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13 diciembre 2019 5 13 /12 /diciembre /2019 00:00

El 70% del «alumnado concertado» estudia en colegios propiedad de la Iglesia Católica (cualquiera de sus ramificaciones). En el manifiesto del XXI Congreso Católicos y Vida Publica (sobre la libertad de enseñanza), se afirma que la escuela católica tiene una misión específica: «comunicar a Cristo». La escuela «debe configurarse en clave de evangelización». Las escuelas católicas quieren ser el gran púlpito desde el que adoctrinar las conciencias de los escolares españoles en la fe y los dogmas morales del catolicismo (contando con la inestimable ayuda del otro gran púlpito que tienen montado en paralelo en la escuela pública con las clases de Religión católica). Ni vocación de servicio público ni libertad de enseñanza: negocio y adoctrinamiento

Eugenio Piñero

Agustín Moreno recoge en este artículo de Cuarto Poder la siguiente información del diario El País: "Barcelona tiene centros concertados sin ningún alumno inmigrante", y añadía: "Un colegio público de Ciutat Vella tiene un 76% de estudiantes extranjeros; un concertado, cercano al 6%. En febrero [de 2016] conocimos la "sublevación" de las familias de Vitoria contra la segregación social de los colegios. Todas las AMPAS, sindicatos y organizaciones sociales denunciaban la situación de guetización y empobrecimiento de unos centros frente al clasismo y elitismo de otros. La cuestión es que todos están financiados con fondos públicos. Responsabilizaban al Departamento de Educación de no hacer nada ante la concentración muy elevada de alumnado de origen extranjero. Las complicaciones no se plantean por la existencia de alumnos de origen inmigrante, que pueden ser muy competentes, sino por la situación socioeconómica familiar que suele estar asociada, y porque funcionen en régimen de apartheid". Modelos bilingües, zonas únicas de escolarización y centros de "excelencia" son algunas de las herramientas que publicitan para llevar a cabo este elitismo escolar. Pero sobre todo, mediante una descarada desviación de recursos públicos a la escuela concertada. Por ejemplo, en 2015 desviaron 43 millones de euros que no se gastaron en educación compensatoria, solo en la Comunidad de Madrid. Mientras, recortaban hasta un 24,9% en la educación pública no universitaria. Ello se traduce en cierre de grupos y centros públicos, al tiempo que se regala suelo público para la creación de centros destinados a conciertos educativos, a veces incluso en condiciones delictivas (corruptas). El problema, como venimos contando, lo crea la propia red existente (pública-concertada), que pervierte nuestro sistema educativo hasta la médula. No se pueden dedicar recursos públicos a un modelo que instaura un tipo de escuela que discrimina en vez de integrar. Con los recursos e impuestos de todos, estamos sufragando escuelas católicas y elitistas, incluso racistas, bajo el falso mantra de la "libertad de elección", que se atreven a afirmar que está recogido en la Constitución, cuando es una soberana mentira. 

 

