéticos, que además durante la crisis han aumentado un 70%, y que impiden a casi uno de cada tres hogares con hijos mantener la casa a una temperatura adecuada durante los meses invernales. La desigualdad también tiene consecuencias en la salud de estos niños/as. Los menores más pobres sufren peores condiciones y hábitos de vida, y un acceso limitado a los servicios sanitarios que no cubre el Estado, tales como el oculista, el dentista o el logopeda. Por ejemplo, los niños más pobres sufren más obesidad infantil que los más ricos (un 33% frente a un 23%), un problema directamente relacionado con el sedentarismo y la alimentación deficiente y/o inadecuada, que se da mucho más cuantos menos recursos tiene el niño a su disposición.

 

Frente a todo este triste panorama, la ONG Save The Children exige como medida más urgente que se mejore la prestación actual por hijo a cargo, tanto en cobertura como en cuantía, para todos los niños que viven por debajo del umbral de la pobreza, desde los 25 euros mensuales actuales, hasta los 100 euros. Además, la ONG, entre otras medidas, solicita que se pongan en marcha políticas y planes públicos de fomento al alquiler de forma equitativa; que se proteja por ley a las familias con niños frente al drama de los desahucios; que se implanten políticas de prevención y promoción de la salud infantil, que cubran por completo el coste de prótesis, audífonos y gafas para niños y niñas en el Sistema Nacional de Salud, o que se proteja a los niños y niñas que viven en hogares donde todos sus miembros están en desempleo, a través, por ejemplo, de una prestación por maternidad no contributiva. Volvemos a traer aquí a colación una medida, ya expuesta a fondo en el bloque temático anterior, como es la Renta Básica Universal, ya que dicha medida provocaría una mejora en la suficiencia económica de las familias con hijos a cargo, teniendo en cuenta también, como ya explicamos en su momento, que al ser individual, cada miembro de la unidad de convivencia la recibiría, aunque fuese menor de edad. Al final de este bloque temático insistiremos en esta idea. De hecho, diversos informes constatan que el hecho de tener hijos menores a cargo es un factor de riesgo añadido para caer en una situación de pobreza (por ejemplo, el Informe sobre el Estado de la Pobreza, publicado en octubre de 2018 por la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social, EAPN, que seguiremos a continuación tomando como fuente este artículo de Sarah Babiker para el medio El Salto Diario). La desigualdad, su propia arquitectura social, es la base de la pirámide de la pobreza. Si atacamos a la desigualdad desde la base, extinguiremos la pobreza. Pero hasta ahora, desgraciadamente, nuestros gobernantes no han considerado esta lucha como fundamental y prioritaria. Debido a ello, incluso en los período de mayor bonanza económica se han mantenido unos niveles de pobreza en el Estado Español injustos e insostenibles.

 

Por ejemplo, entre los años 2004 y 2007, años precedentes al estallido de la crisis, teníamos alrededor de un 20% de pobreza. Justo cuando los más ricos y poderosos estaban perpetrando los más graves atentados contra la equidad redistributiva, soportábamos tal nivel de desigualdad. Por ello afirmamos, sin ninguna duda, que la pobreza se revierte atacando los fundamentos que proyectan la desigualdad. Y así, mientras el número de millonarios y grandes fortunas de nuestro país crecía, aumentaba también el número de hogares donde no entraba ningún recurso económico. Los niños pobres de hoy serán los adultos pobres del futuro, porque (dato que se recoge en el informe) el hijo de un padre con ingresos altos ganará, al hacerse adulto, un 40% más que el hijo de un padre con ingresos bajos. Es justo lo que el sistema quiere: proyectar la desigualdad, acrecentarla y perpetrarla, diseñar mecanismos que la garanticen, implementar medidas que la aseguren. Todo un maremágnum de políticas económicas, fiscales, laborales y sociales se toman precisamente para esto, es decir, con fines clasistas, para provocar desigualdad. Otras situaciones se provocan simplemente por omisión, es decir, sin hacer nada, dejando que las cosas se queden como están. La pobreza infantil es el primer estadío donde una persona sufre las consecuencias de la falta de recursos: tienen una alimentación deficiente, comen mal, se saltan muchas comidas, no duermen bien, y eso afecta a la salud física y psíquica. Si tienen problemas psicológicos, nadie se los resuelve. Algunos medicamentos que son frecuentes y fundamentales en la infancia no están cubiertos por el sistema sanitario: antitusivos, laxantes, antidiarreicos, etc. Lo mismo ocurre con los pañales. ¿Podemos imaginar lo que sufren unos padres al ser desahuciados teniendo hijos a cargo? ¿Podemos imaginar qué se siente cuando tus hijos vienen diciendo que sus compañeros del colegio tienen más y mejores materiales escolares que ellos? ¿O cuando no pueden ir a una excursión con el resto de sus compañeros? ¿O cuando necesitan seguir acudiendo al comedor escolar en verano? ¿O cuando en invierno no podemos conseguir que sus habitaciones se calienten? Miles de estas situaciones cotidianas sufren muchas, demasiadas familias, demasiados niños y niñas, en nuestro país. Continuaremos en siguientes entregas.

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