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27 diciembre 2019 5 27 /12 /diciembre /2019 00:00

La educación inclusiva nos abre la esperanza para la construcción de un proyecto de sociedad y de humanización nueva, donde el pluralismo, la cooperación, la tolerancia y la libertad sean los valores que definan las relaciones entre la ciudadanía y donde el reconocimiento de la diversidad humana esté garantizado como elemento de valor y no como lacra social, sino como reconocimiento de la dignidad de la que todos los seres humanos son portadores. La educación inclusiva, como proceso de humanización, nos brinda la oportunidad de ese cambio cultural al permitirnos construir una sociedad más culta, dialogante, solidaria, cooperativa, democrática, justa y más humana. Necesitamos otra educación. Necesitamos una pedagogía crítica y liberadora que nos devuelva lo que de humano hemos perdido

Miguel López Melero (miembro del Foro de Sevilla)

A estas alturas de la serie, mis lectores y lectoras ya deben tener una idea clara de hasta qué punto el modelo o sistema educativo de una determinada comunidad es el símbolo de su calidad cultural, política y democrática. Los valores capitalistas (asumidos por la derecha política, social y mediática) entienden una educación que parte de una visión del mundo y de la sociedad al servicio de las élites, y no del bien común. De ahí el modelo que impone, y los valores que propugna. En cuanto puede, ataca sin piedad a la educación pública, por medio de recortes, ajustes y privatizaciones en sus principales medios de existencia y proyección. En cuanto puede, favorece a la educación privada y concertada, pues es el modelo que le interesa, al difundir el elitismo, el clasismo y el corporativismo educativos. ¿Cuál podría ser la agenda inmediata para dar un claro viraje al modelo educativo actual (LOMCE) y hacerlo apuntar hacia la evolución que nos interesa? En primer lugar, revertir todos los recortes llevados a cabo durante los últimos años. Para dotarnos de un buen sistema educativo, necesitamos una escuela dotada de medios y recursos. Los recortes practicados han supuesto aumentar la jornada lectiva, aumentar los ratios de alumnos por clase para todos los ciclos, la limitación de la tasa de reposición del profesorado público que se jubilaba, el retraso en la sustitución de las bajas en el profesorado, y una subida brutal de las tasas universitarias que ha expulsado a más de 70.000 estudiantes de las aulas. Igualmente, ha endurecido los requisitos para poder acceder al sistema de becas y ayudas al estudio implantado. Todo ello ha provocado la reducción de la calidad impartida en la enseñanza. El aumento del 20% de la ratio profesorado/alumnado provocó la masificación de las aulas en detrimento de la atención particularizada al alumnado y de la calidad educativa. Por su parte, el incremento de la jornada lectiva supuso en la educación pública la pérdida de más de 32.000 puestos de trabajo, y un aumento de la temporalidad en el empleo y las jornadas parciales, hasta el punto de que 1 de cada 4 docentes es temporal en la actualidad. No sustituir el profesorado de baja hasta pasados 10 días lectivos es dejar sin el derecho a la educación durante dos semanas a cientos de alumnos por cada profesor. 

 