Al pasar el tiempo, esta injusta política proyecta gravísimas consecuencias: pérdida de alumnado en la pública, creación de guetos y deterioro de la propia calidad educativa global, al negar la diversidad del alumnado. Como afirma Agustín Moreno: "Desde el punto de vista educativo y constitucional es intolerable porque quiebra el principio de igualdad de oportunidades, la equidad y la cohesión social". Pero poco le importa todo eso a la Iglesia Católica, con tal de mantener su adoctrinamiento religioso en los centros. Y menos les importa a los políticos corruptos que convierten la educación en una mercancía, y sacan tajada cada vez que pueden. La privada-concertada ofrece básicamente la selección del alumnado e idearios religiosos para quien le interese. Ya se encargan ellos de que interese a cada vez más familias. Moreno nos lo ejemplifica de forma muy ilustrativa: "Es como si pudiendo ir gratis a un precioso parque público como El Retiro, algunos se empeñasen en que les paguemos entre todos el Club de Golf porque no se quieren juntar con sus conciudadanos". Es así de simple, pero así de vergonzante. Frente a este intolerable modelo, la escuela pública, la que sí debemos cuidar entre todos de verdad, ofrece calidad por muchos motivos: asegura la gratuidad, la inclusión, la coeducación, la integración, la ausencia de ideario religioso, la gestión democrática de los centros, un profesorado bien seleccionado tras una dura oposición, y un funcionamiento abierto a la participación de las familias y el propio alumnado. La actual financiación pública de una doble red conduce al desmantelamiento del modelo de escuela pública como un proyecto solidario de vertebración social. No es compatible un sistema público de calidad con el crecimiento de la red privada, necesariamente selectiva y generadora de un mercado educativo que multiplica las desigualdades. A ningún empresario se le puede prohibir crear centros privados, ni a ninguna familia llevar allí a sus hijos, pero nunca a costa del presupuesto público. El acuerdo social, político y territorial que necesita el sistema educativo en España debe abordar de una vez por todas la anómala existencia de los centros concertados, que tienen como función principal no la satisfacción de un derecho fundamental, sino el negocio ideológico y económico. 

 

Eugenio Piñero, Profesor de Filosofía y miembro de Valencia Laica, lo explica en los siguientes términos en un reciente artículo para el medio local Levante: "Los empresarios de estas escuelas justifican estos conciertos presentándose a sí mismos como benefactores sociales, que ahorran dinero a las arcas del Estado, y defensores de la libertad de enseñanza. Pero la realidad es muy distinta. La Escuela concertada solo se instala allí donde hay posibilidades reales de negocio. Evitan las zonas rurales porque no son rentables. Es la vocación empresarial y no la de servicio público la que guía a estos empresarios. Estas empresas concertadas "seleccionan sutilmente" a su alumnado. Mientras que el 33% del alumnado en las escuelas públicas pertenece a clases sociales desfavorecidas, según informe de la Fundación BBVA, los colegios concertados solo acogen a un 7% de igual procedencia social. Y el alumnado de familias con menos recursos requiere que los centros educativos inviertan más recursos. Las escuelas "concertadas" se lo ahorran. La Escuela concertada mayoritariamente es católica". En su momento le dedicaremos espacio largo y tendido, dentro de esta serie de artículos, a los propios contenidos educativos por los que apostamos desde una izquierda laica y transformadora, pero valgan ahora unos cuantos comentarios sobre la nueva agenda educativa reaccionaria, aparecida en primer lugar en la LOMCE (del PP) y reforzada por los salvajes postulados de Vox. Nos lo cuenta magníficamente Xavier Besalú en este artículo para el medio digital El diario de la educación, y vamos a seguirlo a continuación. La agenda reaccionaria, de un tiempo a esta parte, y como no podía ser menos, lo ha invadido todo, y por supuesto también el terreno educativo. Dos son, al parecer, sus puntas de lanza: erradicar lo que ellos denominan el "marxismo cultural" que impregnaría tanto el currículum oficial como la práctica educativa de los docentes, y cerrar el paso a la llamada por ellos "ideología de género", una especie de virus que estaría corroyendo los valores sustantivos de las personas, de las familias y de las sociedades occidentales en general. Ni que decir tiene que, para ambos postulados, la Iglesia Católica se forja como firme aliada en la tarea de su erradicación. 

 

