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20 agosto 2019 2 20 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

Todos los que han muerto en el Mediterráneo y todos los desaparecidos, muestran hasta qué punto es fundamental tener un nuevo enfoque de las políticas de asilo y de migración. Lo que necesitamos es centrarnos menos en la seguridad de nuestras fronteras y poner más énfasis en los derechos humanos y la dignidad humana

Cornelia Ernst (Eurodiputada alemana)

En última instancia, una política racista generalizada es la que legitima las despreciables medidas que se están implementando tanto en el Viejo Continente como en los Estados Unidos, en lo que a refugiados y migrantes se refiere. En su artículo "Racismo", de 2009, Michael Walzer nos indica que el racismo se puede definir como "un sistema de ideas, discursos y actos que, atribuyendo a grupos humanos y a los individuos que forman parte de ellos diferencias esenciales, generalizadas y definitivas, justifica, legitima, favorece y reproduce prácticas de estigmatización, discriminación, interiorización, segregación, exclusión y/o exterminio". Y es que, como afirma Miguel Ángel Adame Cerón en este artículo para el digital Rebelion, que seguiremos a continuación, la cuestión de las razas, los racismos y las racializaciones ha sido y es en la actualidad y de cara al futuro una problemática política y socio-cultural de central importancia para la coexistencia y convivencia inter-humana y para la unidad humana presente y futura. La misma base de partida ya es incorrecta, pues no existen diferentes razas de hombres y mujeres en el mundo, de personas en general, sino solamente una: la raza humana. La historia de la humanidad está repleta de gestas inhumanas contra las diferentes "razas", que se han considerado holocaustos y crímenes contra la humanidad. Algunas son más visibles que otras. Por ejemplo, todo el mundo conoce el holocausto perpetrado contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial, pero no conoce tanto el holocausto perpetrado contra 500.000 (no es una errata, medio millón) de gitanos en toda Europa. Miguel Ángel Adame relata: "El sustrato de todo racismo es una falta de reconocimiento pleno a la humanidad del otro, de los otros; o sea, es un problema de inhumanidad o si se quiere de inhumanización, pues lo propio o el nosotros no acepta que el otro es plenamente humano y tiene necesidades y capacidades humanas iguales (aunque diferenciadas) a nosotros. En segundo lugar, tampoco el nosotros reconoce las diferencias, variaciones, diversidades que conforman al ser humano al no reconocerlas como parte del ser genérico y que lo enriquecen como parte de ese ser de la humanidad". Es un problema de empatía, de aceptación, de tolerancia. Se va fomentando una especie de fobia hacia la alteridad, un miedo al diferente, un rechazo hacia esos "otros" distintos al "nosotros". 

 

No se percibe, asegura Adame Cerón, como malvadas a las personas cercanas a uno mismo, sino a los de fuera. Los otros representan como un escudo, un parapeto donde estrellamos nuestros males, nuestras desgracias, actuando como chivos expiatorios de nuestros problemas y decadencias. Aquellos que son diferentes, de algún modo, extraños o distintos, pueden ser percibidos como malvados, con independencia de si son de otra religión, otra nacionalidad, tienen otro color de piel o pertenecen a otra cultura. Así, se crean actitudes racistas hacia dentro y hacia afuera: estrategias y tácticas, mentalidades y prácticas; justificaciones y legitimaciones, discursos, proclamas y sentimientos racistas. ¿Qué subyace debajo de todo ello? Cuando se proclama una Declaración de Derechos a nivel universal no tenemos garantizado que ello se asuma, en efecto, en todas partes del mundo, y de forma generalizada. Lo que tenemos que hacer es descender de nivel, desde el nivel jurídico-normativo internacional, hasta el nivel educativo-emocional, en nuestro ámbito local. La educación es la mejor arma para crear conciencias críticas, y liberarnos de todo tipo de limitaciones, prejuicios o ataduras. Seguramente la inmensa mayoría de las personas que hoy son oculta o abiertamente racistas, lo son porque no han recibido una educación claramente solidaria, internacionalista, intercultural. Hasta que no hagamos ese trabajo para las nuevas generaciones, y en todas partes del mundo, no tendremos garantías de que no vuelvan a aparecer otros Salvini, Trump, Orbán, Abascal, etc. Y lo primero que tenemos que aprehender es que lo que la ciencia realiza es simplemente un ejercicio de descripción y clasificación de razas como grupos humanos connotados por una serie de caracteres físicos distintivos: colores de piel o pelo, forma de los ojos, tamaños, formas, genes, magnitudes, etc., explicados e interpretados por disciplinas especializadas y en vinculación determinante con climas, suelos, latitudes, regiones, ecologías, etc., todo lo cual a su vez también determina una serie de rasgos psicomentales diferenciales: inteligencias, temperamentos, habilidades, aptitudes, logros, etc. Ello se plasma, por ejemplo, en que no existan campeones negros de ajedrez, pero sí existan de boxeo o de 100 metros lisos. 

