Overblog
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
14 abril 2019 7 14 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente. La economía capitalista ha llevado el planeta a un callejón sin salida. La situación es tan grave que, hoy día el recurso a la violencia por parte de los movimientos antisistema debe considerarse, sin más, legítima defensa. Estamos amenazados, la población mundial está amenazada de muerte, por vulgares hombres de negocios con aspecto inofensivo. Considero ineludible que nosotros, a todos aquellos que tienen el poder y nos amenazan, los asustemos. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa imaginación o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad

Günther Anders (“Llámese cobardía a esta esperanza”)

Como ya afirmábamos en el artículo anterior, la idea fundamental de una economía ecológica y socialista es producir valores de uso, bienes que necesariamente sean destinados para la satisfacción de las necesidades, el bienestar y el pleno desarrollo de las personas. Enfocamos por tanto la característica general del progreso no en el crecimiento indefinido de productos (tener) sino en la reducción del trabajo socialmente necesario y el concomitante aumento del tiempo libre (ser). Está más que demostrado que el "progreso" en la acepción dominante (capitalista) acarrea toda una serie de consecuencias destructivas para la naturaleza. La obsesión por el lucro continuo y creciente explota las dos fuentes de riqueza: el trabajo humano y la naturaleza. Pero es la misma lógica depredadora del capitalismo la que está actuando a ambos niveles, consiguiendo explotar y degradar tanto a la mano de obra humana como a los propios recursos naturales. Todos estos principios ya se conocían desde la vasta obra de Marx y Engels, pero la Ecología va tomando forma propia a partir de medidados del siglo XX. Durante las décadas de 1970 y 1980 en Europa y los Estados Unidos, comenzó a tomar forma un socialismo ecológico. Manuel Sacristán, un filósofo comunista de primer orden, referente y maestro de muchos filósofos y activistas de la izquierda actual, fundó en 1979 la revista ecosocialista y feminista "Mientras Tanto", introduciendo el concepto dialéctico de "fuerzas productivas-destructivas". Sus trabajos y su extensa obra no solo influyeron en pensadores de nuestro país, sino también en autores marxistas y ecologistas extranjeros, tales como Raymond Williams, André Gorz, Barry Commoner, James O'Connor, etc., que hicieron avanzar el ecosocialismo, y consiguieron proporcionarle un cuerpo ideológico más firme y extenso. 

 

Una nueva generación de pensadores ecomarxistas aparecieron durante los años 2000, incluyendo a John Bellamy Foster (autor ya citado en entregas anteriores) y otras personas en torno a la revista Monthly Review, que desarrolló aún más el concepto marxista de "fractura metabólica" entre las sociedades humanas y la naturaleza. En 2001, Joel Kovel y Michael Löwy (autor del cual estamos extrayendo datos e informaciones desde este artículo) escribieron "Un manifiesto ecosocialista", que luego fue más desarrollado por los mismos autores, junto con Ian Angus, en el "Manifiesto Ecosocialista de Belem", publicado en 2008, y que fue firmado por cientos de personas de 40 países y distribuido en el Foro Social Mundial del año 2009. Desde entonces se ha convertido en una referencia importante para ecosocialistas de todas partes del mundo, contribuyendo a reforzar esta disciplina de pensamiento, que pretende ser la fiel evolución del marxismo original, actualizado al conocimiento humano sobre la ecología y los procesos de los ecosistemas naturales. Bien, esto nos está instando a que hagamos una mezcla de ambas disciplinas, de tal forma que una complementa a la otra, y a que, por tanto, lleguemos a la conclusión de que las personas socialistas necesitan ser también ecologistas, y también a que las personas ecologistas necesitan ser socialistas. Pero veamos por qué. Como todos estos autores y muchos otros han demostrado, el capitalismo es incompatible con un futuro sostenible. El sistema capitalista, una máquina de crecimiento económico impulsada por los combustibles fósiles a partir de la Revolución Industrial, es el principal responsable del cambio climático y la crisis ecológica más amplia y peligrosa que se cierne sobre el planeta. Su lógica irracional de expansión y acumulación infinita, el desperdicio de recursos, el consumo ostentoso, la obsolescencia programada y la búsqueda de ganancias a cualquier costo están conduciendo a nuestro planeta al borde del precipicio. 

 

Ante este panorama, ¿ofrece el llamado "Capitalismo Verde" una solución? Más de 25 años de intentos, de conferencias internacionales, de protocolos incumplidos, de aumento de emisiones, de agotamiento de recursos, y de contaminación del planeta, nos demuestran que esta vía está agotada. No será posible reducir el impacto ambiental mientas se mantengan las instituciones económicas dominantes, funcionando bajo los mismos paradigmas. Está demostrado que bajo las ópticas de producción y consumo dominantes, y sin cambiar los objetivos de los grandes agentes económicos, no es posible alcanzar las metas propuestas. La acción colectiva por el bien común se ve continuamente entorpecida, bloqueada y ninguneada por la micro-realidad capitalista cotidiana. Michael Löwy lo explica en los siguientes términos: "La lógica ciega del mercado se resiste a una rápida transformación energética lejos de la dependencia de los combustibles fósiles que están en contradicción intrínseca con la racionalidad ecológica. El punto no es enjuiciar a los capitalistas ecocidas malos en oposición a los capitalistas verdes buenos; el error se encuentra en un sistema basado en la competencia despiadada y en una carrera por ganancias a corto plazo que destruyen el balance de la naturaleza. El desafío ambiental (construir un sistema alternativo que refleje el bien común en su ADN institucional) se vuelve inextricablemente unido al desafío socialista". Todo el imaginario colectivo capitalista de la economía ha de migrar hacia una economía moral, basada en principios no monetarios y socio-ecológicos, gobernada a través de procesos democráticos y populares. Pero esto no será posible sin tomar el control de los medios de producción, y sus instalaciones, maquinaria e infraestructuras. Necesitamos migrar desde una economía de mercado hacia una economía ecológica. La experiencia nos dice que la falta de una postura realmente anticapitalista coherente ha llevado a la mayoría de los partidos verdes europeos a convertirse en simples compañeros suavizantes de las reformas social-liberales del capitalismo. Este, decididamente, no es el camino. 

