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9 marzo 2020 1 09 /03 /marzo /2020 00:00
Ilustración: Julia Sanz (Lucha de Hombre contra Gaia)

Ilustración: Julia Sanz (Lucha de Hombre contra Gaia)

El “Norte” del Planeta ha venido adquiriendo una enorme deuda ecológica con los espacios del “Sur” del mundo, sin la cual es imposible entender el “desarrollo” de los espacios centrales del capitalismo global. Una deuda acumulada a lo largo de siglos de expolio de recursos, daños ambientales no reparados, ocupación gratuita o mal pagada de espacio ambiental para depositar residuos, pérdida de soberanía alimentaria, vertido de contaminantes, y hasta impacto del cambio climático en marcha, cuyos principales responsables están también en el “Norte”

Ramón Fernández Durán

Si por desarrollo se entiende el crecimiento permanente de algo físico o una aceleración sostenida por una fuerza constante, es seguro que no puede ser viable a largo plazo en el mundo físico, ya que se está eludiendo una verdad incontestable: el sistema económico es un subsistema que debe convivir dentro de la capacidad del sistema ecológico y la acumulación de capital se produce en contextos históricos, geográficos y espaciales. En tal caso, el de desarrollo sostenible sería una combinación de términos contradictorios o incongruentes entre sí, contradicción similar a la que supondría, por ejemplo, «ser vivo inmortal»

José Ramón Mendoza

En el artículo anterior (tomando como referencia este otro de Giorgio Mosangini) entramos en el asunto de la deuda del crecimiento (manifestada de muchas formas, que vamos a comentar a continuación) que los países del Norte global poseen con los países del Sur global. Vamos a resumirlas a continuación:

 

1.- Deuda Social. Podemos hablar de una deuda social, como producto del intercambio desigual. El modelo de consumo en el Norte se sustenta en la importación de materias primas y de productos manufacturados provenientes de los países del Sur, explotados y producidos sin respetar las mismas condiciones laborales existentes en los países occidentales. El mercado global asigna un valor ínfimo a las condiciones sociales de los países del Sur. Los impactos de nuestro consumo en las condiciones de vida, de salud, de derechos humanos, etc., de las poblaciones del Sur son extremadamente cruentos, y han sido analizados y definidos con detalle. 

 

2.- Deuda Cultural. Así mismo, también han sido estudiados determinados fenómenos asociados a lo que podríamos considerar una deuda cultural del modelo de crecimiento del Norte. La economía capitalista condena a los pueblos indígenas y a sus culturas milenarias a la desaparición, imposibilitando la supervivencia de formas de vida, de artesanía, de agricultura, de arte...El capitalismo se expande globalmente mercantilizando todas las dimensiones de la realidad, de acuerdo con modelos uniformes de producción y consumo que responden a los intereses de las multinacionales y al proceso de acumulación del capital. El crecimiento acelera ese proceso y la uniformización cultural a escala global avanza en paralelo a la desaparición de culturas autóctonas diversificadas. 

 

3.- Deuda Histórica. En este sentido, el modelo de desarrollo del Norte ha creado una deuda histórica vinculada a la colonización que favoreció el despegue del modelo de consumo en las metrópolis. Proceso que continúa con la deuda económica actual producto del intercambio desigual entre Norte y Sur. Es evidente (y ha sido documentado en muchos trabajos académicos) que los países del Sur se ven perjudicados por el comercio internacional mientras que el Norte cada vez gana más, ya que al incrementarse la productividad, el precio de las materias primas tiene tendencia a incrementarse más lentamente que el precio de los productos manufacturados. 

 

4.- Deuda Económica. En los propios países del Norte se podría plantear la existencia de una deuda social y económica con respecto a la población inmigrante proveniente de los países del Sur. Y es que Occidente sustenta en gran medida su crecimiento en la explotación y mano de obra barata de trabajadores/as inmigrantes. El caso de España es muy claro en este sentido. El crecimiento económico de nuestro país radica en gran parte en sectores productivos (construcción, agricultura, turismo, servicio doméstico y cuidado a las personas) que dependen de manera crítica de mano de obra inmigrante que en su mayoría vive en nuestro país en condiciones de infraciudadanía. Entonces, España se convierte en deudora de esa población al sustentar su crecimiento en los cientos de millones de euros que deja de gastar al no reconocerles el mismo trato que a la ciudadanía española. Todo ello sin contar con las pérdidas generadas en los propios países del Sur debido a esa emigración, expresada como fuerza de trabajo que desaparece del país. 