 

El conjunto de hábitos, costumbres, comportamientos, reacciones, tradiciones, idiomas, folklores, etc., pueden dibujar un mapa de racialidades o de poblaciones "cuturalizadas" en cierta manera, que las distinguen de otras. De hecho, cualquier grupo humano puede ser racializado por estas peculiaridades culturales y sociales. Pero desde aquí podemos saltar peligrosamente a una suerte de "Filosofía del Racismo", que proyecta actitudes discriminatorias y excluyentes. Expresémoslo de nuevo en palabras de Miguel Ángel Adame: "De esta forma el racismo desprendido de su base originalmente (bio-psico) racial y manifestado-usado como categorización se aplica a manera de estigma social, político, ideológico, simbólico y/o moral, a ciertas categorías de personas y/o agrupaciones (estigmatizadas) con fines de exclusión, victimización, rechazo, expulsión, castigo, sometimiento, marginación, opresión, explotación, esclavización, etc. En ese proceso racista de racialización (valga la reiteración) se destilan etnocentrismos, jerarquizaciones, animadversiones, discriminaciones, odios, desprecios, aberraciones, guerras y/o violencias inhumanas de todo tipo. Bajo esas lógicas de comportamientos, actitudes, pensamientos y prácticas; cualquier acto y/o discurso es susceptible de justificación, legitimación y/o legalización por parte de instituciones, organismos, agencias, grupos o individuos racistas". Estaríamos ya entonces en la fase de racismo institucional y social. Es decir, en una peligrosa fase de legitimacion y justificación de las actitudes racistas por parte de cualquier sociedad. Sin ir más lejos, una comunidad de vecinos puede determinar que no habiten en ella personas negras. Una Universidad puede decretar que el precio de la matrícula no sea igual para latinos que para americanos, o un determinado club puede cerrar sus puertas a personas de determinada religión. Si el nivel de madurez, justicia y tolerancia de una sociedad no lo impiden, estas prácticas perversas pueden ser perfectamente legitimadas, incluso apoyadas activamente. Se crean entonces condiciones, ambientes o circunstancias donde llegan a imperar odios a varios niveles entre agrupaciones y/o personas, trátese de etnias, sectas, iglesias, castas, facciones, clases sociales, naciones, Estados, bloques de países, etc. Y por consiguiente se sintomatiza de manera compleja el miedo/odio a "los otros" bajo la supuesta defensa de valores, honores, lealtades, intereses, propiedades, exclusividades, etc., particulares de "nosotros". 

 