En segundo lugar, hay que derogar la actual ley educativa (LOMCE, del PP), ya que implica para el sistema educativo la imposición de un modelo capitalista, que entiende la educación únicamente como un instrumento al servicio de la competitividad y del crecimiento económico (véase este otro artículo de nuestro Blog para una explicación más detallada). Queremos un nuevo marco educativo, una Reforma Educativa para todos (como estamos denominando a esta serie de artículos), que parta del "Documento de Bases para una nueva Ley de Educación", que ha logrado el acuerdo entre todos los sectores y las organizaciones que forman la comunidad educativa. Es precisamente el desarrollo de todos sus puntos, con aportaciones personales mías, y las aportaciones diversas de múltiples fuentes, lo que estamos intentando difundir mediante la presente serie de artículos. También ha logrado el consenso, después de años de trabajo, de la mayoría de las fuerzas políticas progresistas, que se ha reflejado en varias ocasiones en el Parlamento. El actual marco educativo adolece además de diversos aspectos extremadamente nocivos para una buena educación, desde el abandono de la atención a la diversidad del alumnado, pasando por el retroceso de la democracia en los centros educativos, la absurda potenciación de la asignatura de religión en el currículo escolar (insistiremos en próximas entregas en nuestra visión laica de la escuela pública), o la financiación pública de centros que practican la segregación o niegan la coeducación. Un punto muy grave es el ataque a la comprensividad mediante la instauración de itinerarios tempranos segregadores que intentan enmascarar el fracaso y el abandono escolar. No hay que olvidar que la tasa de abandono escolar temprano en España (18%) se sitúa 8 puntos por encima de la media de la UE, según un estudio publicado por la Fundación BBVA. Y según datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondiente al último trimestre de 2017, el porcentaje de jóvenes de entre 18 y 24 años que tiene como máximo el título de enseñanza secundaria obligatoria es del 18,28%, 7 puntos menos que en el año anterior (2016). Hay que proceder igualmente a la eliminación definitiva de las reválidas y de los ránkings de centros, recuperar una Formación Profesional Básica que permita titular, la universalización de la educación infantil pública (añadiendo además centros públicos de 0 a 3 años), y la eliminación del modelo de nombramiento de Directores de Centro, actualmente prácticamente a dedo, recuperando y fortaleciendo si cabe las competencias de los Consejos Escolares. 

 

Y como llevamos insistiendo desde los primeros artículos de esta serie, necesitamos la supresión progresiva de la financiación pública a los centros privados concertados. Hemos de implantar una Red Única de Centros Públicos (de titularidad y gestión públicas al 100%) que, progresivamente y de manera voluntaria y negociada, integre a los centros privados concertados, así como a su profesorado. Mientras tanto, no hay que conceder ni un solo concierto educativo más para la educación privada, y hay que proceder a la supresión inmediata de la financiación para todos los centros que practiquen cualquier tipo de discriminación o no aseguren completamente la gratuidad de la educación. En una palabra, dejar de apostar por la privatización, el elitismo y el clasismo en la escuela, para comenzar a apostar por la inclusión, la cooperación, el bien común y los parámetros de gratuidad, universalidad y calidad educativas. Tomando las palabras de Agustín Moreno en este artículo del medio Cuarto Poder donde dirige una Carta Pública a la Ministra de Educación, que estamos tomando como referencia: "Mientras no se aborde esta cuestión creada por intereses económicos e ideológicos, la doble red consolidará un modelo educativo que va en contra de la equidad, evitando la mezcla social con recursos públicos. Es una estrategia clasista que conduce a que haya escuelas de ricos y escuelas de pobres o guetos. Y ello va directamente contra el derecho a la educación, porque la educación debe ser una oportunidad para todos y no un riesgo para una parte del alumnado". Y como decíamos más arriba, e insistiremos en ello aún más profundamente, la laicidad en la escuela pública es mucho más que quitarle a la actual asignatura de religión su valor para la obtención de la nota media del Bachillerato. La religión es asunto del ámbito privado y por ello no puede formar parte del currículo ni del horario escolar. Se trata por una parte de cumplir el mandato aprobado por mayoría parlamentaria (incluidos los votos del PSOE) el 21 de febrero de 2018, en torno a derogar y denunciar el Concordato con la Santa Sede. En cuanto a la posible recuperación de una asignatura sobre Valores Cívicos, estaría bien siempre que no se incluya (como tenía intención de llevar a cabo la derecha) como cortina de humo o cajón de sastre para una educación en valores conservadores, tales como el himno, la bandera, la unidad y la defensa nacional, las funciones del Rey, o las funciones de las Fuerzas Armadas. 

