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21 abril 2019 7 21 /04 /abril /2019 23:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (36)

Importa un bledo que las temperaturas lleguen a extremos difícilmente soportables para la vida humana, que el mar esté lleno de plástico y mierda, que los bosques mengüen a ritmo inquietante, que los ríos apesten, que los derechos de los ciudadanos se pisoteen, aquí lo único que importa es que las grandes corporaciones que dominan el mundo global sean cada vez más grandes, más poderosas, más ricas, hasta que se conviertan, por su ceguera, en las más ricas del cementerio en que se convertirá la Tierra en breve de no ser capaces de acabar con esta locura de destrucción y muerte

Pedro Luis Angosto

Bien, una vez introducidos diversos asuntos que nos han preparado el terreno (hemos expuesto las terribles consecuencias del cambio climático, la situación derivada del agotamiento del petróleo, el concepto de crisis civilizatoria, hemos presentado la necesidad del decrecimento, hemos introducido la Economía del Bien Común, hemos expuesto los fundamentos del ecofeminismo y del ecosocialismo, entre otros muchos temas asociados), creemos que ha llegado el momento, en esta serie de artículos, de ir ya introduciendo los conceptos relativos al Buen Vivir, que hasta ahora hemos citado únicamente de pasada, por su relación con los temas tratados aquí. De momento, sólo expondremos un primer acercamiento, ya que volveremos sobre el asunto a medida que avancemos en nuestro conocimiento sobre la filosofía asociada y la política necesaria para alcanzar esa meta. El Buen Vivir es lo que da título a esta serie de artículos, y es nuestro objetivo principal exponer al máximo los conceptos, ideas y valores que lo fundamentan. Hasta ahora hemos andado un camino introductorio, para ponernos en situación. A partir de aquí, nos iremos introduciendo en el Buen Vivir, sus paradigmas, su filosofía, sus modos de Ser, Tener, Hacer y Estar. Pero al ser un tema profundo y extenso, que requiere un acercamiento por capas, iremos también durante las próximas entregas revisando más asuntos tangenciales y colaterales con el que nos ocupa. De entrada, diremos que el Buen Vivir tiene que ver con todo lo que hemos expuesto hasta ahora. No es una disciplina ajena. Toma y posee puntos de contacto con el ecofeminismo, con el ecosocialismo, con la economía del bien común, y con otras muchas corrientes de pensamiento. Pero va más allá. El Buen Vivir toma como referencia a la naturaleza, a la madre Tierra, a esa Pachamama indígena, que los pueblos primitivos cultivaron, amaron y sintieron cercana. El Buen Vivir nos acerca a ella, la sitúa en el centro de la filosofía de nuestra existencia, la valora como referente de nuestra interrelación (con nosotros mismos, con el resto de animales y con la naturaleza misma), y nos provee nuevas y distintas formas de producir, distribuir, consumir, reciclar y desechar. 

 

Una primera fuente de referencia que vamos a utilizar es este magnífico artículo del Doctor en Ciencias Sociales Fernando de la Cuadra, publicado en el digital Rebelion, que vamos a seguir a continuación. Las bases morales y cognitivas del Buen Vivir suponen una superación de los errores y limitaciones de la matriz de pensamiento capitalista. El Buen Vivir se asienta sobre un imaginario que trasciende a las actuales formas de vivir y de pensar, de concebir nuestra relación con el mundo que nos rodea. El capitalismo, esta especie de mandato sacrosanto, se transformó en una verdad única e incuestionable que acabó por someter o ignorar toda vida, y cualquier perspectiva de la misma surgida fuera del canon occidental de formación de la modernidad y del propio capitalismo como proyecto civilizatorio. El Buen Vivir cuestiona la esencia del patrón productivista imperante, así como del patrón consumista que viene dominando el planeta, imponiéndonos a su vez su propia concepción del "progreso", de las "necesidades", de la "prosperidad", del "bienestar", del "crecimiento", y de otros perversos valores impregnados de su filosofía. El Buen Vivir nos advierte sobre la inviabilidad de continuar manteniendo el actual esquema de producción y consumo, concebido como un dispositivo legítimo de crecimiento basado en la acumulación permanente de bienes materiales. Para el Buen Vivir, en cambio, la riqueza no consiste en tener y acumular la mayor cantidad posible de bienes, sino en lograr un equilibrio entre las necesidades reales y fundamentales de la humanidad y los recursos disponibles para satisfacerlas. El Buen Vivir nos aporta nuevos valores como la sostenibilidad, el reparto, la cercanía, el autoconsumo, la austeridad (verdadera, no el concepto austericida proclamado por la corriente capitalista y neoliberal que nos gobierna), la compartición, la solidaridad, la confraternización, el cooperativismo, la armonía entre la naturaleza y los seres vivos, el animalismo, etc. 