¿Dónde podríamos situar históricamente el origen de esta evolución del racismo? Aunque desconocemos si en las sociedades primitivas existiera ya algún atisbo del mismo, es evidente que la génesis del racismo es moderna y capitalista, nace junto con las prácticas imperialistas y coloniales del siglo XVI, la acumulación originaria, el saqueo de recursos a los nativos de los pueblos americanos, la expropiación y expulsión de los campesinos europeos, la esclavitud de los africanos y su exportación a otras tierras, el control de los cuerpos, la explotación de los asalariados, mujeres, niños, etc. Las formas históricas de su manifestación van desde el darwinismo social capitalista, pasando por los nazifascismos, las "guerras santas", el sionismo, el apartheid, los sistemas de castas, los guetos, las limpiezas étnicas, los reservados psiquiátricos o los campos de trabajo forzado o de concentración, etc. Durante todos estos siglos, la evolución del "nosotros" frente al "ellos" ha pasado por muchas variantes: el nosotros los blancos frente a los otros de color, nosotros los occidentales frente a los otros orientales, nosotros los civilizados frente a los otros atrasados, nosotros los elegidos frente a los otros condenados, nosotros los fieles frente a los otros infieles, nosotros los desarrollados y tecnologizados frente a los otros subdesarrollados y analfabetos, nosotros los dueños frente a los otros desposeídos, nosotros la gran nación frente a los otros de las pequeñas naciones, etc. Un caso especial, donde nos detendremos a continuación, por ser claramente paradigmático, es el de Estados Unidos. Ya nos ocupamos de su crisis migratoria durante las Caravanas de Migrantes que, procedentes de Centroamérica (Guatemala, Honduras, El Salvador...) se dirigían de forma organizada a la frontera sur entre México y USA. Ahora nos volveremos a ocupar de la nación imperialista por antonomasia, pues durante estas últimas semanas se vienen produciendo allí hechos aún más macabros, si cabe. Y así, el control de la frontera sur en México expulsa migrantes provenientes de estos países (también del Caribe y de África), y deja en manos del crimen organizado a los que logran atravesar su territorio para dirigirse al falaz "sueño americano", resultando en miles de secuestrados, semiesclavizados, explotados sexualmente, muertos y desaparecidos. 

 

El racismo desaforado y la discriminación racial de las minorías (nativos, latinos, hispanos, afroamericanos, árabes, etc.) en Estados Unidos, ha conducido a su gobierno imperialista y racista a la mal llamada "guerra contra el terrorismo", a la construcción de muros y a la deportación masiva de millones de migrantes "ilegales" (aunque ahora nos referimos a las redadas racistas de Trump, lo cierto es que durante la época de Obama se deportaron más de 3 millones de personas). Pero no es un fenómeno nuevo. Recurrimos de nuevo a Miguel Ángel Adame: "La historia de los EUA está cuajada de racismo y racialismo como parte de un nacionalismo religioso o una teología nacionalista. Resulta muy peculiar que estos fenómenos históricos en este Estado-nación se alimenten dentro del país capitalista más boyante del orbe y el que mayor cantidad de comunidades étnico-nacionalitarias acumuló por inmigración mundial de "dreamers" en pos de la "american way of life" y de los "american dreams" durante todo el siglo XX". En efecto, creemos que la etiología racista del país norteamericano ha de encontrarse en su propio proceso fundacional. Lo que ocurre es que, en cada circunstancia histórico-política, se achacan al fenómeno causas de tipo coyuntural. Por ejemplo, desde la última crisis de 2007 hacia acá, se incubaron frustraciones y resentimientos sobre todo entre los componentes de las clases medias, que se canalizaron vía étnico-racial y sociocultural, principalmente contra los extranjeros, migrantes (sobre todo ilegales o indocumentados) y las minorías a las que abierta o veladamente responsabilizaron del estancamiento o bajada de sus niveles de bienestar (es decir, los culparon de la pérdida de empleos, de la precarización laboral, de la pobreza, de la exclusión...). Exactamente igual sucedió en los países europeos, aunque quizá no de forma tan violenta. En USA, se ha acelerado un cuadro sintomático, desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, que busca preservar, recuperar o engrandecer ("Make America Great Again" fue su lema de campaña) la "esencia nacional", propiciando aún más si cabe la intolerancia, el odio y el rechazo al extranjero. El chivo expiatorio es el otro proletario inmigrante, que procede de otros países con otras costumbres, con otras culturas, que no come, habla, piensa o sueña como nosotros, y que llega a desplazarnos y a quedarse con nuestros trabajos y oportunidades (y con "nuestros sueños"), siempre según la cosmovisión popular norteamericana. Así pues, en nombre de nuestro (supuesto) derecho a mantener nuestra "integridad" (más bien integrismo), nuestra identidad de "primer mundo" (construido a base de saquear otros países de otros mundos), nuestra "grandeza" (que no existe más que en sus "sueños), nuestra cultura "blanca" (en realidad supremacismo), se niega la alteridad inmigrante y se está de acuerdo en que se le deporte, expulse, guetifique, amuralle, excluya...Este es básicamente el relato de lo que allí ocurre. Continuaremos en siguientes entregas.

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