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28 abril 2019 7 28 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Deb Milbrath

Viñeta: Deb Milbrath

Los acontecimientos humanos sólo en los últimos 120 años ponen en entredicho su pretenciosa auto-designación como homo sapiens: hombre sabio. Dos guerras mundiales provocaron la muerte de más de 100 millones de personas y la demolición de países enteros. El modelo de desarrollo que se impuso tras estas catástrofes planetarias sobre la mayor parte de la humanidad ha provocado el hundimiento en la pobreza del 80% de la población mundial, la muerte rutinaria e ignorada de 14 millones de niños menores de 5 años cada año por enfermedades de fácil curación, más de 800 millones de personas sin acceso ni a la electricidad ni al agua potable, la propagación de plagas y enfermedades que amenazan la vida de países enteros, docenas de violentas intervenciones militares para subyugar pueblos oprimidos en rebeldía y el aberrante sometimiento al hambre diaria de mil millones de personas

Julio César Centeno

En el artículo anterior ya comenzamos a concretar los aspectos más generales del Buen Vivir (basándonos en este artículo de Fernando de la Cuadra para el digital Rebelion), y citamos (en posteriores entregas haremos una exposición más profunda) los estudios sobre Desarrollo a Escala Humana, y sus principales autores. En síntesis, dicha concepción sostiene la idea de que el desarrollo se debe concentrar en constituir un conjunto de satisfactores adecuados para atender las necesidades humanas fundamentales que permitan la generación de niveles crecientes de interdependencia entre los seres humanos, entre ellos mismos y en su articulación con la naturaleza, en la interacción de los procesos globales y los comportamientos a escala local, y en la imbricación del ámbito personal con su entorno social. Los defensores de esta teoría sostienen que la humanidad puede efectivamente alcanzar a satisfacer sus necesidades dentro de un umbral sostenible, y por medio de mecanismos que no pasan obligatoriamente por los mercados capitalistas. Existe otra perspectiva, que pretende dar cuenta de un tipo de relación que se establece entre las personas, en la cual la reciprocidad desempeña un papel fundamental, contrariamente a los intercambios que se producen en la economía de mercado capitalista. El espíritu que guía este tipo de relaciones posee una fuerza indiscutible entre las personas, que permite establecer y consolidar los lazos existentes en la comunidad y en las sociedades contemporáneas. Tenemos muchos ejemplos donde podemos acudir: los sistemas de voluntariado, el cuidado de enfermos, donación de sangre y de órganos, trabajos comunitarios por el bien de la vecindad, etc. Todos ellos se basan en comportamientos de generosidad con los extraños, acciones derivadas de gestos de buena voluntad, desprendimiento y libertad del donante. 

 

Esta dimensión de la actividad humana, para algunos autores, representa una forma de reconstruir y consolidar el tejido o lazo social existente entre las personas. Estas nuevas formas de reciprocidad constituyen, por lo tanto, una especie o tipo de contrato de civilidad, que no es el contrato político con el Estado, sino un contrato social de cada persona con todas aquéllas otras que forman parte de la colectividad. Mediante ellos, a diferencia de los intercambios de mercado, se crea una relación, un vínculo entre los actores de dicho intercambio, el cual no tiene un límite de tiempo preestablecido. Aquí, los bienes que participan en la permuta poseen principalmente un valor simbólico, valor de uso marcado por las relaciones que surgen y se establecen en función de ese bien. Otra perspectiva que también privilegia una relación ponderada entre las necesidades humanas, los bienes de consumo y una producción delimitada para satisfacer estas necesidades fundamentales es el Decrecimiento, que ya hemos introducido también en anteriores entregas. Fernando de la Cuadra nos habla sobre el decrecimiento en los siguientes términos: "El decrecimiento es una opción de desarrollo diferente de los presupuestos del modelo productivista, es una perspectiva que nació para enfrentarse a aquellas visiones del desarrollo sostenible que eran y continúan siendo enarboladas por las empresas, y que quieren convertir el llamado desarrollo verde o ecológico en una nueva oportunidad de negocios. Es un proyecto global y a la vez revolucionario, pues implica un cambio a largo plazo en que las empresas y los consumidores estén dispuestos a mudar el patrón predatorio y de consumo existente hasta ahora, su objetivo es lograr que la sociedad se autolimite para conseguir el bienestar de todos. Supone poner en marcha una reorganización de nuestras vidas, la producción, el transporte y el consumo a través de formas más conscientes de consumo y por medio de una vida más simple, sin grandes parafernalias que nos rodeen, utilizando estrictamente lo que necesitamos para llevar una vida digna y plena". 