 

5.- Deuda Ecológica. La idea básica del concepto es visibilizar cómo los países del Norte exportan materiales y energía desde los países del Sur a precios bajos y sin asumir los impactos sociales y ecológicos asociados a los procesos de extracción, transporte y consumo de los mismos. Adicionalmente, los países del Norte usurpan a los países del Sur las funciones de la biosfera como sumidero al exceder la capacidad de carga de la tierra, especialmente respecto a la emisión de dióxido de carbono. Varios autores la definieron en 2003 de esta forma: "La Deuda Ecológica es la deuda contraída por los países industrializados con los demás países a causa del expolio histórico y presente de los recursos naturales, los impactos ambientales exportados y la libre utilización del espacio ambiental global para depositar sus residuos. La Deuda Ecológica se origina en la época colonial y se ha incrementado hasta la actualidad". 

 

Hemos de detenernos un poco más profundamente en esta deuda ecológica, presentando las cuatro dimensiones fundamentales donde se manifiesta: la primera es la deuda de carbono. Se refiere al hecho de que las emisiones de dióxido de carbono generadas por la humanidad superan la capacidad de absorción de los depósitos permanentes del mismo (océanos, nueva vegetación, suelos) obligando a que las emisiones se acumulen en un depósito temporal - la atmósfera - y originando los impactos ecológicos que actualmente están ganando cada vez más espacio en los medios de comunicación: destrucción de la capa de ozono, efecto invernadero y cambio climático global. Debido a que el exceso de emisiones se debe al modelo económico y al crecimiento de los países del Norte, mientras que sus consecuencias las padecen en primer término las poblaciones del Sur, se puede hablar de una deuda de carbono que los primeros deben a los segundos. Las emisiones por persona en los países del Norte son hasta diez veces superiores que en los países del Sur. Para no superar la capacidad de absorción de la biosfera, tendrían que converger hacia una cantidad por persona de 1,7 toneladas anuales, mientras que en la UE, por ejemplo, se sitúan en unas 8 toneladas. EEUU es el país del mundo con las emisiones por persona más elevadas. Los países del Norte están actuando como si la atmósfera fuera suya y pudieran apropiarse de los sumideros de carbono excluyendo a los demás países y excediendo la capacidad de carga natural. La justicia ambiental a nivel global exige que todos los países ajusten sus emisiones a la capacidad de absorción de la biosfera.

 

Una segunda dimensión de la deuda ecológica es la biopiratería. El término se refiere a la práctica por parte de empresas de países del Norte de registrar la propiedad intelectual de recursos biológicos (plantas, semillas, etc.) y de los conocimientos tradicionales respecto a sus usos y propiedades, tanto en la agricultura como en la medicina. El derecho a apropiarse de la diversidad biológica y cultural es muy discutible desde distintos puntos de vista. Mientras que las multinacionales acceden a estos recursos y conocimientos de forma libre, una vez patentadas determinadas modificaciones genéticas, defienden su propiedad intelectual sobre las mismas y se lucran con su venta. "Las características naturales son el producto de una larga historia de interacción entre las especies vegetales y animales entre sí, con el entorno físico y con las comunidades humanas. Durante miles de años, los habitantes de las diferentes regiones del mundo han seleccionado especies para su uso y mediante esta selección han modificado sus características, generando variedades con propiedades que tan sólo algunos grupos humanos conocen, conservando su sabiduría" (VV.AA. 2003). ¿Es legítimo entonces un sistema de propiedad privada sobre un recurso natural producto de miles de años de adaptación mediante el trabajo gratuito en beneficio de la colectividad realizado por culturas campesinas? La lógica del crecimiento económico sustituye el sustento de la agricultura en un sistema basado en la gratuidad y el intercambio de semillas por la mercantilización de las mismas y la dependencia del mercado capitalista para la producción de alimentos. El decrecimiento y la cancelación de la deuda ecológica pasan así por desvincular la producción de alimentos de la lógica mercantil y por el respeto de las culturas milenarias de las familias campesinas. En este sentido, la agroecología es sin duda una de las expresiones agrícolas más importantes del decrecimiento.

