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4 marzo 2020 3 04 /03 /marzo /2020 00:00
El Genocidio Palestino (24)

Por mi experiencia como investigador afirmo que ha quedado demostrado que se tortura a centenares de Niños y Niñas de Palestina y se les arrastra hasta las mazmorras. He visto el muro, los checkpoint, los controles militares, todo lo que emplean para cerrar la comunicación entre ciudades y pueblos, haciendo batustanes. He visto a los sionistas romper los brazos de los Niños, disparar a las piernas de los Jóvenes, bombardear al Pueblo Palestino en ciudades y campos. He visto a los sionistas destruir los pozos de agua de los pueblos de Palestina, robarles el agua secando los ríos subterráneos, envenenar los campos de cultivo, derribar las casas con maquinaria pesada, dinamitarlas, bombardear los hospitales y las escuelas...

Ramón Pedregal Casanova

Lo hemos referido ya varias veces a lo largo de esta serie de artículos: las zonas de la Franja de Gaza y de la Cisjordania ocupadas son, con mucho, las zonas de mayor sufrimiento humano que nos podamos imaginar. E Israel experimenta con dicho sufrimiento humano en dichas zonas. Lo detalla Gideon Levy en este artículo para el digital Rebelion (publicado inicialmente en Middle East Eye, y traducido por Javier Villate), y vamos a resumirlo a continuación. Nos llevaría cientos de artículos contar la totalidad del sufrimiento que Israel inflige a la población palestina de estas zonas (de hecho existen por ahí libros completos que lo cuentan), así que en algunos artículos de esta serie, nos limitaremos a hacer un breve resumen. Básicamente, Gaza es un enorme campo de concentración a cielo abierto de 1,5 millones de prisioneros. La Franja de Gaza es una pequeña extensión de terreno situada al suroeste de la Palestina histórica. Limita al norte y al este con el territorio ocupado por Israel desde 1948, año de creación de la entidad sionista. Al oeste limita con el Mar Mediterráneo, y al sur debería limitar con Egipto, pero Israel, durante la segunda Intifada, confiscó 500 metros de terreno entre Gaza y Egipto para construir el corredor llamado "Filadelfia" (un brazo de tierra cuya función es conectar el desierto del Neguev con el Mediterráneo y cortar el contacto entre Gaza y Egipto), impidiendo a los palestinos tener el control sobre dicha frontera. Las dimensiones de la Franja tras la ocupación durante la guerra de 1948 quedaron reducidas a 8 km. de ancho por 65 km. de largo, lo cual viene a ser unos 365 km2. Tras el armisticio de 1949 la pequeña Franja quedó bajo el control administrativo de Egipto, pero en junio de 1967, durante la llamada Guerra de los Seis Días, Israel la ocupó militarmente junto a Cisjordania, la parte Este de Jerusalén, la Península del Sinaí y los Altos del Golán en Siria. Pues bien, en esta pequeña región del mundo, está ocurriendo un terrible hecho, un hecho sin precedentes en la historia de la humanidad, bajo la aquiescencia del resto del mundo. De hecho, el proyecto está en su apogeo, pero el mundo no muestra el más mínimo interés.

 