Explica Xavier Besalú con relación al contexto internacional: "La victoria de Donald Trump en Estados Unidos ha significado la entronización desacomplejada de la reacción que ha ido incubándose a lo largo de estos años y que no se atrevía a proclamar a voz en grito lo que pensaba y lo que pretendía ante la supuesta superioridad moral y cultural del consenso democrático posterior a la II Guerra Mundial, debido en parte a la existencia del bloque comunista, un imaginario que generaba tanto temor como esperanza entre amplios sectores de la humanidad antes de su estrepitoso derrumbe...Pulsión reactiva que hemos visto en muchos países de América Latina, encabezados por el Brasil de Bolsonaro; de Asia, con la India y Filipinas al frente; o de Europa, tanto si ya ha llegado al poder como si ha mostrado su fuerza en las urnas...". Recuérdese que una de las primeras decisiones que tomó el PP cuando llegó al poder fue acabar con la asignatura de Educación para la Ciudadanía que había instaurado la etapa de Zapatero, y donde se enseñaban determinados (e incipientes) contenidos democráticos. Pero la derecha no quiere ni oír hablar de progresismo, y mucho menos en la escuela. Lo que entienden por marxismo cultural no es otra cosa que la libertad de conciencia, el debate argumentado, la crítica solvente de todas las ideas, y el hecho de dar cabida en las aulas a todo lo que afecte a los humanos, por controvertido que sea. Ello incluye la comprensión de la actualidad, la reflexión y el análisis, la asunción de la complejidad y el intento de ir más allá del presente, el compromiso y la toma de postura individual. Desde la óptica reaccionaria todo ello es adoctrinamiento, porque para ellos, la escuela debe transmitir simplemente la verdad sin sombra de dudas (recuérdese la famosa campaña de HazteOír que rezaba "Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva"), y si esa verdad no coincide con sus postulados, no debería traspasar los muros de los colegios e institutos. Tampoco en la Universidad, donde incluso en las Facultades de Economía se estudian únicamente las teorías económicas convencionales, es decir, neoliberales, despreciando todas las demás. 

 

Y en cuanto a la ideología de género, ya hemos dicho que también cuentan con un aliado de honor, como es la Iglesia Católica, incapaz de reconocer la discriminación a que históricamente se han visto sometidas las mujeres, las derivaciones cotidianas del machismo imperante, las desigualdades de género que en todos los planos les afectan. Lo que ellos denominan como "ideología de género" es, por una parte, reconocer que hombres y mujeres somos iguales en dignidad, en posibilidades y en aspiraciones. Por tanto, debemos serlo también en oportunidades. El punto de partida, como hemos presentado en otros muchos artículos de este Blog, por razones atávicas, es muy desigual, y en consecuencia, son absolutamente necesarias un conjunto de medidas y decisiones políticas que faciliten y aceleren la corrección de estas disfunciones y desigualdades. Y que las personas, sea cual sea nuestro sexo, podemos tener orientaciones, identidades y expresiones sexuales y afectivas distintas, de forma que no existe una correlación fisiológica entre sexo y género, y por tanto, entre relaciones afectivo-sexuales, o sexo-genéricas. La bestia negra para todo el pensamiento reaccionario educativo es, pues, todo lo que hace referencia a la homosexualidad, a la bisexualidad, al transgénero...consideradas sin más por ellos como una patología, una enfermedad, una deformación o una aberración que algunos más compasivos tolerarían, pero que otros, más salvajes y desacomplejados, combatirían hasta la muerte, como se hizo por ejemplo durante la dictadura franquista. De ahí que hayan propuesto la medida del Pin Parental, que básicamente lo que propone es que sean los padres los que controlen expresamente todo tipo de actividades, asignaturas, charlas, coloquios, mesas redondas, cursillos, experiencias, etc., donde sus hijos e hijas puedan participar, y donde sospechen que se les va a "inculcar" algún atisbo de contenidos extraños a su perversa y excluyente ideología. Pero la agenda educativa reaccionaria se alimenta también de otros elementos: la idealización de un supuesto pasado nacional (colonial y glorioso), la invisibilización de las diferencias de origen socioeconómico y cultural, bajo el supuesto de que, en la escuela, todos son niños y niñas, tratados con la misma consideración; la obsesión por segregar que estamos comentando (por sexo, por capacidad, por religión, por resultados académicos, por aspiraciones futuras, por itinerarios tempranos), por clasificar y jerarquizar (a través de los ránkings, de los exámenes, de las notas, de las reválidas...), y en definitiva, de excluir. Continuaremos en siguientes entregas.

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