 

Los valores cívicos y democráticos no van por ahí. Van encaminados a una educación en valores de inclusión, participación y cooperación, velando para la consecución del bien común. Todo lo anterior ha de implementarse, como hemos dicho anteriormente, mediante la recuperación de una buena inversión educativa. No basta por tanto con eliminar y revertir los recortes y las privatizaciones, sino que hay que dotar la inversión educativa de una cantidad estimada en un 5% del PIB como suelo de la misma, así como una redistribución en favor de la educación pública. Es una cuestión clave, ya que no podemos mantener una escuela pública de calidad, sin dedicar a ella los recursos mínimos necesarios. No se puede, por ejemplo, aspirar a la excelencia educativa de Finlandia, cuando ellos invierten hasta un 7% del PIB en educación, y nosotros exactamente la mitad (un 3,8%). Y ni que decir tiene que no existe inversión más rentable. Con todo ello podemos definir y establecer los mimbres con los que construir un sistema educativo que desarrolle ciudadanos críticos, formados e informados, comprometidos con la convivencia y la cohesión social, y no meras herramientas instrumentales del sistema capitalista neoliberal. El modelo que propugnamos apuesta por una escuela pública, gratuita, universal, de calidad, laica, inclusiva, democrática, que reconozca y valore el papel del profesorado. Necesitamos esos mimbres para trabajar por una educación transformadora, no domesticadora, ni al servicio de los intereses de las élites. Necesitamos una educación que satisfaga el derecho humano fundamental a la misma, de forma universal, y a lo largo de toda la vida, y ello debe ser garantizado por los poderes públicos. Necesitamos una educación pública que eduque en la diversidad, en la ética, en la cooperación, en el bien común, en vez de en la aberrante moral religiosa (no solo católica, también de las demás), y en los valores de falso sacrificio, estupidez, banalidad, individualismo y competitividad de la sociedad capitalista actual. Necesitamos una educación pensada para las personas, y no para el sistema. En su momento detallaremos a fondo los contenidos de nuestra propuesta educativa, pero ahora continuaremos detallando los puntales donde ésta debe basarse. 

 

El asunto religioso ha aparecido ya varias veces a lo largo de esta serie dedicada a la educación, precisamente porque hay que abordarlo bajo todos sus enfoques y puntos de vista. Nosotros, desde la izquierda transformadora, apostamos por la laicidad en la escuela. Y ello porque la religión no supone ningún referente moral como para impartirla en la escuela. Los verdaderos referentes éticos y morales deben proporcionarlos las asignaturas que nos hablen sobre los derechos humanos, el civismo y los valores democráticos. Los asuntos de fe y de dogmas deben quedar relegados al ámbito íntimo y privado de cada familia o individuo. Lo explica magníficamente Pedro López (Profesor de la Universidad Complutense y miembro del Grupo de Pensamiento Laico) en este artículo para el medio Publico, que vamos a seguir a continuación. La Iglesia Católica (pero también el resto de las confesiones religiosas), plantea siempre la necesidad de incluir en el sistema educativo una formación en sus valores, bajo el presupuesto de la superioridad moral de éstos frente al laicismo creciente, cuyos valores, así como el propio concepto, denigran constantemente. Si del laicismo pasamos al ateísmo, los dignatarios y religiosos no es ya que denigren, es que demonizan directamente, invitando al odio de los creyentes. De hecho, fue éste uno de los pilares argumentales para el ataque a la Segunda República (a su sistema educativo laico, y por ende a toda ella), pues según los sublevados y los que apoyaban el golpe militar, estábamos asistiendo al declive de la civilización espiritual más antigua de Occidente. Sin llegar a este grado de odio, es frecuente el planteamiento por parte de los sectores religiosos de que el "remedio" al ateísmo es la formación religiosa, como si el ateísmo fuese una carencia del cerebro o alguna terrible enfermedad (el régimen franquista aseguraba que había que "extirpar el gen comunista" de la mente de los republicanos). Igualmente, son frecuentes en el discurso religioso ideas como que cuando falta el sentido religioso la persona se degrada, o aseveraciones indocumentadas, como que donde no hay fe aumentan los homicidios, el alcoholismo, los abortos y todas las plagas imaginables. Pongamos el caso más sencillo y evidente: los Estados Unidos no solo son la primera potencia mundial (ya en claro declive), sino también una de las sociedades más oscuras y religiosas que existen, hasta el punto de llegar casi al fanatismo. Pues bien, como sabemos, su sociedad (al igual que su Gobierno) es una de las más violentas del mundo, por no decir la más violenta, con mayor posesión de armas del mundo, y donde más ataques individuales e indiscriminados se llevan a cabo cada año. No parece tener, entonces, mucho sentido la anterior afirmación. Continuaremos en siguientes entregas.

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