Este atroz experimento con seres humanos, no sancionado por ninguna institución científica internacional, cuya supervisión es exigida por la Declaración de Helsinki, busca examinar la conducta humana en situación de estrés y privación extremos. El grupo experimental no está compuesto por unas pocas personas, ni por unas decenas o centenares, ni por algunos miles o decenas de miles, ni siquiera por algunos centenares de miles de personas, sino que la población sometida a experimento asciende, al menos, a dos millones de seres humanos. Hasta ahora, están resistiendo todas las aberrantes pruebas increíblemente bien. Aunque hay alguna turbulencia dentro de la olla a presión en la que están confinados, lo cierto es que todavía no ha explotado. La Franja de Gaza está siendo vigilada para ver cuándo y de qué forma acaba explotando. Aparentemente, es sólo cuestión de tiempo. Al igual que todos los experimentos de esta clase, éste está siendo conducido de forma escalonada. Como dice Gideon Levy: "La rana debe ser hervida poco a poco hasta que estire la pata". Y relata: "En un principio, Gaza fue privada de electricidad durante una tercera parte del día, luego la mitad, y ahora [el artículo está escrito en julio de 2017] el nivel ha sido aumentado de tal manera que los dos millones de habitantes del enclave tienen electricidad solo 2,5 horas al día. Vamos a ver lo que les pasa. Vamos a ver cómo responden. ¿Y qué sucede cuando se les suministra electricidad solo durante una hora al día? ¿O una hora a la semana? Este experimento está todavía en sus primeras fases y nadie puede prever su final". La Franja de Gaza es uno de los lugares más ampliamente poblados del mundo, pero también una de las zonas más malditas del planeta. Aproximadamente un millón de los palestinos que viven en Gaza son refugiados, o bien hijos o nietos de refugiados, y más o menos la mitad siguen viviendo en campos de refugiados. En comparación con los demás campos de refugiados que existen en otros países árabes, los de Gaza son considerados especialmente miserables, tal vez con la excepción de los que existen en Líbano o en Siria. Los refugiados de Gaza fueron expulsados o huyeron del territorio ocupado por Israel en 1948 y representan aproximadamente una quinta parte de todos los refugiados palestinos que hay en el mundo. 

 

Pero no acaba aquí el experimento con el sufrimiento humano, a ver hasta dónde aguanta esta masacrada población. Israel también se está encargando de privarle del agua potable a la que tienen derecho como seres humanos. El asunto es, simplemente, que para Israel no son seres humanos. Lo cierto es que esta población no ha conocido prácticamente ningún período de tranquilidad, seguridad o mínimo bienestar económico, desde que su memoria les alcanza, incluyendo a sus ancestros. Unos seres humanos que viven enjaulados, expoliados, maltratados, saqueados, violentados, expulsados, y sobre todo, ignorados por el resto de la humanidad, que prefiere mirar para otro lado, en un ejercicio de desprecio y cinismo como nunca antes fue visto. Gaza está rodeada: por Israel al norte y al este, por Egipto al sur y por el Mediterráneo al oeste, donde las fuerzas navales israelíes han impuesto un bloqueo absoluto. Desde la llegada de Hamás al Gobierno en Gaza, Israel (con la colaboración de Egipto), ha impuesto un bloqueo, especialmente en lo que se refiere al libre movimiento de personas hacia y desde Gaza, y la prohibición casi total de exportación de bienes. De ahí que la Operación bautizada como "Flotilla de la Libertad" intenta cada año internarse a la Franja de Gaza para llevar víveres, alimentos y todo tipo de productos a esta avasallada población. Normalmente, Israel lo impide. El resto del mundo sigue sin mover un dedo. Gaza posee una única central eléctrica, que no puede producir toda la electricidad que necesita la población residente. Construida en el año 2002 con una capacidad máxima de producción de unos 140 MW, la planta está limitada por la capacidad de carga de su red, y en el año 2006 tan solo producía 90 MW, por lo que importaba 120 MW adicionales suministrados por Israel, pagados en su totalidad, por supuesto. La planta fue bombardeada por Israel tras la captura del soldado israelí Guilad Shalit, en el verano de 2006, cuando estaba produciendo el 43% de la electricidad que consumían los gazatíes. Tras su reconstrucción, la planta alcanzó una capacidad de producción de unos 80 MW. Pero también para esto depende totalmente de Israel, que es el único proveedor de repuestos y del combustible diésel que alimenta la central. 

