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18 marzo 2020 3 18 /03 /marzo /2020 00:00
El Genocidio Palestino (26)

Israel ha elevado intencionadamente el Holocausto al nivel de religión y su mayor hipocresía es el brutal campo de concentración de Gaza, que ya va por los diez años de existencia. Los gobiernos occidentales protegen activamente la santidad del Holocausto pero guardan silencio ante el castigo colectivo cotidiano y el sufrimiento inhumano de las familias de Gaza. La perversión del alma de Israel resulta evidente cuando intentas considerar qué es lo que les pasa por la cabeza a los jóvenes soldados cuando impiden que una ambulancia preste auxilio a alguien a quien acaban de herir y al que observan despiadadamente desangrarse hasta morir

Vacy Vlazna (Coordinadora de Justice por Palestine Matters)

Otro aspecto de este macabro y sistemático genocidio hacia los palestinos son los crueles experimentos de la industria de armas de Israel. A modo de laboratorio experimental, utilizan a los palestinos para saber cómo utilizar cada tipo de arma, con qué alcance, en qué contexto, bajo qué efectos, etc. Como cuenta Matt Kennard en este artículo para el medio Electronic Intifada, traducido también para su publicación en el digital Rebelion, en la actualidad es aceptada ampliamente la idea de que la industria de armas de Israel se beneficia de la ocupación a través de tener una población cautiva sobre la que puede probar nuevas armas. Es decir, que aunque suene así de macabro, Israel pone a prueba sus armas en Cisjordania y Gaza, y luego las presenta como "probadas en batalla" ante sus compradores en el mercado internacional. Y así, el laboratorio que ofrecen los territorios ocupados es el lugar donde las armas son probadas y ajustadas, analizadas y probadas con fuego real y sobre objetivos concretos: la población palestina. Incluso llegan a tomar vídeos y fotografías de las armas en acción, para mostrar su eficacia. De esta forma, la ocupación también se mantiene como laboratorio de armas. La mayoría de suministradores de armas para Israel son empresas estadounidenses. Por ejemplo, las balas de esponja negras (pensadas para provocar un gran daño) son fabricadas por una empresa radicada en Pennsylvania, que también suministra a Israel gases lacrimógenos. Las tropas israelíes comenzaron a usar estas balas de esponja negras en el año 2014. Pero la entidad sionista también es un gran fabricante y exportador de armas, a través de sus propias empresas. En 2015, el valor total de las exportaciones de armas de Israel alcanzó los 5.700 millones de dólares. Israel dedica más de un 5% de su Producto Interior Bruto al ámbito militar. Eso significa que gasta una mayor proporción de su ingreso nacional en el Ejército que incluso los Estados Unidos, la mayor superpotencia militar del planeta. 

 

Todo ello abona de nuevo la idea que venimos manteniendo en esta serie de artículos, que se resume para este caso en que para Israel los palestinos no son seres humanos, sino meros objetos de una serie de experimentos crueles. Ante el conflicto palestino-israelí, por ello (y por todo lo demás que venimos contando en esta serie de artículos), no podemos cultivar el discurso manido de la equidistancia, de las palabras tímidas y calculadas, de las "conversaciones de paz", y en definitiva, del torrente retórico simplista, reduccionista e injusto que los gobiernos occidentales llevan proclamando desde hace décadas. Como Daniel Lobato Bellido y Jorge Sánchez cuentan en este artículo (en respuesta a otro anterior de otros compañeros de Podemos): "Todo defensor de la causa palestina con rigurosidad en el discurso, cualquiera que sea el foro en el que se encuentre, tiene que tomar como eje central el código genético intrínseco del nacimiento de Israel, que sigue siendo su motor de actuación hoy, y lo seguirá siendo mañana si no se le detiene: la creación por las potencias europeas de un proyecto colonial de ocupación de más y más tierra mediante asentamientos de población extranjera, el cual ahora está en su tercera generación. Y por supuesto expulsando y asesinando a sus legítimos habitantes". No puede hablarse por tanto de "choque de dos sociedades", o de "conflicto de dos movimientos nacionales", como (salvando las oportunas distancias) no puede hablarse de "dos bandos: el rojo y el nacional" en la Guerra Civil Española. Porque en el conflicto palestino-israelí, lo que hay, simplemente, es una potencia, Israel (para colmo ayudada incondicionalmente por la mayor superpotencia mundial) en lucha encarnizada y aplastante contra un pequeño pueblo que solo reivindica su tierra histórica, Palestina. Hoy día sabemos, si nos fijamos un poco, que las mal llamadas "conversaciones de paz" solo son un instrumento para encubrir el avance de la ocupación israelí y la expulsión de los palestinos. Lo que ocurre es que el relato sionista, apoyado por la inmensa mayoría de las tribunas occidentales, ha condicionado a buena parte de la opinión pública durante mucho tiempo, y hoy día se habla prácticamente en los términos difundidos por este relato. 

