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6 marzo 2020 5 06 /03 /marzo /2020 00:00

Con la educación ambiental se produce un hecho histórico sin precedentes: por primera vez, los objetivos de la educación se bifurcan, junto al objetivo clásico, de corte antropocéntrico (mejorar al individuo) aparece otro objetivo del mismo rango que podríamos denominar «biocéntrico» o «ecocéntrico» (mejorar la vida de los ecosistemas; respetar los condicionantes y límites de la naturaleza). El eje referencial sobre el que gira este cambio es, a su vez, una nueva mirada filosófica: la que contempla al ser humano no como dominador o «dueño» de la naturaleza sino como parte de ella, como una especie que, con sus indudables singularidades, está retada a entenderse y desarrollarse en armonía con el resto de la biosfera

María Novo

12.- UNA ENERGÍA INAGOTABLE. En estrecha relación con la ocultación de los límites biofísicos del planeta y de sus recursos, también podemos observar el hecho de que los libros de texto dan a entender al alumnado que la energía de que disponemos es inagotable. No se les cuenta que el consumo y despilfarro actual de energía es uno de los principales causantes del cambio climático. Como ocurre con casi todo, las posibilidades de gastar energía también son limitadas. Se mire desde el punto de vista de la energía disponible o desde la capacidad del planeta para absorber los efectos del consumo de dicha energía, los límites están ahí. El segundo principio de la termodinámica y otros postulados físicos alertan contra cualquier pretensión en el crecimiento ilimitado. Por tanto, relacionar “progreso” con mayor consumo energético pudiera ser un lamentable error para la supervivencia y la sostenibilidad. Tampoco se les cuenta a los estudiantes que el modelo actual de energía ilimitada y concentrada es incompatible con un modelo social de alta participación democrática, ya que dichos parámetros energéticos requieren una “producción” altamente tecnificada que siempre va asociada a mayor tecnocracia y control por parte de pequeñas élites. Un modelo energético sostenible social y ambientalmente ha de ser descentralizado, renovable, no contaminante y no derrochador, es decir basado en la energía del sol y en las distancias cortas. El aumento constante de la contaminación a causa del uso de la energía, se suele presentar descontextualizada y no relacionada con la dinámica de crecimiento continuo, el cual requiere “quemar” mayor cantidad de combustibles cada vez. La contaminación por el uso y despilfarro de energía simplemente se reconoce como un problema evidente y se incide en la búsqueda de “parches” como elemento tranquilizador para no cuestionar el modelo de consumo. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. SM dice: "Una pila puede contaminar 600.000 litros de agua, por eso hay que ponerlas en contenedores especiales". 

 

El incremento del consumo de energía se presenta como elemento incuestionable y básico para resolver problemas sociales, mejorar condiciones de vida y, eso si, tener mayores posibilidades de consumo. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest afirma: "La energía es un elemento fundamental para el desarrollo económico de un país. En España, como el resto de los países modernos, cada vez es mayor la demanda de energía". Por el contrario, la falta de energía o la menor demanda de ella, se asocia con el retraso y las crisis. Un buen ejemplo de ello lo tenemos en el siguiente fragmento del libro de texto de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé: "Si la demanda de automóviles disminuye, los empresarios de este mercado verán disminuir sus beneficios. Como consecuencia disminuirán la producción para evitar problemas de almacenamiento de los coches pendientes de venta. Por esta razón se invertirá menos en máquinas y disminuirá el número de trabajadores. Estos efectos se trasmitirán a otros mercados porque, al producirse menos automóviles, se demandarán menos materias primas y menos energía, y el crecimiento del PIB será menor que el año anterior. La renta disminuirá y con ella el consumo. Si se producen ajustes monetarios o aumento de costes, aparece la inflación lo que agrava la crisis, ya que provoca incertidumbre". Como vemos, no tiene desperdicio. Con todo ello se inculca al alumnado la ferviente necesidad de gastar más y más energía, y de consumir más y más, porque necesariamente el PIB debe ser aumentado. Se le inculca la necesidad del crecimiento económico infinito como un bien en sí mismo, relacionado con el bienestar de la población y con la "salud" de la economía. No se les plantean a los alumnos y alumnas otras alternativas. No se les hace pensar más allá de todo eso. El mensaje es básicamente: "Este es el mundo que hay". Pero la escuela también debe plantear a los alumnos y alumnas este otro mensaje: "¿Puede haber otro mundo? ¿Podemos o deberíamos funcionar de otra manera? ¿Cuáles son las consecuencias de funcionar así?". Pero todos estos mensajes quedan ocultos, ignorados, sin plantear. La mente de los escolares es proyectada hacia el mundo que existe, ignorando los peligros del mismo, sin esbozar siquiera otras alternativas. 