 

Como era previsible, la propuesta del decrecimiento ha sido considerada ilusa, y atacada desde diversos frentes. Al poner en solfa la propia base del crecimiento económico, todo el furor capitalista ha descargado sobre ella. En primer lugar, se ha dicho que el mundo necesita seguir creciendo para alimentar a sus habitantes. Falacia donde las haya, porque está demostrado que no es así. Pero por otra parte, es que el decrecimiento no significa dejar de producir, sino producir a una escala moderada. Y de hecho, las recientes evidencias sobre el calentamiento global y el cambio climático (al que le dedicamos las primeras entregas de esta serie, y volveremos a él más adelante) que aquejan al planeta apuntan en otra dirección, de tal modo que la alternativa del decrecimiento y la discusión sobre el poder y la desigual distribución del uso de los recursos naturales es ciertamente parte imprescindible de cualquier agenda política que pretenda discutir el futuro de la humanidad. En ese sentido, el debate sobre el decrecimiento puede ser considerado un elemento fundamental para pensar en la construcción de un proyecto ecologista y socialista (ecosocialista), puesto que incluye en su seno la concepción de que es preciso avanzar hacia una modalidad diferente de funcionamiento de la sociedad, más democrática, más igualitaria y más incluyente que redefina drásticamente el actual modelo de producción y consumo, intentando alcanzar el bienestar de todos en el marco de una nueva relación de la humanidad consigo misma y con la naturaleza que la alberga. El Buen Vivir se suma a los parámetros del decrecimiento, los hace suyos, se identifica con ellos, como pieza fundamental para alcanzar una sociedad sostenible. El Buen Vivir desafía el culto a la vorágine de la sociedad contemporánea, pone en cuestión los valores sobre los que asentamos la sociedad, los renueva y los refunda bajo otros parámetros de funcionamiento, bajo otros criterios y objetivos. 

 

El Buen Vivir apuesta por una opción o modelo de vida simple, lenta y leve, más liviana, con un ritmo más despacioso, con un latido más relajado. Y así, en esta búsqueda de un estilo de vida más relajada, más consciente, más armonioso, sin tanto ruido y agitación, sin tanta prisa, sin tanto agobio. El Buen Vivir ha de romper con muchas características de nuestro peligroso modo de vida, por ejemplo la inmediatez informativa, la baja capacidad de análisis y reflexión, la falta de descanso, la ausencia de reserva para una vida contemplativa. Aplicado a la industria, las modas nos hacen fabricar y consumir de forma continua y alocada. Aplicado a la tecnología, la obsolescencia programada nos conmina a adquirir determinados productos tecnológicos y dispositivos que funcionan con una vida muy limitada. El Buen Vivir nos propone nuevas búsquedas donde vistamos prendas que duren mucho más de una temporada, o que usemos dispositivos que alcancen mucho más que su tiempo pasajero y fugaz. El Buen Vivir nos propone la filosofía del reparto, volver a trabajar no como un imperativo social para sostener nuestra vida, sino como una forma de realización personal, proyectando nuestras pasiones, nuestros conocimientos, nuestra formación. Y de la filosofía del reparto surge la filosofía del tiempo libre, del disfrute de uno mismo integrado en la sociedad, en la comunidad, recuperando la faceta del ser humano que piensa, que siente, que reflexiona, que decide, que participa. El Buen Vivir se aleja de la sociedad frenética y voraz en la que estamos sumergidos, que adora la inmediatez y la velocidad, para apostar por una sociedad con un biorritmo más pausado, más introspectivo, más disfrutado. Pero llegar hasta ahí requiere toda una revolución cultural y de imaginarios, toda una revolución en nuestros hábitos y costumbres, en nuestros valores y objetivos, en la esencia misma de nuestra vida. Para ello debemos alejarnos e ir abandonando todo el corpus cultural, ideológico y societario que el capitalismo nos ha impuesto. 

 

Como vemos, el Buen Vivir nos propone una profunda reorganización de nuestra vida en muchos ámbitos, unos intimistas y culturales, pero otros muy políticos y concretos, como la sustitución de las fuentes fósiles de energía por otras fuentes limpias y renovables, la reducción de la huella ecológica a través de actividades a escala local, y de relaciones más equitativas entre los miembros de la comunidad. Hemos de recalcar que todas estas disciplinas de pensamiento que estamos exponiendo en torno al Buen Vivir, incluida ella misma, tienen un objetivo común, que no es otro que la urgente e impostergable exigencia de preservar y cuidar el medio ambiente y las personas. Por ello el Buen Vivir eleva a la propia naturaleza y a todos los seres vivos que ella alberga como sujetos de derechos, reconociendo y obligando al ser humano y a las comunidades en las que se organice a preservar y cuidar los recursos naturales, las fuentes de energía y los animales que conviven con nosotros. El Buen Vivir supone un camino factible para construir una vida más armónica e integradora del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con el mundo natural que nos rodea. Representa una nueva forma de vida más digna y sostenible para el conjunto de los habitantes del planeta, poniendo fin al disparatado crecimiento depredador capitalista, que está condenando al planeta y a la humanidad a su autodestrucción. Sin embargo, llegados a este extremo, donde nos acecha un abismo civilizatorio, el desafío que representa el Buen Vivir nos requiere una enorme voluntad de cambio y la profunda convicción de que no existe otro camino mejor para conseguir hacer de la tierra un lugar habitable. En la presente entrega (y en la anterior) hemos expuesto una primera visión de los fundamentos donde se asienta el Buen Vivir (que como vemos, toma mucho del resto de corrientes de pensamiento de la izquierda evolucionista y transformadora actual), pero la iremos completando en sucesivos artículos de la serie. Ampliaremos, de momento, los conceptos relativos al Desarrollo a Escala Humana (y su matriz de necesidades y satisfactores), a partir de la próxima entrega.

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