 

Un poco más adelante afirman los autores del artículo: "Equiparar las "espirales de violencia" con que se vive diariamente en Cisjordania e Israel (¿?), además de ser falso, es tan dañino como equiparar al ocupante y al ocupado. Hoy no se nos ocurre equiparar a los ocupados que se defendían en el Gueto de Varsovia frente al ocupante ejército nazi, o equiparar al nativo americano frente a los colonos europeos, pero con Palestina se aplica la excepcionalidad de la equidistancia". En nuestra Guerra Civil, por seguir con nuestro ejemplo, es una inmoral salvajada equiparar a los criminales militares golpistas genocidas que se alzaron en armas para acabar con la democracia, con los republicanos que estaban defendiendo la legalidad de la Segunda República. Por tanto, la equidistancia es un ejercicio con el que hay que tener mucho cuidado, porque a menos que nos descuidemos un poco, estamos siendo claramente injustos en nuestros planteamientos. En el caso que nos ocupa, Israel determina la vida y la muerte en Palestina. Israel es el foco de violencia y de inestabilidad, y controla todos los aspectos de la vida cotidiana de la población ocupada. A Israel no se le puede, por tanto, "invitar al diálogo". A Israel hay que obligarlo a que respete y ejecute todas las resoluciones vigentes de las Naciones Unidas, procediendo si es el caso a un embargo total de sus bienes, productos y servicios, y a un boicot internacional de todas sus actividades. Todo ello hay que proyectarlo sobre la entidad sionista hasta que consigamos los tres siguientes objetivos:

 

1.- Reconocimiento (de la limpieza étnica, de la expulsión, de la apropiación, de los crímenes contra la humanidad...)

 

2.- Responsabilidad (de "responder", responder por el daño causado, y en ello se incluye el retorno de los refugiados palestinos como marca la Resolución 194 de la ONU).

 

3.- Aceptación (de la población palestina en igualdad de derechos). 

 

Es decir, y básicamente, atender a la Verdad, la Justicia y la Reparación. Sólo así podremos avanzar en el proceso de descolonización y podrá alcanzarse una solución de paz justa para Palestina. Ya estamos hartos de la desfachatez de las "conversaciones de paz", de las "rondas de negociaciones" fracasadas, que no conducen a ninguna solución real del conflicto, únicamente a seguir manteniendo el relato hegemónico. Y mientras Israel y sus correligionarios no acepten esas tres condiciones, a la sociedad civil organizada y a los activistas de todo el mundo que defendemos la causa palestina (que es la causa de los Derechos Humanos, en última instancia) solo nos queda el camino que la propia sociedad civil palestina nos pidió que emprendiéramos hace ya varios años, que es, además de la difusión de la verdad para su conocimiento, el camino del Boicot, de la Desinversión y de las Sanciones. Exactamente la misma estrategia exitosa que se utilizó para la Sudáfrica del apartheid. Y el BDS debemos elevarlo también a exigencia programática, y exigirlo a nuestros representantes políticos, a nuestros gobiernos y a nuestras empresas e instituciones, para que implementen este Boicot a Israel en sus facetas económica, política, institucional, deportiva, académica y cultural. Continuaremos en siguientes entregas.

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