 

Cuando se estableció el bloqueo, Israel comenzó a restringir la cantidad de combustible que suministraba a Gaza. Los gazatíes necesitan entre 280 y 400 MW de electricidad, dependiendo de la estación del año. Aproximadamente una tercera parte de toda la electricidad requerida, unos 120 MW, provenía de Israel, y otros 60-70 MW los producía la propia central. Por lo tanto, había una escasez crónica de electricidad en Gaza incluso antes de esta última reducción. De hecho, los gazatíes han estado sin electricidad durante varias horas al día desde hace años. Resulta difícil imaginarse cómo se puede vivir con solo dos horas y media de electricidad al día. Resulta difícil imaginar cómo se puede mantener fresca la comida, por no hablar de todas las tareas y actividades humanas ordinarias que se ven truncadas, imposibilitadas, interrumpidas, inacabadas. Es horrible, en fin, pensar en lo que pueden estar sufriendo los enfermos de los hospitales cuyas vidas dependen de la electricidad suministrada. Por ejemplo, en el Hospital Al Rantisi de Gaza, en la unidad de cuidados intensivos infantil, los niños estaban conectados a unos respiradores que solo podían funcionar unas pocas horas al día. Sus vidas dependen ahora de un generador. A veces, el generador se estropea. En los otros hospitales de Gaza la situación es parecida. ¿Nos la podemos imaginar? ¿De verdad? Y así, los habitantes de Gaza, cual ratas de laboratorio, son sometidos a los más execrables experimentos, que socavan todas las facetas de su vida. Mientras las partes en conflicto se dedican a afianzar sus posiciones y el mundo responde con ignorancia, descrédito y apatía, nadie puede prever a dónde llegará todo esto. La falta de electricidad se traduce también en falta de agua potable y en inundaciones de aguas residuales no tratadas. Los gazatíes están acostumbrados a todo eso, a los más indecibles tormentos, pero incluso la fantástica e incomparable resistencia de los habitantes de este diminuto territorio tiene sus límites.

 

¿Cuándo estallará la olla a presión? Nadie lo sabe. Israel los está poniendo a prueba continuamente, y continuamente sube el listón del sufrimiento. No sabemos cuándo finalizará esta situación, no sabemos cuándo el resto del mundo por fin alzará la vista, y tomará la firme determinación de parar esta barbarie. Gideon Levy finaliza su artículo con las siguientes palabras, que hacemos nuestras: "Gaza se está muriendo. Lentamente. Su sufrimiento no le importa a nadie en otras partes del mundo. Ni en Washington, ni en Jerusalén, ni en El Cairo, ni siquiera en Ramala. Es increíble que nadie se preocupe de que dos millones de personas hayan sido abandonadas a la oscuridad por la noche y al calor sofocante de los días de verano, sin ningún sitio a donde ir y sin esperanza". No sabemos hasta cuándo tendremos que escribir artículos describiendo este horror. Los silencios informativos, las manipulaciones mediáticas, el poder de los lobbies sionistas, la maldad de determinados gobernantes, la tolerancia de la inmensa mayoría de los actores involucrados, el cáncer de la desidia y del egoísmo internacionales, los intereses creados y cruzados, están conduciendo a este pequeño territorio a sufrir una economía y una población asfixiadas. Los crueles experimentos que la entidad sionista proyecta sobre las vidas de estas gentes son absolutamente aberrantes, y siguen ocurriendo en pleno siglo XXI. Han conseguido convertir a Gaza en un lugar inhabitable, en un infierno, en una terrible prisión. Cada día está más claro que el sionismo debe desaparecer. Pero la ocupación se sostiene porque el mundo se niega a actuar. Palestina está descuartizada, pero aún resiste. La tortura sistemática de su población aún no ha podido doblegarla. Y mientras, la parcialidad de los medios de comunicación occidentales, movidos por espurios intereses, permite a Israel seguir asesinando y masacrando en Gaza. El derecho internacional es un claro referente para condenar, pero es ignorado. La ocupación israelí ha costado a la economía palestina 47.000 millones de dólares en 18 años, según la ONU, y más de 9.000 palestinos desplazados solo en una década de demoliciones en Cisjordania. Pero...¡qué fácil es para el mundo borrar el sufrimiento palestino! Continuaremos en siguientes entregas.

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