 

La tercera dimensión de la deuda ecológica son los pasivos ambientales, es decir la extracción de recursos a precios muy bajos (petróleo, minerales, peces, etc.) sin considerar los daños ecológicos. "El pasivo ambiental es el conjunto de los daños ambientales, en términos de contaminación del agua, del suelo, del aire, del deterioro de los recursos y de los ecosistemas, producidos por una empresa, durante su funcionamiento ordinario o por accidentes imprevistos, a lo largo de su historia. En los países del Sur es común que los pasivos ambientales más graves sean producidos por empresas trasnacionales del Norte". (VV.AA. 2003). La estructura de poder de los Estados en el capitalismo global impide que los países del Sur dispongan de suficiente fuerza como para garantizar que se incorporen todos los costes y externalidades vinculados a la exportación hacia los países del Norte de la materia y la energía de la que disponen sus territorios. Finalmente, la última dimensión de la deuda ecológica se refiere a los fenómenos de exportación del Norte al Sur de residuos tóxicos de todo tipo, producto del modelo de producción y consumo occidentales. La Deuda Ecológica no es una deuda que haya que "pagar", entre otras cosas porque, simplemente, es una deuda impagable. No existe dinero en el mundo para pagarla. Y por otra parte, también es casi imposible su valoración (¿cuánto cuesta, por ejemplo, la desaparición de una cultura milenaria?). Lo único que podemos hacer, por tanto, es dejar de generar esta deuda. Por ello, entendemos que la respuesta a la Deuda Ecológica pasa esencialmente por el Decrecimiento en los países del Norte global. Se trata nada menos que de impulsar un "ajuste estructural" de los países occidentales, que les permita volver a situarse por debajo del techo ecológico máximo de consumo marcado por las capacidades de regeneración de la biosfera. 

 

Giorgio Mosangini explica: "El modelo occidental actual se sustenta en la depredación de recursos originarios del Sur. Los flujos materiales y energéticos provenientes de los países del Sur, a precios bajos, en condiciones desfavorables, con altos impactos ambientales y sociales, son los que permiten en primer término mantener los ritmos de producción y consumo de los países del Norte. El ajuste estructural en occidente implica el cese de esos flujos en las condiciones actuales, superando el espejismo de un crecimiento infinito al precio de la degradación irrevocable del medio ambiente en el Sur". Por otra parte, volver a una agricultura respetuosa con la Naturaleza implica la producción de alimentos a una escala más local, respetando los ciclos de regeneración natural y de absorción de desechos. Esto implica a su vez redimensionar los descomunales tamaños actuales de las grandes urbes, volviendo a incorporar terrenos agrícolas en las ciudades para garantizar su abastecimiento alimentario. En definitiva, el ajuste estructural pasa por sustentar la agricultura esencialmente en los recursos locales, dejando de depredar el espacio exterior al importar recursos naturales y energía en condiciones claramente injustas para los países del Sur y al exportar hacia sus territorios nuestros residuos. En este caso, la agenda del Decrecimiento y del ajuste estructural del Norte coincide con la estrategia del movimiento campesino más importante a escala global, Vía Campesina, que defiende la Soberanía Alimentaria de los pueblos. Es decir, la producción de alimentos prioritariamente para el consumo local, respetando las características naturales y culturales de cada realidad histórica y social y dejando de considerar los alimentos como una mercancía. Evidentemente, también se tendría que cancelar la deuda financiera que el Norte reclama al Sur (ilegítima, ya que fue contraída a través de procedimientos de corrupción, imposición, fraude y/o por gobiernos ilegítimos). Continuaremos en siguientes entregas.

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