 

Las energías renovables no dejan de ser mencionadas como más limpias que las convencionales. No obstante, ese reconocimiento suele ir acompañado de los mismos prejuicios y errores con que dichas energías se tratan desde los sectores económicos y técnicos relacionados con la energía convencional. Así, se las suele calificar de "poco desarrolladas" (libro de Ciencia Tecnología y Sociedad 1º de Bachillerato Algaida) e "incapaces de garantizar el abastecimiento" (libro de Conocimiento del Medio 6º de Primaria Santillana), lo que se traduce generalmente en una apuesta por las energías contaminantes. Así mismo, cuando se habla de costes en los procesos productivos todo se reduce a una mera valoración monetaria de los mismos, obviando el coste energético asociado a los mismos y que en muchas ocasiones, de forma muy clara en la agricultura industrial, implica que se gasta mayor energía en elaborar un producto que la energía que luego se obtiene del mismo al consumirlo. La necesidad de gastar menos energía no suele ir asociada a la irracionalidad de las pautas dominantes de consumo ni a la necesidad asegurar la sostenibilidad, sino a la conveniencia de ahorros económicos en la factura de la luz (libro de Conocimiento del Medio 6º de Primaria Santillana). Resulta curiosa la solución de la tarifa nocturna, la cual no supone ahorro de energía real. Los libros ignoran de forma sistemática las teorías de la física del último siglo en relación con la entropía y otras leyes de la termodinámica, y especialmente las implicaciones que dichas teorías tienen a la hora de cuestionar la posibilidad de un crecimiento ilimitado basado en el consumo de energía y materiales. Y con estos mimbres, estos estudiantes no comprenderán de adultos, ni tendrán conciencia sobre ello, la necesidad de decrecer dichos consumos si pretendemos alcanzar una sociedad sostenible. Para ello sería necesario relacionar la energía con la dimensión temporal con la que se han formado los yacimientos actuales y el papel que juega el reino vegetal a través de la fotosíntesis para todo ese proceso de acumulación energética.

 

En este sentido, la utilización que hace de la energía la sociedad actual significa despilfarrar en unas decenas de años lo que la naturaleza ha tardado cientos de millones de años en crear. Se debería dejar de asociar el consumo energético con las ideas de progreso, desarrollo y bienestar. Por ejemplo un edificio “inteligente” no sería aquel tan automatizado que requiere energía para realizar cualquier función, sino aquel otro construido de tal manera que es capaz de aprovechar las circunstancias climáticas concretas y en cada época del año con el mínimo consumo de energía. De esta forma, la “eficacia energética” habría que oponerla a la eficacia económica basada en el incremento dinerario. En el tema de las energías renovables habría que profundizar y mejorar el tratamiento que se hace de las mismas. No sólo en relación con su eficacia energética sino comparándola con datos empíricos en cuanto a las repercusiones ambientales que cada tipo de energía lleva asociado y los costes económicos que los mismos suponen, es decir esbozando claramente el concepto de externalidad no incluida en los costes de las energías convencionales. También se debería hacer referencia a las diferencias sociales que implica cada modelo energético. Las renovables permiten soluciones no centralizadas ni basadas en grandes infraestructuras, al contrario que las nucleares, térmicas o grandes presas. Desde esta óptica, las renovables tienen mayores potencialidades para desarrollar modelos más autónomos, más pequeños y más cercanos, y a consecuencia de esas características, se pueden considerar como potencialmente más generadoras de democracia. 

 

13.- EL ETNOCENTRISMO Y EL DESPRECIO POR LAS CULTURAS ECOLÓGICAMENTE MÁS SOSTENIBLES. Este tema también es muy amplio y apasionante. Sus implicaciones pueden atravesar, de hecho, varias asignaturas de las que aparecen en el currículo escolar (Geografía, Historia, Ciencias Sociales...). De entrada, los libros de texto actuales no presentan la cultura como una manera colectiva de hacer, sentir y pensar. El etnocentrismo cultural de Occidente se proyecta con claridad en los textos. La mirada reduccionista a las formas “valiosas” de hacer va equiparando Cultura, con mayúsculas, con cultura occidental, con desarrollo económico, con arte erudito o con ciencia y tecnología postindustrial. Pocas veces el término se equipara a modos de vida y de resolución de nuestras relaciones con el territorio y con nuestros congéneres. Se percibe la cultura como algo estático y único, sin poner de manifiesto el valor de la diversidad cultural y el hecho de su transformación. Desde este punto de vista, los libros de texto presentan una visión monocultural. En general se ignora la existencia de las culturas sostenibles, aquellas que han sabido encontrar diferentes maneras de resolver sus necesidades de supervivencia mediante una relación de equilibrio, no de explotación, con el entorno, y que se han mantenido cientos de años viviendo de este modo en sus territorios. De hecho, la presencia casi exclusiva de países del norte invisibiliza sociedades y culturas del sur, y las culturas indígenas son absolutamente ignoradas. Cuando se hace alusión a las culturas ecológicamente más sostenibles se asume siempre la superioridad de la cultura occidental, mostrando desprecio por las primeras, asociándolas con el atraso, la superstición y la ineficiencia. Por ejemplo, en el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edelvives se dice de África que "en ella convivían innumerables pueblos autóctonos con estructuras arcaicas y sin fronteras definidas", y el libro de Lengua de 6º de Primaria Ed. SM dice que “…en muchas culturas hay algunas costumbres y tradiciones que intentan atraer hacia los recién nacidos buena suerte y felicidad... Antiguamente las creencias más inverosímiles y los sucesos más extraños eran admitidos por todos”. El desprecio, por tanto, es evidente. Cultura se interpreta con frecuencia como sinónimo de cultura letrada occidental. Esto se hace más chocante cuando se contempla desde la perspectiva de una cultura de la sostenibilidad. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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