 

Por su parte, las personas y los programas también se equivocan si únicamente pretenden aplicar las medidas del "socialismo realmente existente" del pasado siglo. Y ello porque este socialismo no era ecologista. Hoy día sabemos con certeza que cualquier teoría o praxis socialista que no integre la ecología como un elemento central de su programa y estrategia, es incoherente, anacrónico e irrelevante. No será posible alcanzar un modelo civilizatorio justo y sostenible únicamente aplicando los paradigmas clásicos del socialismo, sino también impregnando a éstos de los valores, objetivos y estrategias del ecologismo. Es decir, el socialismo ha de ser necesariamente ecológico, y la ecología ha de ser necesariamente socialista. Sólo la perfecta unión de ambos paradigmas harán posible la continuidad de nuestra civilización humana sobre la Tierra. Quizá sea ya demasiado tarde cuando las colectividades asuman esto. De nuevo recurrimos a las palabras de Michael Löwy: "El ecosocialismo extiende el significado de la transformación socialista más allá de un cambio en la propiedad, hacia una transformación civilizatoria en el aparato productivo, los patrones de consumo y el estilo de vida completo". ¿Cómo llegamos hasta él? En primer lugar, necesitamos ir recorriendo un camino de adaptación económica y tecnológica en relación a los modelos productivos, en particular la batalla para forzar a los poderes económicos para que reduzcan drásticamente las emisiones de GEI sigue siendo un frente clave y un objetivo fundamental (es justo lo que están intentando, sin éxito, las Cumbres por el Clima del IPCC, la última de las cuales se ha realizado en Katowice, Polonia, a finales del año pasado). Pero este objetivo hay que combinarlo con esfuerzos locales para migrar hacia métodos agroecológicos, energía solar cooperativa y la administración comunitaria de recursos. Pero mientras avanzamos en todo ello, hemos de elevar la conciencia ecológica y socialista, y promover el activismo desde abajo. Tanto la conciencia masiva como la auto-organización social son precondiciones decisivas y fundamentales para transformar radicalmente el sistema. Sin un nivel de compromiso y conocimiento social adecuado, estos asuntos no pasarán de ser meros objetivos teóricos. 

 

La síntesis de miles de esfuerzos locales y parciales hacia un gran movimiento global sistémico irá forjando el camino hacia la transición necesaria. La conciencia colectiva debe asumir la dimensión internacionalista del problema, ya que la crisis mundial ecológica, económica y social no conocen fronteras, y por ello la lucha contra las fuerzas sistémicas que provocan estas crisis deben ser también globalizadas. Están apareciendo muchos movimientos alrededor de todas estas corrientes de pensamiento, cuyas intersecciones son muy interesantes. De entrada, el ecosocialismo tiene bastantes puntos de encuentro con el ecofeminismo tratado ya en anteriores entregas, lo que los convierten en movimientos convergentes y complementarios. Todos los movimientos por la justicia social, por supuesto, tienen cabida dentro de él (luchas por la justicia fiscal, por la renta básica, por las pensiones, por los servicios públicos, etc.), y todos ellos a su vez conectan con los movimientos antirracistas y contra la intolerancia, porque todos ellos luchan juntos contra la destrucción de las condiciones de vida de comunidades y colectivos que sufren discriminación, o que simplemente son despojados por este agresivo capitalismo salvaje, en su estadío terminal. En los movimientos indígenas, por su parte, también hay líderes que son ecosocialistas, mientras que, igualmente, muchos ecosocialistas ven el modo de vida indígena, basado en la solidaridad comunitaria y en el profundo respeto a la madre Tierra, como una interesante inspiración para el paradigma ecosocialista. De forma parecida y complementaria, el ecosocialismo también se nutre y encuentra voces entre movimientos campesinos, sindicales, decrecentistas, y otros. Como se puede observar, tenemos un crisol de movimientos que aspiran a la vez a un cambio sistémico, convencidos de que otro mundo es posible más allá de la mercantilización absoluta, de la destrucción ambiental, de la explotación de personas y recursos, y de la opresión de comunidades y colectivos. El poder de las élites que gobiernan el mundo es inmenso, y todos estos movimientos aún muy débiles, pero están creciendo y se levantan como una gran esperanza mundial para detener el catastrófico rumbo del crecimiento capitalista. Continuaremos en siguientes entregas.

Compartir este post
Repost0

Comentarios

Presentación

  • : Actualidad Política y Cultural - Blog de Rafael Silva
  • : Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
  • Contacto

Búsqueda

Categorías