 

Fernando de la Cuadra nos explica: "Sumak Kawsay en Quecha, Suma Qamaña en Aymara o Buen Vivir en la traducción más difundida, representa una cosmovisión construida a través de muchos años por los pueblos altiplánicos de los Andes. Ella no encarna necesariamente una manera de pensar y actuar de las comunidades altiplánicas, pues dicha perspectiva también es parte de la vida de otros pueblos originarios, como las comunidades Mapuche del sur, las poblaciones que habitan en la región amazónica o los diversos grupos autóctonos diseminados por todo el continente. De esta forma, el Buen Vivir se ha constituido en una propuesta y en una oportunidad para pensar otra realidad en la cual los seres humanos forman parte de un todo más armónico con la naturaleza y con los otros humanos, con la alteridad que nos enriquece cotidianamente. Es el reconocimiento de que existen diversos valores y formas de concebir el mundo, de respeto por todos los seres vivos que integran y conviven en nuestra casa común, la tierra. Su visión utópica se ha venido complementando y ampliando a través de la incorporación de múltiples discursos y saberes diseminados por los más diferentes rincones del planeta". De esta forma, el Buen Vivir se nos ofrece como otra dimensión en nuestra vida, con un imaginario colectivo distinto, y bajo otros modelos de relación distintos, que configuran existencias distintas a las que hasta ahora nos han inculcado. Por supuesto, el Buen Vivir no es patrimonio de ningún grupo o sector social determinado, ni tampoco supone una fórmula mágica o catecismo al cual haya que adherirse categóricamente, como en una secta. Simplemente nos ofrece otra visión distinta, otro horizonte distinto, otros valores y otros comportamientos para enfocar vidas distintas. Tampoco está cerrada, sino que es una propuesta en construcción permanente, es una concepción que parte de la idea de que existe una diversidad cultural, una pluralidad que se enriquece permanentemente en la convivencia cotidiana y que encuentra su armonía precisamente en el reconocimiento de esas diferentes formas de vivir. 

 

El Buen Vivir es la búsqueda de una vida en fraternidad y cooperación del ser humano consigo mismo y con su entorno, con sus pares y con el conjunto de todos los demás seres que habitan y comparten nuestra naturaleza, que le dan soporte y equilibrio, que la enriquecen y la potencian continuamente. Todos ellos forman (formamos) parte de una entidad indisoluble e interdependiente, cuya existencia se delimita y se construye a partir de los otros, necesita a los otros, complementa a los otros. Tal visión no implica desconocer que en las sociedades coexisten las diferencias sociales, los conflictos y las desavenencias entre sus miembros. Pero lo que el Buen Vivir plantea es que se puedan superar estos obstáculos y desacuerdos en torno a una consciencia común y un compromiso colectivo que permita cimentar una vida más plena y sostenible para todos. El Buen Vivir recupera valores, actitudes y comportamientos que han sido parte del arsenal de la humanidad desde sus más remotos tiempos, pero que han sido postergados en función de las fuerzas económicas y mercantiles que se impusieron desde que el capitalismo tomó fuerza e instaló sus modos y sus formas. El Buen Vivir sintetiza esta alternativa, esta posibilidad de pensar en otro tipo de modelo. Precisamente por ello, y por la importancia que tiene para nuestro devenir civilizatorio, la noción de Buen Vivir es lo suficientemente amplia y abstracta como para no estar configurada todavía como conjunto de políticas públicas. Precisamente es éste el camino que hay que recorrer, una vez que nuestras comunidades estén impregnadas de sus valores y principios. No tenemos referencias de una agenda concreta del Buen Vivir que se haya incorporado a través de las acciones gubernamentales, dada la urgencia de los gobiernos en reconstruir agendas sociales que palíen los efectos perniciosos que el neoliberalismo ha ido creando. 

 

El Buen Vivir concibe que las personas y las comunidades no están necesariamente abocadas a satisfacer únicamente sus necesidades materiales, pues ellas forman parte de una constelación más amplia, pero acotada, de necesidades construidas culturalmente. Desde ese punto de vista, el Buen Vivir nos propone rediseñar y reconstruir el imaginario de nuestras necesidades, centrándonos más en la vertiente del desarrollo a escala humana. Los autores que más han trabajado en esta corriente de pensamiento han sido Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, creadores del trabajo "Desarrollo a escala humana. Opciones para el futuro", que puede consultarse en Internet en su versión resumida. Este texto data de 1986, y puede considerarse pionero en revolucionar el campo del estudio de las necesidades humanas desde puntos de vista diferentes a los convencionales (es decir, diferentes a las contempladas en el modelo desarrollista imperante). ¿Qué defienden estos autores? Los defensores del desarrollo a escala humana plantean que a diferencia de lo que generalmente se piensa, las necesidades humanas son finitas y se encuentran en permanente interacción. Ellas pueden ser definidas y clasificadas de acuerdo con dos criterios: existencial y axiológico. En la primera categoría se encuentran las necesidades ligadas al Ser, Tener, Hacer y Estar. Y en la segunda categoría se encuentran las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Anotando en el eje de abscisas las necesidades de la primera categoría (existenciales) y en el eje de ordenadas las necesidades de la segunda categoría (axiológicas), creamos una matriz de necesidades y satisfactores, donde los autores muestran las necesidades concretas que se encuentran en su intersección, es decir, que satisfacen ambas categorías. Las iremos presentando en sucesivos artículos. Continuaremos en siguientes entregas.

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